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Escribe: Miguel Lamas |
Cristina versus ChicheNo se trague otro sapoCristina Kirchner, en su disputa
con Chiche Duhalde, intenta presentarse como algo
“nuevo” contra la “vieja
política”. ¿Cuál es la nueva
política que supuestamente encarnan Cristina Kirchner y el
presidente?
En su homenaje a Evita, Cristina afirmó que si ella viviera, estaría con las abuelas de Plaza de Mayo y “no criticaría al gobierno” porque se está enfrentando al FMI. Este discurso fue, ciertamente, distinto al de Chiche, que recordó a Evita aludiendo a la asistencia social y llamó a “dejarse de hablar del pasado”. Quizá usted piense que el discurso de Cristina muestra realmente una nueva política. Pero la esposa del presidente nunca objetó los acuerdos con el FMI en los tiempos menemistas y votó en la Legislatura de Santa Cruz a favor de la privatización de YPF. ¿Cambió Cristina? ¿Ahora defiende otra política? Los hechos demuestran que no. Fíjese lo que dijo el presidente esta semana: habló con orgullo de los 500 millones de Santa Cruz originados en regalías petroleras. Pero, lo que no dijo, es que esto salió de la privatización de YPF, que ese remate fue una catástrofe para el país, que dejó en la calle a decenas de miles de trabajadores, que destruyó pueblos enteros; llevó los valores de la nafta a precios de importación y que privó al país de miles de millones de dólares de ingresos. Kirchner nos dice que estuvo muy bien porque Santa Cruz ahorró 500 millones... Mientras Cristina y Kirchner hacen fervorosos discursos de campaña electoral, en el país que ellos gobiernan, se sigue profundizando la brecha entre ricos y pobres, y los hospitales y escuelas se paralizan por la miseria salarial. Mientras Cristina habla de derechos humanos, hay decenas de presos políticos por luchar por salario, pedir comida o trabajo digno. Sus discursos quieren hacernos creer que tienen enfrentamientos con el FMI, pero se trata del gobierno que más le pagó a ese organismo usurero. Y, por si fuera poco, ahora invitan al país al mayor genocida del planeta, al responsable de 100.000 asesinatos en Irak, de las torturas en Guantánamo y en la cárcel de Abu Ghraib, George Bush. ¡Encima van a gastar 120 millones en garantizar que ese monstruo tenga una buena y segura estadía! Peleas de viejos políticos Es tanto el contraste entre los dichos y los hechos, que el escritor José Pablo Feinmann, que apoyó desde un comienzo a Kirchner y que viene de la izquierda peronista, expresó su bronca: “Me tragué todos los sapos en los años 70... y ya no me los trago más. Si Kirchner vuelve a encarnar esa promesa de centroizquierda que me acercó a él, con todo entusiasmo yo seguiré esa causa, porque ésa es mi causa; pero las peleas entre peronistas no lo son” (La Nación, 31/7). Esta pelea ya está cansando a muchos, que veían con alguna esperanza al kirchnerismo. Se dicen de todo, pero no hay ninguna propuesta para solucionar los problemas urgentes de la mayoría del país. Ni Chiche ni Cristina proponen ningún cambio real, medidas de fondo, para impedir que la escalada de precios siga hundiendo en la pobreza a miles, para que la educación y la salud no sigan cuesta abajo. La diferencia que las divide, es que Chiche se aferra al viejo aparato duhaldista, repartidor de dádivas para tener a parte de la población más pobre sometida a su política. Mientras tanto Cristina Kirchner y su esposo intentan construir un movimiento y un discurso que llegue a los sectores que están hartos de esa manipulación y hartos de esa vieja política. Pero el kirchnerismo no deja de utilizar también los métodos de la vieja política y a la alianza con buena parte del aparato de ex duhaldismo y ex menemismo. Un ejemplo es Raúl Othacehé, intendente de Merlo quien el 22 de febrero del 2002, envió a una tropa de matones con palos a atacar a caceroleros en plena calle principal del municipio. Estos intendentes, favorecidos por los repartos de fondos discrecionales de Kirchner, se pasan de bando, y llevan sus clásicos micros con gente reclutada con dinero, prebendas menores o comida, a aplaudir en los actos del kirchnerismo. Los Kirchner adaptaron su discurso al Argentinazo y a los cambios que produjo en la actitud de millones hacia los viejos partidos. Esto es lo nuevo. Pero, como lo demuestran los hechos, es más una máscara para simular lo que no son. Detrás de ella, está la fea cara del sapo de la vieja política. Por eso, compañero, no se trague otra vez el viejo sapo, véngase con la izquierda a pelear por un real cambio de fondo. |
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