Nov 25, 2020 Last Updated 8:03 AM, Nov 25, 2020

Escribe Jorge Adaro, secretario adjunto Ademys

La ministra de Educación de CABA, Soledad Acuña, participó del programa “Un café con Fernando Iglesias”, el diputado nacional de Juntos por el Cambio reconocido por ser un provocador de derecha que expresa sin tapujos el pensamiento más reaccionario de su sector.

Allí, quizás entusiasmada y cebada por sus interlocutores, Soledad Acuña no tuvo filtro en decir sinceramente lo que opina de la educación y de los docentes. (ver link: https://youtu.be/Qk_ESFkkFbY)

Sus dichos han generado un repudio generalizado en todos los sectores de la educación y de los derechos humanos por racistas, reaccionarios y muchos otros calificativos. 

Desde el sindicato docente Ademys respondimos duramente y estamos pidiendo que se vaya ya (ver link de Ademys: https://www.ademys.org.ar/v2/total-repudio-a-la-politica-totalitaria-de-acuna/). Si Soledad Acuña tuviera algo de dignidad personal ya habría presentado sus disculpas… y su renuncia.

Las declaraciones de Acuña, además de repudiables, muestran su concepción sobre la educación, el fracaso de su política educativa, su hipocresía, desnudando que todas las críticas que venimos realizando a su política, y ella negaba, eran correctas.

Acuña clarifica que, para el gobierno, el principal problema de la educación es que necesita docentes serviles a los conceptos antiescuela pública y sumisos a los mandamientos de los gobiernos patronales de turno. No quiere docentes ni alumnos con pensamiento crítico, sino repetidores de las ideologías oficiales. Por eso muestra repulsión hacia los profesorados que han formado docentes durante décadas que han llevado a la educación pública argentina al respeto internacional. Como venimos diciendo, no son los profesorados el problema de la crisis educativa, sino la política gubernamental de destrucción de la escuela pública, de privatización, de reducción presupuestaria, de salarios miserables a la docencia y de escuelas destruidas la que está atacando esa calidad educativa que siempre tuvimos.

Y somos los docentes, con nuestro tremendo esfuerzo y lucha, junto con la comunidad educativa de las escuelas públicas, los que estamos sosteniendo la educación pública y evitando que los gobiernos y las Soledad Acuña la terminen de liquidar y privaticen todo el sistema.

Queda claro ahora cuáles eran los verdaderos objetivos de Acuña al querer cerrar los profesorados y montar la Unicaba, querer modificar los programas de estudio y la libertad de cátedra. Por qué liquidó la junta de clasificaciones y apuntó a los nombramientos “a dedo” de docentes serviles. Por qué quiso cerrar las escuelas nocturnas donde estudian los trabajadores. Queda clara su política de achicar la educación a profesores y alumnos de clase alta que tengan la “capacidad social” de viajar por el mundo, los únicos que, según la reaccionaria Acuña, tendrían “capacidad de formar y agregarles un plus” a los estudiantes, mientras los docentes pobres (pobreza generada por el propio gobierno) solo “utilizaríamos” la educación como “tercera opción laboral ante los fracasos anteriores”. Los que venimos de familias trabajadoras o pobres no tendríamos ningún valor para compartir con nuestros alumnos. ¡Ni a Mussolini se le ocurrieron esas ideas!

Acuña desnudó públicamente su repulsión a los docentes de origen pobre, a los profesores “críticos”, a los sindicatos opositores como Ademys, a la “izquierda” que, luchando todos juntos, no le permitimos la implementación de sus planes reaccionarios. 

Queda claro también cómo jugó el peronismo kirchnerismo durante estas últimas décadas, ya que el macrismo no necesitó aprobar ninguna nueva ley para implementar toda esta política reaccionaria y privatista. Solo se apoyó en las leyes del kirchnerismo ya existentes, la Ley Nacional de Educación kirchnerista que habilita todas estas barbaridades. Por eso Acuña dijo que su problema “no fue el kirchnerismo, sino la izquierda”.

