Actualización del Programa de Transición - Nahuel Moreno - 1980

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Actualización del Programa de Transición - Nahuel Moreno - 1980Presentación de Juan Carlos Giordano

El lector encontrará en esta importante obra que se reedita, Actualización del Programa de Transición, cuarenta y un tesis elaboradas por nuestro maestro Nahuel Moreno a principios de los años 80. Su objetivo fue preparar a nuestra corriente con una política revolucionaria, dando respuestas a los nuevos fenómenos políticos acaecidos con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial.

Se trató de actualizar el Programa de Transición elaborado en 1938 por León Trotsky, el gran revolucionario ruso, texto que sentó las bases teórico-políticas para la fundación de la IV Internacional. ¡Qué tarea! Y Moreno la encaró con el método que siempre nos enseñó, considerando al marxismo como una guía para la acción, no como un dogma. Y que todo análisis, pronóstico o política debe ser permanentemente actualizado a la luz de la realidad, siempre cambiante. Ratificando, a su vez, que las bases de la Cuarta Internacional y de la revolución permanente (contrapuesta a la revolución por etapas planteada por los stalinistas) siguen más vigentes que nunca.1

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El solo hecho que en la segunda mitad del siglo XX se diera como regla la hipótesis “sumamente improbable” que vaticinó Trotsky –cuando decía que partidos pequeño burgueses o stalinistas, bajo circunstancias excepcionales, podían llegar a ir más lejos de lo que ellos mismos querían en la vía de una ruptura con la burguesía–, obligaba a una reelaboración de sus escritos. Ya que ocurrió lo opuesto. Esas direcciones expropiaron a la burguesía en un tercio del planeta -China, Europa del Este, Vietnam, Cuba y Corea del Norte, sumados a la de la ex URSS- dando lugar a los entonces estados obreros burocráticos. Pero no se avanzó hacia el socialismo, sino que llevaron a la restauración del capitalismo.

La lectura de Actualización… permitirá encontrar respuestas a diversos interrogantes: ¿Por qué, si hay rebeliones en todos los continentes, aún no se pudo derrotar al capitalismo? ¿Por qué no se ha dado otra revolución como la rusa de octubre de 1917 encabezada por un partido revolucionario? ¿Por qué la “guerra de guerrillas” terminó en fracaso, demostrando que, por más que se tomen las armas, si no hay una estrategia revolucionaria correcta, se retrocede? ¿Por qué, si los socialistas revolucionarios consideramos que el trotskismo tuvo razón en lo esencial, los partidos que nos reivindicamos como tales aún hoy no influenciamos a grandes sectores de masas para pelear por la toma del poder?

La respuesta a estos interrogantes hay que buscarla en el “hilo rojo” que vuelve a cruzar toda la realidad. “La situación política mundial en su conjunto se caracteriza principalmente por la crisis histórica de la dirección del proletariado”, comienza diciendo el Programa de Transición. O lo que es lo mismo, si no se derrota a las direcciones traidoras y se suplantan por direcciones revolucionarias que peleen por gobiernos de trabajadores, en cada país y en el mundo, derrotando al capitalismo imperialista y construyendo el socialismo, la humanidad no tiene salida. “La alternativa es clara. Ya no es barbarie o socialismo, sino holocausto o trotskismo”, dice Moreno (Actualización del Programa de Transición, pág. 215 de esta edición). Construir partidos revolucionarios, entonces, ¿es la tarea fundamental? La respuesta es claramente afirmativa, generando importantes debates.

Muchos de quienes se movilizan cotidianamente por sus urgentes necesidades podrán creer que alcanza con ocupar un puesto de lucha en un sindicato, un centro de estudiantes, un barrio o en un parlamento. O que tal vez lo mejor sea movilizarse “sin aparatos o partidos” para que las luchas lleguen a buen puerto. Otros, directamente saquen la equivocada conclusión de que no hace falta construir partidos revolucionarios para enfrentar al capitalismo, porque se están dando importantes avances con alternativas como el chavismo en Venezuela. Parte de la vanguardia apuesta, con esos razonamientos, al horizontalismo (que propone cambios sin tomar el poder) o al “anti-partidismo”.

