Aug 10, 2020 Last Updated 3:25 PM, Aug 7, 2020

Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad

El presidente Alberto Fernández dijo la semana pasada en la reunión anual de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa que “no hay opción al capitalismo, pero se fue degradando y llegó la hora de ponerlo en su verdadera dimensión”. Y agregó: “El capitalismo debe revisar esas cosas, porque cuando empezó a tener más importancia el gerente financiero que el de producción el sistema empezó a ser menos noble”.

Es la segunda vez que Fernández hace referencia al tema. Da la idea de que habría un “capitalismo productivo” bueno, y otro malo, el “capitalismo financiero”. Lo mismo dicen cada tanto el papa Francisco y otros voceros del establishment mundial. ¿Es cierto que habría un capitalismo favorable para el pueblo trabajador?

Desde Izquierda Socialista consideramos que el capitalismo es uno solo, y es sinónimo de hambre, pobreza, desigualdad social y destrucción del planeta. Entonces, la pregunta que le hacemos a Fernández es ¿dónde está el capitalismo “bueno” que aumenta los salarios, otorga el 82% móvil a las jubilaciones, reabre miles de fábricas, da trabajo genuino y asegura un futuro digno? Este “paraíso capitalista” no existe en los Estados Unidos, China, la Unión Europea, Rusia, Venezuela ni en la Argentina.

El capitalismo está destruyendo a la humanidad

El sistema capitalista mundial degrada a la clase trabajadora y a la naturaleza. Nuestro máximo dirigente, Nahuel Moreno, decía: “A partir de fines del siglo XIX, con el surgimiento de los monopolios, el capitalismo comenzó a transformarse en su etapa imperialista. Y desde 1914 la existencia de la burguesía (dueña de los medios de producción y de cambio) y de los estados burgueses y sus fronteras nacionales se transformaron en un tapón absoluto para el crecimiento. Las fuerzas productivas dejaron de crecer. La Primera Guerra Mundial, con su secuela de millones de muertos (una sangrienta y fabulosa destrucción de fuerzas productivas), fue una expresión monstruosa de la decadencia del capitalismo” (Visión marxista de la sociedad, pág. 15, Ediciones El Socialista, 2008).

Es que el sistema capitalista tiene como eje la ganancia para un puñado de millonarios, grupos económicos, bancos y terratenientes. Y en su decadencia apela cada vez más despiadadamente a su vieja receta de descargar planes de superexplotación y saqueo sobre millones. Lo vemos ahora en plena pandemia, y lo vimos antes, desde las crisis capitalistas anteriores, y en especial la del pico de 2008, que ya había sido comparada con la depresión del ’29. En 2008 se salvó con miles de millones de dólares al Citibank y a General Motors. Ahora se hace lo mismo con las grandes empresas y multinacionales. ¿Por qué no se salva a los sistemas de salud? Porque la esencia del capitalismo es otra.

Es más, el capitalismo se ha transformado en una amenaza para la humanidad. Doscientos cincuenta científicos anunciaron que en 2050 peligrará la especie humana a causa del cambio climático contaminante producido por las multinacionales y el agronegocio. No solo no hay un “capitalismo productivo”, sino que han aumentado las fuerzas destructivas, como el armamentismo. Para combatir el cambio climático, por ejemplo, se requeriría erradicar la actual tecnología de producción de energía y obtener otra no contaminante, lo que implicaría un costo de 240.000 millones de dólares al año, menos de la mitad de lo que gastan los Estados Unidos en armamento, seguidos por China, India, Francia y Rusia. Y está claro que el desarrollo de la ciencia, en vez de traer beneficios a las masas del mundo, está provocando más empobrecimiento y crisis humanitarias.

¿Cómo actúa el capitalismo ante las crisis? Lo más lógico sería abrir fábricas y construir viviendas, escuelas y hospitales para reactivar la economía. Nada de eso ocurre ni ocurrirá. Precisamente porque desde fines de los años ’60 el capitalismo es más parasitario que nunca. Siempre trató de superar las caídas de sus ganancias con inversiones especulativas o capitales golondrina. Detrás de las subas y caídas del precio del petróleo o de la soja, por ejemplo, se esconden enormes maniobras financieras en función de las ganancias capitalistas, no de la producción. Eso es el capitalismo.

