El Partido y la Revolución - Nahuel Moreno - 1973

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El Partido y la RevoluciónPolémicas del Siglo XXI - Mercedes Petit* - ¿Por qué reeditar este libro?

En 1973, para los debates previos al Décimo Congreso Mundial de la Cuarta Internacional (Secretariado Unificado), Ernest Mandel presentó un documento, firmado con su seudónimo Germain, titulado "En defensa del leninismo, en defensa de la Cuarta internacional". Nahuel Moreno polemizó en contra, con su extenso texto "Un documento escandaloso". Entre la militancia del PST se lo bautizó "El Morenazo". En 1989 fue publicado con el título El partido y la revolución (teoría, programa y política: polémicas con Mandel).

Hay dos razones que justifican reeditarlo. En primer lugar, el lector encontrará a lo largo de este libro una enorme variedad de cuestiones de análisis y metodológicas, aportes y debates teóricos, estratégicos y tácticos, que enriquecen aun hoy la elaboración política del marxismo revolucionario. Sus páginas nos brindan poderosas herramientas de enseñanza y formación política para los luchadores y los militantes obreros, estudiantiles, campesinos y populares que en el siglo XXI están buscando los caminos alternativos que permitan reconstruir una dirección revolucionaria consecuente. 

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Salvo una mínima ubicación de ambas corrientes en el contexto más general del movimiento trotskista, no pretendemos hacer un resumen de aquellas polémicas de fines de los sesenta y los setenta, ni darle un marco de referencia del momento en que se desarrollaron. Nada será más útil que sumergirse directamente en ellas.

En segundo lugar, en distintos contextos y con mayor o menor importancia, el lector irá encontrando que en la actualidad siguen estando totalmente vigentes la mayor parte de los ejes polémicos que encaró Moreno en sus críticas a las posiciones revisionistas de entonces. Los actuales seguidores de Mandel1, así como muchos sectores de la vanguardia de izquierda y anticapitalista, caen en la capitulación a las nuevas (y los restos de las viejas) direcciones no obreras y no revolucionarias que han ido surgiendo al calor de los vigorosos procesos revolucionarios que sacudieron el final del siglo XX y los comienzos del nuevo siglo. El "mandelismo", tanto sea practicado por los grupos organizados en esa corriente, o como influencia general en la izquierda y los luchadores, sigue siendo un lastre importante. Son un escollo para la construcción de una Cuarta Internacional que gane influencia de masas y se asiente en sólidos partidos revolucionarios que se planteen en los distintos países la lucha por conquistar el poder, instaurar auténticos gobiernos obreros y campesinos y avanzar en la construcción del socialismo internacional con democracia obrera. Valga de muestra la influencia del chavismo venezolano en las vanguardias actuales y la capitulación del mandelismo al mismo. Es a algunos de esos temas de candente actualidad para el debate político y teórico que queremos referirnos en esta presentación.

Moreno vs. Mandel

En la década de los setenta las dos principales corrientes del movimiento trotskista organizado en la Cuarta Internacional estaban encabezadas por el belga Ernest Mandel (1923-1995) y por el argentino Nahuel Moreno (1924-1987). Mandel orientaba a la mayoría de las secciones y tenía su principal fuerza en Europa, fundamentalmente en Francia, con la Liga Comunista Revolucionaria, fundada en 1969. Desde 1967-68 había impulsado una orientación guerrillerista para sus seguidores de América Latina. En Argentina apoyó a Mario Roberto Santucho, quien luego de la división del PRT, sección argentina, formó el PRT-El Combatiente, reconocido como sección oficial en 1969 en el Noveno Congreso Mundial. El PRT-La Verdad, que dirigía Nahuel Moreno, quedó como simpatizante. En 1970 se fundó la guerrilla del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo). En 1972, el PRT-ERP rompió en forma pública con la Cuarta Internacional, llamando a formar una internacional con Fidel Castro y el Partido Comunista cubano, Mao, los vietnamitas y Enver Oxa, del PC de Albania.

La corriente de Moreno tenía particular fuerza en América Latina. En la Argentina, desde la década del cuarenta, era el único grupo trotskista que se volcó a militar y construir partido en la clase obrera, entre los trabajadores que eran masivamente ganados por el peronismo. En 1965 se unificó con Roberto Santucho y formaron el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Polemizó contra el guerrillerismo, e impulsó el PRT-La Verdad desde 1968. En 1972 se fundó el PST (Partido Socialista de los Trabajadores).

Los hechos que culminaron con la división del PRT en 1967-68 tenían una historia previa. Nahuel Moreno, desde que participó del Segundo Congreso Mundial de la Cuarta Internacional en 1948, polemizó contra posiciones de Mandel y de quien fuera en aquellos años el principal dirigente, el griego residente en Francia Michel Pablo. El trotskismo "ortodoxo" reivindicado por Moreno desde 1950-51 comenzó a delimitarse con posiciones políticas claras y que buscaban responder a los principales procesos revolucionarios. El "hilo rojo" de esas críticas y polémicas era la denuncia de que Pablo y Mandel caían en el oportunismo, revisando el legado de Trotsky. Ellos habían comenzado a definir que los partidos comunistas (dominados por el aparato burocrático stalinista), la socialdemocracia y las distintas corrientes nacionalistas burguesas dejaban de ser contrarrevolucionarias. Desde el nacimiento de esta capitulación que hundió a la Cuarta Internacional en una crisis que aún no ha superado, Moreno (en un primer período junto a la mayoría de la internacional) planteaba que esto revisaba por completo uno de los puntos esenciales del programa del trotskismo. Este punto esencial decía, y dice, que "el principal obstáculo para que la humanidad avance hacia el socialismo es que las masas están dirigidas por conducciones que están en contra de la revolución, como el stalinismo, la socialdemocracia y el nacionalismo burgués. Y que nuestra tarea es construir una nueva dirección internacional revolucionaria para superar este impasse histórico."2