Comprendemos a esos sectores. Pero somos claros: sin dirección revolucionaria no habrá destrucción del capitalismo ni construcción del socialismo.

Los distintos momentos en la construcción de la dirección revolucionaria

La III Internacional fundada por Lenin y Trotsky después del triunfo revolucionario que llevó al poder por primera vez en la historia al proletariado en la ex Rusia –octubre de 1917, bajo la dirección del partido bolchevique–, fue el primer intento de postular una internacional centralizada y revolucionaria, un partido mundial para dirigir la revolución socialista internacional. Según Moreno, con ella se comenzó a superar la crisis de dirección revolucionaria. Pero ese intento se fue frustrando. La inexistencia de fuertes partidos bolcheviques, la imposibilidad de construirlos sobre la marcha y la traición de la socialdemocracia de entonces, fue provocando graves derrotas, en especial la de la revolución alemana2. Llevando al comienzo de la burocratización de la ex URSS y de aquel indispensable instrumento internacionalista. Inaugurándose veinte años de derrotas provocadas por Stalin, borrando de la memoria histórica del proletariado mundial las enseñanzas del octubre rojo, el único que se dio hasta ahora.

Posteriormente a la Segunda Guerra Mundial, en forma contradictoria, y ante la etapa más revolucionaria de todos los tiempos, el stalinismo y las corrientes no obreras, al expropiar a la burguesía, –a diferencia de lo que predijo Trotsky de que se iba a su declive y, por ende, a una Cuarta Internacional de masas– se fortalecieron. Quedando Stalin –no el heroico pueblo
soviético– como el vencedor frente al nazi fascismo. Esto explica la debilidad desde sus orígenes de la Cuarta Internacional.

A esto hay que sumarle el asesinato de Trotsky por orden del stalinismo en 19403, quien sintetizaba en su persona una experiencia única: haber dirigido junto a Lenin la toma del poder, la guerra civil, el Ejército Rojo, la III Internacional y los primeros años de aquel estado obrero revolucionario ruso. A su vez, hay que agregar que Trotsky no previó que en sus propias filas se iba a imponer otro hecho desgraciado: el oportunismo4. El cual claudicó ante cada dirección que tomara el poder o encabezara algún proceso revolucionario, catalogándola de progresiva; traicionó revoluciones como la boliviana de 19525 y se negó a construir partidos trotskistas, porque consideraba que el problema de dirección revolucionaria ya estaba resuelto. Lo que impidió aprovechar las oportunidades para que el trotskismo ganara influencia en la clase obrera y demás sectores populares, peleando por tomar el poder en algún país, y así volver a intentar la titánica tarea que iniciaron Lenin y Trotsky en los años 20, de crear una nueva organización obrera internacional.  

Por ello es que tanto Trotsky como Moreno en Actualización…, insisten en que la gran tarea del proletariado ruso era sacarse de encima a la burocracia stalinista. Dice Trotsky: “La tarea política principal en la URSS sigue siendo el derrocamiento de esta misma burocracia […] Cada nuevo día de su dominio contribuye a descomponer los fundamentos de los elementos socialistas de la economía y aumenta las posibilidades de restauración capitalista” (Programa de Transición, Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2007, págs. 33 y 34). Un pronóstico que se cumplió acabadamente.

