Aug 06, 2020 Last Updated 9:02 PM, Aug 5, 2020

Escribe Nicolás Nuñez, legislador porteño electo Izquierda Socialista/FIT Unidad

Una publicidad oficial dice que en el número en el cual se puede denunciar a quienes no cumplen la cuarentena, también se puede denunciar si algún efectivo comete algún “exceso en su deber”. Al oído desprevenido puede dar a entender que el gobierno está preocupado por garantizar que no existan atropellos policiales, pero la realidad dista enormemente de ello. Para muestra basta un botón: a pesar de que el propio Ministro de Seguridad Sergio Berni se hizo presente después de la represión en el frigorífico Penta prometiendo que los efectivos que agredieron a los trabajadores iban a ser removidos, los mismos efectivos siguen haciéndose presente diariamente en la puerta de la empresa donde los compañeros siguen organizándose.

A esto hay que sumar una multiplicación diaria de los casos de maltratos policiales, detenciones arbitrarias, golpizas, violaciones, y hasta muertes dentro de las comisarías que se dan a lo ancho y largo del país. Al gobierno desde ya que no puede resultar inadvertido esta realidad. Más bien, el hecho concreto es que estos hechos aberrantes son el complemento de un enorme aparataje de intimidación judicial con el que hasta este lunes 27, según el reporte de Correpi, se abrieron causas a 4.052.286 personas. Casi uno de cada diez argentinos, y con miles y miles de personas que denuncian que la aprehensión policial se produjo mientras realizaban alguna de las actividades permitidas por el gobierno, como salir a hacer las compras.

Esta violencia para con los sectores populares desde ya que no tiene ningún equivalente a la hora de castigar a los empresarios que remarcan precios, que violan el decreto de prohibición de despidos, o que obligan a los trabajadores a armar habilitaciones truchas de circulación para que vuelvan a las fábricas. Como venimos señalando junto a los organismos de Derechos Humanos del Encuentro Memoria Verdad y Justicia, bajo el lema de “hacer cumplir la cuarentena” existe una clara política de fortalecimiento y luz verde a las fuerzas represivas con el objetivo de darles mayor poder a la hora de regimentar la vida social. Algo que desde ya va de la mano del llamado “ciberpatrullaje” con el que se imputó a un joven por tuitear la palabra “saqueo”.

Que esto puede estar relacionado incluso con la intención de preparar su intervención para reprimir la protesta social es algo que excede a una mera especulación si vemos por ejemplo lo que pasa en la Ciudad de Buenos Aires, donde el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta compró bajo carácter de urgencia equipamiento “antidisturbios” por 53 millones de pesos. La plata que no va para la protección en los hospitales, va destinada a pertrechar a la policía metropolitana frente a las protestas que van a despertar las políticas de ajuste brutal que anuncia el gobierno porteño con su “ley de emergencia”.

Pero el colmo desde el punto de vista simbólico de esta política de embellecimiento al aparato represivo lo tuvimos con la decisión anunciada de mandar al ejército a “armar barbijos” a la ESMA. Un sitio de memoria por el que se calcula pasaron 5.000 compañeras y compañeros detenidos desaparecidos, en un cúmulo de crímenes de lesa humanidad aún impunes cometidos por la última dictadura cívico-militar.

Desde Izquierda Socialista decimos nuevamente que repudiamos la política de empoderamiento de las fuerzas represivas, reclamamos el fin de la represión, y la remoción real e inmediata de todos los efectivos que están cometiendo estos atropellos en todo el país. Llamamos nuevamente a sostener la guardia en alto contra la pandemia, pero también contra la violencia estatal, exigiendo una cuarentena sin represión.

 

Escribe Nicolás Núñez, legislador porteño Izquierda Socialista/FIT Unidad

Los gobiernos capitalistas del mundo han optado unánimemente por un discurso bélico para presentar sus políticas ante la pandemia. Mucho se ha dicho respecto de cómo de esa manera se busca una idea de “unidad” contra el virus y se justifican medidas “excepcionales” en nombre del enfrentamiento contra el “enemigo invisible”. Sin embargo, la imagen de la guerra también pretende instalar otra idea, y es la de que estamos haciendo frente a algo que viene desde afuera”, a algo externo, casi una amenaza extraterrestre que se hizo presente entre nosotros de forma inesperada. Pero resulta que el coronavirus es todo lo contrario.