Hay que reemplazar al capitalismo por el socialismo

Cuando cayó el muro de Berlín en 1989 los políticos capitalistas pregonaron el “triunfo del capitalismo” y que con la “globalización” capitalista nos íbamos a salvar. Pasaron treinta y un años y el capitalismo está mostrando su verdadero rostro. También se decía que los países del Primer Mundo eran un ejemplo ante los denominados “bananeros” latinoamericanos. Pero si hay países capitalistas donde hay un mayor ingreso per cápita se explica por la explotación que hacen sobre nuestros pueblos vía los pagos de la deuda y una mayor dependencia y sometimiento. Todos los países son parte de un mismo capitalismo mundial que funciona para la ganancia de unos pocos, en los Estados Unidos, Europa, Asia y Latinoamérica. Esa es la cruda realidad. Jeff Bezos, de Amazon, uno de los hombres más ricos del mundo, posee una fortuna de 131.000 millones de dólares producto de la superexplotación de sus trabajadores/repartidores y de un sistema capitalista que se lo permite, no porque posea alguna inteligencia o capacidad especial.

Todo esto demuestra que no hay dos capitalismos, uno malo y otro bueno o “productivo”. Alberto Fernández lo afirma para hacer creer que los males actuales son culpa de los gobiernos “neoliberales” o de derecha y que con una mayor intervención del Estado, como pregona el peronismo, habría un cambio favorable. Pero cuando gobernaron las alternativas patronales “populares o progresistas” no se combatió a ningún capitalismo. Lula en Brasil, Néstor y Cristina Kirchner en la Argentina, Mujica en Uruguay, Correa en Ecuador, Evo en Bolivia y Chávez-Maduro en Venezuela mantuvieron los pilares capitalistas, pagaron puntualmente la deuda externa y los bancos y las multinacionales “la levantaron en pala” mientras el pueblo trabajador siguió hundido en la pobreza. Bajo todos los gobiernos, de derecha o de centroizquierda, los resultados han sido los mismos, desocupación, robo salarial, miseria creciente y destrucción del ambiente. Ocurre ahora con el republicano racista y deplorable magnate Donald Trump, como antes con el demócrata afrodescendiente Barack Obama; en los Estados Unidos gobernados por un derechista y en la China capitalista bajo la dictadura del Partido Comunista.

Llamamos a no confiar en el doble discurso de Alberto Fernández y el peronismo del Frente de Todos y a luchar por verdaderas transformaciones sociales, avanzando en el combate contra los ricos y grandes grupos económicos para poner todos los resortes de la economía al servicio de acabar con los males sociales. Esto se logrará derrotando al capitalismo y construyendo otro sistema, socialista, donde con plena democracia obrera sean los trabajadores los que diseñen un modelo económico y social distinto del actual, que solo beneficia a una minoría parasitaria que nos está llevando a desastres permanentes.

El sistema capitalista imperialista no puede regularse o reformarse. Hay que reemplazarlo. Sabemos que no es una tarea fácil, pero es la única posible. Sí es una mentira total la afirmación de Alberto Fernández de que hay un capitalismo que puede favorecer al pueblo trabajador. 

 

 

Escribe Gastón Godoy

La desaparición de Facundo Castro tomó relevancia nacional y la exigencia de su aparición es un reclamo muy extendido. Desde Izquierda Socialista exigimos su aparición con vida inmediata y responsabilizamos al gobierno. Deslindar la responsabilidad del gobierno y hacer silencio sobre estos hechos debilita la lucha por los derechos humanos y contra la impunidad de ayer y de hoy. La propia ONU se pronunció y pidió “inmediatez y exhaustividad” en su búsqueda debido a la fuerte campaña. En Pedro Luro, donde vive Facundo con su familia, se realizó una marcha con miles de vecinos que reclaman aparición con vida. Una acción que se replicó en varias ciudades de la provincia de Buenos Aires, como en La Plata, donde Izquierda Socialista participó junto a la Multisectorial.

Lamentablemente, el de Facundo no es un caso aislado, sino que se inscribe en una serie de desapariciones y asesinatos a manos de la maldita policía en muchas provincias del país. Sucede hoy con este gobierno peronista de Alberto Fernández, como antes con el de Macri, y también con el de Cristina.

Facundo Astudillo Castro fue visto por última vez el 30 de abril a las 15.30 mientras era subido a un móvil de la policía bonaerense en la ruta 3, en las afueras de Mayor Buratovich, localidad lindera a Pedro Luro. Es el último lugar donde tres testigos aseguran haberlo visto, que está camino a Bahía Blanca, la ciudad a donde Facundo se dirigía. 

¿Qué hizo el gobierno hasta el momento?