Desde Izquierda Socialista siempre fuimos claros y repudiamos y combatimos la Ley de Educación del peronismo kirchnerista, nacionalmente y en cada provincia donde intentan avanzar en su aplicación. Será por eso que desde Ctera la secretaria general Alesso solo pidió a Acuña “que se disculpe”, en vez de, como impulsamos nosotros, exigir que se vaya este personaje nefasto de la derecha política. Sigamos defendiendo la educación pública, los profesorados, un mayor presupuesto con plata de la deuda externa y el fin de los subsidios a la educación privada. Sigamos defendiendo, orgullosos, la educación pública y nuestra tarea docente.

Escribe Jorge Adaro, secretario adjunto de Ademys

Ya pasaron dos semanas del anunciado “regreso a clases presenciales” de Larreta y su ministra de educación, Soledad Acuña, en CABA. Además de evaluar qué está pasando, debemos recordar que no es una política “aislada” de Larreta, sino que fue acordada con el ministro Trotta y Alberto Fernández, quienes también están apurando el retorno a las escuelas en varias provincias. Y que, desde el primer anuncio, nuestro sindicato Ademys, por resoluciones de sus asambleas abiertas, se ha pronunciado en contra de hacer esos experimentos políticos, cuando la pandemia sigue en ascenso.

De los casi 400 mil alumnos que estudian en CABA (entre jardín, primaria y secundaria, estatales y privados), el plan del gobierno no logró ni que el 2% se haya “presentado en las escuelas”. Por eso hace el ridículo Larreta al declarar que “se emocionó de ver nuevamente las sonrisas de los niños con sus guardapolvos blancos y los docentes dando clases en los pizarrones de las escuelas”. ¡Ni hubo chicos en las escuelas, ni los docentes dieron clases en aulas con pizarrón!

¿Por qué fracasa el plan del gobierno? Porque es un plan mentiroso y a contramano de las necesidades de los estudiantes y sus familias. Es mentiroso porque el gobierno quiere hacer creer a la población que está “normalizando” el sistema educativo en pandemia, para quedar como resolviendo la problemática de padres y madres, que necesitan que los chicos vuelvan al colegio. Y para insistir en que hay que acostumbrarse a la “nueva normalidad de convivir con la pandemia”.

Pero la realidad es que son ínfimos los porcentajes de alumnos que asisten. Y, es importante aclararlo, no van “a clases”, sino que los convocan para hacer “recreación” y “revinculación”.

La explicación que venimos dando los docentes de Ademys de que esto es absurdo, en medio de la pandemia que no cede y que es muy riesgoso para la salud de todos, sólo no la quieren entender Larreta, Acuña y Trotta. Pero la campaña de la docencia es aceptada por las familias de los trabajadores. Por eso es que ni siquiera pueden implementar el exiguo plan gubernamental: las familias no se arriesgan a enviar a sus hijos. El propio ministro de salud de CABA está alertando de posibles “rebrotes”. Ya tuvimos la semana pasada el primer caso de un auxiliar de una escuela técnica de Flores con Covid. Debió suspenderse la asistencia y quedaron en aislamiento las directivas, auxiliares y dos maestras.

Por eso las “burbujas” del gobierno (grupos de ocho alumnos aislados) no funcionan, no se completan. Y las docentes, además de explicar a las familias, se suman al paro de Ademys, rechazando los aprietes gubernamentales. Ayer, en medios de prensa que me entrevistaron, hubo periodistas que reconocían que sus hijos no habían asistido, “por el paro de las maestras de Ademys”.

“¿Pero ustedes están en contra de volver a clases? ¿Por qué no reclaman que se garanticen las medidas sanitarias, en vez de no querer volver?”, nos cuestionan. En primer lugar, nosotros somos conscientes de que hay pandemia y del riesgo de vida que significa contagiarse. Porque ni siquiera están garantizadas las condiciones sanitarias para dar clases, de antes de la pandemia y el gobierno nunca las resolvió. En varias escuelas no pudo siquiera instalar las “burbujas” porque no tenían jabón en los baños. Esa es la realidad. Lo que se necesita ahora es mejorar la educación virtual. Invertir lo necesario en computadoras y conectividad gratuita para las familias y los docentes. De esa manera se podría lograr una buena educación para todos, romper el aislamiento educativo y evitar el riesgo sanitario de la presencialidad escolar que ha fracasado en todos los países.