En estos días se han apilado informes sobre cómo en los últimos años desde todos los ámbitos se venía insistiendo sobre la inminencia de un nuevo brote que podría poner sobre las cuerdas el sistema sanitario mundial. Hasta se hicieron películas al respecto (Contagio, 2011), y la Organización Mundial de la Salud había advertido sobre que estaban más que dadas las condiciones para la aparición de un nuevo virus con síntomas similares a los de una gripe que podría surgir en un punto recóndito del globo para luego expandirse a escala planetaria. El propio gobierno de los Estados Unidos había recibido informes de su Departamento de Defensa al respecto, que fueron descubiertos en estos días, mientras Trump se paseaba diciendo que esta crisis era imposible de haber sido prevista.

Diversos análisis, entre los que se destacan el de Rob Wallace (autor del libro Grandes granjas generan grandes gripes), que dedicó los últimos veinticinco años al estudio de epidemias, y los de Silvia Ribeiro, del Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (que realiza estudios independientes con estatus consultivo en la ONU), han señalado con vehemencia y fundamento la relación entre la cada vez más frecuente proliferación de procesos de zoonosis (en los que se producen las mutaciones y saltos de virus de animales a humanos) y las políticas de destrucción ambiental e impulso de los agronegocios a escala planetaria. 

Señalan cómo, por un lado, el calentamiento global y la deforestación que produce la migración masiva y la puesta en contacto entre distintas especies fomentan la circulación de virus que en su ambiente natural no resultaban dañinos. Así como también la proliferación de feedlots, donde millones de cerdos son hacinados y vacunados constantemente con antibióticos y antivirales, que funcionan como megalaboratorios descontrolados en los que mutan los virus. Ya la Organización Mundial de la Salud en 2017 hizo un llamado a “las industrias agropecuarias, piscicultoras y alimentarias a que dejen de utilizar sistemáticamente antibióticos para estimular el crecimiento de animales sanos”. Nadie hizo caso a pesar de que teníamos el antecedente en 2009 de la llamada gripe A H1N1, cuyo virus tuvo origen en la empresa productora de cerdos Granjas Carrol, en Veracruz, México, en ese momento propiedad de la entonces mayor productora de carne a nivel global, Smithfield, y que fuera luego comprada en 2013 por el WH Group chino.

Desde ya que a la hora de pensar en el coronavirus también hay que reflexionar sobre las condiciones de insalubridad y hacinamiento en que se alimentan los sectores populares empobrecidos por las políticas de la dictadura capitalista china. Pero lo que salta a la luz es que nada tiene de imprevisible ni de “natural” la actual crisis pandémica. Es la consecuencia de la ambición capitalista, de las multinacionales del agronegocio, de las empresas farmacéuticas que, por su baja rentabilidad, no se preocupan por investigar patógenos como los coronavirus, y de los gobiernos que destruyeron la salud pública para fomentar la medicina privada. 

Además de exigir a escala mundial políticas concretas de fondo para enfrentar la pandemia, es necesario poner en discusión los procesos de destrucción ambiental que “cocinaron” la actual crisis. Y de la mano de eso, denunciar lo enormemente peligroso e irracional de un sistema capitalista en el que un tercio de los alimentos que se producen anualmente se echan a perder sin que nadie los compre mientras mueren al año nueve millones de personas por problemas de malnutrición. Y sumarle a eso las 4.2 millones de muertes prematuras relacionadas con la contaminación del aire. No hay peor pandemia y amenaza a la vida que este capitalismo decadente y sus gobiernos. 

 

Las elecciones también son una oportunidad para pronunciarse contra los partidos patronales que vienen gobernando abriendo paso al saqueo y la contaminación en nuestro país. ¿Qué propone la izquierda?

