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José Castillo

El gobierno permite aumentos de precios

¿Cómo ganarle a la inflación?

Siguen los aumentos de los productos de la canasta familiar: ahora es el turno del pollo, la leche, los fideos, el dulce de leche, la harina, el pescado y el café. ¿Qué medidas hay que tomar?

En los supermercados se sigue remarcando.

En los supermercados se sigue remarcando.

Mientras el gobierno despotrica acusando a “los alarios”, hay un secreto a voces: los grandes pulpos exportadores, los monopolios de cada sector y las cadenas de hipermercados son las que día a día remarcan y amplían sus márgenes de ganancia.

El argumento de Kirchner y Lavagna es que los precios suben por los “excesivos aumentos salariares”. Esto es falso. En el 2002 con la devaluación la inflación fue del 40% y ningún salario se había incrementado. Es que el poder empresario argentino tiene un discurso único, del que el gobierno se hace eco: si aumentan los salarios, hay que trasladarlo a los precios. Pero si no aumentan, y aumentó el petróleo, también hay que subir los precios. Y si suben los precios mundiales de la soja, el trigo o la leche, también hay que aumentar. Si hay impuestos a las exportaciones (retenciones) también. O sea, son ellos los que deciden dónde, cómo y cuándo, se aumentan los precios para tratar de aprovechar cualquier excusa y aumentar sus  superganancias.

El gobierno es cómplice

Kirchner se niega a implementar la única medida efectiva para frenar la inflación: el control de precios. Mientras tanto, “juega para la tribuna” con los llamados “acuerdos voluntarios”. Junta a cuatro o cinco empresarios y les hace firmar un papel donde se comprometen a mantener algún grupo de productos sin aumento. Después esos productos nunca aparecen a la venta, o son de calidad pésima. Y, en cuanto vence el plazo del acuerdo voluntario, os empresarios aprovechan para aumentar otra vez. Luego el gobierno los reúne de vuelta, firma otro acuerdo y vuelta a empezar.

Es todo un juego del doble discurso donde cada uno actúa su rol: el presidente de la UIA se da el lujo de exigir que el gobierno “no intervenga en la regulación de precios”. Pero al rato va a almorzar con Lavagna, donde éste les garantiza que no va a haber controles de precios, y todos contentos. “La reunión fue excelente”, afirman los empresarios. 

El pollo y la leche 

Esta semana tuvimos un ejemplo de cómo este show es una auténtica burla al bolsillo popular. El Ministerio de Economía firmó un acuerdo con el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas para que el kilo de pollo no supere los cuatro pesos. Primer trampa: se estaba de hecho “legalizando” el aumento del  último mes, sin plantear ninguna baja. Pero ahí no termina: al día siguiente la dos cámaras de supermercados se negaron a firmar, por lo que ni siquiera se comprometieron a no pasarse de los cuatro pesos el kilo. ¿Y Lavagna que hizo? ¿Amenazó alguna sanción? Nada de eso, su frase fue de antología: “El Estado no va a caer en ningún tipo de control policial de precios, sería absurdo en una economía de capitalismo moderno”. Mientras tanto, el precio del pollo sigue para arriba.

El otro caso de la semana fueron los lácteos. Parece que el gobierno se dio cuenta ahora de que los valores estaban por las nubes y decidió tomar una medida. Una vez más, de precios máximos ni hablar. Les subió las retenciones (impuestos) a las exportaciones de leche del 5 al 15%. Prestemos atención al razonamiento: hay productos que suben  porque a las empresas les conviene vender en el mercado exterior, al precio en dólares. Esto es cierto: por eso aumentaron tanto los lácteos. Pero
Kirchner y Lavagna mienten cuando dicen que eso se arregla cobrándole impuestos a los exportadores, para obligarlos a “optar” por vender en el mercado interno y así hacer que los precios bajen.

Al día siguiente sale una solicitada de La Serenísima, donde apoya las retenciones. ¿Cómo se explica esto? Muy simple: los grandes pulpos lácteos (Mastellone y Parmalat) “trasladaron” el impuesto
para abajo, a los tamberos, a los que decidieron pagarles aún menos de los ya miserables centavos que les dan por la leche. 

Mientras tanto, en las góndolas, los lácteos no bajaron ni un centavo.  

Hay que parar la suba de precios 

Los “acuerdos voluntarios de precios” no sirven para frenar la inflación. Es necesario implementar medidas de emergencia que comiencen por:

  • Fijación de precios máximos a los artículos de la canasta familiar. 
  • Control de su cumplimiento por parte de los sindicatos, las organizaciones de desocupados y las asociaciones de consumidores.
  • Puesta en vigencia de la Ley de Abastecimiento, que autoriza a multar, clausurar y expropiar a aquellas empresas que violen el control de precios, acaparen mercadería, o se nieguen a venderla en el mercado interno.


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