La asamblea abierta de Ademys del último viernes votó parar lunes y martes, y el resto de la semana paros de actividades presenciales, sosteniendo el lazo con las familias para rechazar la propuesta del gobierno. También hacemos un llamado a los estudiantes secundarios y sus organizaciones a que se sumen a la lucha contra el plan de Acuña y Larreta. Como lo hicieron docentes de las escuelas técnicas y maestras jardineras, que se autoconvocaron y más de 600 firmaron un documento de rechazo al regreso de los niños de preescolar. El martes 27 hicimos una importante caravana de la docencia convocada por Ademys, con un acto en la Jefatura de Gobierno.

Seguimos rechazando el regreso a la presencialidad en medio de la pandemia y exigiendo los fondos necesarios para sostener la educación virtual, el salario docente y la infraestructura escolar.

Escribe Jorge Adaro, secretario adjunto de Ademys

Nuevamente, los gobiernos volvieron a cerrar filas contra los docentes y las familias y habilitaron la posibilidad del retorno a las escuelas. En CABA, la ministra Soledad Acuña anunció el retorno progresivo a las aulas o a los patios de las escuelas y montó la payasada de dar dos horas de clases a dieciocho alumnos (sí, 18), de dos escuelas técnicas. Era el tan mentado “retorno a las escuelas”. Ridículo.

Lo irónico es que mientras los peronistas kirchneristas y los sindicatos de Ctera critican duramente a Larreta y Acuña por su irresponsabilidad e improvisación, tratan de desconocer que quien aprobó el protocolo de retorno a clases fue Trotta, o sea Alberto Fernández. Y no es el único caso. Kicillof en la provincia de Buenos Aires lanzó el programa ATR para que miles de docentes y estudiantes de profesorados vayan a las casas de los alumnos, lo que sin dudas acrecentará la circulación del virus, cuando el promedio semanal de contagios supera los 14.000 casos y centenares de fallecidos diarios.

También lo están impulsando en otras provincias porque la decisión es del gobierno del Frente de Todos de Alberto Fernández y Trotta, en el Consejo Federal de Educación, con los ministros de Educación de todas las provincias, peronistas y de Cambiemos, desnudando que en esta cuestión tampoco hay grieta.

Es que la escuela es quizás el último lugar donde aún hay cuarentena y la política de Alberto y los gobernadores es que todo vuelva a la “normalidad”, que nadie deba quedarse en casa y no ir a trabajar con el argumento de que “hay que aprender a convivir con la pandemia”. Eso solo podrá generar un aumento exponencial de contagios y muertes.

Muchas familias tienen dudas de mandar a sus hijos a las escuelas, conociendo mejor que nadie en qué condiciones se encuentran y por el gran número de casos diarios, pero además porque junto con los docentes se preguntan quiénes se harán responsables de semejante decisión.

El ministro Trotta plantea que la decisión de volver a clases presenciales es responsabilidad de los gobiernos provinciales. Pero estos la delegan en las direcciones de las escuelas. Y además dicen que cada familia podrá definir si sus hijos asisten o no. Esto quiere decir que, si algún niño se contagia o transmite a los grupos familiares el virus, será consecuencia de la decisión de la familia y no del gobierno que adoptó la medida.

Nuevamente vemos cómo se repite el abandono, de parte de los gobiernos, de la educación pública y de nuestros pibes. ¿Por qué creer que un gobierno que durante seis meses no escuchó el reclamo de las maestras y las familias sobre la necesidad de contar con computadoras y conectividad para garantizar la continuidad pedagógica ahora se preocuparía por ellos?

Necesitamos que el gobierno garantice la conectividad y las herramientas tecnológicas para seguir estudiando desde las casas mientras invierte fondos para poner en condiciones los edificios escolares y que haya la cantidad necesaria de docentes y auxiliares en cada establecimiento. Para esto es necesario no pagar la deuda externa y dejar de subsidiar a las escuelas privadas.

 

Escribe Jorge Adaro, secretario adjunto de Ademys

Luego de semanas con movilizaciones, cortes de rutas y asambleas masivas en toda la provincia, los sindicatos en lucha y el movimiento de docentes autoconvocados lograron arrancarle al gobierno provincial un importante porcentaje de incremento al sueldo básico.

Una docente de la provincia de Misiones cobraba un salario inicial de 20.000 pesos, con un básico miserable de 7.000 pesos, el resto en negro. Este enorme retraso salarial, pese al histórico reclamo de recomposición y blanqueo, fue acordado por el gobierno peronista de Ahuad en acuerdo con la burocracia sindical encabezada por la dirección Celeste de la UDPM-Ctera.