Escribe Nicolás Núñez, candidato a legislador porteño

“2050: un estudio apocalíptico puso una nueva fecha límite para la humanidad”, tituló hace poco un portal de noticias, dando cuenta de los resultados de una investigación realizada por el Consejo de Investigación Australiano. Estos informes se publican cotidianamente sin recibir ninguna respuesta por parte de los gobiernos. En 2018 la emisión de CO2 aumentó por segundo año consecutivo, y volvió a cifrar como inalcanzable la reducción de un 45% de las emisiones para el 2030, que el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático definió como medida necesaria para evitar el umbral crítico de un aumento global de 1.5 grados. Para los gobiernos capitalistas no importa que el calentamiento global ponga a la civilización entera frente al precipicio, lo primero son las ganancias de las multinacionales.

¿Y en casa cómo andamos?

Partamos de que según la Fundación Ambiente y Recursos Naturales en el presupuesto nacional del 2019 aprobado por macristas y massistas, las partidas relacionadas con el cuidado ambiental representan el 0,3% del gasto presupuestado, mientras que el gasto en actividades que inciden de forma directa contra el ambiente representan el 5,6%. Por cada peso que se destina a preservar el ambiente se gastan 19 en degradarlo.

Pero la cosa no se queda ahí, porque las potencias económicas usan países como el nuestro de basurero de las tecnologías productivas que tienen fuertes cuestionamientos e incluso llegan a ser ilegales en esos países. Así los gobiernos peronistas, desde Menem hasta el kirchnerismo, fueron quienes abrieron la puerta de par en par a los agrotóxicos y la megaminería, respectivamente. Monsanto y Barrick Gold, cada uno en su rubro, han sido vanguardia del saqueo y la destrucción de la naturaleza en nuestro país, y los gobiernos peronistas fueron sus mejores abogados.

El fracking, además, fue incorporado al menú contaminante con Vaca Muerta como estandarte de kirchneristas, macristas y el MPN local. Incluso, al servicio de esa explotación de petróleo no convencional se impuso una reforma laboral en acuerdo con la burocracia sindical peronista. Y Alberto Fernández tiene en su plataforma como una de sus propuestas centrales de campaña profundizar esa reforma laboral y establecer un “régimen de excepción” para las multinacionales que exploten Vaca Muerta. El recientemente incorporado al kirchnerismo, Pino Solanas, va a tener que guardar bajo siete llaves sus películas ambientalistas de los últimos tiempos.
Frente a todo esto el Frente de Izquierda Unidad tiene la autoridad de haber estado presente acompañando las luchas contra la contaminación y el saqueo en todo el país. Somos la fuerza política que a nivel nacional representa una alternativa contra la depredación ambiental de las multinacionales. Levantamos “Fuera Monsanto” junto a los pueblos fumigados del país. Y decimos “basta de megaminería” porque no queremos más ríos contaminados con desechos.

Defendemos un plan económico alternativo al servicio y bajo control de los trabajadores y el pueblo en el que la producción de alimentos y la extracción de recursos naturales se realice en estricta supervisión de los correspondientes institutos científicos estatales del país y las comunidades involucradas. Podemos levantar este programa porque a diferencia de Macri y Fernández, no nos financian el lobby de las megamineras y Monsanto. Solo un gobierno de los trabajadores y la izquierda puede poner en pie una rediscusión del sistema productivo nacional, y así abrir la perspectiva de pelear a nivel mundial por ponerle un freno a la barbarie a la cual nos lleva el capitalismo destruyendo el ambiente y los recursos naturales.

Escribe Nicolás Núñez, candidato a legislador porteño

A pocos días de cumplirse otro año desde la persecución seguida de desaparición y muerte de Santiago Maldonado, Patricia Bullrich vuelve a desafiar nuestra capacidad de indignación. La resolución 598/19 publicada en el boletín oficial vino con otro premio a la Gendarmería, la fuerza involucrada aquel 1 de agosto de 2017. Ahora el gobierno pretende que ejerza una actividad de formación a jóvenes de entre 16 y 20 años, a través de la creación del Servicio Cívico Voluntario en Valores.

