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El drama de los inmigrantes africanosUna vergüenza más del capitalismoNo se nos ocurre otra palabra para describir lo que está aconteciendo ante los ojos del mundo. Todos los “civilizados” gobiernos europeos son cómplices de esta monstruosidad. Miles de hombres, mujeres e incluso niños desesperados, abalanzándose sobre alambradas de púas altísimas, baleados por los guardias marroquíes, apaleados por guardias españoles, finalmente expulsados y arrojados al medio del desierto de Sahara...
“Las vallas erizadas de un alambre que ya ha superado en capacidad de hacer daño a las púas y despliega cuchillas muy afiladas que provocan heridas desgarradoras. En el trecho de tierra entre las dos vallas se han instalado espesos rollos de alambre y varillas de hierro. Cualquier ser humano que caiga sobre estos crueles artilugios sufrirán desgarramientos espantosos o quedara “empalado” en los hierros” (Clarín, 7/10). Miles de desesperados se abalanzan sobre estas vallas de 3 metros de alto, sólo para poder entrar a Ceuta y Melilla, colonias españolas en Marruecos, como la única vía para entrar a Europa. Solo buscan un trabajo y poder alimentarse ellos y sus hijos. Los llaman subsaharianos, que suena como paria, y que originalmente quiere decir que vienen del otro lado del desierto del Sahara. La mayoría llegó caminando y tardó meses y hasta dos años. Muchos son refugiados de guerras y persecuciones raciales, de Guinea, Liberia, Congo, Costa del Marfil y Senegal. Otros “solo” son refugiados del hambre como los nigerianos, malienses o cameruneses. Capturados, los que logran pasar, son devueltos a Marruecos y la policía marroquí se encarga de tirarlos en medio del desierto... Para esa sucia tarea la Unión Europea le paga a Marruecos 250 millones de dólares al año. Su ataque desesperado a los alambrados de la muerte, da una idea del infierno del que intentan escapar. Un infierno creado por el capitalismo e imperialismo La gran mayoría de los refugiados provienen del Golfo de Guinea y Congo, la región más castigada en el mundo por la depredación capitalista e imperialista. Primero fue, desde el siglo XVI, el tráfico masivo de esclavos para las plantaciones de las colonias americanas de España, Portugal, Inglaterra, Holanda y Francia. Luego, la ocupación colonialista de esas mismas potencias que terminaron de destruir a los pueblos de la región, como lo hicieron con las antiguas civilizaciones americanas. Y finalmente el neocolonialismo moderno. Esos países son hoy formalmente independientes, pero tienen gobiernos títeres manejados por las grandes potencias imperialistas y por las multinacionales. Las plantaciones para la exportación han liquidado la economía de agricultura de subsistencia que ahí existía. Las guerras entre bandas financiadas por multinacionales por el diamante, el cobalto y otros minerales, empujan a centenares de miles de personas a vagar desesperados por el hambre y la persecución militar. Poblados enteros son destruidos y saqueados. La pobreza extrema alimenta además la epidemia de sida que mata a millones de africanos. Este es el infierno en la tierra, creado por el imperialismo de Europa y Estados Unidos. Hace pocas semanas veíamos las caras de desesperación de hombres y mujeres negros, abandonados a la furia del Katrina en Estados Unidos. Son descendientes de aquellos esclavos arrancados hace cuatro siglos de la misma región de la que provienen los desesperados de Ceuta y Melilla. Hoy son pobres, desocupados y discriminados en Estados Unidos, en Brasil o las Antilla La riqueza de Europa y Estados Unidos está basada en gran medida en el trabajo de estos millones de esclavos. Quizá sin ser conscientes, los refugiados solo están tratando de que la opulenta Europa les devuelva aunque sea algo de los que les robó durante siglos. ¡Abajo las alambradas y muros! Los mismos que hablan de globalización para sus ganancias y movimientos de capitales, son los que erigen los muros y alambres de púas. El capitalismo imperialista no tiene solución para el Africa, solo morirse de hambre en un continente devastado. Apresados entre las ruinas de la colonización imperialista como si fuese un gigantesco campo de concentración. Y los que sí logran pasar son luego discriminados en Europa y utilizados como mano de obra baratísima, muchas veces manteniéndolos como clandestinos para que no tengan derechos. Es un sistema perverso que solo la lucha de los propios trabajadores europeos podrá destruir en Europa. Terminar con las fronteras y muros contra los pueblos tiene que ser un reclamo de todo trabajador consciente, en especial en los países imperialistas. Permitir la libertad total de emigrar e inmigrar. Para los pueblos africanos la lucha debe ser expulsar al imperialismo y sus agentes, los gobiernos títeres, las multinacionales, para reconstruir sus naciones. Solo el socialismo internacional, la liquidación del capitalismo, con una cooperación internacional de trabajadores y pueblos, podrá solucionar definitivamente el drama africano y de la oprimida raza negra. Los pueblos negros son acreedores de una reparación histórica, porque fueron ellos los que sufrieron la peor parte y pusieron el mayor esfuerzo para el llamado “progreso” capitalista occidental. |
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