Mandel y su mentor Pablo, por el contrario, confiaban en que las direcciones burocráticas y nacionalistas burguesas (tipo Tito en Yugoslavia, Mao en China, el MNR y Lechín en Bolivia o el peronismo en la Argentina, Fidel Castro, Ben Bella en Argelia) encabezarían procesos triunfantes hacia el socialismo mundial. Luego irían agregando al PC vietnamita, el "eurocomunismo" europeo, los sandinistas en Nicaragua, Lula en Brasil, y un largo etcétera. La consecuencia era que postulaban a los trotskistas como consejeros o asesores de esos dirigentes y partidos traidores, en vez de disputarles la dirección de las masas a todas las corrientes reformistas y oportunistas. En los hechos, renunciaban a la razón de ser de la Cuarta Internacional desde que la fundó Trotsky en 1938: construir los nuevos partidos socialistas revolucionarios que derrotaran en el movimiento de masas a esas conducciones tradicionales.

Afortunadamente, en 1985, preparando una primera edición pública de este texto, el propio Moreno escribió un breve prólogo -reproducido en las páginas 25 a 43 de esta edición- que da una rápida visión de esta trayectoria, iniciada a comienzo de los años 50, contra el revisionismo oportunista en el trotskismo. Es una gran ayuda para ubicar al lector en la polémica de comienzos de los 70 que estamos presentando. Aunque sea a la pasada, ya que no fue tema de este libro, queremos recordar que ese oportunismo engendró la desviación opuesta, el ultraizquierdismo. Sectores del trotskismo rechazaron al pablismo-mandelismo desde posiciones sectarias, con lo cual la crisis se profundizó.

La capitulación del mandelismo al "socialismo del siglo XXI"

En 2005 el presidente de Venezuela, comandante Hugo Chávez, anunció que comenzaba a construir "el socialismo del siglo XXI". Ya en los años previos el chavismo venía ganando influencia política sobre la vanguardia de distintos países. Su auge se daba en primer lugar por el gran apoyo que había conquistado entre los trabajadores y sectores populares venezolanos, a partir su discurso antiyanqui, antioligárquico y varias medidas (aprovechando la riqueza petrolera) que en los primeros años mejoraron el nivel de vida del pueblo. A esto le sumó su confluencia con Fidel y Raúl Castro. Chávez, con su proclamación "socialista", ayudaba al PC cubano a esconder el proceso de restauración del capitalismo que se venía desarrollando en Cuba, al mismo tiempo que ayudaba a su alicaída economía con envíos de petróleo a bajísimo precio. Fidel lo ungía como revolucionario a Chávez. Los partidos comunistas y otros sectores de la izquierda latinoamericana y mundial apoyaron con entusiasmo al gobierno burgués encabezado por Chávez. Por supuesto, se sumaron los mandelistas, aunque prácticamente no tienen seguidores en Venezuela, salvo un grupo que se apartó del morenismo hace algunos años y que fue perdiendo identidad.
Demos un botón de muestra reciente, donde reiteran su apoyo al chavismo encabezado por Nicolás Maduro, sucesor de Chávez luego de su fallecimiento en marzo de 2013. En las tesis que presentó para el debate interno en julio de 2013, el grupo mandelista que actúa dentro del PSOL brasileño dice: "Con luchas, rebeliones y victorias contra las políticas neoliberales al comienzo del siglo XXI, los pueblos de América Latina fueron protagonistas en el enfrentamiento al imperialismo, dieron inicio a por lo menos un proceso revolucionario que se propone abiertamente la construcción del socialismo (Venezuela)."3 Esta definición la comparten, palabras más o palabras menos, todas las organizaciones que confluyen en la "internacional" mandelista, incluyendo al NPA francés y demás partidos afiliados o cercanos.

Los seguidores de Nahuel Moreno en Venezuela, con el apoyo de toda su corriente, tienen una política totalmente distinta. Han reivindicado las conquistas que han logrado con sus luchas los trabajadores. Sin ningún sectarismo, han participado en primera fila en la movilización contra el golpe proyanqui que intentó derrocar a Chávez en abril de 2002. Pero siempre han mantenido una total independencia política y una posición crítica hacia el chavismo, al que lo definen como un movimiento nacionalista asentado en el ejército e importantes sectores de la burguesía, que tiene roces con otros sectores burgueses y el imperialismo yanqui.

Sistemáticamente los morenistas vienen demostrando y denunciando que Venezuela no marcha a ningún socialismo. Se vive una economía mixta capitalista, que cada vez más descarga su crisis en las espaldas de los trabajadores, que ven como la inflación se come sus salarios. No puede haber socialismo, ni un antiimperialismo serio, cuando el petróleo venezolano da enormes ganancias a las principales multinacionales, incluyendo por ejemplo a la yanqui Chevrón, repudiada en Ecuador y otros países. Cuando los bancos y grandes empresas como Movistar, General Motors o Coca Cola tienen ganancias récord. Al contrario de lo que sostiene el discurso del "socialismo del Siglo XXI", los trabajadores vienen cayendo en su participación en la riqueza nacional, mientras cada vez ganan más los empresarios.

Desde 2011, Chávez, y luego Nicolás Maduro, así como los hermanos Castro y el PC cubano, han venido apoyando a los dictadores derrotados o cuestionados por las movilizaciones revolucionarias en los países árabes, en particular Kadafi en Libia y Al Assad en Siria. ¿Ha repudiado el mandelismo estas políticas? Muchos simplemente guardan silencio. Otros, se delimitan del apoyo de Chávez y los Castro a esos siniestros dictadores, pero manteniendo intacto su reivindicación de ellos y del "socialismo del siglo XXI". No son actitudes nuevas. Por ejemplo, Mandel nunca criticó a Fidel Castro por aconsejar a los sandinistas que "no hicieran de Nicaragua otra Cuba", simplemente lo ignoró, y siguió proclamando su apoyo a una supuesta "construcción del socialismo" en Nicaragua bajo el gobierno sandinista.