Moreno no vivió la caída revolucionaria del muro de Berlín porque falleció en 1987. Nuestra corriente -ya sin él-, consideró un hecho colosal que las masas derrotaran a las dictaduras de partido único en la ex URSS y Europa del Este. Pero el hecho de que en ese proceso no haya surgido una corriente trotskista de masas, llevó a que no se pudiera evitar que en esos países se vuelva al capitalismo, donde la burocracia ya venía siendo el puente transmisor de la restauración. La ausencia de una dirección revolucionaria dejó espacio para que corrientes restauracionistas sembraran ilusiones en el capitalismo, primando la confusión en la conciencia de las masas.

No es cierto que el leninismo derivó, congénitamente, en degeneración burocrática stalinista. O lo que dicen los partidos comunistas, corrientes stalinistas “recicladas” o el chavismo de Venezuela, que en la ex URSS lo que fracasó fue el “exceso de estatismo”. Lo primero, es para sembrar la más traicionera de las falsas conciencias: hacer creer que el socialismo no va más, que el marxismo fracasó, y que la necesidad más acuciante para los trabajadores del mundo, la de construir partidos revolucionarios leninistas, es una tarea que “se demostró” imposible o equivocada. Lo segundo, para justificar que no es necesario expropiar a la burguesía. Que basta con una economía “mixta”, como intenta hacer creer el chavismo, para encubrir que se gobierna allí al servicio de las multinacionales. O que hay una “reactualización del socialismo” en Cuba, cuando lo que volvió a la isla fueron las leyes de mercado capitalista y la propiedad privada de los medios de producción.

Decimos categóricamente que el capitalismo es el que fracasó. Y que el stalinismo fue quien cortó, con fusilamientos y traiciones, la experiencia colosal del partido bolchevique.

Para nuestra corriente el verdadero socialismo está ligado a la expropiación de la burguesía, a la democracia obrera y a la plena libertad para las masas de participar en la planificación económica y política de un país. Para eso es que hacen falta partidos revolucionarios que peleen por la derrota del imperialismo, por gobiernos de los trabajadores con organizaciones de doble poder (sóviets, consejos obreros o como se den en la realidad) y por el socialismo con democracia obrera, que extienda la revolución a todo el mundo para derrotar a los enemigos históricos del proletariado.

La derrota del aparato contrarrevolucionario que durante décadas pactó con el imperialismo la “coexistencia pacífica” e inculcó a las masas la teoría reaccionaria del “socialismo en un solo país”, ha abierto, aunque con contradicciones, mayores espacios y oportunidades para avanzar en aquel sentido.

Nuestro “modelo” de partido

La nueva generación de luchadores tendrá que pasar en limpio esta secuencia histórica de traiciones para no caer en el escepticismo y comprender que sólo con la construcción de una herramienta revolucionaria que eduque en la independencia de clase a los trabajadores del mundo, se podrán hacer revoluciones anticapitalistas triunfantes y avanzar hacia elsocialismo.“La liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”, sentenció Marx.

En ese sentido, nuestra corriente nacional e internacional, el “morenismo”, ha sido vanguardia durante más de siete décadas en construir partidos enraizados en la clase obrera6. Y en formar cuadros que se preparen para esa difícil, imprescindible y a la vez apasionante tarea.

La corriente morenista ha utilizado todas las tácticas, poniendo siempre el norte en dos estrategias: movilizar a las masas y construir el partido revolucionario. Actuando en la realidad tal cual es, sin negarla ni renegar de ella. Tratando siempre de actuar en los procesos vivos de la lucha de clases, nunca suplantando la realidad por nuestros deseos o “citas” de manual, como si se tratara de recetas bíblicas. Combatiendo tanto al oportunismo como al sectarismo.

Sobre esto último Lenin y Trotsky fueron implacables. Trotsky defenestraba al sectarismo con frases célebres. “En su base hay una negativa a luchar por reivindicaciones parciales y transitorias […] se niegan a hacer una distinción entre la democracia burguesa y el fascismo […] Los sectarios sólo son capaces de distinguir dos colores: el rojo y el negro […] Estos políticos estériles no tienen generalmente necesidad de un puente en forma de reivindicaciones transitorias, porque no pretenden cruzar a la otra orilla”. Y remató sobre el sectarismo-oportunismo: “En la política práctica, los sectarios se unen a los oportunistas, particularmente a los centristas, indefectiblemente para luchar contra el marxismo” (Programa de Transición, Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2007, pág. 36).

