Nov 25, 2023 Last Updated 8:18 PM, Nov 24, 2023

Izquierda Socialista

Escribe Francisco Moreira

El 9 de noviembre de 1918 la revolución obrera obligó al káiser Guillermo II a renunciar y terminó con el Imperio Alemán. La traición del Partido Socialista Alemán (SPD) y la Segunda Internacional salvó a la burguesía, que retuvo el poder. Como entonces, las decepciones y traiciones de los falsos “socialistas” de hoy, plantean la imperiosa necesidad de construir partidos revolucionarios.

A cuatro años de iniciada la “gran guerra” interimperialista (primera guerra mundial), el hartazgo de los soldados, trabajadores y campesinos alemanes provocado por las penurias padecidas y las sucesivas derrotas militares explotó en un amotinamiento en la flota apostada en la ciudad de Kiel, a orillas del Mar Báltico. A fines de octubre de 1918, los marineros se negaron a intervenir en la última batalla contra los británicos. Respondiendo a la represión del motín, desarmaron a los oficiales, ocuparon los barcos y liberaron a los presos. Formaron un “consejo de trabajadores y soldados” que tomó el control del puerto y envió delegaciones a todas las grandes ciudades alemanas. La revolución se extendió rápidamente por todo el país. Se formaron consejos que exigían la paz sin anexiones y el derrocamiento del káiser (emperador) Guillermo II. En la noche del 8 de noviembre un centenar de dirigentes revolucionarios ocuparon el Reichstag (Parlamento) en Berlín y conformaron un “consejo de representantes del pueblo”, llamando a un congreso de los consejos de soldados y trabajadores. La insurrección del 9 de noviembre obligó a abdicar al káiser, terminando con la monarquía, mientras una multitud en el Palacio Real y el Reichstag proclamó la “República Socialista”.

La traición de los falsos “socialistas”

Desde 1916 el poder en Alemania estaba de hecho en manos del Comando Militar Supremo, que había impuesto el estado de sitio, jornadas laborales de 12 horas y reducción salarial. Pero desde 1917 hubo masivas huelgas organizadas por 300.000 trabajadores de la industria bélica en Berlín, Leipzig y Dusseldorf. En enero de 1918 tuvo lugar un verdadero “ensayo de revolución”, con un millón de trabajadores en huelga general y movilizados por los consejos de trabajadores y soldados. Cada vez más manifestantes luchaban por el fin de la guerra, la paz sin anexiones, contra la carestía de la vida y contra la monarquía.1

La agitación en Alemania se sumó a la oleada revolucionaria que sacudió Europa, devastada por la carnicería de la guerra interimperialista. En febrero de 1917 cayó el zar (rey) Nicolas II de Rusia y en octubre los “soviets” (consejos de obreros, campesinos y soldados) tomaron el poder, instaurando el primer gobierno obrero y campesino revolucionario, dirigido por el partido bolchevique de Vladimir Lenin y León Trotsky. En noviembre de 1918, le tocó el turno al imperio alemán.

Pero ante la caída del káiser, el príncipe Max von Baden, canciller imperial, negoció la formación de un gobierno falsamente “socialista” con el principal partido obrero reformista, el Partido Socialista Alemán (SPD). El SPD y sus líderes Friedrich Ebert y Philipp Scheidemann celebraron “el nacimiento de la democracia alemana” y se dispusieron a conciliar con los partidos burgueses para definir la forma del Estado en el marco de la continuidad del régimen capitalista.

El SPD conducía al movimiento obrero alemán y a la Segunda Internacional. En el inicio de la guerra, tenía un millón de miembros, dos millones de afiliados en los sindicatos, 110 diputados nacionales, 220 provinciales y 2.886 municipales. Con el “socialista” Ebert como presidente del “nuevo gobierno de obreros”, el SPD consumaría la traición a la “revolución de noviembre”. Su objetivo no era lograr un gobierno revolucionario de los consejos de trabajadores y soldados en la lucha por el socialismo sino, por el contrario, sofocar el movimiento revolucionario y encauzar la nueva etapa republicana en los marcos del dominio burgués.