Una de las fuerzas más involucradas en la represión, el espionaje, el ocultamiento de pruebas, y actividades delictivas de variada índole, ahora se postula para dar lecciones sobre “valores democráticos y republicanos”. Valdría la pregunta sobre qué valores democráticos puede esparcir esta fuerza, y este gobierno. ¿Qué valores democráticos puede enseñar un gobierno que niega los 30.000 compañeros detenido-desaparecidos por la última dictadura cívico militar? ¿Qué valores democráticos puede infundir una fuerza en la que se reciclaron muchos de los milicos genocidas de aquel proceso? Estamos hablando de una formación en la impunidad y en el amparo de la represión estatal y el gatillo fácil, la temática predilecta de la gestión Patricia Bullrich en el Ministerio de Seguridad con su doctrina Chocobar.

Un gobierno que se ha destacado por la profundización de la destrucción de la escuela pública y el acceso al empleo, ahora dice que la salida para los jóvenes “Ni-Ni” (que ni estudian ni trabajan) es que sean capacitados por la gendarmería. Un proyecto reaccionario por donde se lo mire, que tiene como horizonte el bolsonarismo brasilero, y la legitimación de las fuerzas represivas del estado como tutoras de la juventud.

Debe ser resaltado que este proceso de legitimación de las fuerzas represivas del estado ante la sociedad no es un invento macrista. Fueron los gobiernos kirchneristas los que impulsaron la “inserción” militar en la vida cotidiana de los barrios, desde el patrullaje hasta distintas funciones “humanitarias”, pasando por las cotidianas represiones a trabajadores en lucha con Sergio Berni y el espionaje a luchadores populares del “Proyecto X”. Y ni hablar de que pusieron a un genocida a cargo del ejército, César Milani. Hoy basta con ver la campaña de Kicillof en La Matanza, donde es un eje de sus spots el pedir que la gendarmería vuelva a los barrios. Por nuestra parte seguiremos diciendo: no olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos con las fuerzas represivas del estado.

Rechazamos esta iniciativa de principio a fin. La regimentación de la vida social con una cada vez mayor presencia y protagonismo de las fuerzas represivas se ubica, en la otra cara de la moneda de las políticas que el FMI tiene pautadas con Macri y los Fernández para los próximos años en la Argentina. La “renegociación” con el FMI, que implicará pérdida de derechos a gran escala para el pueblo trabajador, la van a querer hacer pasar con más represión, y por eso para ellos es estratégico tratar de “limpiar la imagen” de las fuerzas represivas del estado.

La salida para la juventud no viene de la mano de los gendarmes, sino de dejar de pagar la deuda externa ilegítima y fraudulenta y brindar presupuesto para garantizar el acceso y la permanencia en la educación pública, por un plan de obras públicas a escala nacional que garantice el acceso al primer empleo como propone el Frente de Izquierda-Unidad.

“Yo no creo que sea inevitable el triunfo del socialismo. Entonces lo indispensable es luchar, luchar con rabia para triunfar, eso es indispensable, porque podemos triunfar. No hay ningún Dios que haya fijado que no podemos hacerlo.” (Nahuel Moreno)

Escribe Nicolás Núñez, legislador electo CABA por Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda

Rabia, porque hace a la forma en que encaramos nuestra militancia. ¿Porque de qué otra forma plantarse frente a quienes gobiernan un mundo cada vez más injusto, con más derechos pisoteados, y con cada vez menos futuro por delante? Uno no puede pararse ante el crecimiento del hambre, o ante el 50% de jóvenes debajo de la línea de pobreza que tiene la Argentina, y tratar esos hechos solo como números. La rabia, la bronca, empujan nuestra voluntad de dar vuelta todo lo que conocemos de este mundo capitalista en decadencia. Pero no solo tenemos el enojo y la voluntad, también sabemos que existe la posibilidad de ganar.