Uno de los antecedentes previos y más graves de apoyo a un gobierno burgués se dio en Brasil, a partir de que, el 1º de enero de 2003, asumió por primera vez la presidencia Lula. Los mandelistas, organizados dentro del PT como la corriente Democracia Socialista (DS), venían capitulando desde muchos años atrás a la conducción reformista de Lula y a la creciente integración al régimen democrático burgués y al aparato del estado de la mayoría del PT. Ganaron importante peso, y ocuparon en su momento las gobernaciones de Río Grande do Sul y la intendencia de Fortaleza, así como numerosas alcaldías y puestos legislativos. Después del triunfo de Lula, ganaron la gobernación de Pará.
Esa histórica capitulación pegó un salto cualitativo en 2003, cuando asumieron un ministerio clave por las movilizaciones en el campo, el de Desarrollo Agrario, en el gobierno burgués de Lula. En la DS y a nivel del "secretariado unificado" hubo sectores críticos a esta participación, pero ambas posiciones convivían sin problemas en la "amplitud" tradicional.
A medida que fue agudizándose el enfrentamiento del movimiento de masas con las medidas antiobreras del gobierno de Lula, hubo militantes de la DS/SU que fueron entrando en crisis con esa participación. Finalmente, en mayo de 2003, cuando el gobierno de Lula puso en marcha su reaccionaria reforma de la jubilación y los empleados públicos salieron a la huelga para enfrentarla, un grupo rompió. Su senadora fue expulsada del PT junto a otros tres parlamentarios, entre ellos el diputado federal de la organización morenista, cuando votaron contra la reforma de la jubilación y apoyaron la huelga. La DS siguió ocupando el ministerio, y se fue alejando sin pena ni gloria del "secretariado unificado", hasta desvincularse por completo. Ante aquellos hechos, por lo que se hizo público al menos, nadie propuso que se expulsara a la DS de la "cuarta internacional" del mandelismo por integrar un gobierno burgués y antiobrero como el del PT.

La construcción de los partidos revolucionarios

Este debate fue uno de los más importantes y permanente entre Moreno y Mandel. Decía Moreno: "Nosotros creemos que el origen de las diferencias que tenemos con la mayoría [los mandelistas] en todos los terrenos –teórico, programático, estratégico y táctico- nace de una fundamental: la que mantenemos respecto al método de construcción de nuestras secciones."4 La esencia de esa polémica está en el título del capítulo VI: "¿Partido leninista o partido mandelista?", que fue reeditado varias veces como folleto unitario.

Además de referirse a los textos de Mandel sobre el tema, Nahuel Moreno polemizaba concretamente con las características y la actividad de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) francesa, la vigorosa organización trotskista francesa fundada en 1969 por los hermanos Krivine, Daniel Bensaïd, Pierre Rousset y otros jóvenes surgidos como dirigentes a partir las jornadas revolucionarias del Mayo francés.

Hoy día el debate sobre la necesidad y las características del partido revolucionario se dan en el marco de la caída de las dictaduras burocráticas de los partidos comunistas, a partir de 1989, que impactaron a Mandel. En sus últimos años de vida fue empalmando cada vez más con las tendencias de moda en auge desde entonces: antipartido, autonomistas, anarquistas y horizontalistas. Las mismas le dieron aliento a su previa concepción antileninistas tradicional, contraria al partido centralizado y para la acción, aunque siempre siguió autotitulándose "leninista". En un artículo de 1989 decía: "Seguimos siendo leninistas impenitentes, con tal de que el leninismo no gire hacia el sustitucionismo".5 ¿A qué se refería? En su último libro, de 1994, Trotsky como alternativa, criticaba a la conducción bolchevique (es decir a Lenin y a Trotsky) por "sustitucionismo".6 Y lo explicaba así: "El principal obstáculo para el desarrollo de la estrategia y las tácticas adecuadas para la clase trabajadora y los movimientos de masas en nuestro siglo [el XX] es la teoría y práctica (la práctica vino antes que la teoría) del sustitucionismo; en otras palabras, el cambio de la clase trabajadora independiente como agente de cambio y transformación social, por algún otro agente: partido, Estado, gobierno, parlamento, y así podríamos seguir. Estos son todos instrumentos útiles, y a veces indispensables, para la emancipación de la clase trabajadora. Sin embargo, ellos se deben mantener subordinados al verdadero movimiento de autoemancipación."7

En 1992, aun en vida de Mandel, dejaron de lado oficialmente la concepción "leninista" -mantenida solo en el nombre- y adoptaron la orientación de los "partidos amplios anticapitalistas". Al mismo tiempo, respecto de la organización internacional renunciaban explícitamente al trotskismo. Una resolución del SU de ese año decía que no se trataba de "ser el partido mundial de la revolución", sino de ser "un marco de reflexión común y de coordinación política y militante de organizaciones nacionales, de funcionamiento laxo, democrático y pluralista", en el cual había que relativizar el combate preexistente con los reformistas.8

