Nov 25, 2023 Last Updated 8:18 PM, Nov 24, 2023

Escribe Francisco Moreira

El 21 de agosto de 1940 León Trotsky fue asesinado por un agente estalinista. Trotsky fue uno de los principales dirigentes revolucionarios del siglo XX. Junto con Lenin, encabezó la primera revolución socialista triunfante de la historia. Con su asesinato, Stalin intentó cortar el hilo rojo de la continuidad histórica de la lucha obrera revolucionaria. En este primer artículo repasamos su intachable trayectoria revolucionaria, tantas veces falsificada, y la vigencia de su legado.

El 26 de octubre de 1879, en una aldea cerca de Odesa (Ucrania, que era parte del imperio de los zares de Rusia), nació León Davidovich Bronstein, más conocido como Trotsky. Siendo muy joven se hizo marxista. El régimen zarista rápidamente le impuso encarcelaciones y la deportación a Siberia. Se unió formalmente al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso durante su fuga de Siberia, sumándose a la organización orientada por Iskra, la publicación que dirigía Lenin. En su exilio en Europa, Trotsky continuó forjando su actividad y espíritu revolucionarios.

Dirigente en la revolución de 1905 e internacionalista consecuente

En marzo de 1905 retornó a Rusia con el inicio de la revolución. Las huelgas obreras y las revueltas en el campo se extendieron durante todo el año. En junio, marineros del acorazado “Potemkin” se amotinaron, rechazando continuar la guerra iniciada con Japón. En octubre estalló la huelga general y nacieron los soviets (consejos) de obreros, embriones de gobierno revolucionario. Trotsky fue el máximo dirigente del soviet de San Petersburgo, en la capital del imperio.

En su balance de la revolución de 1905 plasmó por primera vez su “teoría de la revolución permanente”. Afirmaba que la única clase capaz de encabezar la revolución democrática burguesa y transformar las condiciones de vida en el campo era la de los obreros de las ciudades, acaudillando al campesinado pobre, no la burguesía. No hubo dos etapas en la revolución de la atrasada Rusia zarista. Los trabajadores, al tomar el poder, introdujeron desde el comienzo la lucha por sus demandas contra la patronal, transformando esa revolución en socialista y dando impulso a la revolución internacional.

Durante su segundo exilio, Trotsky fue parte también de la minoría internacionalista que, junto con Lenin, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, rechazó la traición de la Segunda Internacional cuando apoyó la guerra interimperialista en 1914. Trotsky observaba que la guerra nacía de las entrañas del capitalismo imperialista decadente y pronosticaba que “los años venideros presenciarán la era de la revolución social”.

Su rol en la revolución de octubre y en el gobierno de los soviets

En febrero de 1917 volvió a estallar la revolución en Rusia. La revolución derrumbó al régimen zarista y asumió el gobierno una coalición de la burguesía liberal y partidos reformistas. Pero, a su lado, resurgían los soviets desafiando su poder.

Trotsky logró retornar a Rusia en mayo, fue incorporado en la conducción del soviet de Petrogrado (ex San Petersburgo) e ingresó al Partido Bolchevique de Lenin. La revolución permitió una rápida confluencia entre ambos dirigentes. Lenin había logrado que el partido no diera su apoyo al gobierno provisional burgués y asumiera la pelea por un gobierno obrero, apoyado en los campesinos, lo que sería el preludio de la revolución socialista internacional. Los bolcheviques, con Lenin y Trotsky, fueron ganando cada vez más peso y lograron la mayoría en los soviets, siendo los únicos que defendían consecuentemente los intereses de obreros, campesinos y soldados, en los soviets y en las luchas. Finalmente, Trotsky fue designado responsable del Comité Militar Revolucionario del soviet que organizó la toma del poder el 24 de octubre. Se consumó así la primera revolución obrera socialista triunfante de la historia.

Con los soviets y el Partido Bolchevique en el poder, Trotsky fue designado comisario de Relaciones Exteriores, encargado de llevar adelante las delicadas negociaciones de paz con Alemania. Al estallar la guerra civil (1918-1921) fue designado comisario de Guerra, dándose a la tarea de crear y conducir al Ejército Rojo, que enfrentó y venció al Ejército Blanco, la coalición de ejércitos de la reacción burguesa rusa y países imperialistas.