Los sindicatos docentes opositores no fueron convocados a las negociaciones con el argumento de “no tener personería” y la docencia en asamblea decidió rechazar el acuerdo y exigir 12.800 pesos de básico y blanqueo salarial.

Así fue que se multiplicaron las acciones con las maestras, realizando bloqueos en las principales rutas de la provincia, 12 y 14, y en los accesos a la ciudad de Posadas, sumándose a estas actividades también sectores indígenas, campesinos y tareeros, con sus propios reclamos.

La docencia explotó contra años de traiciones de parte de la burocracia sindical y así fue como se sumó un sector importante de afiliados al principal sindicato y se integró a la pelea como “autoconvocados”, uniéndose a la lucha de los sindicatos opositores, como el Movimiento Pedagógico de Liberación (MPL), UTEN y Udnam, entre otros.

Finalmente, el gobierno tuvo que sentarse con los sindicatos opositores y autoconvocados, ofreciendo un salario básico de 10.500 pesos y un inicial de 30.000 pesos, oferta aceptada en una masiva asamblea abierta en Posadas. Este aumento, si bien no resuelve el problema salarial de fondo debido al atraso que vienen padeciendo, fue tomado como una victoria por la base docente.

Ademys acompañó desde un primer momento a la docencia misionera con la difusión del conflicto en CABA, en el Plenario Sindical Combativo, en la oposición nacional docente y realizó un aporte de 20.000 pesos de su fondo para apoyar la lucha misionera.

Desde Docentes en Marcha realizamos una campaña nacional de difusión en apoyo a esa pelea. También impulsamos la transmisión de un saludo del secretario general del MPL, Rubén Ortiz, en el acto realizado en Plaza de Mayo por el Plenario del Sindicalismo Combativo. Ortiz denunció claramente la complicidad del gobierno nacional, que impone techos a los salarios en las provincias, y la ausencia de la dirección nacional sindical en el conflicto, sosteniendo de este modo la tregua con los gobiernos que insisten en ajustar a los trabajadores. Es que la docencia misionera no tuvo apoyo de la conducción Celeste de Ctera, de las CTA ni de la CGT. Todas dieron la espalda a esta tremenda lucha.

Insistimos con la exigencia a la Ctera de ponerse a la cabeza de todos los conflictos provinciales por salario y condiciones laborales que se están desarrollando en todo el país, algunos desde hace más de un año, como es el caso de Chubut, a los que se suman los conflictos en La Rioja, Catamarca, CABA y provincia de Buenos Aires, entre otros. Urge la convocatoria a un paro nacional y plan de lucha junto con la mejora inmediata de los presupuestos provinciales y el nacional sobre la base del no pago de la deuda externa y un fondo de emergencia basado en un impuesto a las grandes empresas.

Este triunfo, como el logrado por los trabajadores del neumático del Sutna, demuestra que, con direcciones combativas, con democracia y organización para luchar se puede ganar. Mientras que donde se depende de las conducciones burocráticas, las luchas terminan siendo derrotadas por las patronales y los gobiernos. ¡Sigamos el ejemplo de los docentes y los trabajadores misioneros!

Escribe Jorge Adaro, secretario adjunto Ademys

Semana tras semana, Rodríguez Larreta y la ministra de Educación, Soledad Acuña, hacen alguna propuesta de retorno a las clases presenciales en las escuelas porteñas. Estas sugerencias son tan absurdas y ridículas, tan alejadas de la realidad, que el propio ministro de Educación nacional, Nicolás Trotta, fanático de “protocolos burbujas” para el regreso a clases presenciales, se las tiene que “rechazar” por impracticables.

Trotta ya impuso sus protocolos en San Juan y a la semana se llenaron de casos de Covid-19, tuvieron que cerrar las escuelas y retrotraer el aislamiento social a fases anteriores. Pero Trotta insiste en otras provincias (La Pampa, Córdoba, Santa Cruz, etcétera), por lo que el rechazo a las propuestas de Acuña no es por alguna “interna política contra Larreta”, sino porque lo de Acuña es inaceptable, hasta para Trotta.