Transcurridos más de setenta días, no hay noticias sobre el paradero de Facundo. Afirmamos que hay una responsabilidad del gobierno nacional de Alberto Fernández y del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, porque este hecho se enmarca en la represión (que afecta sobre todo a la juventud), los asesinatos por gatillo fácil y la desaparición de personas, prácticas que se realizan a lo largo y ancho del país y que han aumentando durante la cuarentena. Porque el mayor poder de acción que le dio el gobierno al aparato represivo para “garantizar” que se cumpla la cuarentena legitima aún más estos hechos aberrantes y contrarios a las libertades democráticas.

Pretenden encubrir la desaparición de Facundo con argumentos plagados de inexactitudes. Son bien conocidos los antecedentes de la policía bonaerense y su prontuario de desapariciones forzadas y asesinatos, por eso la familia de Facundo pidió que se la aparte de la investigación. Más cuando todavía no brindaron testimonio ni han ido a declarar los policías que subieron a Facundo al móvil, algo que a esta altura es inadmisible. No puede desconocerse tampoco el respaldo político que se le brinda a la policía, en eso tienen responsabilidad el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, y la ministra de Seguridad nacional, Sabina Frederic, una figura que Alberto Fernández quiso construir como “distinta” de su antecesora, Patricia Bullrich, porque es antropóloga, pero en lo concreto no hay diferencias con la política que vienen llevando adelante, más bien son una continuidad.

En relación con el patrullero (todos tienen GPS) al que fue subido Facundo, el abogado de la familia, Leandro Aparicio, declaró: “Es muy simple, solicitamos ese dato para poder identificar a los dos policías que se habrían llevado a Facundo, pero no hay respuesta, todo lo demás es buscarlo donde no estuvo”. (Página/12, 13/7). Ante algunas versiones que diversos medios hicieron circular sobre personas que habrían visto a Facundo en Bahía Blanca, su mamá Cristina aclaró que “lo único certero que hay es que los últimos que lo vieron fueron los policías de ahí. Él nunca llegó a Bahía Blanca y así me lo dijo su ex novia”. Aparicio dijo que esos datos se los pidieron también a Kicillof, porque pasaron veinte días desde que enviaron una solicitud al fiscal federal Santiago Ulpiano Martínez y no obtuvieron respuesta. Por otra parte, el otro abogado de la familia, Luciano Raúl Peretto, denunció amenazas (mientras estaban en un basural buscando pruebas) por parte del subcomisario de Mayor Buratovich, Pablo Reguillon, quien fue relevado de su cargo.

Finalmente, el gobernador Kicillof, esquivando cualquier tipo de responsabilidad, afirmó: “No vamos a encubrir a nadie, pero tampoco prejuzgar a nadie”. Repite lo hecho por Daniel Scioli, quien “no prejuzgó” cuando en la provincia desaparecieron Jorge Julio López y Luciano Arruga, también con la bonaerense involucrada. Ante esta nueva desaparición, una vez más lo único claro es que la policía, la Justicia, el gobierno provincial y el nacional poco hacen por esclarecer qué sucedió con Facundo, más bien actúan en el sentido opuesto.

Desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad exigimos la inmediata aparición con vida de Facundo. Que se terminen los casos de gatillo fácil y la represión. Alentamos a continuar las campañas de visibilización en las redes, a acompañar las movilizaciones y reclamamos el desmantelamiento del aparato represivo.


























Escribe Ariel Nápoli

Lucas Verón estaba festejando su cumpleaños número 18 el jueves pasado en Villa Scasso, La Matanza. Con un amigo fueron en moto a un maxikiosco. Dos policías los persiguieron y asesinaron a Lucas a sangre fría.

Un vecino del barrio accionó la alarma vecinal y varios salieron a la calle. Ahí vieron a Lucas tirado junto a la patrulla que conducían los homicidas y a su amigo gritando que la policía les había realizado varios disparos.

El amigo de Lucas fue amenazado por la policía para que diga que “venían de robar en algún lugar”. Frente a este intento de encubrimiento, una delegación del Suteba La Matanza estuvo presente en la fiscalía general de San Justo el día lunes acompañando a la familia del joven para reclamar justicia, cárcel a los policías asesinos y el desplazamiento del fiscal de la causa ante las denuncias de encubrimiento.

