Jan 27, 2021 Last Updated 3:58 AM, Jan 27, 2021

Lo que deja este año de gobierno

Termina 2020. Se va el año de la pandemia que millones quisieran borrar del calendario. También se va el primer año de gobierno de Alberto Fernández y del peronismo del Frente de Todos. Es una buena oportunidad para reflexionar, hacer un balance y preguntarnos hacia dónde irá el país en 2021. Una Argentina inserta en un mundo capitalista que muestra ante millones su verdadero rostro, con la propagación de enfermedades, pobreza y más destrucción ambiental.

El presidente Alberto Fernández dice que gobernó “priorizando a los más vulnerables”. Y que si no se logró más fue por las dos pandemias, la que dejó Macri y la del coronavirus. De esta manera trata de ocultar su responsabilidad ante el agravamiento de la crisis económica y social. También usa la campaña de que “la derecha” no lo deja gobernar, mientras se aferra al anuncio de la vacuna para ir con algo bajo el brazo a las elecciones del año próximo.

Por supuesto que acordamos en que el gobierno de Macri y Cambiemos fue un desastre para el pueblo trabajador. Por eso lo combatimos en sus cuatro años en momentos en que el peronismo jugaba de cómplice. También sostenemos que la pandemia agravó el grave panorama social, pero estamos en contra de que el gobierno use todo esto como justificativo para encubrir su política de salvar las ganancias capitalistas.

Apenas asumido, el gobierno peronista debutó ajustando a los jubilados al eliminar la cláusula de reajuste para 2020, concluyendo ahora su tarea, en el medio de las fiestas, con un Senado que le da otro mazazo cambiando la movilidad jubilatoria a la baja. Los resultados están a la vista, la gran mayoría de jubiladas y jubilados terminan el año con ingresos de pobreza e indigencia. Un ajuste capitalista que aplicaron también el gobierno de Francia (resistido con grandes huelgas), el de Chile de Piñera (donde se lucha contra el negociado de la jubilación privada) y el de Brasil de Bolsonaro, que aprobó una reforma previsional siguiendo los lineamientos del FMI.

Millones de trabajadores, al mismo tiempo, vieron cómo se derretía la promesa de “la heladera llena” al compás de una inflación que ha llevado los precios de la carne, la leche y los principales alimentos a las nubes, culpa de los monopolios formadores de precios y del mismo gobierno que autorizó subas en los combustibles (de la “estatal” YPF), las prepagas, nuevos aumentos en las tarifas, etcétera. La promesa de que se le iba a “poner plata en el bolsillo a la gente” fue quedando al descubierto. Apenas si hubo un miserable bono en febrero y las paritarias casi estuvieron congeladas. Los estatales nacionales que dependen directamente del gobierno de Alberto Fernández, no “de la derecha”, recibieron la burla de 7% de aumento. Ni qué hablar del personal de salud, con constantes protestas por falta de insumos, salarios miserables y precarización laboral.

Esto explica la suba a 40% de la pobreza (con el escalofriante 60% de niñas y niños sumergidos en ese flagelo) y la desigualdad social, precisamente porque a millones se les redujeron sus salarios, las jubilaciones y los planes sociales. El Indec lo confirmó, el 40% de los hogares cuenta con al menos un miembro despedido, suspendido o que vio disminuir sus ingresos; casi el 50% de los trabajadores vio reducido su ingreso total y el 33% de las familias se encuentran obligadas a achicar el consumo de algún alimento esencial.

A todo esto, la Argentina está entre los países con mayor número de contagios y muertes por habitante debido al Covid-19, mientras el gobierno, en vez de invertir en salud, se la pasó subsidiando a las patronales u otorgando un IFE miserable, que ya fue eliminado.  
 
Las flaquezas del doble discurso


El gobierno oculta la palabra “ajuste” desplegando su consabido doble discurso, que cada vez hace más agua. Anunció la estatización de Vicentin y dio marcha atrás. Se la pasó prometiendo el impuesto a la riqueza que terminó siendo un “aporte solidario” completamente insuficiente. Sigue adelante con las megafábricas de cerdos para la dictadura capitalista china, pero recibió a organizaciones veganas mostrando un cartel con el eslogan “no al acuerdo porcino”. Presentó el acuerdo con los bonistas como un “éxito”, mientras les reconoció 15.000 millones de dólares más. Y ahora dice que el Fondo Monetario nos va a salvar cuando los ajustes que impone están a la vista, como en Ecuador.

Otro tanto ocurre con el falso ideario de creer que todo esto es culpa de Alberto y que con Cristina sería distinto. Lo cierto es que, más allá de los roces por espacios de poder al interior de la coalición del Frente de Todos, el peronismo kirchnerista, encabezado por la propia Cristina Fernández, apoya las políticas centrales del gobierno. Sostuvo al ministro Guzmán en la renegociación de la deuda, avaló el pacto con el FMI, fue gestora del acuerdo con el agronegocio, apoyó el pacto con la UIA para rebajar los salarios poniendo en la foto a Hugo Yasky, de la CTA kirchnerista, y un largo etcétera.

Que no hay “enfrentamientos” insalvables entre ellos lo prueba el hecho de que el gobierno viene recibiendo el apoyo de los Estados Unidos, el Papa, Merkel y los presidentes del denominado Primer Mundo capitalista, reconfirmando que el peronismo va a seguir, bajo otras formas, gobernando para los de arriba. Por eso es que la política de endeudamiento y sometimiento al FMI fue aplaudida por las cámaras empresarias, los economistas del establishment y la oposición patronal de Macri, Bullrich, Larreta y la UCR de Juntos por el Cambio.