Pero la marea huelguística no se detenía. El gobierno debió legalizar la jornada de 8 horas, ya impuesta en los hechos. El 16 de diciembre, 250.000 manifestantes exigieron en Berlín la socialización de la producción y otorgar el poder a los consejos. En enero de 1919, Ebert lanzó una ofensiva contra los revolucionarios y la vanguardia obrera. El nuevo Jefe de Policía, el “socialista” Gustav Noske, pactó con el Comando Militar Supremo del káiser y sus paramilitares monárquicos (freikorps) para desatar la represión ante la huelga general insurreccional convocada por el Comité Revolucionario. Tras cinco días de cruentos combates, el 15 de enero, los revolucionarios fueron derrotados por las tropas del gobierno “socialista”, siendo muchos de ellos fusilados.
A pesar de este duro golpe, el ascenso revolucionario y los consejos se mantuvieron hasta 1923. Ese año comenzaría el retroceso del movimiento obrero. Al mismo tiempo, daría sus primeros pasos en Munich un oscuro cabo del ejército, Adolf Hitler: nacía el nazismo.

La debilidad del partido revolucionario

La traición del SPD y la Segunda Internacional había comenzado en 1914 cuando su conducción, burocratizada y jugada a la defensa del capitalismo, avaló que cada gobierno imperialista se lanzara a la guerra, llevando a los obreros a una carnicería.

En Alemania, cuando se aprobaron los créditos de guerra, el 4 de agosto de 1914, sólo uno de sus diputados se opuso, Karl Liebknecht, quien denunció el carácter burgués imperialista del conflicto y fue expulsado del SPD. En 1916, fue preso junto a Rosa Luxemburgo, acusados de “alta traición”. Ese mismo año, Luxemburgo y Liebknecht fundaron la Liga Espartaco. Una organización pequeña, que comenzó a ganar influencia al calor del ascenso revolucionario. Eran aliados de los bolcheviques y en la “revolución de noviembre”, tras su liberación, se negaron a apoyar al gobierno burgués del SPD y propusieron que los consejos obreros tomaran el poder.  

Los espartaquistas fundaron en enero de 1919 el Partido Comunista Alemán (KPD), mientras crecía su influencia. Pero los “socialistas” reformistas del SPD aún mantenían su dominio mayoritario sobre los trabajadores. En su defensa encarnizada de la burguesía, el SPD cometió el crimen atroz de fusilar, el 19 de enero, a Karl Liebknecht y a Rosa Luxemburgo, luego de que fueran detenidos. El cuerpo descuartizado de Rosa fue arrojado al canal Landwehr del río Spree en Berlín.

La revolución alemana expuso con toda crudeza la importancia de construir partidos revolucionarios. La caída del emperador alemán fue comparable a la caída del zar ruso, lo que Nahuel Moreno denominó una “revolución socialista inconsciente”.2 En Berlín se formó un gobierno “socialista” análogo al Gobierno Provisional ruso de Kerensky con los mencheviques y socialrrevolucionarios. Pero mientras estos fueron expulsados del gobierno y bajo la conducción bolchevique triunfó la revolución socialista de octubre, en Alemania la traición de los reformistas logró su objetivo. La diferencia estuvo en que en Rusia, durante décadas se había construido el partido bolchevique, forjado en la acción revolucionaria y dispuesto a encabezar la lucha por el poder en una insurrección cuidadosamente planificada cuando se hubiera ganado a la mayor parte de los soviets obreros.

En Alemania, por el contrario, la heroica vanguardia que encabezaban Luxemburgo y Liebknecht, no compartían la necesidad imprescindible de construir ese partido de combate y con centralismo democrático. Al estallar la revolución, los espartaquistas crecieron y se fortalecieron pero no pudieron construir en pocos meses lo que había costado décadas a los revolucionarios rusos. Esto facilitó el éxito de la acción contrarrevolucionaria de Ebert, el SPD y sus aliados burgueses, que golpearon sin piedad contra los revolucionarios alemanes. La pervivencia de falsos “socialistas” que en la actualidad promueven la conciliación de clases y llevan a los pueblos a nuevas decepciones, plantean la imperiosa necesidad de construir partidos revolucionarios.
 
1. Ver Erich Maria Remarque. “Sin novedad en el frente”, Editorial Edhasa, Barcelona, 2023 y la película homónima de Edward Berger de 2022 (Netflix).