Fundación de la Cuarta Internacional y su legado

Los bolcheviques apostaban al desarrollo de la revolución socialista internacional, comenzando por Europa, que estaba sacudida por una oleada revolucionaria. En marzo de 1919 fundaron la Tercera Internacional. Trotsky fue encargado de redactar su manifiesto, llamando a “la unión de todos los partidos verdaderamente revolucionarios del proletariado mundial para facilitar y apresurar la victoria comunista en el mundo entero”.  

Pero las revoluciones en Europa no lograron triunfar por el peso y las traiciones de la socialdemocracia y la inexperiencia de los nacientes partidos comunistas, quedando la URSS desangrada y aislada. Esta situación fue fatal para el régimen revolucionario leninista de democracia obrera e internacionalista. Se fue consolidando una burocracia en el partido y los soviets. Lenin y Trotsky combatieron la burocratización. Pero la muerte de Lenin, en 1924, aceleró el viraje encabezado por Stalin y la burocracia, quienes impusieron la conciliación con las burguesías y el imperialismo, rompiendo con todo verdadero internacionalismo.

Trotsky se opuso y fue blanco de los ataques y las falsificaciones estalinistas. Expulsado del partido y de la URSS, siguió denunciando la liquidación de la conducción revolucionaria y de la democracia obrera. Tras el ascenso del nazismo al poder, habilitado por la desastrosa política estalinista en Alemania, llamó a combatir a esa burocracia construyendo nuevos partidos revolucionarios y la Cuarta Internacional, que retomó la senda de los primeros años del régimen leninista y de la Tercera Internacional en sus cuatro primeros años.

En 1938, junto con un puñado de revolucionarios, fundó la Cuarta Internacional con el objetivo de unir férreamente a los revolucionarios alrededor de un programa, el Programa de Transición, que sintetizaba lo aprendido por el movimiento marxista desde la época de Marx y Engels y, especialmente, desde la revolución rusa. Una organización y un programa que ayudaran a intervenir a los revolucionarios con la perspectiva de tomar el poder, lograr nuevos gobiernos obreros y populares con democracia obrera y avanzar en la revolución socialista en todo el mundo. Con su asesinato en 1940, Stalin buscó eliminar la única posibilidad de dirección revolucionaria, sintetizada en la trayectoria y experiencia revolucionaria de Trotsky. Su desaparición significó un abrupto vacío de dirección.

La lucha de Trotsky y su intachable moral revolucionaria merecen ser difundidas. Su confianza en la clase obrera y su abnegación en la construcción del partido revolucionario tuvo sus continuadores. Nahuel Moreno, maestro y fundador de nuestra corriente, quien calificó la creación de la Cuarta como “el más grande acierto de Trotsky”, mantuvo bien en alto sus banderas, las mismas que rescatamos hoy desde Izquierda Socialista y nuestros partidos hermanos de la Unidad Internacional de Trabajadores y Trabajadoras - Cuarta Internacional (UIT-CI), quienes continuamos la pelea por unir a los revolucionarios y reconstruir la Cuarta Internacional.

Un repaso por su vida, sus enseñanzas y vigencia con Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo por Izquierda Socialista FIT-Unidad - Argentina; Leda Victoria, dirigenta del Movimiento al Socialismo - México; Miguel Ángel Hernández, dirigente del PSL - Venezuela; Josep Lluis Alcázar, dirigente de Lucha Internacionalista - Estado Español y Atakan Ciftci, dirigente del IDP - Turquía.

Este lunes 17 de agosto a las 19, seguilo por Facebook Live (izquierdasocialistaarg) y YouTube (IzquierdaSocialistaArgentina) de Izquierda Socialista FIT-Unidad.

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Por Gabriel Schwerdt para Correspondencia Internacional N° 45

Hace ochenta años, el 21 de agosto de 1940, León Trotsky, el revolucionario ruso cuyo nombre está asociado con el socialismo y la democracia obrera, fue asesinado en Coyoacán, México, donde residía exiliado. Trotsky, junto con Lenin, habían encabezado la revolución rusa de octubre de 1917.

