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Dos PJ y una Cumbre para Bush

En noviembre se reúne la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata. Convocada en su momento por De la Rúa y ahora ratificada por Kirchner, tiene el objetivo de avanzar en la dominación económica y el control político del patio trasero por parte de EE.UU. Para eso viene Bush y se preparan grandes movilizaciones en su contra. Por otro lado, sigue la pelea en el PJ. El proyecto de Kirchner ¿encarna una “nueva política”?

La Cumbre está llamada bajo el lema “Crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática”. Un contrasentido, ya que los gobiernos que se van a reunir, son los mismos que vienen implementando modelos económicos que generan desocupación, hambre y pobreza, en Latinoamérica y el mundo. 

Las anteriores cumbres fueron en Miami (1994), Québec (2001) y Monterrey (2004), que discutieron, esencialmente, la aplicación del Tratado de Libre Comercio (ALCA) impulsado por EE.UU, el cual debía entrar en vigencia en 2003. Esencialmente por las luchas obreras y campesinas, ese acuerdo quedó en los papeles. Luego se ideó un “ALCA ligth”, y ante un nuevo fracaso, ahora el imperialismo intenta avanzar en acuerdos regionales que le permitan eliminar las trabas que aún subsisten para explotar económica y comercialmente un mercado latinoamericano de 800 millones de habitantes. 

La Cumbre tiene dos objetivos. Uno, económico. Desde la Casa Blanca dicen que hay que avanzar en más “libertad” para que los capitales internacionales, en poco tiempo, atesoren multimillonarias ganancias exentas de todo gravamen y control, poniendo a disposición de ellos los recursos de toda América Latina. El otro objetivo, es político. Bajo el lema de “fortalecer la gobernabilidad democrática”, EE.UU. intentará disciplinar aún más a los gobiernos latinoamericanos para que sigan actuando como bomberos de las insurrecciones populares. Es de destacar el rol jugado por Kirchner y Lula en sostener a último momento al gobierno de Mesa y anteriormente, enviando tropas a Haití, para sostener a un gobierno títere de los yanquis, en un hecho de sometimiento sin precedentes. 

Además, EE.UU., quiere avanzar en su objetivo político-militar en la región. Ya lo intentó con el Plan Colombia, la creación de bases militares en Latinoamérica y la insistencia de inmunidad para las tropas norteamericanas (como le acaba de conceder el servil parlamento paraguayo que autorizó el desembarco de marines «terroristas», en la nación hermana, con el fin de “combatir el terrorismo” en la Triple Frontera). 

Recientemente, EE.UU. acaba de aprobar el CAFTA (tratado centroamericano de libre comercio), que borra todas las barreras comerciales y de inversión entre aquel país y República Dominicana, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Honduras y Guatemala. Pacto que “satisface a las grandes corporaciones, sin aportar beneficios ni resguardo para los mal pagos trabajadores de América Central” (Clarín, 31/7). 

Chiste Nik Pero el triunfo o no de esos planes dependerá, como siempre, de las luchas populares. La cumbre de Argentina se da en momentos en que el imperialismo norteamericano está en una crisis política en Medio Oriente -teniendo que anunciar que retirará parte de sus tropas de Irak jaqueadas por la heroica resistencia Iraquí-; viene de fracasar en derrocar a Chávez, las rebeliones populares siguen derribando gobiernos como en Ecuador y Bolivia; avanza la debilidad de Toledo en Perú, Lula declina por la corrupción, entre otros importantes acontecimientos. 

Burguesías nacionales socias del imperialismo

Ante la Cumbre, el gobierno de Kirchner, a través de su cancillería, siguiendo su doble discurso, va a participar de la “Cumbre Paralela” que realizarán los movimientos sociales, para decir, que está contra el “neoliberalismo”, mientras trae al asesino mayor del planeta. 

Es repudiable la actitud de los gobiernos de las denominadas “burguesías nacionales” de invitar a Bush. Salvo Venezuela y Cuba, que mantienen una relativa independencia de los dictados del imperialismo norteamericano, los gobiernos que se autodenominan “nacionales y populares” como el de Kirchner o de centroizquierda como los de Lula o Tabaré Vázquez, muestran a las claras que no están dispuestos a encarar ninguna medida antiimperialista, ni siquiera tibiamente, porque representan a los empresarios, socios menores del gran capital. Siguen pagando las deudas externas, envían tropas a Haití para salvar a los yanquis y son incapaces de tomar alguna medida que vaya en camino de una Segunda y Definitiva Independencia. Tarea que queda, cada vez más, en manos de los trabajadores y la izquierda.
Por todo esto es necesario llamar a las más amplia unidad de acción para repudiar la visita de Bush como lo plantea la Convocatoria Antiimperialista No a Bush en la Argentina, que “llama a todas las organizacioorganizaciones sociales, políticas, sindicales, culturales y de derechos humanos a movilizarse y trabajar activamente en cada fábrica, barrio, facultad, escuela, para evitar que este reconocido genocida manche con su presencia nuestro suelo”. Y a la vez, desenmascarar los espurios objetivos económicos y políticos de esta Cumbre avalada por los gobiernos latinoamericanos. 