2. Ver Nahuel Moreno. “Revoluciones del siglo veinte”, CEHus, Buenos Aires, 2021 en www.nahuelmoreno.org



Trotsky y la revolución alemana de 1918

“[…] Ha quedado demostrado que, sin un partido capaz de dirigir la revolución proletaria, ésta se torna imposible. El proletariado no puede apoderarse del poder por una insurrección espontánea. Aún en un país tan culto y desarrollado desde el punto de vista industrial como Alemania, la insurrección espontánea de los trabajadores en noviembre de 1918 no hizo sino trasmitir el poder a manos de la burguesía. Una clase explotadora se encuentra capacitada para arrebatárselo a otra clase explotadora apoyándose en sus riquezas, en su “cultura”, en sus innumerables concomitancias con el viejo aparato estatal. Sin embargo, cuando se trata del proletariado, no hay nada capaz de reemplazar al partido.”1 “Después de la [primera] guerra, se produjeron una serie de revoluciones que significaron brillantes victorias: en Rusia, en Alemania, en Austria-Hungría, más tarde, en España. Pero fue sólo en Rusia donde el proletariado tomó plenamente el poder en sus manos, expropió a sus explotadores y, gracias a ello, supo cómo crear y mantener un Estado obrero. En todos los otros casos, el proletariado a pesar de la victoria se detuvo, por causa de su dirección, a mitad de camino. El resultado de esto fue que el poder escapó de sus manos y, desplazándose de izquierda a derecha, terminó siendo el botín del fascismo.”2

1. León Trotsky. “Lecciones de octubre” [1924] CEHuS, Buenos Aires, 2017.
2. León Trotsky. “¿Adónde va Francia?” [1934] Ediciones Pluma, Buenos Aires, 1974.

El pasado 19 de noviembre falleció Raúl Veiga tras dar una dura pelea a su grave enfermedad. Raúl fue militante del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), desde su adolescencia en 1973.
Como estudiante secundario de la Juventud Socialista, tuvo que irse de su casa materna ante las amenazas de la Triple A y continuó su militancia durante toda la dictadura.
Raúl trabajó como periodista, uno de los redactores de la revista Propuesta, vinculada al PST. En 1980 viajó a Venezuela, allí entrevistó a Ernesto Cardenal, Mario Benedetti y Julio Cortázar para la revista.
Uno de los más importantes reportajes a Nahuel Moreno fue realizado por Raúl y publicado por Izquierda Socialista*.
Saludamos a su familia, amigos y compañeros de militancia.
¡Raúl hasta el socialismo siempre!

*“El Tigre de Pobladora. Diálogos inéditos con Nahuel Moreno” Ediciones El Socialista. Un apasionante reportaje de Raúl Veiga en el que Moreno expone sus puntos de vista sobre distintos temas y cuenta hechos de su vida personal.

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Por Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional

El 25 de noviembre de 1960, las hermanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal fueron brutalmente asesinadas en República Dominicana, por ser mujeres y por atreverse a enfrentar a la dictadura de Trujillo. En esta fecha las mujeres del mundo conmemoramos su lucha y salimos a pelear contra la violencia patriarcal y capitalista que nos asedia y nos mata en todo el mundo.

Hace un año, las mujeres del Irán nos marcaron el camino con su grito de “mujer, vida y libertad” con una movilización histórica en respuesta al asesinato de la joven Amini y contra el régimen dictatorial. Más recientemente, las mujeres de México consiguieron la despenalización del aborto en todo el país, siguiendo el camino de la Marea Verde de la Argentina. Las mujeres en el Estado Español se movilizaron masivamente en defensa de la jugadora de la selección de fútbol Jenni Hermoso para denunciar la agresión y el abuso de poder de parte del presidente de la Federación de Fútbol Luis Rubiales. En Nicaragua las compañeras siguen enfrentando a la dictadura de Daniel Ortega que ha encarcelado y exiliado a decenas de luchadores sociales. Semanas atrás las mujeres sirias protagonizaron jornadas de protestas contra la crisis económica y retomando el grito de libertad y dignidad. El pasado 24 de octubre el movimiento feminista de Islandia convocaba una huelga laboral contra la violencia machista y la brecha de género. En Turquía, las mujeres y disidencias se están organizando contra el plan del gobierno de cambiar la constitución y las políticas de fortalecimiento de la familia que ignoran nuestros derechos y libertades. Sin dudas, y a pesar de la respuesta reaccionaria y  retrógrada que recorre el mundo, el movimiento feminista sigue en pie de la lucha.

