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Jose Castillo
Candidato a legislador porteño

11 de Setiembre

Día del Maestro

El 11 de septiembre de 1888 moría en Asunción del Paraguay Domingo Faustino Sarmiento. Desde hace más de 100 años, esa fecha se conmemora como el Día del Maestro. Su figura es controvertida, y ha sido deformada, como la de todos los “próceres”, por defensores y detractores. Pero lo que es un hecho es que su proyecto educativo, de una escuela pública y gratuita para toda la población, sintetizado en la Ley 1420, vienen siendo destruidos sistemáticamente por los gobiernos de las últimas décadas.

Una imagen repetida año tras año, gobierno tras gobierno: el Ministro de Educación se hará presente en el acto central de alguna provincia y pronunciará un discurso donde señalará que, “sin duda”, la educación es una prioridad del gobierno, que se está haciendo todo lo posible por mejorarla, que se va lento porque “se arranca de muy atrás, culpa de lo gobiernos anteriores”. Más aún, señalará que es justo el reclamo docente, que por cierto sus salarios están atrasados y que hay que aumentar el presupuesto educativo, pero que todo ello “sólo se puede hacer paulatinamente, en varios años”. Se cantará el Himno a Sarmiento, todos aplaudirán y el acto se dará por finalizado.

“Educación, nada más que educación”

Tanto los defensores como los detractores de Sarmiento aceptan que la educación fue su obsesión. Es sin duda, como dice su himno, “el Padre del aula”. Es verdad que Sarmiento le daba a la educación por sí sola poderes de transformación que sabemos que no tiene: un niño desnutrido no aprende, por más escuelas que se levanten a su alrededor; un maestro con salario miserable y sin infraestructura poco es lo que puede hacer. También es verdad que Sarmiento no era, en ningún caso, un “líder popular”. “No ahorrar sangre de gauchos”, recomendó alguna vez. Pero su mérito consiste en haber insistido lúcidamente, en el contexto de su época, en que para hacer de la Argentina un gran país capitalista independiente y avanzado era imprescindible generalizar la educación y elevar el nivel cultural popular.

Sarmiento como político apostó al sector social más poderoso de entonces: la burguesía comercial porteña y los estancieros bonaerenses. Así, desde 1852 hasta 1862, será su aliado. Incluso serán estos sectores los que lo llevarán a la presidencia en 1868. Pero pronto comprenderá, desencantado, que con esos sectores se podía hacer “cualquier cosa, menos una gran nación independiente según el modelo yanqui”. ¿Porqué se desencanta Sarmiento? La oligarquía terrateniente le bloquea su proyecto de colonización de la tierra, que hubiera permitido el acceso a la tierra de miles de pequeños productores y la creación de un vasto mercado interno, como sucedió en Estados Unidos al final de la guerra civil. Con su visión de una clase capitalista moderna, que introdujera mejoras, tecnologías. “Alambren, brutos!” llega a exhortarlos. Sin embargo todos sus planes fracasan, porque ya entonces, le faltó al país una clase dirigente capaz de construir una gran nación en base a los elementos aportados por el capitalismo. En cambio, había una clase oligárquica, parasitaria –“lo único que saben hacer es sentarse a ver parir sus vacas”, la describirá en alguna oportunidad- apropiadora de la tierra, siempre lista para los grandes negociados financieros con el extranjero. Sarmiento, unos pocos años antes de morir, criticará el endeudamiento externo creciente y la entrega al capital extranjero que llevará posteriormente a la crisis de 1890.

Los límites y contradicciones de Sarmiento son innegables. Pero también es innegable la amplitud de su visión de una Argentina poblada con personas de un alto nivel educativo y cultural. Durante su presidencia Sarmiento pudo fundar muy pocas escuelas. No consiguió que le votaran los fondos necesarios. Luego, en 1884, durante el gobierno de Roca, se promulgó la Ley 1420, inspirada en los principios sarmientinos, que establecía en nuestro país la educación pública, laica, obligatoria y gratuita. Apenas diez años después, el analfabetismo se había reducido en nuestro país en un 50%. Con la educación pública y gratuita se logró que durante gran parte del siglo XX la Argentina estuviese entre los primeros lugares de América Latina en cuanto a alfabetización y nivel de su educación media y universitaria.

¿Qué quedó del proyecto de Sarmiento y la ley 1420?

Pasaron más de 100 años. En las últimas décadas los sucesivos gobiernos se han encargado sistemáticamente de destruir la educación pública. El circuito que comienza con los pases de escuelas a provincias y municipios durante la Dictadura de Videla en 1978, sigue con la asfixia presupuestaria y el retraso salarial durante todo el alfonsinismo , que dio lugar a respuestas heroicas por parte de los docentes, como el “Maestrazo” de 1988, y culminó con las nefastas leyes Federal de Educación y Ley de Educación Superior del menemismo, en línea absoluta con la privatización y la destrucción que recomendaban los organismos financieros internacionales, como el Banco Mundial. Ahora, el gobierno de Kirchner pretende darle una vuelta más al torniquete, con su proyecto de Ley de “Financiamiento Educativo”.

Aumento del analfabetismo, el semianalfabetismo, la repitencia y la deserción. Jóvenes que no estudian ni trabajan. Cada vez más “egresados” sin las competencias mínimas para ingresar al mundo del trabajo o a la educación superior, como trágico resultado de la aplicación de la Ley Federal de Educación. 70% de los niños que concurren a escuelas públicas por debajo de la línea de pobreza. 50% de las familias con docentes en la misma situación. Así se está dejando al proyecto educativo que nació con la 1420.

Seamos claros. Sin plata no hay educación. Sin salarios dignos para los docentes no hay reformas pedagógicas ni actualizaciones que valgan.

La UNESCO lo dice claramente: el 8% del PBI (o el 25% del Gasto Público) debe dedicarse a Educación. Nuestro país hoy destina el 3% del PBI (o el 14% del Gasto Público). Y encima el 11% de esos magros recursos van a subsidiar la educación privada.

Actualmente, una de las banderas permanentes de los docentes que reclaman por sus salarios es la defensa de la educación pública, que está en ruinas como parte del saqueo del país.


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