El objetivo de Larreta y Acuña no es pensar en los niños y en la continuidad del proceso de enseñanza aprendizaje, como fundamentan. En realidad, ellos saben que sus propuestas son impracticables. Fueron desde los protocolos “burbuja” con niños separados por dos metros, con barbijos, alcohol en gel, pañuelos de papel, baños impecables, lavandina, sin contacto entre ellos ni siquiera fuera del aula, con “salas sanitarias” ante posibles sintomáticos, “trabajo en equipo con sectores de la salud” (que ni siquiera dan abasto en los hospitales). Cuestiones higiénicas que deberían ser cotidianas en cualquier escuela, pero que en las escuelas públicas del país no están garantizadas, ni siquiera el funcionamiento de los baños, agua potable, aulas con vidrios, techos sanos y un gran etcétera que ni antes ni ahora los gobiernos resuelven.

Después, entre otras propuestas, plantearon clases con doble modalidad, con algunos chicos en la escuela y otros en sus casas, de manera virtual. No supieron explicar nunca qué docentes darían las presenciales y al mismo tiempo las virtuales. O si iban a nombrar el doble de docentes para esa tarea doble, algo también absurdo, ya que ni siquiera han nombrado a miles de docentes que quedaron fuera del sistema porque los actos públicos de nombramientos se suspendieron por la cuarentena (dejándolos sin salario), “ahorrándose” el gobierno el presupuesto de salarios.

Hace poco, bajo la supuesta preocupación por miles de niños a los que el gobierno no les está garantizando la educación virtual (por falta de conectividad gratuita o de computadoras), largaron la nueva “brillante” idea: la “escuela ciber”. Ahora, miles de esos niños irían a las escuelas a “estudiar” dos horas, para hacer en las escuelas con las computadoras de las escuelas, las clases virtuales. Saltaron claramente otros problemas, como quiénes llevarían a esos niños (¿los mismos familiares que no garantizan que puedan hacer la virtualidad en la casa?), con qué computadoras (no hay esa cantidad de computadoras en las escuelas), cómo llegarían (muchos viven lejos de sus escuelas), quienes abrirían las escuelas, les darían de comer y un gran etcétera que nunca fue respondido y también cayó en saco roto.

Ahora, la última, son las “escuelas canchas de fútbol”, donde irían los alumnos a canchas de fútbol, básquet, o parques, al aire libre. Esta vez, lo absurdo llevó a decenas de memes, qué pasaría cuando hiciera frío o lloviera, u horas bajo el sol, cómo sería la conexión a internet o de luz, en qué árbol deberían ir las niñas para hacer sus necesidades y a cuál los niños, y los mismos interrogantes anteriores (quiénes darían clases presenciales, quiénes virtuales, cómo llegarían, etcétera) nunca respondidos.

Estos proyectos, además de demostrar que en el gobierno hay gente a cargo de la educación que nunca ha pisado una escuela pública para dar clases, refleja otra cuestión, política.

El objetivo de Larreta y Acuña es buscar ganar políticamente la simpatía de base  social en vistas a consolidar su masa de votantes en la perspectiva de 2021 y con la política de apertura total de la economía a costa y riesgo de los trabajadores y sectores populares y las escuelas como guarderías. Aunque se montan sobre un problema que preocupa a muchísimas familias, sus soluciones son impracticables.

Lo cierto es que todas esas propuestas esquivan la única y necesaria solución para atacar los problemas educativos en plena pandemia: garantizar, con inversión de mayor presupuesto, conectividad y tecnología gratuita para docentes y estudiantes para retomar y profundizar la educación virtual.

Desde el mes de marzo es lo que Ademys y el conjunto de la docencia venimos denunciando, más la falta de trabajo para suplentes al no cubrir cientos de cargos existentes y vacantes en el marco de la profundización del ajuste. Reiteramos los problemas de infraestructura y falta de auxiliares para garantizar la higiene en las escuelas. Esta política de abandono es lo que está profundizando a niveles escandalosos la deserción escolar.

Esto es lo que deben garantizar tanto el gobierno de la Ciudad como el nacional. Seguiremos profundizando el vínculo de los docentes con las familias para resistir los embates de Larreta y Acuña y convocando a todas las medidas de acción necesarias para garantizar que, mientras exista la pandemia, se tomen las medidas necesarias para lograr una educación virtual para todos.

 

 

 

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