El crimen, después de varios intentos, pudo ser consumado por Ramón Mercader* (alias Jacson o Mornard), un agente de la GPU, policía secreta soviética. El hecho fue la culminación de una persecución implacable. En 1927 Trotsky, junto a su compañera, Natalia, fue deportado a Alma Ata, en la república de Kirguistán, para luego ser privado de su ciudadanía y expulsado de la URSS. La GPU lo trasladó a Turquía, donde el líder nacionalista Kemal Atatürk le dio asilo y lo autorizó a instalarse en la isla de Prinkipo. Gracias a sus insistentes pedidos y las tratativas de sus seguidores para que le permitan exiliarse en alguno de los países centrales de Europa, logró tener una breve estadía en Francia, pero fue nuevamente extraditado, esta vez a Noruega. Entonces, el estalinismo comenzó a presionar constantemente al gobierno socialdemócrata noruego para que lo echara. Finalmente, en 1937, se instaló en la ciudad de México, gracias al permiso que consiguieron del presidente Lázaro Cárdenas miembros del SWP norteamericano y el pintor Diego Rivera.

¡Persigan a los trotskistas!

La persecución del estalinismo a Trotsky y sus seguidores fue implacable. Gran parte de la actividad de la GPU en Europa se dedicó al espionaje, la persecución y el asesinato de dirigentes trotskistas. Tenía una sección solo para estos servicios. Los principales secretarios de Trotsky fueron asesinados, Irwin Wolf fue capturado en España (donde asesinaron también a Andrés Nin, entre otros), León Sedov, el hijo mayor de Trotsky y su más estrecho colaborador, fue asesinado en París, a Rudolf Klement lo mataron poco antes de la fundación de la Cuarta, en 1938. En Suiza fue asesinado Ignace Reis, funcionario de la GPU que escapó de la URSS y se sumó a la Cuarta Internacional. Otros dos hijos de Trotsky también fueron asesinados y una hija se suicidó.

Mientras tanto, en los campos de concentración de Siberia morían miles de prisioneros de cansancio por los trabajos forzados, el frío o porque directamente eran fusilados. Leopold Trepper**, en su emocionante libro El gran juego, relata detalladamente el gran ensañamiento contra los trotskistas, que fueron fusilados por miles: “Llevaban una T en sus espaldas puesta por sus carceleros, y se negaban a toda confesión. Eran los únicos que enfrentaban hasta sus últimas consecuencias al estalinismo”.

Los procesos de Moscú

La brutal represión desatada por Stalin para exterminar a la vieja guardia bolchevique necesitaba de un proceso judicial. De lo contrario, ¿cómo explicar que los grandes dirigentes de la revolución querían conspirar contra el Estado soviético? Por eso Stalin montó cuatro juicios claves entre 1936 y 1938. El primero fue el “juicio de los dieciséis”, con Zinoviev, Kamenev, Smirnov, Mrachkovsky y otros como acusados; el segundo, “el juicio de los diecisiete”, que incluía a Pyatakov, Radek, Sokolnikov, Muralov, Serebryakov y otros, tuvo lugar en enero de 1937. Luego siguió el juicio secreto al mariscal Tujachevsky y un grupo de generales de alto rango del Ejército Rojo en junio de 1937. Y, finalmente, “el juicio de los veintiuno” contra Rikov, Bujarin, Krestinky, Rakovsky, Yagoda y otros en marzo de 1938. Los hombres en el banquillo eran todos los miembros del politburó de Lenin, excepto el mismo Stalin. Trotsky, en el destierro, fue el principal inculpado en estos juicios. Él y la vieja guardia bolchevique estaban acusados de complotar para asesinar a Stalin y otros dirigentes soviéticos, de conspirar para desbaratar el poder económico y militar del país y de matar a masas de trabajadores rusos. Todos fueron encontrados culpables con pruebas falsas o confesiones forzadas y fusilados o enviados a los campos de concentración de Siberia, donde murieron rápidamente. Trotsky fue el único de los dirigentes bolcheviques acusados que estaba fuera del país, más allá del puño de Stalin. Cuando Zinoviev y Kamenev fueron procesados, Trotsky desafió a Moscú a que pidiera su extradición de Noruega, donde vivía en aquel entonces. Stalin no aceptó y presionó al gobierno noruego para que lo mantuviera aislado. Durante seis meses fue silenciado y se le negó la posibilidad de responder las acusaciones monstruosas que se le imputaban.

¿Por qué Stalin mató a Trotsky?