En la corriente morenista se considera que los procesos de caída de las dictaduras de partido único en la ex URSS y en el este europeo iniciados en 1989-90 han ido instalando un dinámico repudio a todos los aparatos totalitarios políticos y sindicales (que denominamos revolución política antiburocrática). Si por un lado esto abre paso al desarrollo de nuevas movilizaciones así como a nuevas vanguardias y organizaciones, también ha significado, como decíamos más arriba, un auge de corrientes antipartido, horizontalistas y anarquistas, todas enemigas declaradas del centralismo democrático y la política leninista. Estas tendencias en boga en la vanguardia del siglo XXI (cuya máxima expresión fue en su momento el subcomandante Marcos y el zapatismo surgidos en enero de 1994) han incentivado las concepciones equivocadas del mandelismo. No solo han capitulado al antipartidismo fogoneado por el subcomandante Marcos y el EZLN. También a su equivocada decisión de no alentar la unidad de las luchas campesinas con las de obreros, estudiantes y jóvenes, así como a sus proclamas sobre "hacer la revolución sin tomar el poder" (difundidas por el mundo por el profesor británico residente en México John Holloway).
En realidad Mandel, siempre visionario, le venía abonando el terreno al reformismo y al antipartidismo del subcomandante Marcos y anticipando sus consignas. En la visita a Buenos Aires en julio de 1992, decía: "La izquierda tiene dos desafíos. El primero es tener la capacidad de formular objetivos de lucha inmediatos [...]. Esto debe hacerse sin objetivos de poder. Ya después veremos cómo cambia la relación de fuerzas. El segundo desafío es la honestidad".9 Mas premonitoria todavía era la pregunta polémica que 20 años atrás Moreno ya le hacía a Mandel: "¿se puede construir el socialismo sin tomar el poder?".10
Digamos aunque sea de pasada que hace rato que Marcos prácticamente desapareció de la vida política mexicana, y que lamentablemente también sucedió algo parecido con la organización mandelista, de larga trayectoria en el país.

La crisis inexorable de los "partidos amplios anticapitalistas"

Uno de los temas ya crónicos en los temarios de las reuniones del "comité internacional" de la "cuarta internacional" de los mandelistas son las crisis de sus partidos "amplios". Son las consecuencias actuales de más de medio siglo de revisionismo antimarxista.

Tomemos el caso más importante, su organización en Francia, la LCR, la más antigua e importante de su corriente. En 2002 y 2007 tuvieron importantes éxitos electorales, y fue creciendo la figura del joven Olivier Besancenot, ex cartero de 28 años. En la primera vuelta de las presidenciales del 2002 la LCR obtuvo el octavo lugar, con 1.200.000 votos, un 4,25%. Estuvo cerca de la candidata de Lutte Ouvriere, Arlette Laguilier, que quedó en quinto lugar, con 1.600.000 votos. Pero entre los menores de 25 años Besancenot quedó segundo, con el 14%, superando al socialdemócrata Jospin y al derechista Le Pen.

En la primera vuelta de 2007, el joven cartero mejoró sus resultados. Quedó quinto, con un millón y medio de votos (4,08%), dejando por primera vez muy lejos a Lutte Ouvriere, que apenas arañó el medio millón, con 1,33%. Si de muestra basta un botón, recordemos el perfil que presentaba Besancenot días antes de la votación: "No soy ni trotskista, ni guevarista ni luxemburguista, soy un revolucionario. Y la revolución precisa de ser reinventada, porque ningún experimento revolucionario ha tenido éxito. Muchos de ellos terminaron como caricaturas sangrientas."11

Con el paso de los años, la LCR venía profundizando la concepción mandelista de los sesenta y setenta que ya criticaba Nahuel Moreno en este libro: la existencia de tendencias o fracciones internas permanentes, la pertenencia laxa y sin ninguna disciplina militante, la ausencia de centralismo democrático, una actividad de propaganda general sobre la vanguardia, la ausencia de un claro programa político contra el gobierno y de poder alternativo, de consignas concretas para intervenir en las luchas de la clase obrera, y la pérdida de sólidos criterios de independencia de clase. En 2008 se dio un salto, cuando se orientaron a la autodisolución de la LCR, para fundar el NPA (Nuevo Partido Anticapitalista), lanzado en febrero de 2009.

Obviamente, el nuevo proyecto nacía profundizando la estrategia de los "partidos amplios y anticapitalistas" Se diluyó aún más la importancia de acompañar e impulsar las luchas de la clase obrera, para ubicarla como una más de los "nuevos sujetos sociales", destacando como fundamentales los movimientos de mujeres y de ecologistas, y poniendo en primer plano la participación electoral, en detrimento de la participación en las luchas de los trabajadores y los sectores más desposeídos. El programa revolucionario y una política clara se dejaron de lado por ser "dogmatismo". Todo se diluyó en generalidades "abiertas", "todo es nuevo", y la consigna de moda entre los antipartido y horizontales: "tenemos más preguntas que respuestas". En la vida política francesa, aunque mantuvieran su mote de "izquierda radical" o "extrema izquierda", los mandelistas ubicaron al NPA con rumbo hacia una alternativa electoral de centroizquierda.

El NPA nació impregnado de optimismo por los éxitos electorales previos y como un proyecto "superador" de la antigua LCR, para "llegar a más gente". De todos modos, hubo tensiones desde el inicio. Sectores importantes cuestionaron que se abandonara la construcción del partido revolucionario para dar lugar a una organización amplia que pudiera dar cabida o se aliara a sectores reformistas. Estas tensiones se reflejaron en el debate por el nombre. La propuesta de llamarse Nuevo Partido Revolucionario obtuvo un 43%. Ganó NPA por 53%, tan lavado como su programa y su política. Sin embargo, la cifra de 9.000 miembros que participaron era auspiciosa, ya que la LCR tenía 3.000 militantes cuando se autodisolvió.