El fusilamiento de Lucas se dio el mismo día en que el ministro de Seguridad Sergio Berni se hizo presente en un acto en La Matanza en el que arengó a la policía por su “valentía y compromiso”. Esa misma policía dirigida por Berni y Kicillof ya asesinó a ocho jóvenes víctimas de casos de gatillo fácil en lo que va de la cuarentena en el Gran Buenos Aires. Los casos no se dan solamente en la provincia de Buenos Aires, en todo el país suman sesenta los fusilados por la policía durante el confinamiento.

Por eso desde Izquierda Socialista reclamamos ¡basta de gatillo fácil, justicia por Lucas Verón! Kicillof y Fernández son responsables.

 

 

 

 

Editorial

El coronavirus se sigue expandiendo. Este martes se acaba de registrar el récord de contagios, con 2.979 casos y 62 muertes. Con el aumento de los contagios crece la amenaza de que colapsen en el AMBA las camas de terapia intensiva. Pasamos de un gobierno que dijo que “los hospitales están preparados” a estas cifras. A más de cien días de cuarentena, los faltantes de recursos en salud siguen siendo moneda corriente. Los trabajadores de la salud, que están en la primera línea, son los más afectados.

También sigue creciendo la pandemia social. El Ministerio de Trabajo registró 228.000 trabajadores menos que en marzo, en abril hubo 715.000 suspensiones con rebaja salarial y una pérdida del poder adquisitivo promedio de 9,2%, y millones de trabajadores tuvieron una rebaja mayor, de 25 por ciento. Al mismo tiempo, el Indec confirmó que la desigualdad crece, es decir que los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres.

Todo esto ante un gobierno peronista que llegó prometiendo gobernar para los que menos tienen, pero que en la práctica sigue beneficiando a grandes empresarios, bancos y multinacionales. Como Panamerican Energy, de la familia Bulgheroni, beneficiada con millones en subsidios para saquear nuestras riquezas de gas y petróleo. Es a esta patronal a quien el gobierno se niega, junto a tantas otras, a imponer un impuesto a sus riquezas dejándolas que sigan haciendo fortunas en plena pandemia.

También impactan otras noticias, como la muerte del ex secretario privado de Cristina Kirchner, que nos lleva a la postal de los casos de corrupción del gobierno peronista kirchnerista de entonces y las mafias que rodean a cada uno de sus personajes. Así como los espionajes ilegales por los que hay funcionarios de Macri procesados, presos y después liberados, según los vaivenes de la Justicia.

Si hay algo por lo que volvemos a elevar nuestro repudio es por la deuda externa. Después de que Alberto Fernández y el peronismo  ganaron las elecciones, el gobierno dijo que “la deuda es con el pueblo”. Y ahora acaba de mejorar en un 37% la oferta de pago a los bonistas, reconociendo 15.000 millones de dólares más que en la propuesta de hace dos meses, además de tantos otros beneficios, plus y enormes concesiones para los amigos de Donald Trump. A tal punto que la mejora fue elogiada por el ex ministro de Macri, responsable del endeudamiento sideral con el FMI, Luis Caputo, y por Domingo Cavallo, que tiene en su currículum el antecedente de haber sido el funcionario de la dictadura militar que estatizó la deuda privada (incluida la de Sevel-Macri), luego fue ministro del gobierno peronista de Menem, que en los ’90 entregó el país y, finalmente, ministro de De la Rúa, cuando nos terminó llevando a la crisis histórica de 2001.

La nueva oferta del gobierno peronista, la cuarta, fue saludada por la Bolsa y “el mercado” con subas de 40% en un día. No cabe duda, si ganan ellos pierden el país y el pueblo trabajador. ¿Cómo puede ser que se beneficie a los bonistas en medio del aumento de las muertes por coronavirus, que requiere que esos fondos vayan a los hospitales públicos? ¿Cómo puede ser que en medio de la pandemia de las rebajas salariales y jubilatorias, los despidos y las suspensiones, cierres de comercios y el crecimiento de la pobreza el gobierno destine 15.000 millones de dólares más para los mercenarios y buitres internacionales?

Que Alberto Fernández, como contrapartida, realice una conferencia para anunciar obras por solo 2.200 millones de pesos casi suena a burla.

Algunos trabajadores pueden creer lo que dicen el presidente y los dirigentes peronistas, que no hay otra y que es bueno negociar y lograr una reducción de la deuda. Porque si no no vendrán las inversiones, no habrá trabajo, etcétera. Comprendemos las dudas.  Pero no es cierto que si el gobierno arregla con los bonistas se despeja el panorama económico y la Argentina va a crecer. Por el contrario, lo que va a haber es un mayor ajuste y más reformas estructurales al compás de las exigencias del Fondo Monetario y los usureros. No se trata de ninguna exageración, no hay ningún ejemplo en el país ni en el mundo donde, de la mano del FMI y pagando la deuda, se haya salido adelante en beneficio del pueblo trabajador.