Stalin estaba cada vez más preocupado con la actividad de Trotsky en el exilio, por eso su obsesión era matarlo. A principios de 1939 hizo una de sus habituales purgas entre el personal de la GPU y puso como subdirector del Departamento del Extranjero a Pavel Sudoplatov. En 1992, cuando relató sus memorias en el libro Operaciones especiales, contó que su misión, con todos los recursos disponibles, era matar a Trotsky. Según detalla, Stalin le habría dicho cuando lo convocó en marzo de 1939: “En el movimiento trotskista no hay figuras políticas importantes aparte del propio Trotsky. Eliminando a Trotsky, la amenaza desaparece (...) Trotsky debe ser eliminado irremediablemente”. Según Sudoplatov, “el núcleo de la lucha ideológica entre los líderes” era la idea de Stalin de “la revolución en un solo país, en contra del internacionalismo de Trotsky”, cuyos esfuerzos en el exilio “para escindir y luego controlar el movimiento comunista mundial estaban perjudicando a Stalin y a la Unión Soviética”. Los recuerdos de Sudoplatov son fieles a aquel enfrentamiento desigual entre Trotsky, exiliado con algunos millares de seguidores, y Stalin, al frente de un superpoderoso aparato burocrático contrarrevolucionario que dominaba a la poderosa Unión Soviética.

En lo que sí tuvieron razón los agentes estalinistas fue que la tarea de Trotsky en el exilio fue titánica. Ganándose la vida como escritor, trasladándose de país en país sin más que un puñado de colaboradores, denunciando paso a paso la política contrarrevolucionaria del dictador, del PCUS, la Tercera Internacional y sus partidos satélites, la política suicida de dividir a los trabajadores alemanes frente al ascenso de Hitler, la capitulación a la burguesía en España y Francia con el Frente Popular, el fenómeno de la degeneración burocrática y la represión en la URSS y llamando a una nueva revolución política porque el “viejo partido ha muerto”. Junto con estas denuncias comenzó a formar una alternativa, impulsando desde 1933 la formación de una cuarta internacional, que se concretó en 1938, aunque mantuvo la defensa incondicional de la URSS ante cualquier ataque militar imperialista.

En 1939 el mundo se sorprendió ante la firma del tratado de “no agresión” entre Stalin y Hitler. Esto dio la confianza que los nazis necesitaban para invadir Polonia, que significó el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Trotsky denunció en solitario este pacto como un crimen político y reiteró que la verdadera intención de Hitler era invadir la URSS, que solo buscaba tiempo para prepararla. Solo Trotsky denunciaba que, siendo sistemas socialmente opuestos (Alemania potencia imperialista, la URSS un Estado obrero degenerado) el estalinismo y el nazismo eran “estrellas gemelas”. Después de agosto de 1939, las campañas difamatorias contra Trotsky de un día para el otro reemplazaron la esvástica y el mote de “agente nazi” por el de “agente de EE.UU. y la bandera yanqui”. Con su actividad, Trotsky era una estaca clavada en el corazón de la burocracia. Encarnaba la continuidad de lo que Stalin y su aparato habían destruido, el programa revolucionario, la democracia obrera, el internacionalismo, es decir, el auténtico leninismo.

Su legado sigue vigente

La corriente que impulsamos desde la UIT-CI reivindica la trayectoria de Trotsky con su decisión más importante, la fundación de la Cuarta Internacional y la absoluta necesidad de construir partidos revolucionarios. El Programa de Transición de 1938 sigue siendo una orientación clave para responder con una política revolucionaria a las nuevas direcciones reformistas. La lucha contra el capitalismo imperialista mundial, los gobiernos burgueses en cada país en defensa de los derechos de los trabajadores, los campesinos, la juventud y demás sectores populares para desarrollar la movilización y conquistar con las revoluciones triunfantes lo más importante, los gobiernos obreros y populares que construyan un verdadero socialismo en todo el mundo.

* Ramón Mercader (1913-1978). Militante del estalinista PC español. Nunca reconoció que fue enviado por Stalin. Fue condenado a veinte años de prisión. En mayo de 1960 acabó su condena y pudo viajar a Moscú con un pasaporte checoslovaco. Fue condecorado en secreto como héroe de la Unión Soviética con la Orden de Lenin y la Medalla de Oro. Luego se radicó en La Habana, Cuba, donde falleció. Fue protegido por el régimen de Fidel y Raúl Castro. Está enterrado en el cementerio moscovita de Kuntsevo, reservado a héroes de la Unión Soviética, con un nombre falso, Ramón Ivánovich López.