Siempre nuestra corriente ha batallado por construir partidos para la acción, no para repetir generalidades abstractas, aunque sean correctas. Buscando consignas que movilicen a las masas, partiendo de sus necesidades inmediatas y de su actual nivel de conciencia. Estudiando cuidadosamente la realidad para descubrir las oportunidades. Siendo audaces, hábiles y amplios para empalmar con corrientes que se acerquen al programa revolucionario.

Además, Moreno siempre planteó que no se lograrán partidos con influencia de masas vía una acumulación evolutiva de militantes, sino que será un proceso que se dará a través de confluencias y uniones –también de crisis y retrocesos–, donde surgirán corrientes que se acerquen a posiciones trotskistas o trotskizantes con las cuales empalmar. Para lo cual hay que estar abiertos, aunque combatiendo el riesgo de caer en partidos laxos, a lo que llamó “movimientismo”. Y siendo disciplinados, aunque batallando contra la peste del sectarismo.

Un partido donde, en su vida cotidiana, predomine una plena democracia interna. Con choques de ideas y disenso, porque solo así se puede elaborar y aplicar una política correcta y corregirla cuando ésta se demuestre equivocada.

Moreno siempre remarcó que hay que aprender de los errores que se cometen, tanto en política como en la construcción de nuestros partidos. Pero estamos seguros que sin partidos revolucionarios, si bien seguirán habiendo revoluciones que tiren abajo a dictaduras o gobiernos democrático burgueses, esos procesos se frenarán, congelarán e inevitablemente retrocederán, si tienen al frente a direcciones reformistas, no obreras o contrarrevolucionarias. A esto llamó Nahuel Moreno “febreros recurrentes”, comparado con el proceso ruso de 1917 (caída del zar). Es decir, revoluciones que por no contar con una dirección revolucionaria –como entonces el partido bolchevique–, se repiten y repiten sin avanzar al verdadero socialismo.

En ese arduo camino es necesario unir a los revolucionarios. Entablando relaciones fraternales con otras organizaciones. Encarando campañas comunes, dando respuesta a la lucha de clases mundial, e ir debatiendo las diferencias con respeto y camaradería en pos de fortalecer una corriente principista que pelee por la reconstrucción de la IV Internacional. Las relaciones políticas encaradas por nuestra organización internacional7 con otras corrientes hermanas de distintos
países, indican que vamos por ese camino, siguiendo el legado del marxismo-leninismo y del trotskismo morenista.

Trotsky dice en su Programa de Transición sobre la Cuarta Internacional: “Su tarea: la abolición del dominio capitalista. Su objetivo: el socialismo. Su método: la revolución proletaria”. Y Nahuel Moreno ratifica en Actualización…: “Mientras el proletariado no supere la crisis de dirección revolucionaria no podrá derrotar al imperialismo mundial”. En eso estamos.

Para seguir esta titánica tarea nos apoyamos en los millones que salen a luchar contra un sistema capitalista que ofrece solo miseria, explotación y saqueo. En que el imperialismo se encuentra en su mayor crisis de dominación política y militar de su historia. En que se dan revoluciones derrocando dictaduras (como la primavera árabe) y tirando abajo a gobiernos burgueses por medio de movilizaciones de masas revolucionarias. En que los aparatos contrarrevolucionarios, nacionalistas burgueses y reformistas están cada vez más cuestionados para contener y desviar a las masas, igual que la podrida burocracia sindical.

En ese marco, una colosal muchedumbre de trabajadores y jóvenes busca un programa consecuente, como el río busca su cauce, que solo puede brindar el partido de la revolución socialista mundial.