Ahora queda más clara la frase del economista ultraliberal Guillermo Calvo cuando confesó que, si bien el peronismo no era santo de su devoción, consideraba que ante el desgaste de Macri veía de buen grado a un gobierno peronista para que aplique el ajuste porque tiene un discurso más popular y atento a que cuenta con el apoyo más directo de las CGT-CTA y los movimientos sociales, dándole una mayor solidez al sistema capitalista semicolonial argentino para tal fin.

Como conclusión, se sigue demostrando que el peronismo del siglo XXI es claramente funcional para seguir garantizando las ganancias de los bancos, las multinacionales y los usureros de la deuda. Lejos de salvar al país de los desastres que provocan los gobiernos “neoliberales”, como les gusta alardear a los políticos peronistas, el “capitalismo productivo” que fomenta Alberto Fernández apunta a lo opuesto.
 
Llamar a luchar y a fortalecer al FIT Unidad en 2021

¿Qué va a pasar en 2021? Este interrogante recorre a todo el pueblo trabajador. El gobierno trata de imponer un discurso optimista. Sostiene que la economía se está recuperando. Pero esconde que el acuerdo con el FMI lo obligará a aplicar un mayor ajuste. El Fondo Monetario Internacional fue, es y será el principal brazo financiero del capitalismo imperialista y el ejecutor de planes de sometimiento, dependencia y entrega. Eso lo percibe el pueblo trabajador. Por eso, en medio de las importantes expectativas que tuvo al comienzo con el gobierno, protagonizó luchas importantes. Desde los trabajadores del frigorífico Penta, reprimidos por Berni-Kicillof, pasando por los choferes de la UTA, docentes de varias provincias, aeronáuticos-Latam, trabajadores de la salud, ferroviarios y tantos otros gremios. Chubut está movilizada contra la megaminería del gobernador Arcioni, apoyado por el gobierno nacional, sumado a otras peleas en defensa del ambiente y un movimiento de mujeres que, con la marea verde, impuso la media sanción del aborto legal en Diputados. Esto ocurrió a pesar de que el gobierno hizo campaña de que no había que salir a pelear “para no contagiarse”, mientras abría las actividades a pedido de las grandes patronales.
Si estas peleas quedaron aisladas y no se unificaron nacionalmente, fue exclusivamente por la traición de las direcciones burocráticas de la CGT y las CTA, que mantienen a rajatabla su pacto con el gobierno dejando pasar el ajuste, los despidos y las rebajas salariales.

El marco en el que se tienen que inscribir los próximos rounds en la pelea contra el ajuste en el país será el de un mundo convulsionado, donde con desigualdades se están retomando las movilizaciones, como en Chile (con el triunfo rotundo en el plebiscito), las enormes manifestaciones en Perú o Guatemala, por citar solo un par de ejemplos. O la derrota electoral del magnate Donald Trump, festejada por los pueblos del mundo como consecuencia indirecta del golpe que le propinó la furiosa rebelión antirracista ante el asesinato de George Floyd. En ese espejo se deberá mirar el gobierno de Alberto Fernández.

Al calor de la aplicación del mayor ajuste se irán disipando las dudas que hoy embargan a grandes sectores sobre la responsabilidad central del gobierno sobre lo que sucede en el país. Las próximas luchas y enfrentamientos serán el tubo de ensayo donde miles seguirán haciendo su experiencia política. El desgaste del gobierno y su pérdida de popularidad ante las luchadoras y luchadores aumentarán las posibilidades para salir a pelear más abiertamente y despertará aún más la necesidad de que hace falta otra alternativa política si se quieren tomar medidas de fondo para que la crisis la paguen los capitalistas y no el pueblo trabajador. El “yo no lo voté para esto” que ya se empieza a percibir se acrecentará con nuevos decepcionados. Desilusionados que tampoco ven salida en la oposición patronal de Juntos por el Cambio con sus banderazos al servicio de la propiedad privada capitalista o en defensa de una justicia patronal.

El desafío que tenemos desde la izquierda es seguir fomentando el sindicalismo combativo para apoyar los reclamos obreros y populares y barrer a la burocracia sindical. Fortaleciendo al movimiento de mujeres desde una perspectiva feminista y socialista. Y, fundamentalmente, postular al Frente de Izquierda Unidad como alternativa política de los trabajadores y la unidad de la izquierda. La izquierda viene dando muestras de compromiso, convicción y seriedad a la hora de enfrentar y desenmascarar al gobierno, despegándose correctamente de las maniobras de los Macri y Larreta. Lo demostramos en las luchas, con nuestras bancas obreras y socialistas, en  el movimiento de mujeres, en la lucha ambiental, entre la juventud. Eso al gobierno le molesta. Por eso acusó falsamente al Frente de Izquierda de usar partidariamente a los vecinos de Guernica o trata de ensuciarlo diciendo que la izquierda quiere salvar las fortunas de los empresarios junto al macrismo, por tener la valentía de enfrentar su falso impuesto a la riqueza y postular uno de verdad. Por eso hoy más que nunca es necesario fortalecer una salida de fondo ante la crisis.

En lo que queda del año, y en 2021, a la vez que impulsamos la pelea contra el ajuste del gobierno y el FMI y redoblamos en estos días la presencia en las calles para conquistar junto al movimiento de mujeres el aborto legal, seguro y gratuito, desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad llamamos a las nuevas generaciones a sumarse para sacar de la postración a las amplias mayorías obreras y populares peleando por un gobierno de los trabajadores. Para todos estos desafíos tenemos un puesto de lucha en nuestro partido. A eso convocamos.

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