** Leopold Trepper (1904-1982). Militante comunista polaco de origen judío. Era el jefe de la “Orquesta Roja”, una red de espionaje prosoviética que actuaba en Berlín bajo el nazismo. Sus “pianistas” o radiotransmisores enviaban a Moscú despachos de gran importancia. Trepper y su “orquesta” anticiparon la invasión alemana a la Unión Soviética en 1941. Pero Stalin no lo tomó en cuenta. Después de la guerra, Trepper estuvo preso en la ex URSS.

Escribe Silvia Santos, dirigente de la UIT

Uno de los hechos históricos mundiales de la lucha de clases que más conmovió a nuestro país fue la Guerra Civil Española. La gran colonia de inmigrantes instalados en la Argentina se dividió entre republicanos y franquistas. Fueron casi tres años acompañando los acontecimientos del otro lado del océano con publicaciones, grandes debates y hasta enfrentamientos físicos. La tradicional Avenida de Mayo, en la ciudad de Buenos Aires, fue uno de los principales bastiones de aquellos acontecimientos.

En España, en febrero de 1936, ganó las elecciones el Frente Popular, formado por socialdemócratas, sectores del anarquismo y comunistas, más la "sombra de la burguesía", como decía Trotsky, con la activa participación de la URSS de Stalin. Ese resultado tuvo como respuesta un levantamiento militar fascista encabezado por Francisco Franco contra la República, el 18 de julio de 1936, desde Melilla, protectorado español en Marruecos. Sin embargo, el movimiento de masas, que venía en un gran ascenso, se levantó el 19 de julio, teniendo como vanguardia a Barcelona y Cataluña. Fue el inicio de un proceso en el que se puso en juego un enfrentamiento decisivo entre revolución y contrarrevolución.

1934. Los mineros asturianos y los obreros de Barcelona escriben una de las páginas más bellas del proceso revolucionario español.

En las elecciones del 14 de abril de 1931 cayó la monarquía, vencida por diversos sectores burgueses republicanos. El rey Alfonso XIII abdicó y se estableció un nuevo régimen. España era un país atrasado, con un gran peso político de la iglesia católica y los terratenientes, vinculados con la nobleza que, a su vez, estaba ligada a la burguesía financiera, industrial y comercial. Millones de campesinos vivían en la pobreza, explotados por la iglesia y los terratenientes, que eran los dueños de las tierras.

En octubre de 1934, como respuesta a la entrada de la extrema derecha en el gobierno de la República, se levantan los mineros de Asturias y proclaman una república obrera en la cuenca minera asturiana. Forman comités obreros, milicias y toman cuenta de la vida de la región, ocupan tierras, casas y edificios públicos. En solidaridad, en Cataluña se declara la huelga general y se proclama la Republica Catalana. Poco después, este heroico proceso es derrotado con un baño de sangre, sobre todo en Asturias, comandado por Francisco Franco. Pero el ascenso del movimiento de masas continuó y el Frente Popular, cuando venció en febrero del '36, tuvo que enfrentar el levantamiento de los fascistas contra la República.

La revolución derrota el primer intento gopista.

Entre julio de 1936 y mayo de 1937, la revolución, con eje en Cataluña, derrotó la intentona golpista. Se formaron organismos de poder obrero, los “comités de milicias antifascistas”, que tomaron el control de la ciudad en Barcelona y el resto de la región. La vanguardia de este proceso fue la clase obrera. Tenían fuerza los anarquistas, organizados en la CNT, los socialdemócratas, el POUM y, en menor medida, el PC. Con desigualdades, el proceso se nacionalizó. En Valencia, Málaga, Lérida, Cantabria, Gijón y Jaén surgieron diversos comités en defensa de la República. En Madrid, donde tenía mayor influencia el Partido Comunista, los comités obreros no eran tan fuertes.

Por el peso de los anarquistas, desgraciadamente, no se avanzó en imponer un gobierno de la clase trabajadora, lo que permitió la consolidación del gobierno del Frente Popular. Consciente de que en España se jugaba la suerte de la revolución europea y mundial, León Trotsky escribió: “Los anarquistas se justificaron afirmando que no tomaron el poder, no porque no pudiesen, sino porque no quisieron, porque están en contra de toda dictadura…”. “Renunciar a la conquista del poder es dejárselo voluntariamente a los que lo tienen, los explotadores”. De esta forma, se le dio tiempo a la burguesía republicana, que bajo la dirección de Companys, recuperó la iniciativa, y en mayo del '37  derrotó al poder obrero. A partir de entonces se entró de lleno en la guerra civil.