Este 25N dirigimos nuestra mirada hacia Palestina, para denunciar la ocupación y el genocidio que sufre el pueblo palestino desde hace más de 75 años por parte del Estado sionista de Israel. Denunciamos particularmente la complicidad y el apoyo del imperialismo yanqui y europeo que financian y apoyan a Israel como instrumento de intervención en Medio Oriente. Rechazamos cualquier intento de presentar a Israel como “la única democracia de medio oriente” mientras  aplica un régimen de apartheid contra todo un pueblo. Desde el 7 de octubre, Israel ha asesinado a más de 11 mil personas, además de las miles de heridas y desaparecidas, de las cuales el 70% son mujeres e infancias. Desde el movimiento feminista, como movimiento que lucha contra la opresión, expresamos nuestro apoyo a la lucha y resistencia del pueblo palestino contra el colonizador. Estamos y estaremos siempre del lado de las oprimidas en su lucha por la liberación. Más que nunca rescatamos el carácter internacionalista de nuestra lucha y levantamos un grito de solidaridad, en particular con las mujeres, niños y niñas de Gaza, aún más vulneradas.

Hoy 25N también nos movilizamos contra la impunidad y encubrimiento de los gobiernos que han provocado el recrudecimiento de la violencia feminicida. Denunciamos que han preferido destinar mayores presupuestos a las fuerzas armadas y al pago de las deudas externas, en vez de a la salud, educación y a programas públicos que atiendan a víctimas de la violencia de género. Las mujeres y disidencias somos las personas más precarizadas, las primeras despedidas en contextos de crisis y sobre nosotras recae mayormente el ajuste que todos los gobiernos aplican contra la clase trabajadora. Estamos a cargo de los hogares más humildes y nos vemos en la obligación de  migrar de nuestros territorios con nuestras hijas e hijos, y a veces teniendo que alejarnos de nuestras familias.

Pero también, estamos a la vanguardia de las luchas contra los despidos, el ajuste, el saqueo de los recursos naturales y la contaminación ambiental. Como sucede en Panamá en donde las mujeres son parte activa de las movilizaciones contra una minera transnacional que pretende saquear los recursos naturales del país, devastando y empobreciendo a la población.

Con la movilización en las calles y la organización independiente hay que fortalecer la lucha en todo el mundo por nuestros derechos: por aquellos que nos falta conquistar, pero también contra la agresión de los gobiernos y los sectores conservadores que buscan arrebatarnos los derechos adquiridos desde hace décadas. Tal es el caso de Estados Unidos y su ataque al derecho al aborto o ante la amenaza que significa el ultraderechista Milei en Argentina.

Por todo ello desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI) llamamos a organizar acciones contra todos los gobiernos que legitiman la violencia patriarcal del sistema capitalista-imperialista que nos golpea mayormente a las mujeres y disidencias. Salgamos a conquistar cada uno de nuestros derechos mientras seguimos peleando por una sociedad sin opresión y sin explotación, por la liberación de los pueblos oprimidos del mundo, por una sociedad en donde, como decía Rosa Luxemburgo, seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.

Exigimos presupuesto urgente para combatir la violencia machista y patriarcal.

Ni un paso atrás. Contra la reacción conservadora seguimos en las calles luchando por nuestros derechos.

Paremos el genocidio contra el pueblo palestino. Los gobiernos del mundo son cómplices y responsables. Ruptura de relaciones con el Estado sionista de Israel. Por una Palestina libre, laica y democrática y en todo el territorio histórico.

Por un movimiento feminista independiente de los gobiernos, de lucha con la clase trabajadora, internacionalista y socialista.

Estamos a menos de dos semanas del balotaje, que definirá el próximo presidente. ¿En qué condiciones llegan el pueblo trabajador y sectores populares? Bronca, desilusión, puede ser una primera imagen. Se acaba de conocer el índice de precios de la ciudad de Buenos Aires, que anticipa en unos días al nacional que da a conocer el Indec: 9,4% sumando un 146,4% en los diez primeros meses del año. Desde la devaluación de agosto, realizada por exigencia del FMI a hoy, vamos a tener alrededor de un 30% de suba de precios, número mucho peor cuando observamos lo que pasó con los bienes de la canasta familiar. Cualquier estadística que tomemos no nos deja mentir: los salarios y las jubilaciones, que ya venían perdiendo y por mucho con respecto a la inflación de los últimos años, sufrieron en este trimestre un nuevo zarpazo que virtualmente los pulverizaron. No lo pueden disimular ni siquiera las medidas paliativas y electoralistas que tomó el gobierno en los últimos dos meses. Todo esto es la culminación de un ajuste que ya lleva todo el actual gobierno peronista del Frente de Todos, sometido a cumplir con las exigencias del Fondo y los cronogramas permanentes de vencimientos de deuda externa. Así llegamos a un 40% de pobres. A que sea una utopía algo tan básico como poder alquilar un lugar para vivir.