A pesar de que no se dieron algunos pronósticos sobre algunos hechos como los señaló Moreno en la obra que estamos reeditando (la posibilidad de que se abriera la hora del trotskismo tal cual como lo escribió en la tesis 8, o sobre la dinámica que adquirió el triunfo de la revolución política en la ex URSS), para nada implica que Actualización del Programa de Transición no sea un texto fundamental de revalorización del marxismo y del trotskismo. Lo cual obliga a los revolucionarios y a las nuevas generaciones de luchadores a tenerlo en su biblioteca como indispensable material de estudio.

Esto nos reafirma en una de las principales enseñanzas que nos legaron los maestros del marxismo en combate contra el dogmatismo: la realidad siempre es más rica que cualquier esquema. Atento a ello, desde nuestra corriente venimos complementando y reactualizando estos elementos a la luz de los grandes acontecimientos de la lucha de clases ocurridos en las casi tres décadas transcurridas desde la muerte de nuestro maestro. Al servicio de la colosal y apasionante tarea de construir partidos revolucionarios en todo el mundo que doten a las masas trabajadoras de una dirección propia, es que Moreno redactó esta obra y con ese mismo fin, es que la reeditamos.

Dice Trotsky en su Programa de Transición: Pero, ¿ha llegado el momento de proclamar su creación?... Los escépticos no se callan. La Cuarta Internacional, respondemos, no necesita “proclamarse”. Existe y lucha. ¿Que es débil? Sí, sus filas no son numerosas porque todavía es joven. Por ahora hay principalmente cuadros. Pero esos cuadros son prendas del futuro […] Si nuestra Internacional es débil numéricamente, es fuerte por su doctrina, su programa, su tradición”.

Ese espíritu revolucionario y confianza en la clase obrera, es la que embarga a nuestras organizaciones para seguir adelante. Así será.


 

*     Miembro de la conducción nacional de Izquierda Socialista y director de su periódico, El Socialista. Ingresó a las filas de la corriente liderada por Nahuel Moreno en Córdoba a principios de la década de los 80´, cuando el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) salía de la clandestinidad. Abogado, fue delegado durante varios años de los trabajadores nucleados en la Asociación Gremial de los Empleados del Poder Judicial (AGEPJ) de aquella provincia. En 2013 fue electo diputado nacional por Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) por la provincia de Buenos Aires, como parte de las bancas rotativas obtenidas entre los distintos partidos que lo conforman.

1.    Nahuel Moreno escribió estas tesis para elaborar un proyecto de programa con el fin de unificarse con la organización del dirigente trotskista francés Pierre Lambert (lambertismo). La unificación se dio en 1980 bajo el nombre Cuarta Internacional-Comité Internacional (CI-CI) entre la corriente morenista -en aquel momento llamada Fracción Bolchevique (FB)- y la de Lambert, Comité de Reconstrucción de la Cuarta Internacional (CORCI). Años después, esa unificación se frustró porque Lambert abandonó por completo ese programa, capitulando al gobierno burgués imperialista de Francia encabezado por François Mitterrand.

2.    Al fin de la guerra interimperialista de 1914/18, Europa estaba sacudida por movilizaciones obreras alentadas por el triunfo de la primera revolución socialista en Rusia, 1917. La poderosa clase obrera alemana protagonizó en noviembre de 1919 una revolución que derrotó a la monarquía de los Hohenzollern (emperador alemán). La traición de la socialdemocracia y la ausencia de una dirección como la de los bolcheviques en Rusia dieron lugar a que la conquista de libertades democráticas no avanzara hacia el triunfo de un gobierno obrero y el socialismo.