Las presidenciales del 2012 los enfrentó a un completo fracaso. Por un lado, dilapidaron la acumulación lograda por la popular figura de Besancenot. El ex cartero renunció a postularse por tercera vez, con el equivocado argumento de que se debía "rotar en los cargos". Tuvieron que improvisar la endeble candidatura de un trabajador metalúrgico desconocido, Philippe Poutou, que solo fue apoyado por un 51% de los delegados en el congreso del NPA que la proclamó. Pero la tensión política fundamental la instaló la presión en sus filas para confluir con el recién formado Frente de Izquierda (FI) que postuló a Jean-Luc Mélenchon. Este dirigente del PS (que había sido ministro en el gobierno de cohabitación de Jospin) había roto en 2008, formando el Partido de Izquierda, con otros agrupamientos menores. Su candidatura logró el apoyo del Partido Comunista y se formó el FI. Buena parte de los seguidores del NPA, encabezados incluso por ex dirigentes de la antigua LCR, llamaron públicamente a votar por Mélenchon, o directamente se fueron pasando al FI. El sector que mantuvo el voto a Poutou, de todos modos planteó la unidad con ellos, pero con la exigencia de que no apoyaran un gobierno socialdemócrata de Hollande, que ganó en segunda con el apoyo del FI. Poutou sacó menos de un tercio del 2007, apenas 411.000 votos, un 1,15%.

En pocos años, la orientación "amplia y anticapitalista" fue haciendo agua, llevando al mandelismo al retroceso en lo electoral y, más importante aun, en las luchas y organización de los trabajadores franceses e inmigrantes. El NPA, con sus escasos años de vida, se encuentra en el marasmo político y organizativo, según lo dicen sus propios dirigentes. En el congreso de 2012 se declararon unos 4.500 miembros y hubo 3.000 participantes, es decir, la mitad o dos tercios menos de los fundadores.

Solo agreguemos que en Italia, otro de los países donde el trotskismo oportunista tuvo una presencia pequeña pero histórica (impulsado por Livio Maitán, que en 1969 fundó la LCR de Italia), su grupo, en pleno verano de 2013, anunció su disolución. Durante años habían participado de la centroizquierdista Refundación Comunista, y en 2007 comenzaron un intento fallido de organización "amplia" con Izquierda Crítica.

El debate sobre el capitalismo imperialista y las fuerzas productivas

Mandel fue uno de los más destacados economistas marxistas de la posguerra. Por desgracia, en su concepción era central la idea –contraria a los hechos y a las premisas básicas de Marx y de Trotsky- de que en la segunda mitad del siglo XX el capitalismo lograba un importante desarrollo de las fuerzas productivas. A eso le sumaba no darle ninguna o casi ninguna importancia a la existencia del imperialismo. Dentro de esos dos colosales errores, tuvo el gran mérito de ser uno de los pioneros en definir desde sus comienzos la gran importancia que tenía la así llamada "revolución tecnológica", con el salto en el desarrollo de la electrónica, las telecomunicaciones, la cibernética, la biotecnología, etcétera. Moreno al polemizar en estos temas señalaba que Mandel, aunque defendiera una perspectiva socialista, le hacía el juego a los apologistas del capitalismo.

A comienzos de la década del noventa, como muchos otros intelectuales, Mandel fogoneó desde las posiciones marxistas aquella célebre "globalización" que tomaron con todo los derrotados partidos comunistas. Con esas definiciones se presentaba como una novedad el hecho -prácticamente tan antiguo como el capitalismo, sistema económico mundial por excelencia- de que las economías locales se integren en la economía mundial, y eso daría lugar a un supuesto desarrollo de las fuerzas productivas. De muestra recordemos solamente que en 1989 Mandel hablaba de "la tendencia fundamental de evolución del capitalismo a finales del siglo XX: la internalización de las fuerzas productivas, que lleva consigo ineludiblemente, a pesar de todas las resistencias estatales e ideológicas, la internalización del capital y de la lucha de clases".12

En su último libro de 1994, ya citado, reafirmó en manera contundente estas visiones, criticando directamente a Trotsky. Decía: "Si damos una mirada a los resultados prácticos y/o teóricos obtenidos por Trotsky, a la luz del curso de los acontecimientos de este siglo, hoy tendríamos que señalar importantes errores de apreciación, teóricos y prácticos. El más importante de ellos fue su aceptación reiterada de la teoría [...] por la cual el crecimiento de las fuerzas productivas era imposible bajo el imperialismo".13 En síntesis, Mandel murió totalmente convencido, más allá de los hechos contundentes en contra, de que bajo el imperialismo se desarrollan las fuerzas productivas.

Actualmente, los mandelistas mantienen y profundizan aquellas concepciones equivocadas, envolviéndolas en las definiciones que se pusieron de moda a fines del siglo pasado, tipo capitalismo "globalizado", "neoliberal" o "social liberal", o las concepciones sobre la inexistencia o desaparición del imperialismo, hablando de "países emergentes" u otras expresiones semejantes propias de los periodistas de los medios capitalistas y sus economistas.

En relación al debate sobre las fuerzas productivas nuestra corriente siempre se distanció de las posiciones de cierta izquierda academicista, de la que el mandelismo se hizo eco, quienes conciben al concepto en un sentido estrictamente "técnico". Siguiendo la tradición de los fundadores del socialismo científico, Marx y Engels, definimos al ser humano como el elemento más importante y dinámico de las fuerzas productivas y utilizamos este concepto para dar cuenta del desarrollo alcanzado por la humanidad en un determinado momento. Es por eso que combatimos las visiones economicistas que plantean que se desarrollan las fuerzas productivas amparándose en innegables avances tecnológicos y abstrayendo las condiciones sociales de miseria y degradación a las que somete a la mayoría de la población el capitalismo imperialista, basado en la defensa de la propiedad privada de los medios de producción.