Ya este gobierno pagó 4.500 millones de dólares de deuda desde que asumió. Con ese dinero se podrían haber nombrado miles de enfermeros y médicos con un salario acorde a la canasta familiar y asistir con 30.000 pesos de salario social de emergencia en la cuarentena  a los sectores más vulnerables para que puedan cumplir el aislamiento. Sin embargo, el gobierno prefirió dárselos a los usureros y ahora suma una nueva vuelta de tuerca a su política de entrega y sometimiento. Al cumplirse este 9 de julio otro aniversario de la independencia nacional, lo “festejaremos” gracias a Alberto Fernández con más sometimiento a los usureros, el FMI y el imperialismo.

Precisamente, porque el gobierno peronista no da respuestas, se niega a imponer el impuesto a las grandes riquezas y beneficia a los usureros de la deuda, los trabajadores siguen luchando. Los de Austral volvieron a hacer una ruidosa caravana contra el cierre de la empresa que quiere llevar adelante el directorio impuesto por Alberto Fernández donde, a pesar del silencio cómplice del sindicato oficialista, contaron con la solidaridad de delegaciones de apoyo de trabajadores de Latam y Aerolíneas. Los choferes de UTA paran en varias provincias por la falta de pago de salarios. Los docentes de Ademys, junto con estatales de CABA, marcharon contra el pago del aguinaldo en cuotas. Los repartidores vuelven a movilizarse. Siguen en las calles los municipales de Córdoba contra el ajuste del intendente y el gobernador peronista Schiaretti. En muchas provincias vemos trabajadores que luchan y se movilizan por el pago de sus salarios o contra el cierre de sus fábricas. Los pequeños comerciantes, peluqueros o talleristas también se suman porque no tienen ayuda estatal o acceso a créditos a tasa cero para subsistir. Y la lista sigue.

Desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad, junto al sindicalismo combativo, vamos a seguir impulsando los reclamos obreros y populares, denunciando el rol traidor y cómplice con el ajuste de la CGT y las CTA. Exigiendo que rompan su complicidad con el gobierno y las patronales y apoyen los reclamos. Vamos a seguir impulsando medidas de fondo, como el necesario impuesto a las grandes riquezas de los grupos económicos, para que sea volcado de inmediato a la emergencia. Repudiamos la renegociación de una deuda que fue a financiar la fuga de capitales y reiteramos que hay que romper los lazos que nos someten al FMI y usar esa plata para resolver las urgentes necesidades del pueblo trabajador.

Para pelear por esta salida te convocamos a fortalecer a Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad como alternativa política de los trabajadores.










Escribe Reynaldo Saccone, ex presidente de la Cicop

Crece la pandemia en nuestro país y aumentan las muertes originadas por las complicaciones del Covid-19, que ya suman más de 1.600 al momento de escribir esta nota. Sube también la cantidad de pacientes que requieren atención en unidades de terapia intensiva (UTI).

Entramos en una situación crítica de camas

En nuestro país, después de años de desinversión y ajuste de los gobiernos peronistas, radicales y de Cambiemos, hay una degradación del sistema público. Mientras la OMS aconseja ocho camas cada mil habitantes, la Argentina posee 4,5 que se distribuyen muy desigualmente. Mientras la Ciudad de Buenos Aires cuenta con 7,1, la provincia tiene 5,5, pero La Matanza solo una cama cada mil habitantes. La provincia de Buenos Aires cuenta con 4.856 camas en unidades de terapia intensiva (UTI), algo más de 2.400 ocupadas, unas trescientas por complicaciones ocasionadas por el coronavirus. Estas cifras globales de toda la provincia no dan una idea de la realidad que se vive en el conurbano, donde se concentra más del 95% de los contagios de Covid-19 que informa el gobierno peronista de Kicillof. El último reporte oficial obtenido este fin de semana indica que había seis municipios que colmaron sus lugares en UTI (La Matanza, Quilmes, Lanús, José C. Paz, Moreno y Escobar) en el norte, oeste y sur del Gran Buenos Aires.