El frente popular y la política del estalinismo.

A medida que la burguesía republicana conseguía desmontar el proceso revolucionario, más peso adquiría el estalinismo en la guerra civil. El argumento, tanto del estalinismo como de los socialistas, era que como la revolución española no tenía más que resolver tareas democráticas (reforma agraria, Estado laico, los problemas de las nacionalidades, etc.), correspondía hacer frente con la burguesía. Todo para resguardar la sacrosanta propiedad privada.

León Trotsky, al respecto, afirmó: “Los teóricos del Frente Popular no van más allá de la primera regla de la aritmética: la suma. La suma de comunistas, socialistas, anarquistas y liberales sería mayor que cada uno de sus términos. Sin embargo, cuando los aliados políticos tiran en direcciones opuestas la resultante es cero”. El estalinismo luchó con toda su fuerza en España para evitar una victoria proletaria, que significaría el fin de su propia dominación. Mientras Hitler y Mussolini apoyaban a Franco con su aviación y enviando tropas, Stalin estrangulaba la revolución justificando que se trataba de resguardar primero la República, en coalición con sectores burgueses.

Por esta nefasta política, con más de un millón de muertos, la República fue derrotada en abril de 1939 después de la heroica batalla del río Ebro. Esta es la lección más importante de la Guerra Civil Española: los gobiernos que intentan conciliar diferentes intereses de clase siempre finalizan favoreciendo a la clase de privilegiados y explotadores. Esta es una de las razones por las que el trotskismo morenista continúa luchando por la independencia de clase y por gobiernos obreros, populares, campesinos, con la juventud y las mujeres que adoptan un camino revolucionario.

La catastrófica política frentepopulista continúa reflejándose hoy en el Estado Español. En 1977, en plena decadencia del franquismo, los principales partidos políticos “republicanos”, como el PSOE, el PC y otras fuerzas menores, y sus colaterales sindicales, Comisiones Obreras y la UGT, firmaron junto al franquismo el Pacto de la Moncloa que, si bien contenía algunos avances democráticos impostergables, mantenía en esencia el régimen franquista. Hasta hoy esos “partidos republicanos” no han tenido el coraje político de defender la bandera por la que perdieron la vida cientos de miles de luchadores, el fin de la monarquía.

 


 

Las Brigadas Internacionales

Impulsadas por el PC, pero también por fuera de él, millares de jóvenes se enrolaron para ir a pelear a España en las Brigadas Internacionales. Entre ellos, centenares de argentinos.

De los extranjeros, el más conocido fue George Orwell, autor del libro Rebelión en la granja, reconocido también por el magnífico testimonio de Homenaje a Cataluña.

Al llegar a Cataluña escribió: “Por primera vez en mi vida me encontraba en una ciudad donde la clase trabajadora llevaba las riendas. Casi todos los edificios estaban en manos de los trabajadores y cubiertos con banderas rojas, o rojas y negras, la bandera de los anarquistas; casi todos los templos habían sido destruidos… En los cafés había carteles proclamando que eran servicios socializados, hasta los lustrabotas habían sido colectivizados y sus cajas estaban pintadas de rojo y negro”. Orwell formó parte de las milicias del POUM, partido identificado popularmente con el trotskismo. Desgraciadamente, el POUM también entró al gobierno del Frente Popular, y Andrés Nin, su dirigente, que en 1937 fue asesinado por el estalinismo, asumió el Ministerio de Justicia en Cataluña, hecho que desencadenó una dura discusión con Trotsky que terminó en una ruptura.

 


 

Los bares de la Avenida de Mayo en Buenos Aires.

Pocos jóvenes saben que en la Argentina, en la Avenida de Mayo y Salta, también se peleó la Guerra Civil. En esa esquina eran comunes los enfrentamientos entre los republicanos, que se instalaron en el bar Iberia, llamado “búnker” republicano, y los franquistas, asentados en el bar Español. Inclusive, las disputas siguieron después de concluida la guerra civil y el triunfo del fascismo.

Los incidentes se producían casi a diario. En marzo del '38 un camión se detuvo en la avenida, entre ambos bares. Uno de los grupos solidarios con la República comenzó a agitar consignas antifascistas. Los franquistas respondieron lanzando desde el bar Español vasos, platos, mesas y sillas. La batalla finalizó cuando llegó la policía.

