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Intifada en FranciaEl 27 de octubre Bouna Traore, de 15 años y Zyed Benna, de 17, murieron electrocutados cuando escapaban de la policía y se escondieron en un transformador. Ellos no habían cometido ningún delito. Simplemente eran “sospechosos” para la policía, por ser jóvenes de familias árabes y de un barrio pobre: Clichy-sous-Bois. El hecho fue la chispa que encendió los suburbios. Como en la intifada palestina, miles de adolescentes de los barrios pobres se lanzaron a enfrentar a la policía.
Las declaraciones del ministro del interior, Nicolás Sarkozi, llamando “basura social” a los manifestantes, y la actuación policial tirando gases lacrimógenos al interior de una mezquita, echaron nafta al fuego y extendieron la protesta a 300 ciudades. Hasta hoy se quemaron 4.500 vehículos, decenas de comisarías, escuelas y gimnasios. Hay 800 presos y decenas de heridos. El incendio no solo no disminuye con el paso de los días sino que se extiende. Hay enfrentamientos incluso en zonas céntricas de París, cerca de la Plaza de la República. El gobierno autorizó a los alcaldes a imponer el toque de queda que ya rige en barrios de la capital francesa. Incluso se han expresado temores de que el incendio se extienda a Alemania, Holanda, Bélgica e Italia. Los jóvenes en rebelión, que no responden a ninguna organización política, se coordinan mediante celulares y blogs de internet. En su gran mayoría son nacidos en Francia, hijos o nietos de inmigrantes del norte o centro de Africa. Sus orígenes familiares están en las ex colonias francesas, naciones destruidas, reducidas a la miseria por el colonialismo francés. Sus familias, radicadas en Francia desde hace décadas, son víctimas de un sistema social perverso que crea desocupación masiva. Por eso, aunque gran parte de los manifestantes se identifican como islámicos, no se trata de enfrentamientos religiosos, sino que tiene una directa motivación social. Crecieron en suburbios miserables, con altísima desocupación y empleos basura. El desempleo para los hijos de extranjeros es del 14% (mientras que entre el resto de la población es del 9%), y entre los graduados universitarios descendientes de norafricanos es del 26,5% (BBC de Londres). Pero la estadística no indica que la mayoría de los que sí están ocupados, tienen trabajos precarios y mal pagos. El ministro de Empleo y Cohesión Social, Jean-Louis Borloo, reconoció que el plan de “renovación urbana” de los “barrios desfavorecidos” con fondos de 29.000 millones de dólares...¡está paralizado desde hace 25 años! (si, leyó bien, 25 años de parálisis, parece Argentina) (La Nación, 6/11). Y 25 años en los que se turnaron gobiernos conservadores y socialdemócratas. Incluso en los últimos tiempos, con los sucesivos ajustes se recortaron aún más los recursos para ayuda social. Estos jóvenes sin empleo ni futuro, discriminados, tratados brutalmente por la policía, son los que queman lo que ven a su paso. Está claro que quemar autos, muchos de sus propios vecinos, no es un camino para terminar con el desastre social. Ni siquiera soluciona un problema inmediato como los saqueos de supermercados en Argentina, con los que miles de desocupados consiguieron comida. Pero es la forma que tuvieron a mano para rebelarse y expresar su odio al poder que los oprime y discrimina. |
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