Lastimosamente, la realidad no hace más que confirmar nuestro diagnóstico. Veamos unos pocos datos ejemplares.14 Pese a que se realizaron importantes avances en el terreno de la medicina, regresan enfermedades que habían sido erradicadas tiempo atrás. La tuberculosis afecta hoy a 8,8 millones de personas en el mundo. Mientras las 5 personas más enriquecidas del mundo acumulan la friolera de 293.500 millones de dólares (cifra equivalente aproximadamente al monto que alcanza la deuda externa argentina, una de las más abultadas del mundo), según el mismísimo Banco Mundial unas 1100 millones de personas (casi un 20% del total) viven con menos de 1 dólar diario. Aunque el desarrollo de la técnica y la tecnología alcanzan niveles insospechados, millones de personas a lo largo del mundo viven al margen de los progresos más elementales. 783 millones de personas (aproximadamente el 13%) en el mundo no tienen acceso al agua potable; 1600 millones de personas (un 25%) no tienen acceso a electricidad; unas 3000 millones de personas (aproximadamente la mitad de la población) cocinan al interior de su vivienda con madera y carbón, situación que provoca la muerte de dos millones al año, siendo según la OMS la principal causa de muerte de origen medioambiental en el mundo.

A la miseria y el hambre, le podemos agregar otros flagelos, como el calentamiento global, los gastos en armamentismo, el narcotráfico y la drogadicción, la trata de personas, la caída de la educación y la salud públicas para los trabajadores y los desposeídos, que cada vez más degradan a la mayoría de la humanidad.

En última instancia, estos hechos reafirman aquella afirmación de Marx y Engels (corroborada por Trotsky) que sostiene que en determinados momentos de la historia el desarrollo de las fuerzas productivas entra en contradicción con las relaciones sociales de producción y la forma jurídica que estas asumen (en el sistema capitalista se trata de la propiedad privada de los medios de producción), iniciándose así una época de crisis, guerras y revoluciones, en la que vivimos ya hace más o menos un siglo.

Es por la vigencia de esta época histórica que la crisis crónica y la contrarrevolución económica permanente del capitalismo imperialista iniciadas en los sesenta y setenta, se han ido profundizando, con crisis agudas cada vez más recurrentes. Y esto no ha sido modificado por la restauración capitalista en los países donde se había expropiado a la burguesía y expulsado al imperialismo. Solo agreguemos que la crisis económica mundial iniciada en Estados Unidos en 2007 hizo una vez más insostenible mantener que la "globalización" era una nueva etapa de progreso del capitalismo.15

Estos hechos llevan a la conclusión de que el capitalismo imperialista no puede dar mejoras duraderas y generalizadas para los pueblos del mundo a través de reformas parciales o "transiciones" graduales. La salida positiva para la opción "socialismo o barbarie" pasa por los triunfos de nuevas revoluciones auténticamente socialistas, única vía para reemplazar este sistema, en todo el planeta, por un verdadero socialismo, evitando la barbarie. Esto significa la expropiación de la burguesía y las grandes multinacionales, la planificación económica, la conquista de gobiernos obreros, campesinos y populares que lleven adelante estas medidas, apoyadas en la movilización y con democracia obrera. Y para todo esto es insustituible la conducción de los partidos revolucionarios leninistas. Los mandelistas diluyen esta clara perspectiva marxista revolucionaria en su apoyo a la farsa del "socialismo del Siglo XXI" de Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, y en planteos sin contenido de clase, con generalidades del tipo "una Europa al servicio del pueblo y los trabajadores" o los "frentes anti-austeridad", sus partidos "amplios anticapitalista, y los planteos del "ecosocialismo".

¿Un programa revolucionario o el "ecosocialismo"?

Desde fines del siglo anterior el propio Mandel fue ubicando como concepto central el ecosocialismo.16 En 2003 sus seguidores adoptaron una resolución programática que, luego de señalar que las "direcciones obreras reformistas tradicionales han ignorado o despreciado los problemas ecológicos", decía en el prólogo: "De manera autocrítica, hay que decir que también las corrientes revolucionarias del movimiento obrero, incluida la nuestra, han debido cuestionar viejas posiciones antes de darse cuenta de todas las implicaciones de la problemática ecológica en el capitalismo tardío."17 En ese texto no se aclara cuáles "viejas posiciones" tuvieron que cuestionar. El último capítulo es su "programa de acción", que sería logrado solo por las "movilizaciones amplias y las protestas de masas". Luego de enumerar una serie de denuncias, propone las "alternativas", que serían la explotación agrícola con criterios ecológicos, la utilización racional y planificada de la energía, y las fuentes alternativas, los transportes colectivos y los ferrocarriles, evitar los residuos y reciclarlos, entre otras. Esto se realizaría con una reforma agraria radical en el Tercer Mundo, la abolición de la deuda de los países subdesarrollados, planes energéticos alternativos elaborados por el movimiento obrero, el movimiento ecologista y científicos progresistas, el levantamiento del secreto empresarial, un "contrapoder ecológico" por medio del control social de la producción, una producción con criterios ecológicos y para satisfacer necesidades, y, finalmente, "una sociedad socialista, libre, democrática, pluralista y autogestionaria que sea respetuosa con el medio ambiente". Señalando las "convergencias entre ecología y cuestión social", plantea que habría "remedios comunes": "hay que romper las limitaciones del 'liberalismo económico' para reemplazarlo por las necesidades humanas y los imperativos ecológicos. De ahí cierta comunión entre el combate ecológico y el combate social, y un terreno común de convergencia." Al final agrega que la ecología política no debe rechazar "integrar la crítica al capitalismo". Como lo leeremos un poco más adelante, según su dirigente François Sabado, los mandelistas están reflexionando "sobre la necesidad de un nuevo programa ecosocialista". Con este antecedente de 2003 que citamos, está claro que no tendría nada que ver con el Programa de Transición, el programa revolucionario con el que se desarrolló el trotskismo.