Entre los republicanos había españoles y argentinos que tomaron partido contra el franquismo. Al mismo tiempo, la Guerra Civil Española despertó magníficos ejemplos de solidaridad internacional con la creación de comités que juntaron alimentos y ropa. Se organizó un acto en solidaridad con la República en el Luna Park, donde estuvo presente Libertad Lamarque. Pero lo más destacable fue la participación de los voluntarios, dispuestos a dar su vida en la lucha contra el fascismo.

Escribe Silvia Santos, dirigente de la UIT-CI

Como resultado de un combate feroz por su liberación, el 3 de julio de 1962 Argelia conquistó su independencia. Fue una lucha heroica contra el imperialismo francés, cuyos métodos de contrainsurgencia –torturas y ataques a la población civil– hicieron escuela en el mundo. Casi un millón de argelinos dieron sus vidas. Sin embargo, esta revolución que podría haber avanzado con medidas anticapitalistas porque el régimen colonial estaba hecho pedazos, retrocedió por la política de su dirección y recompuso el Estado burgués, transformándose en una semicolonia del imperialismo yanqui y francés. Esta relación de dependencia explica la rebelión popular del 22 de febrero de 2019, proceso que todavía está en curso.

La lucha por la liberación

La invasión francesa de Argelia comenzó en 1830, cuando su ejército derrotó al imperio turco otomano que dominaba esa región. Esa acción fue resistida durante casi una década, hasta que Francia, en 1840, desembarcó 115.000 soldados para asegurar su ocupación. Años más tarde, casi medio millón de colonos franceses se instalaron en Argelia y se apoderaron de las tierras más fértiles. Los colonos europeos, que eran minoría frente a los argelinos, se cerraron en defensa de sus privilegios apoyados por los sectores más plebeyos, que fueron bautizados pieds noirs (pies negros), que colaboraban con los métodos fascistas de los galos y con la explotación colonial.

Fue más de un siglo de ocupación cruzado por interminables luchas de la resistencia nacionalista que, en 1945, tuvo uno de sus principales capítulos. El 1° de mayo, un acto con la presencia de 10.000 musulmanes que conmemoraban la derrota del nazismo se convirtió en una gran rebelión popular que fue ahogada en sangre por las tropas francesas y dejó más de 20.000 argelinos muertos. A pesar de eso, la burguesía francesa se hallaba debilitada luego de la Segunda Guerra Mundial (aunque Francia formó parte de los aliados) frente al nuevo coloso norteamericano y tras su estrepitosa derrota en Indochina (Vietnam, Laos y Camboya) en 1954. En 1956 fue nuevamente derrotada cuando, junto con tropas del Reino Unido, invadió Port Said para impedir la nacionalización del canal de Suez, llevada adelante por el gobierno egipcio de Abdel Nasser. Por tal motivo, decidió pelear con uñas y dientes contra la emancipación de Argelia, pese a que en 1956 había sido obligada a conceder la independencia a Marruecos y Túnez.

Se funda el FLN 

En 1954 se fundó el Frente de Liberación Nacional (FLN) y su brazo armado, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que estaba formado por muchos soldados argelinos que habían luchado en Indochina bajo el mando francés. Francia no tardó en reaccionar y mandó 500.000 soldados a Argelia que destruyeron aldeas y mataron más de un millón de argelinos.

La superioridad en armamentos era notable. Además contaban con el apoyo de la Organización Armada Secreta (OAS), fuerza de la derecha colonialista que actuaba con métodos fascistas en defensa de los privilegios de los colonos franceses. Practicaba torturas masivas, ejecuciones sumarias y desaparición de dirigentes, bombardeaba aldeas, asesinaba civiles y quemaba las cosechas.

La batalla de Argel, desarrollada en el año de 1958, quedó muy bien registrada en la célebre película dirigida por Gillo Pontecorvo donde fue mostrada, en forma casi documental, que la Francia de “la libertad, igualdad y fraternidad” había sido una bella consigna pero nada más que eso. El filme expone la lucha casa por casa en las villas, llamadas casbah, parecidas a las favelas brasileñas, localizadas en los morros de Argel y cruzadas por estrechos corredores y callejuelas. El FLN respondió con atentados contra blancos militares y civiles franceses, pero finalmente fue derrotado por las tropas de ocupación y sus métodos de contrainsurgencia.

