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Mercedes Petit

12 de octubre de 1492

La primera colonización de América

En el siglo XV ya se sabía que la Tierra era redonda. Pero aún había enormes regiones que no tenían ninguna relación entre sí. En los poros de la sociedad feudal europea comenzaba su desarrollo un nuevo sistema: el capitalismo. La producción artesanal en ciudades que iban adquiriendo un peso creciente, el comercio entre ellas y con el Lejano Oriente (China y la India), iban a revolucionar la vida de toda la humanidad. La llegada de Colón a lo que se llamó América provocó un salto inmenso en ese proceso.

Grabado publicado en la primera historiografía sobre la conquista española del nuevo continente (Décadas 1601/1615)

Grabado publicado en la primera historiografía sobre la conquista española del nuevo continente (Décadas 1601/1615)

En 1453, la expansión del Imperio Otomano (Turquía hoy) cortó la ruta del mar Mediterráneo para llegar desde Europa a las Indias Orientales y la China. Un navegante genovés, llamado Cristóbal Colón, estaba convencido de que se podía llegar a la India navegando en línea recta hacia el occidente. Logró el apoyo de los reyes de España y en 1492 puso en marcha tres pequeñas carabelas. Luego de 33 días desembarcaron en el Caribe, en las Bahamas, en la isla Guanahaní, a la que bautizaron San Salvador. Festejaron la llegada a las “indias occidentales”. Aunque no lo sabían, se habían tropezado con un continente inmenso y desconocido hasta entonces para Europa y Asia. En menos de un siglo se produjo la total globalización geográfica del mundo. Se instalaba por primera vez un sistema económico mundial, basado en la búsqueda permanente de ganancias y una tremenda explotación de unos hombres por otros nunca antes vista.

Piedra y bronce contra la “civilización” europea

Los pueblos americanos vivían entre la Edad de Piedra y la Edad de Bronce. No existían ni la rueda ni la utilización del hierro. Toda la actual Norteamérica y gran parte del sur del continente, en Chile, Argentina, Uruguay y Brasil, eran tribus de recolectores, cazadores y agricultores. Américo Vespucio describió a los caribeños diciendo que vivían en armonía con la naturaleza, no tenían propiedad privada de nada, ni rey, ni a quién obedecer. Como marxistas, los llamaríamos comunistas primitivos.

Entre México y el actual Perú existieron pueblos más avanzados, como los mayas, los aztecas y los incas, que desarrollaron la agricultura de riego y sociedades mucho más complejas, con distintas jerarquías sociales, castas o grupos privilegiados minoritarios que oprimían al resto y a otros pueblos dominados. Parecido a los antiguos egipcios, avanzaron en las matemáticas y la astronomía. Los aztecas calcularon la duración del año solar antes y con más precisión que los europeos.

¿Y los recién llegados? La expresión “conquista de América” lo dice todo. En muy pocos años, las monarquías por entonces más avanzadas de Europa, cayeron en cuenta de que “el nuevo continente” albergaba inmensas riquezas, en particular oro y plata, y se lanzaron en forma desenfrenada al saqueo. Nahuel Moreno lo describe así: “La colonización española, portuguesa, inglesa, francesa y holandesa en América, fue esencialmente capitalista. Sus objetivos fueron capitalistas y no feudales: organizar la producción y los descubrimientos para efectuar ganancias prodigiosas y para colocar mercancías en el mercado mundial.” (“Cuatro tesis sobre la colonización española y portuguesa en América”, Estrategia, 1957).

El genocidio

Como dijo Marx: “El capitalismo aparece sudando sangre y lodo por todos los poros”.

Según el sociólogo e historiador brasileño Darcy Ribeyro, “Los indios de las Américas sumaban no menos de setenta millones, y quizás más, cuando los conquistadores extranjeros aparecieron en el horizonte. Un siglo y medio después, se habían reducido a sólo tres millones y medio.” (Las Américas y la civilización).

En la América hispana, gran parte de la población originaria murió contaminada por las bacterias y virus traídos por los europeos. Por ejemplo, viruela, tétanos, venéreas, tifus y lepra. La otra parte murió por las terribles condiciones de trabajo en las minas. La escasez de mano de obra se “solucionó” trayendo negros africanos obligados a trabajar como esclavos.

La resistencia

Durante cuatro siglos hubo oleadas de luchas contra los conquistadores. Tupac Amaru es el símbolo de la resistencia de los pueblos andinos. Encabezó una insurrección en 1780. Lo descuartizaron atándolo a cuatro caballos. En Norteamérica la última gran batalla de las tribus sioux se dio en 1876, cuando lograron exterminar al Séptimo Cuerpo de Caballería dirigido por el general Custer en la batalla de Little Big Horn. Pero ya estaban diezmados y en retroceso, luego de que habían sido expulsados de la mayor parte de sus tierras originarias en todo el país.

En Argentina, fue el general Roca quien encabezó la definitiva “conquista del desierto”. Ese desierto no era tal, porque allí estaban los pobladores originarios que fueron masacrados. El historiador Osvaldo Bayer describe la acción de Roca diciendo que “civilización significó en suma quedarse con la propiedad de la tierra” (Página 12, 8/10/05).

Hoy día, prácticamente en toda América Latina, hay una resistencia generalizada de los pueblos aborígenes, que enfrentan junto con toda la población explotada la miseria que impone el capitalismo y el dominio del imperialismo yanqui. Han estado en primera línea Ecuador y Bolivia, donde los pueblos aborígenes son mayoritarios entre la población. En todos los países hay crecientes acciones de denuncia al despojo y apoyo a los reclamos de pueblos originarios sobrevivientes, que reclaman por sus tierras y por condiciones de vida dignas. Contra la actual colonización, hace falta una segunda independencia latinoamericana.


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