En la Capital Federal hay 2.000 camas de UTI (400 públicas y 1.600 privadas). El informe de principios de semana de Larreta de Cambiemos mostraba que había 263 internados en UTI, de los cuales 202 están con asistencia mecánica respiratoria (ARM). La estadística muestra que solo la mitad de las camas están ocupadas. Aunque, a través de comunicaciones en las redes sociales, los trabajadores de algunos hospitales denuncian las UTI colmadas. Mientras en la CABA los hospitales públicos se saturan, las camas privadas, que son cuatro veces más, son manejadas discrecionalmente por las empresas propietarias de sanatorios y clínicas. Por su parte, el subsistema privado en la provincia, que representa casi el 40% de la oferta de camas, está compuesto por 190 clínicas y sanatorios y, como en CABA, no existe el menor control estatal sobre su utilización.

Buenos negocios con plata del Estado

Mientras se van llenando las camas y escasean los insumos, hay quienes han descubierto que la pandemia es una gran oportunidad para buenos negocios. Las empresas sanatoriales, y sobre todo las más poderosas, se han acogido al subsidio pactado con el gobierno de Fernández y la burocracia sindical peronista por el cual el Estado paga el 50% de los sueldos de sus empleados y también a la posibilidad de reducir 25% los salarios. Son las mismas patronales que retacean los elementos de protección personal a sus trabajadores y ocultan el número de contagiados y afectados entre su personal. También escamotean las camas que servirían para descomprimir el sistema estatal.

El gran negocio de estos empresarios es la venta de insumos sanitarios al Estado, que no deja de crecer, gracias a los desmesurados sobreprecios. Un cálculo publicado en el diario La Nación del 5/7, establece en 72 millones de pesos el monto que el Estado viene pagando de más. Por ejemplo, para los barbijos N95 la Sindicatura General de la Nación (Sigen) calculó un precio testigo de 298 pesos, el gobierno de Fernández pagó 755 y el de Larreta en CABA 3.000 por barbijo quirúrgico. El ministro de salud Ginés González García compró 334.000 mamelucos con sobreprecio, las cofias protectoras costaron 77% más. Y los barbijos tricapa se pagaron un 20% por arriba del precio fijado por la Sigen.

Las únicas dos fábricas locales de respiradores, Tecme y Leistung, vendieron al Estado más de 3.500 unidades. Cabe destacar que en este caso hubo una tímida acción del gobierno nacional del Frente de Todos que, para evitar la exportación de la producción y el consiguiente déficit del recurso para el país, intervino las empresas hasta fines de julio, cuando podrán volver a exportar. No obstante la restricción, ambas compañías embolsaron la friolera de 2.760 millones de pesos.

Qué pasó en Irlanda

Precisamente, para evitar situaciones como las que nos tocan vivir, el gobierno de la República de Irlanda anunció el 24 de marzo la nacionalización transitoria de los sanatorios privados mientras dure la pandemia. Los empresarios aceptaron la medida que pone bajo gestión estatal dos mil camas, nueve laboratorios bioquímicos y varios miles de trabajadores de la salud. En este país de casi cinco millones de habitantes, los contagiados por el Covid-19 habían sobrepasado la barrera de los mil casos, entre los cuales se encontraba el 25% de los trabajadores de la salud.

El ministro de Salud, Ginés González García, amagó con una medida similar para llevar adelante en el país. Pero rápidamente retrocedió tras la reacción de la patronal sanatorial, de los seguros de salud y la desautorización del presidente Alberto Fernández. Así se alejó la posibilidad de poner un poco de orden en el combate contra la pandemia.

Es necesario concentrar los recursos para garantizar la atención para todos

El ejemplo de Irlanda muestra que es posible y necesario centralizar el sistema de salud para derrotar la pandemia. Para eso se necesita una decisión política que vaya en esa dirección, no se trata solo de una cuestión de epidemiólogos. En primer lugar, como venimos diciendo, es necesario centralizar el sistema  de salud privado y estatal, estableciendo una conducción única para aprovechar todos los recursos del país. En segundo lugar, es necesario que se nacionalicen los recursos indispensables, que todas las camas pasen a ser administradas por la autoridad sanitaria para garantizar el acceso de toda la población, sin distinciones. En tercer lugar, se debe proteger al personal de salud que es imprescindible para llegar con la atención necesaria. En cuarto lugar, sostener el aislamiento subsidiando a los trabajadores contratados, cuentapropistas y desocupados. Finalmente, se debe crear un fondo proveniente de un impuesto especial a las grandes fortunas y el no pago de la deuda externa para que la crisis no la paguen los trabajadores, sino los capitalistas. En la lucha lo lograremos.

 

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