Pero la rebelión anticolonial era imparable. La heroica resistencia argelina iba consiguiendo apoyos en el mundo, sobre todo en Francia. Después de una profunda crisis causada por la guerra de Argelia, a fines del año 1958, Charles De Gaulle asumió el gobierno y, consciente de que una nueva derrota como la de Indochina hundiría a Francia, decidió negociar. En un plebiscito realizado en 1961 el 75% de los franceses votaron a favor de la independencia.

En marzo de 1962 se reunieron el FLN y representantes del gobierno francés en la ciudad de Evian, Francia. El 1° de julio se realizó un plebiscito que culminó con la independencia y el triunfo del pueblo argelino y del FLN. El 3 de julio fue proclamada la independencia de Argelia y el 5 fue formalmente reconocida por el gobierno francés.

La revolución abortada

La guerra de independencia de Argelia se dio en la segunda posguerra, cuando acontecían numerosas luchas por la liberación nacional aprovechando la situación del imperialismo que debía centrar sus fuerzas en las metrópolis. Así, fueron surgiendo naciones libres del yugo colonial, como Marruecos, Túnez, Egipto, Libia, en el norte de África. Procesos encabezados por dirigentes de extracción pequeño burguesa o burguesa y gobiernos nacionalistas burgueses que, a nivel internacional, se organizaron como “no alineados”, que se decían equidistantes tanto de Moscú como de Washington.

Argelia fue uno de los triunfos más espectaculares de la lucha por la liberación nacional contra el colonialismo, sin embargo, por la política de su dirección, el FLN, encabezado por Ben Bella, no avanzó al “socialismo”, como rezaba su nueva constitución. ¿Había posibilidades? Afirmamos que sí, los colonos, burgueses y plebeyos huyeron a Francia abandonando sus propiedades. El FLN quedó solo, sin ningún sector burgués importante con quien montar un gobierno de frente popular. Era el momento de construir el nuevo Estado, pero decidieron reconstruir el Estado burgués.

Como en todo proceso revolucionario, si no se avanza se termina retrocediendo. Lamentablemente fue lo que sucedió. Después de un período de roces con el imperialismo y de mantener cierta independencia política, la dirección del FLN comenzó a pactar con Francia y los Estados Unidos y Argelia se convirtió en una semicolonia.

2019. Estalla un nuevo proceso revolucionario en Argelia

El 22 de febrero de 2019, en un proceso sin precedentes, surge un movimiento popular que invade las calles de todo el país. La gota que rebasó el vaso fue que el presidente Abdelaziz Bouteflika, del FLN, planteó que sería candidato por quinta vez a la presidencia. El pueblo salió en masa a las calles expresando su odio contra el régimen.

Bouteflika, ya viejo, enfermo y en silla de ruedas después de haber sufrido un ACV, debía ser derrotado. Esto era visto principalmente por la juventud, protagonista del movimiento de desempleados y vanguardia en las revueltas de Cabilia. Como resultado de la ira popular expresada en las gigantescas movilizaciones, antiguos dirigentes políticos del FLN o con vínculos con el Frente finalizaron presos, entre ellos el hermano de Bouteflika, acusado de corrupción.

Las masas obtuvieron un triunfo importante, la renuncia de Bouteflika. Pero, a pesar de la espectacular movilización, no se consiguió mudar el régimen, que sigue controlado por los militares y continúan con su política corrupta y proimperialista. Las revueltas se sucedieron con mayor o menor participación todos los viernes hasta que la pandemia de marzo de 2020 abrió un impasse. El régimen intentó acabar con este movimiento a través de la cuarentena, sin embargo no ha conseguido derrotarlo y seguramente volverá a actuar cuando las condiciones lo permitan.

La trayectoria del FLN no nos debe extrañar. Así han finalizado los gobiernos nacionalistas burgueses y de conciliación de clases. Como terminó también el régimen sandinista, con Ortega masacrando la rebelión popular que reclamaba su salida. Desde Izquierda Socialista y la UIT-CI apoyamos la lucha del pueblo argelino por su segunda y definitiva independencia. Para ello, el pueblo argelino se prepara luchando contra el régimen represor, de hambre y desempleo encabezado por los militares y el FLN en el poder, exigiendo justicia social, democracia, libertad e igualdad.

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