Sin duda, compartimos con los ecosocialistas la denuncia de que el sistema capitalista no puede ni regular ni superar el deterioro creciente del medio ambiente y todo el sistema ecológico planetario. Estamos por impulsar y unificar todas las luchas que dé cualquier sector social para combatir la degradación del planeta por parte del sistema capitalista imperialista y defender sus condiciones de vida. Pero los planteos del ecosocialismo sobre "la humanidad", por una "sociedad socialista" o "ecosocialista", y contra el capitalismo en forma general y abstracta, no son un avance programático. Cometen el grave error de diluir el foco de atención de la principal contradicción que atraviesa a la sociedad capitalista, provocando la lucha de las clases, que es la que enfrenta a los obreros explotados y a todos los oprimidos con los patrones y los gobiernos capitalistas imperialistas de todo el mundo. No es un "capitalismo" anónimo, sino los grandes empresarios, las multinacionales y sus gobiernos, quienes están destruyendo al planeta, poniendo en peligro el futuro de toda la humanidad y provocando una encarnizada lucha de clases. Quizá sus medidas para aplicar en una "sociedad de productores libres" podrán ser útiles en un eventual futuro comunista de la humanidad (si se logra), en el sentido que le dieron al "comunismo" Marx y Engels desde La ideología alemana. Para la realidad actual, tienen el grave déficit, inadmisible entre marxistas, de ignorar el problema clave del poder político, quiénes gobiernan, quiénes dirigen a los trabajadores y a las masas, y la lucha por sustituir el poder de los explotadores por el poder de los explotados y los oprimidos.

Superar la crisis de dirección revolucionaria es la razón de ser del trotskismo

Luego de la derrota, a partir de 1989, de las dictaduras totalitarias impuestas por el stalinismo en los estados obreros burocráticos, los mandelistas son parte de las voces que sostienen la caducidad de la antinomia trotskismo versus stalinismo.

En 2012, uno de sus principales dirigentes, François Sabado, decía: "Nosotros ya habíamos discutido la necesidad histórica de salir de una situación de la que nos considerábamos 'la oposición de izquierda al estalinismo'. El stalinismo se ha hundido. Pero, atención, hay todavía partidos post-stalinistas incluso si están considerablemente débiles. Pero no llegamos a salir de estas concepciones marcadas por la situación de oposición de izquierda. Nos es difícil tomar toda la dimensión que comporta una reorganización del conjunto del movimiento obrero y social. Tenemos dificultades en definir un proyecto independiente que a la vez nos permita hacer política. Nos es difícil formular un proyecto independiente a largo plazo. Esto lleva también a repensar un programa para el siglo XXI: la Cuarta Internacional ha empezado a reflexionar sobre la necesidad de un nuevo programa ecosocialista. Estamos al principio y ya vemos las consecuencias de la salida de la energía nuclear, por ejemplo.

"¿Qué implicaciones tiene reformular un programa de transición? ¿Retomar la discusión sobre la democracia, las relaciones entre democracia directa y democracia representativa, entre democracia en las fábricas y la de las comunidades? ¿Y sobre los ejes estratégicos de una conquista del poder por los trabajadores, o sea, las grandes líneas de un proyecto de emancipación, con el centro en la auto-actividad de los trabajadores? La cohesión programática que teníamos en el siglo pasado, o la que quizás creíamos que teníamos, que era la fuerza de los trotskistas, aunque cada corriente a su manera, no puede responder ya a los desafíos del siglo XXI. Estamos ante una cierta pérdida de sustancia programática, política, estratégica. Una serie de elementos fundamentales para construir una formación política que la aceleración de la historia nos pone hoy en dificultades a los revolucionarios. Más preguntas que respuestas."18
En otras palabras, Sabado está diciendo que se han quedado sin programa y sin proyecto estratégico. La síntesis del Programa de Transición de 1938, con el cual se fundó la Cuarta Internacional, era la lucha por los gobiernos obreros, campesinos y populares, la toma del poder con un partido revolucionario a la cabeza. Sabado y los mandelistas, aunque hablen esporádica y ritualmente de "una conquista del poder por los trabajadores", niegan esta perspectiva. La diluyen en "las grandes líneas de un proyecto de emancipación, con el centro en la auto-actividad de los trabajadores", capitulando a las viejas concepciones anarquistas, a la centroizquierda, y a las nuevas corrientes de los que postulan no tomar el poder son enemigas de los partidos leninistas. Por todo esto es que "pierden sustancia".

No pueden salir de esa situación de "oposición de izquierda", porque Mandel y sus seguidores han revisado al trotskismo. Lo transformaron en asesor, más o menos "crítico", de las direcciones reformistas y burocráticas que dominaron al movimiento de masas y sus triunfos revolucionarios en el siglo XX (los partidos comunistas, Tito, Mao, Ben Bella, Fidel Castro, los sandinistas, Lula y el PT, Gorbachov... hasta llegar a Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela). A partir de 1989, cuando comenzó la caída estrepitosa de las direcciones traidoras tradicionales, Mandel y sus seguidores han lamentado su derrota. Se van quedando sin nuevos "revolucionarios" a quienes asesorar, y han seguido negando la necesidad de levantar, en el plano nacional e internacional, un programa, una concepción organizativa, y una política consecuentemente revolucionarias y para la acción, para acompañar y dirigir las luchas y pelear por el triunfo de la revolución socialista. Esa es la razón de ser de la Cuarta Internacional.

