Oct 30, 2020 Last Updated 10:29 PM, Oct 29, 2020

Sigue la curva ascendente de contagios

Publicado en El Socialista N° 475
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Escribe Reynaldo Saccone, ex presidente de la Cicop

El aislamiento social obligatorio está quedando reducido al cese de la actividad escolar y a algunas restricciones más en algunos sectores laborales. La presión constante de la patronal por la vuelta a la producción está logrando su objetivo. Tanto desde el gobierno peronista de Alberto Fernández como desde la oposición patronal de Juntos por el Cambio se esgrimen dos argumentos principales, que la pandemia entró en una meseta y, la otra, que la gente está cansada. Sin embargo, la meseta no existe y, efectivamente, “la gente” se cansó, pero porque no ve soluciones y necesita trabajar.

No hay meseta y sigue la curva ascendente

Los datos de agosto son claros, no hay ninguna meseta a nivel de todo el país. La curva de contagios continúa ascendiendo a un ritmo distinto por regiones, más lento en CABA, fuerte en la provincia de Buenos Aires y, ahora, más rápido en el resto del país, especialmente en Jujuy. La meseta no existe, ni siquiera en la CABA. Si tomamos la cantidad de nuevos casos cada 100.000 habitantes en cada una de las últimas ocho semanas vemos que la CABA subió de 229 a 302 casos/100.000 habitantes, Jujuy de 39 a 236, provincia de Buenos Aires de 78 a 233, mientras que la media de todo el país fue de 49 a 146.

En Jujuy, la pandemia está produciendo un verdadero desastre sanitario. Como dijimos en el periódico digital de la semana pasada, la patronal del Ingenio Ledesma reconoció que se diagnosticaron nada menos que 393 casos positivos de Covid-19. Semanas antes, en la minera Exar se hicieron hisopados masivos y se descubrió que, de 800 trabajadores, 200 portaban el nuevo coronavirus. No es de extrañar, entonces, que Ledesma sea la localidad del país con mayor mortalidad por Covid-19 (4,3%), seguida por El Carmen, también jujeña, con 4,2%, y San Fernando, en Chaco, 4,1%. El doble de las localidades del AMBA que, incluyendo CABA, rondan el 2 por ciento.

¿Qué pasó con la cuarentena?

La cuarentena está en extinción por dos razones. Una, como hemos dicho, es la presión patronal que el gobierno convalida. La otra es la necesidad de procurarse el sustento para la gran mayoría de la población, sin soluciones a la vista para la pandemia.

Un sector de la clase trabajadora puede hacer trabajo a distancia sin salir de su casa, otro pequeño sector de trabajadores en blanco puede recibir un salario para quedarse. Pero la gran mayoría, el resto de los trabajadores formales, los cuentapropistas, los informales y tantos otros no pueden sostener el aislamiento. Tampoco podemos hablar de aislamiento cuando viven varios en poco espacio, que es la realidad de la vivienda obrera. Por eso, contra lo que dicen el gobierno peronista y la oposición patronal de Juntos por el Cambio, nosotros decimos que la gente está cansada porque no se ven soluciones y los trabajadores necesitan comer, aun a riesgo de contagiarse.

El coronavirus castiga a la clase trabajadora

Tomando los números que muestra el boletín epidemiológico de la CABA, tenemos que los barrios populares de la zona sur tienen tasas de contagiados cada 100.000 habitantes dos o tres veces mayores que los de la zona norte, donde vive una población más acomodada. La diferencia es muy grande entre las dos puntas de la tabla, Villa Soldati tiene una tasa de 7.166 mientras que Núñez registra solo 1.295, siempre cada 100.000 habitantes.

Por otra parte, los trabajadores de la salud siguen sufriendo bajas. La provincia de Buenos Aires registra, al 24 de agosto, que 11.928 trabajadores de la salud, o sea uno de cada cinco, estaba contagiado. Fallecieron 46, de los cuales 31 tenían al menos una enfermedad asociada y 12 eran mayores de 60 años. Muchas de esas muertes se habrían podido evitar si el gobierno peronista de Kicillof hubiera aceptado el reclamo de los gremios de la salud de licenciar a los mayores de 60 años y a quienes tuvieran una comorbilidad. Reflejando el creciente descontento nacional de los trabajadores de la salud, la dirección del hospital Garrahan se ha visto obligada a reconocer la cifra de 364 contagiados entre el personal, de los que el 80% son enfermeras, residentes, médicos de planta, técnicos y de otras profesiones.

El sistema de salud entra y sale de la saturación

“El interior está muy mal, con casi todas las camas ocupadas. Además, no tienen personal suficiente”, declaró Rosa Reina, presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI). (La Nación, 29/8). Por su parte, la jefa de Terapia Intensiva del hospital San Martín de La Plata, Elisa Estenssoro, reconoció que “si seguimos de esta forma vamos a llegar al colapso del sistema de salud y muchos pacientes se van a quedar sin camas… hace tres o cuatro semanas que estamos al 90% y 100% de ocupación” (BAENegocios, 31/8).

Es hora de imponer salidas efectivas

Mientras algunas proyecciones muestran escenarios sombríos, tanto desde el gobierno peronista como de la oposición de Juntos por el Cambio se pone el acento en la responsabilidad individual como solución para evitar el contagio y no arriesgarse a una infección para la que no hay remedio ni vacuna. De esta manera se empuja a los trabajadores al riesgo de salud y aun a la muerte.

No se trata de decir si la cuarentena sirvió. La cuarentena sola no alcanza. Deben añadirse otras medidas. Es necesario cortar drásticamente la circulación del virus y para eso tomar las medidas de aislamiento. Hay que garantizar ese aislamiento asignando un salario de 30.000 pesos a cada trabajador para que pueda quedarse en su casa. Debe encararse una ofensiva para salir a buscar los focos del virus mediante testeos dirigidos, identificar los portadores sanos o no, garantizar su cuarentena y realizar su seguimiento. Finalmente, se debe concentrar todos los recursos del sistema de salud, tanto público como privado, y proteger al personal de salud evitando la sobrecarga laboral y el riesgo de contagio.

Son decisiones políticas que deben ir acompañadas de medidas que permitan financiarlas con la creación de un fondo que permita luchar contra la pandemia, un impuesto a las grandes fortunas (tal como lo plantea el proyecto del FIT Unidad) y dejar de pagar la deuda externa.

 

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