3.    León Trotsky fue asesinado en agosto de 1940 cuando se encontraba exiliado en México, Coyoacán. Lo ejecutó un agente de Stalin, Ramón Mercader, militante del Partido Comunista español, mediante un golpe en la cabeza con un piolet -piqueta-. El estalinismo ya había votado en sus reuniones de Comité Central que Trotsky era el enemigo número uno de esa burocracia parasitaria, mayor aún que el imperialismo. Trotsky sufrió varios atentados previos, uno de ellos llevado a cabo por el famoso pintor del PC mexicano, Alfredo Siqueiros. “Me hallo cerca de la muerte por el golpe de un asesino político… dígales por favor a mis amigos… estoy seguro… de la victoria… de la Cuarta Internacional… adelante”, dice que le apuntó Trotsky antes de su muerte a su secretario Joseph Hansen, miembro de la dirección del SWP (Socialist Worker’s Party), partido trotskista de EE.UU. (Trotsky el profeta desterrado, 1929-1940, Isaac Deutscher). Sus restos fueron velados en México. “Alrededor de 300.000 hombres y mujeres desfilaron frente al féretro, mientras en las calles resonaba el Gran corrido de León Trotsky, compuesto por un bardo anónimo” (Idem). 

4.    El oportunismo revisionista fue encabezado por Ernest Mandel y Michel Pablo después de la Segunda Guerra Mundial. “El hilo conductor de las discrepancias de Moreno con Mandel y otras corrientes del trotskismo pasa por el rechazo a capitular a las direcciones mayoritarias del movimiento de masas, a los partidos comunistas, los partidos socialistas, los movimientos nacionalistas pequeño burgueses o burgueses. Podríamos decir que en sus polémicas se fueron anticipando o manifestando los ejes de los debates centrales del siglo XXI. ¿Hay que construir el partido leninista? ¿Hay que pelear por que los trabajadores tomen el poder rompiendo con la burguesía? Las respuestas de Moreno iban por la positiva, las de Mandel, por la negativa. Sin duda es un debate que sigue abierto.” (Extracto de “El trotskismo en el siglo XXI”, exposición de Mercedes Petit en el taller “Trotsky como alternativa”, Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, noviembre 2002. Citado en “Nahuel Moreno, el trotskismo criollo”, por Hernán Brienza, Buenos Aires, 2006. El Socialista nº 56, 17/01/2007)

5.         El 9 de abril de 1952 las milicias mineras, obreras y campesinas bolivianas derrotaron al ejército de la rosca (oligarquía) y dominaron La Paz. En 1951 había ganado las elecciones presidenciales el MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario) encabezado por Paz Estenssoro. La “rosca” dio un golpe militar, negándose a entregar el poder. En abril estalló la insurrección. Los mineros llegaron armados a La Paz. Un sector de la policía se plegó a la insurrección. A los tres días, el ejército se desmoronó. Los trabajadores tenían las armas y fundaron la COB (Central Obrera Boliviana) con su principal dirigente Juan Lechín, que compartía la dirección con un sector trotskista (el POR, que respondía a las posiciones de Ernest Mandel). Estaban dadas todas las condiciones para que la COB asumiera el poder. Pero su dirección convocó a Paz Estenssoro, que volvió del exilio, a quien le regalaron la presidencia. El MNR en el poder pactó con la burguesía y el imperialismo. Lechín traicionó -y también la dirección del POR y del PC de entonces-. No hubo una dirección alternativa que peleara por una salida obrera y socialista, lo que hubiera significado un cambio histórico para Bolivia y todo el continente: que el poder lo tomaran la COB y las organizaciones campesinas e indígenas.

6.    En 1944, con un puñado de jóvenes, Nahuel Moreno comenzó la construcción del GOM (Grupo Obrero Marxista), en la barriada obrera de Villa Pobladora, Avellaneda, provincia de Buenos Aires. Desde entonces, y hasta su muerte, nuestro maestro dedicó su vida a la construcción del partido obrero e internacionalista en nuestro país y en el mundo.

7.    UIT-CI (Unidad Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional). Ver www.uit-ci.org.ar