Desde que comenzaron la lucha contra Stalin como "oposición de izquierda", el objetivo de los trotskistas fue plantearse como alternativa política y de poder, para derrotar a la burocracia y las direcciones burguesas en la URSS, y en todo el mundo. Pretendían disputarles su influencia sobre las masas, para reemplazarlas con los partidos auténticamente revolucionarios y con democracia obrera que buscaban construir. Ellos daban continuidad a la lucha de los revolucionarios leninistas contra los reformistas.

Los morenistas seguimos sosteniendo que es imposible –no meramente "difícil"- desarrollar una correcta política marxista revolucionaria si se sigue en la senda de las concepciones oportunistas, de capitulación a los reformistas de todo pelaje y antipartido que instaló Ernest Mandel. Es innegable que la construcción de vigorosos partidos revolucionarios con influencia de masas, que encabecen nuevas revoluciones socialistas triunfantes, se ha revelado como muy difícil, mucho más difícil aún de lo previsto. Pero este hecho no se puede explicar por supuestos "importantes errores" de Trotsky o porque él y Lenin hayan caído en el "sustitucionismo". Está poniendo en evidencia cuantos escollos hay que sortear para superar la crisis de dirección revolucionaria de la humanidad instalada desde la década del 20 del siglo pasado.
Uno de los más grandes escollos es el revisionismo dentro del trotskismo. Las capitulaciones y los atajos que fue impulsando la corriente oportunista encabezada por Mandel llevaron a sucesivos fracasos. Nahuel Moreno y su corriente los han combatido y se mantuvieron fieles al legado de Lenin y Trotsky. Esto es, desarrollar una política de independencia de clase y revolucionaria, para construir partidos socialistas revolucionarios en todos los países del mundo, para encabezar a la clase trabajadora y demás sectores oprimidos en la lucha por la revolución socialista hasta su triunfo, liquidando definitivamente a todas las direcciones traidoras y la dominación capitalista e imperialista en todo el mundo. Esa tarea sigue planteada como imprescindible. Para desarrollarla, las polémicas entre Mandel y Moreno siguen siendo un enorme aporte.

* Mercedes Petit es militante trotskista, periodista e investigadora. En los años sesenta comenzó a militar en la corriente que encabezaba Nahuel Moreno (www.nahuelmoreno.org), con quien colaboró durante años en las tareas de elaboración teórica y propagandísticas. Desde el golpe militar de 1976 compartieron el exilio en Colombia. Petit publicó Conceptos políticos elementales (en 1986, junto a Nahuel Moreno); Apuntes para la historia del trotskismo, en 2005 y Mujeres trabajadoras y marxismo, en 2009 (con Carmen Carrasco). Escribe en El Socialista (www.izquierdasocialista.org.ar) y en la revista Correspondencia Internacional (www.uit-ci.org)
1. Aunque se autodenominan "Cuarta Internacional", el nucleamiento mundial de los mandelistas es heterogéneo, con organizaciones con distintas concepciones y alineamientos políticos. Se los puede conocer a partir de la página www.puntodevistainternacional.org, entre otras.
2. Véase pág. 31 de esta edición.
3. "Democracia real yá, nas ruas e no PSOL", Corriente interna Enlace-Csol, que acaban de adoptar el nombre Insurgencia.
4. Véase pág. 281 de esta edición.
5. "Situación y futuro del socialismo", agosto 1989. Revista El socialismo del futuro, N 1, vol. 1, Madrid, 1990. En su comité de dirección y redacción incluía a Alfonso Guerra, Mijail Gorbachov, Willy Brandy, Fernando Claudin, entre otros.
6. Xama Editora, San Pablo, 1995, pág. 118.
7. Idem, pág. 27.
8. Citado en el suplemento de Correspondencia Internacional Nº 3, julio de 1993, sobre la visita de Mandel a Buenos Aires.
9. Entrevista en Página 12 de Buenos Aires, 2/8/92.
10. Véase pág. 256 de la presenta edición.
11. Entrevista en Le Monde, 6/4/2007.
12. "El porvenir...", ya citado
13. Trotsky como alternativa, p.11
14. Datos en:
http://historico.medicosypacientes.com/noticias/2011/10/11_10_13_tuberculosis
http://www.capital.cl/poder/ranking-forbes-2013-los-mas-millonarios-del-mundo/
http://www.bancomundial.org/temas/globalizacion/cuestiones2.htm
http://www.who.int/water_sanitation_health/monitoring/jmp2012/fast_facts/es/
http://twenergy.com/energia-electrica/un-cuarto-de-la-poblacion-mundial-vive-sinelectricidad-193
15. Este es el enfoque de la UIT-CI (www.uit-ci.org) En sus "Tesis Política Mundiales" publicadas en Correspondencia Internacional, edición especial, abril 2013, dicen: "Seguimos en la época imperialista, de decadencia, donde las fuerzas productivas no solo no se desarrollan, sino que asistimos a su destrucción. La llamada 'tercera revolución industrial', con eje en los avances en las telecomunicaciones y el procesamiento electrónico de la información, son progresos tecnológicos incuestionables, pero están insertos en el marco de un sistema capitalista imperialista que hace que se siga degradando al ser humano (crece la miseria y el hambre) y a la naturaleza, los otros dos elementos que Marx define como integrantes de las fuerzas productivas. [...] No solo se estancan las fuerzas productivas, sino que crecen las destructivas, como el armamentismo."
16. Véase «Socialisme ou barbarie au seuil du XXIème siècle», supplément à Inprecor, juillet 1993.
17. "Ecología y socialismo". Resolución del Congreso Mundial de la Cuarta Internacional, 2003. Se puede buscar en www.revoltaglobal.net Véase también "Manifiesto ecosocialista internacional", de septiembre de 2001, firmando por varios dirigentes del mandelismo.
18. "Cuarta Internacional: notas para la preparación de la discusión del CI", en: www.anticapitalistas.org, 27/1/2012.

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