Por eso, los miles que votaron a Massa en la primera vuelta, no lo hicieron contentos, ni mucho menos entusiasmados. Fue apenas la reacción ante el abismo que planteaba la posibilidad de un triunfo del ultraderechista Milei.

Es que si bronca o desilusión es un primer adjetivo adecuado para explicar lo que se percibe en infinidad de diálogos con compañeras y compañeros de trabajo, estudio, vecinos o familiares, lo segundo es preocupación. Ante la posibilidad de que, justamente por culpa del desastre que ha sido este gobierno para el pueblo trabajador, llegue a ganar un candidato ultraderechista, negacionista de la dictadura, que propone legalizar la compra-venta de órganos, privatizar todo, desde los ferrocarriles hasta las ballenas, antiderechos de las mujeres hasta el extremo ya no solo de plantear terminar con el aborto legal, sino incluso con la responsabilidad de los padres de mantener a sus hijos pasando la cuota alimentaria; con candidatos que tratan a las disidencias asimilándolas a “gente con piojos”; y un etcétera infinito. Donde la clase trabajadora y sectores populares olfatean que lo que se viene si gana este personaje es perder más derechos laborales y ser reprimido y encarcelado si se intenta protestar.

Por eso, son miles los que, incluso con bronca y la nariz tapada, votaron a Massa en octubre. Y serán muchos más los que ya anuncian que lo harán en el balotaje. Es que son millones los que plantean que lo fundamental es decir ¡No! al facho de Milei, a la negacionista y pro-milica Victoria Villarruel y al tren fantasma que lo acompaña, ahora sumando desde hace un par de semanas nada menos que al ajustador Macri y la “rambo” Patricia Bullrich. Por eso, desde Izquierda Socialista compartimos la preocupación ante la posibilidad del triunfo del ultraderechista y hemos planteado el llamado al voto crítico a Massa (ver "Declaración de Izquierda Socialista sobre el balotaje / Llamamos a votar contra el ultraderechista Milei").

Diciendo con toda claridad: no le damos ningún apoyo político a Massa, ni al actual gobierno, ni a un futuro gobierno de Unión por la Patria. Seguimos criticando y apoyando todas las luchas contra el ajuste en curso, hasta el mismo día de la elección. Y, al día siguiente del balotaje, si gana Massa, ya estaremos enfrentando el nuevo ajuste que, sin duda, llevará adelante el nuevo gobierno de la mano del FMI.

Sergio Massa desde poco antes de la primera vuelta viene hablando de armar un gobierno de unidad nacional con el resto de los partidos patronales. Así va sumando, con más o menos apoyo explícito, a radicales (se habla del represor Gerardo Morales), de legisladores del peronismo cordobés, del salteño Urtubey (que se acaba de pronunciar públicamente por Massa) y de tantos otros. Massa incluso ha hecho un guiño al establishment económico anunciando que su ministro de Economía será de “otro espacio político”. Es que ese eventual gobierno de unidad nacional estará, como el actual, al servicio de un nuevo plan de ajuste, surgido de la “renegociación” del acuerdo con el Fondo y los buitres de la deuda.

En estos pocos días que quedan compartimos y somos parte de los millones que quieren cerrarle el paso al gobierno al ultraderechista Milei y sus políticas de guerra contra el pueblo trabajador. Pero, al igual que tantos otros compañeros y compañeras, ya avisamos que estaremos desde el primer día en las calles peleando contra el mayor ajuste que se viene, sea quien sea el ganador. Y planteando, tras esta coyuntura, que la única salida, incluso para que no aparezca más un Milei es construir otra alternativa política, la que plantea Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad, diciendo que quienes deben gobernar son las y los trabajadores, con un programa diferente obrero y popular, que comience por suspender los pagos de deuda externa, romper con el FMI y priorizar con todo ese dinero la resolución de las más urgentes necesidades populares. Superando al peronismo que nos ha llevado a esta situación y postulando la construcción de una Argentina socialista. A esa pelea te convocamos.

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