Es por eso que junto con la palabra, rabia, nos interesó recuperar la cita con que encabezamos esta explicación. Se trata de una forma coloquial, simple, con la que el fundador de nuestra corriente dentro del trotskismo, Nahuel Moreno, sintetizaba su (nuestra) toma de posición ante un debate que llevaba un siglo de duración. Veamos

1. Marx y Lenin


Con la muerte de Marx en 1883 se dispararon múltiples interpretaciones de su obra. Hubo un arduo trabajo del pensamiento burgués para adornar la figura de Marx como alguien interesante, pero quitándole el contenido revolucionario a su legado. Parte de ese esfuerzo, fue plantearlo como un lúcido intérprete del capitalismo, pero reduciéndolo a un analista económico, lo que iba de la mano de pintarlo como alguien que pensaba que era el propio desarrollo tecnológico y productivo que impulsaba el capitalismo lo que, inevitablemente, algún día del futuro incierto, generaría las condiciones para una sociedad socialista. Lamentablemente eso también tuvo eco entre los “socialistas”: los partidos socialdemocratas de principios del siglo XX y los mencheviques rusos se abrazaron a esa misma idea de que no había que impulsar la pelea por el poder político, sino que había
que esperar al día que las “condiciones realmente maduras” toquen las trompetas, con la misma paciencia que los cristianos esperan el retorno de Jesús ante el apocalipsis.

A esa interpretación también la acompañó otra que enunciaba que irremediablemente la crisis del capitalismo iba a decantar mecánicamente en el triunfo del socialismo. Ambas negaban la importancia de la disputa política, y entendían la historia como mera consecuencia de los movimientos de la economía.

Esta revisión a dos voces de la obra de Marx pasaba por alto necesariamente dos elementos fundamentales: la perspectiva militante y la lucha de clases. Marx no se dedicaba a escribir encerrado en su casa ni a profetizar desde un pupitre. Fue un brillante estudioso, sí, pero sobretodo un fundador y constructor de la herramienta que consideraba indispensable: la internacional y el partido revolucionario de la clase trabajadora para luchar en el presente, y no en un futuro en abstracto, por el socialismo. Marx entendió que es la lucha de clases la que define los ritmos de la historia en que estamos inmersos. Esa lucha se da dentro de un cuadrilátero delimitado por
condicionamientos históricos económicos y sociales, pero es -justamente- una lucha, y en una lucha se gana o se pierde, pero se da pelea.

La Revolución Rusa (1917) dio un golpe letal a quienes les decían a los trabajadores que había que seguir aguantando al capitalismo, y demostró que ya había condiciones para que triunfe una revolución socialista. Con una organización firmemente organizada, el Partido Bolchevique construido por Lenin, un país atrasado lograba escaparse del infierno capitalista antes que cualquier país avanzado.

Pero no hubo solo triunfos, también hubo que interpretar catástrofes como la Primer Guerra Mundial que se llevó la vida de millones, y luego al nazismo. Ante estos hechos el marxismo revolucionario postuló que la historia no tenía un único pronóstico posible, no era inevitable el socialismo, la decadencia del capitalismo también podía terminar en otra cosa: en la barbarie.

2. Trotsky y Moreno

Tras la muerte de Lenin, el estalinismo fue un tremendo retroceso para la dirección revolucionaria de la clase trabajadora. Todas las corrientes que se alimentaron de él, desde el maoísmo hasta el “Socialismo del Siglo XXI” de Chávez, pasando por los consejos de Fidel Castro en las décadas del 70 y 80 en América Latina, fueron quienes se encargaron de reflotar la lectura reformista de Marx: “las condiciones para el socialismo no están dadas, hay que coexistir con el capitalismo y hacerlo avanzar, para que en el futuro sí haya condiciones de pelear por el socialismo”.

Mayoritariamente la izquierda mundial fue atrás de ese planteo, y así estamos hoy: con el capitalismo reimplantado en todos los países donde la burguesía había sido expropiada, y con un tendal de revoluciones abortadas, incompletas, traicionadas, en un mundo de miseria creciente. “Los que hacen revoluciones a medias no hacen más que cavarse una tumba”, decía uno de los graffitis del Mayo Francés. Algo que se demostró una y otra vez cierto.