PJ: ¿Pelea entre lobos y corderos? 

Mientras tanto la pelea entre los Kirchner y los Duhalde, (entre corderos y lobos, respectivamente, como lo dio a entender una reflexión del propio presidente en estos días), sigue su curso. Se expresó en los actos que Cristina y Chiche realizaron en un nuevo aniversario de la muerte de Evita. Ambas, ayudadas por consultoras de imagen, van redondeando sus discursos de acuerdo al humor social y las encuestas. Y a veces marcan diferencias. Decir que “no hay que mirar el pasado”, como dijo Chiche, a reivindicar a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, como señaló Cristina. Los Duhalde diciendo que hay que consolidar el aparato del PJ y los Kirchner que hay que cambiar las “viejas prácticas políticas”.
Pero el kirchnerismo se diferencia del duhaldismo, no por tener proyectos estratégicos distintos. Lo que ocurrre es que a Kirchner le toca gobernar, lograr un consenso que no le dieron las urnas cuando asumió (obtuvo el 17% del padrón electoral) y remontar la crisis sin retorno del PJ. Por eso distorsionadamente toma algunas banderas del Argentinazo para intentar desviar las luchas populares y seguir aplicando los planes del FMI. Incluso adoptando a veces medidas parciales y populistas (como en la Corte; aumento del salario mínimo, etc); utilizando un discurso de centroizquierda y asentado esencialmente en el PJ, con el apoyo de las centrales sindicales, las Madres, incorporando a dirigentes piqueteros a sus ministerios como Barrio de Pie, a referentes del ARI como Ocaña en el Pami o llevando a ex - montoneros a su equipo de gobierno como Kunkel. Pero Kirchner ¿encarna una nueva política? 

¿Por qué si Kirchner hace discursos antiimperialistas contra el FMI, trae al asesino de Bush a la Cumbre de las Américas? ¿Por qué si Kirchner habla de soberanía nacional, sigue pagando puntualmente la deuda externa? ¿Por qué si el presidente dice que está por la distribución de la riqueza, no usa el superávit para aumentar las jubilaciones y salarios? ¿Por qué si habla de defender los derechos humanos no anula los indultos como reiteradamente viene reclamando Patricia Walsh? ¿Por qué si habla de una nueva política, puso de ministro de justicia a Alberto Iribarne, quien ya estuvo con Grosso, Cafiero, Ruckauf, Duhalde y Menem? ¿Por qué si habla de defender los intereses populares, le deja las manos libres a los empresarios para que sigan con los aumentos de precios? ¿Por qué en vez de aumentar a docentes y trabajadores de la salud, avala a sus ministros Filmus y Ginés González en la cruzada que iniciaron para descalificar a aquéllos? ¿Por qué si dice que hay que combatir la corrupción, sostiene al corrupto Aníbal Ibarra, jefe político de la masacre de Cromañón? ¿Por qué, si como dice el nuevo secretario de Seguridad interior, Luis Tibileti, hay que hacer uso “de la fuerza pública dentro de la máxima racionalidad”, en Santa Cruz, su provincia, se reprime salvajemente a desocupados que piden trabajo genuino? ¿Por qué recién ahora, como medida electoralista, va a traer del exterior los 500 millones sacados de Santa Cruz y en vez de destinarlo a aumento de salarios, como reclaman los municipales, lo invertirán en bonos de la deuda, como antes ya le había aconsejado Cavallo? ¿Por qué su justicia mantiene detenidos a los presos de la legislatura, mientras con los mismos argumentos, Chabán y María Julia están sueltos? ¿Por qué Kirchner, que despotrica contra las privatizadas, le acaba de otorgar 85 millones de subsidios a las empresas de trenes, las mismas que en estos días fueron denunciadas por el defensor del pueblo que violan los derechos humanos, poniendo en riesgo la vida de los usuarios? 

Y así, hay muchos interrogantes más. Kirchner no toma esas medidas porque gobierna para una minoría de banqueros y grandes empresarios que tienen la manija del país, encubiertos muchas veces en su doble discurso. Por eso hace falta construir una nueva herramienta política de los trabajadores. Y concretar un frente de izquierda, para dar pelea también en las elecciones.


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