La importancia del partido revolucionario

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la importancia del partido revolucionarioDesde muy diversos ángulos se ataca hoy la necesidad de construir un partido como el bolchevique de Lenin y Trotsky. Recientemente, un provocador profesional como el publicista del PRO, Jaime Durán Barba, llegó a decir que “ser trotskista hoy es antediluviano”. “Yo fui trotskista”, agregó provocativo. Desconocemos la historia militante de Durán Barba y si su afirmación es cierta. Pero si un personaje que responde tan directamente a los intereses patronales nos ataca, algo bueno estaremos haciendo. Es que los trotskistas militamos todos los días para que se siga desarrollando la movilización de los trabajadores y los sectores populares contra los planes de ajuste de los gobiernos y las patronales y contra la traición de la burocracia sindical. Y, al mismo tiempo, por la construcción de partidos como el bolchevique de Lenin y Trotsky, que fue fundamental para el triunfo de la revolución de octubre de 1917.

El planteo de que “ya no son necesarios” los partidos como el bolchevique es una moda que recorre también a diversos sectores del llamado progresismo y la centroizquierda. Se apoyan, en muchos casos, en la caricatura en que el stalinismo terminó convirtiendo a los partidos comunistas: verticales, sin ningún tipo de democracia y, lo peor, aportando con sus políticas a la conciliación de clases y no al desarrollo de las revoluciones.

Nosotros, con Lenin y Trotsky, nos reafirmamos en las enseñanzas de la Revolución de Octubre. Si no hubiera existido un partido como el bolchevique, esa enorme energía revolucionaria se habría disipado y los soviets no hubieran tomado el poder.

La clase trabajadora (en Argentina, en Latinoamérica y en el mundo) ha dado y da constantemente ejemplos de luchas heroicas. Pero no alcanza si no logramos que los trabajadores y los sectores populares se organicen no solo sindicalmente sino también, y fundamentalmente, en un partido político de su clase, opuesto a los partidos patronales. Un partido que sea democrático, que permita la libre discusión de ideas, a la vez de ser capaz de actuar como un solo puño ante los patrones, los gobiernos y el imperialismo. Un partido que constantemente eduque a los trabajadores en la necesidad de que tomen el poder y se postulen para gobernar ellos mismos. Luchando contra las nefastas concepciones de que hay que tener confianza en los patrones buenos (o en sus partidos, o alas “progresistas”). Un partido que diga que su objetivo es el socialismo, y que para lograrlo es necesario romper con los patrones y el imperialismo, expropiar sus empresas, dejar de pagar la deuda y pasar a planificar todos esos recursos al servicio de resolver las necesidades populares. Un partido, por último, que plantee que, así como el capitalismo imperialista es un sistema mundial, el socialismo solo es alcanzable a escala internacional y que luche por extender la revolución a todos los países del mundo.

Ese partido, el que fue necesario para el triunfo de la Revolución de Octubre, es el que seguimos creyendo que hay que construir. A esa tarea estamos abocados, humildemente, desde Izquierda Socialista. J.C.

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