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Miguel Lamas

No a la Cumbre de las Américas

La llamada IV Cumbre de las Américas, a realizarse en Mar del Plata del 4 al 6 de noviembre próximo, es una reunión donde participarán 34 presidentes latinoamericanos –menos Fidel Castro-, bajo la batuta de Bush y los yanquis. En realidad, debería llamarse Cumbre “de Norteamérica”. La presencia de Bush en la misma tiene como objetivo que aparezca reafirmando su poder político en el continente. Pero en caso de que el genocida no viniera, la Cumbre seguirá teniendo los mismos objetivos de sometimiento de los presidentes locales para con Estados Unidos. Que Kirchner haya ofrecido Argentina como Sede, muestra su cabal servilismo hacia las órdenes imperiales de su jefe mayor.

“Los presidentes de Cumbre en Cumbre, los pueblos de abismo en abismo”

Así graficó recientemente el presidente Chávez el rol de las cumbres. La primera se realizó en Miami, en 1994. La convocó Bill Clinton; una de sus “estrellas estelares” fue Carlos Saúl Menem y concluyó con un documento llamando a firmar el ALCA ( Area Latinoamericana de Libre Comercio). Este fue el eje rector de las cumbres siguientes. Por supuesto, siempre adornadas con lemas tales como hay que “combatir la pobreza” o “por la educación”, sólo para oficiar de taparrabos de las verdaderas intenciones del amo del norte.

Pronto quedó claro para millones de latinoamericanos que el ALCA era una vuelta de tuerca en la colonización de nuestros pueblos, la destrucción de gran parte de la industria local, liquidación de sectores económicos enteros, más explotación capitalista y “libre competencia” para que las multinacionales sigan haciendo fortunas.

En 2001, la Tercer Cumbre aprobó la llamada “Carta Democrática”, según la cual se iban a defender a los gobiernos producto de la voluntad popular, contra toda “irrupción antidemocrática”. Pero esta declaración no era contra los golpes militares, sino contra los pueblos que, como ya había sucedido en Ecuador, echaban con su lucha a los gobiernos proyanquis. Pronto se puso a prueba esta “carta democrática” con el golpe militar de 2002 en Venezuela, apoyado abiertamente por Estados Unidos con el absurdo argumento de que Chávez era “antidemocrático”. La insurrección obrera y popular derrotó en 72 horas a los golpistas.

La rebelión generalizada en América Latina; las insurrecciones que derribaron gobiernos neoliberales como el de De la Rúa, Sánchez de Losada y Mesa en Bolivia, Lucio Gutierrez en Ecuador; las luchas que derrotaron proyectos de privatizaciones como en Paraguay y Perú y la revolución venezolana, obligaron a postergar el ALCA.

Estaba latente la revolución boliviana de octubre del 2003 que echó a Sánchez de Losada, cuando en enero del 2004 se reunió en Monterrey (México), una “Cumbre Extraordinaria”, cuyo objetivo central fue “fortalecer la gobernabilidad democrática” (o, como podrían traducir los presidentes títeres de América Latina, “como aplicar estos planes sin que los pueblos nos echen a patadas”).

Repudiemos la IV Cumbre

La Cuarta Cumbre tiene el lema “crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática”. Otra vez una declaración de supuestos “buenos propósitos” y la misma cantinela de la “gobernabilidad”. Para los yanquis, como siempre lo mostraron, la “democracia” solo se defiende cuando tienen gobiernos que hacen lo que ellos dicen. Por eso no esconden su permanente agresividad contra Cuba y Venezuela. Por eso, aunque nada se hablará en esta cumbre, los yanquis ya avanzaron con sus bases militares en Colombia, Ecuador y Paraguay para amedrentar a los pueblos y así quedarse con sus recursos naturales esenciales. Las cumbres valen tanto por lo que dicen, como por lo que callan.

Ahí están las tropas brasileñas, argentinas y chilenas en Haití, ocupando el país, después que los yanquis secuestraron al presidente Aristide y lo expulsaron. ¿Esa es la “gobernabilidad democrática”?

Bajo el slogan de “crear trabajo”, se esconde otra sucia intención, vinculada al ALCA, que es utilizar a los trabajadores latinoamericanos como mano de obra barata. Esto significa más flexibilización laboral y más “facilidades” para que las multinacionales puedan sacar libremente sus ganancias.

Son tan evidentes estos propósitos, que el vicecanciller argentino, Jorge Taiana, trató de disimular y salvar la imagen de Kirchner, diciendo que “algunos” de los participantes defendían las políticas de los noventa respecto al trabajo. Pero que “la mayoría no”. ¡Mayor caradurez imposible! ¿O acaso se van a reunir nada menos que con Bush para defender una política económica supuestamente “progresista”? ¿Acaso Kirchner derogó las leyes de flexibilización laboral que impuso Menem? Es impensable que estos personajes enfrenten los designios yanquis.

Lo único que cabe, a cualquiera que quiera oponerse al imperialismo, es repudiar esta Cumbre y unirse al clamor de millones que reclaman ¡Fuera Bush de Argentina! ¡Fuera yanquis de América Latina!


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