La fundación de la Cuarta Internacional y de partidos revolucionarios por fuera de los PC (dirigidos por el estalinismo) fue lo que permitió que el legado militante y revolucionario de Marx pueda seguir teniendo un canal de organización. El responsable de esa tarea fue León Trotsky.

En el Programa de Transición, pilar de fundación de la Cuarta, señaló que el gran problema a resolver para sacar a la humanidad de su crisis era (es) la crisis de la dirección revolucionaria de la clase trabajadora. Se trata entonces, para decirlo simple, de un problema político, no económico.

Tras el asesinato de Trotsky por parte de una agente estalinista y hasta el presente, un sector del trotskismo padeció una gran desorientación política y dispersión, y en buena medida también, un impulso hacia rendirse ante las modas políticas del momento (el guerrillerismo, el zapatismo, el chavismo, etc.) y abandonar la estrategia marxista de construir organizaciones revolucionarias en la clase trabajadora.

Contra esa orientación Nahuel Moreno emergió en ese contexto como un gran constructor de partidos, y como un defensor no dogmático del legadodel marxismo, el leninismo y el trotskismo.

3. Ningún dios

Con Moreno afirmamos que en ningún lado está dicho que lxs trabajadorxs no puedan gobernar la sociedad. Porque en ningún lado está ya definido que el capitalismo es inmortal. Más bien, nada lo es. Su continuidad, es la continuidad del hambre, de la explotación, de las guerras, de la destrucción de la naturaleza, en fin, es una amenaza para cualquier tipo de futuro para el mundo entero.

La humanidad ya cuenta con el desarrollo productivo que garantice que nadie muera de hambre; cuenta con la tecnología para repartir las horas de trabajo y trabajar menos y poder dedicar nuestras vidas a lo que realmente queramos; cuenta con la capacidad de garantizar el techo, el acceso al agua, la salud y la educación al conjunto de la población mundial. Si eso no pasa es porque hay un puñado de megamillonarios, que tejen los hilos de la economía y la política mundial con sus empresas multinacionales, imponiendo cada vez mayores dolores a las mayorías empobrecidas. Eso explica que las 26 personas más ricas junten en un año la misma cantidad de riquezas que las 3.800.000.000 más pobres. Hay que terminar con todo esto.

En nuestro país, partimos de organizarnos para enfrentar las políticas de Macri y los gobernadores, pero en el contexto de que la realidad excede a nombres propios o a tal o cual gobierno. Nuestra lucha es contra todo un régimen social ordenado en torno a los intereses capitalistas.

Nuestra invitación es a que te sumes a dar esa pelea. Porque nuestra potencialidad de triunfo, no se deriva de la crisis del capitalismo, que ya a esta altura es crónica, casi permanente, y cada vez peor. Sino que se deriva de la fuerza que tenga nuestra herramienta política, y si somos lo suficientemente inteligentes, si tenemos la política correcta, para derrotar a los partidos capitalistas.

Somos parte, Izquierda Socialista y la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores - Cuarta Internacional, de una corriente que se forjó y aprendió junto a Moreno y toda una camada de militantes que viene sosteniendo décadas de lucha en condiciones de todo tipo, como lo hizo el heroico Partido Socialista de los Trabajadores (PST) sosteniendo la militancia en la clandestinidad contra la dictadura genocida de Videla y compañía.

Se trata de una militancia que ha pasado por situaciones de avance y retroceso, pero incluso en los momentos más difíciles, se sostuvo con la triple certeza de que es posible organizarse para derribar al sistema capitalista; de que la clase trabajadora da batalla contra los intentos de semiesclavización que impulsan los gobiernos; y de que en este mundo en el que priman la opresión y la explotación, no hay mejor manera de atravesar la vida que hermanadxs con compañerxs que peleen codo a codo y con rabia por una sociedad donde realmente reinen la igualdad y la libertad: una sociedad socialista.

No existe dios que haya definido que no podamos triunfar.