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Se fue Lavagna...¡Pero quedan la inflación y los bajos salarios!Renunció Lavagna, pero los problemas quedan. Nada indica que la nueva ministra, Felisa Miceli, vaya aplicar medidas económicas a favor de los trabajadores. Mas allá del análisis de la noticia (ver panorama político de pág. 4), lo cierto es que el brutal aumento de los precios se sigue comiendo los bolsillos populares. La inflación anual, medida por los precios al consumidor, pasó del 3,4% en 2003 al 12% que se augura para este año. Una de las mayores del mundo. Según el INDEC, desde la devaluación, los precios promedios de los supermercados se duplicaron. Y seguirá el alza el año que viene. Entre el 12% de inflación augurado por el criticado empresario Alfredo Coto y el 11% escrito en el Presupuesto 2006, no hay casi ninguna diferencia. El “extinto” ministro Lavagna la justificó y adornó bajo una bella frase: “es natural que haya un reacomodamiento de precios relativos”. Entre ellos coinciden: “los aumentos duelen, pero son necesarios”. Pero no se trata de aumentos en los artículos de lujo. Lo que aumentan son la carne y la leche. Productos que si se consumen poco o nada, como ocurre en los hogares pobres, traen aparejadas severas enfermedades. “La anemia por deficiencia de hierro (vitamina que provee la carne), es la enfermedad que hoy tienen 600.000 menores de dos años (el 50% del total)”. (Zona- Clarín, 27/11). Esto incluso está dando para que el tema, se estudie en coloquios organizados por la FAO (Organización para la Agricultura y los Alimentos), que pertenece a la ONU, sobre por qué Argentina, que produce alimentos para dar de comer a 330 millones de habitantes por año, tiene la mitad de su población sumida en la pobreza. La inflación no se soluciona con “mayor transparencia y competencia del mercado”, como recomienda la kirchnerista Patricia Vaca Narvaja. Tampoco con acuerdos voluntarios, advertencias o retenciones que se han demostrado un verdadero fracaso. Por ejemplo, en estos días, La Serenísima y Sancor no sólo acaban de aumentar un 10 % la leche, sino que ese producto esencial, junto al yogurt, empezó a escasear. Ahora el presidente Kirchner ha anunciado una campaña de “seguimiento” de los precios y su involucramiento personal junto a las asociaciones de consumidores, gobernadores e intendentes (justo cuando en seis intendencias del conurbano anunciaron subas entre el 10 y 60% en las tasas municipales). Cristina Kirchner, a la que ya ni se la ve después de las elecciones, dijo que “es hora de que los empresarios pongan su cuota de responsabilidad social”, concepto que hizo recordar la frase del ministro de economía de Alfonsín, Antonio Pugliese, cuando le pidió lo mismo a los empresarios de entonces: “Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”, concluyó. La línea del “no compre”, ya fracasó con la Esso. Lo que hay que hacer es tomar medidas de fondo que el presidente se niega a implementar. Desde estas páginas ya hemos dicho que la salida pasa por derogar el IVA e imponer precios máximos a los productos de la canasta familiar; implementar un severo control de precios fiscalizado por sindicatos, organizaciones de consumidores y de desocupados; y aplicar la Ley de Abastecimiento que autoriza a multar, clausurar y hasta expropiar a toda empresa que viole esas medidas o acapare mercaderías, pudiéndose incluso meter presos a sus dueños. Los que más sufren con la inflación, sus verdaderas víctimas, son los salarios y jubilaciones. “El poder adquisitivo de los que trabajan...se redujo del 32% al 24% del PBI”, pérdida que fue a parar, “una parte al sector empresario y otra al superávit fiscal primario”. (Clarín Económico, 27/11). Quiere decir que entre los empresarios y los usureros de la deuda, se están llevando los ingresos populares. Esto demuestra que hay plata para dar un aumento de salario de emergencia sin que se traslade a los precios. Las empresas han hecho un colchón de ganancias que les permitiría afrontarlos sin ningún problema. Pero no es lo que ocurre en el modelo capitalista de Kirchner. Hugo Moyano, de la CGT, dijo en estos días que Lavagna no servía para combatir la inflación, dando la idea equivocada de que este flagelo se podría resolver con un simple cambio de ministro. No. Eso significa seguir cifrando esperanzas en un gobierno que no toma medida alguna contra los precios y encima viene haciendo campaña contra los que luchan. Para ganarle a la inflación no queda otra que seguir luchando. Y vaya si hay luchas. Un estudio revela que en el último mes hubo más huelgas que en 26 años (ver pág. 4). Son miles y miles los que están peleando. Trabajadores aeronáuticos, telefónicos, de sanidad, gastronómicos, de la construcción, alimentación, docentes de Chubut. ¿ Y cómo contesta el gobierno? Aplicando severas medidas para frenar esos reclamos, actitud que no aplica contra los empresarios formadores de precios. El ministro de trabajo, Carlos Tomada, declaró la conciliación obligatoria a los telefónicos que piden el 40% de aumento y la reducción horaria. Y a los sindicatos aeronáuticos les aplicó una multa histórica, de 10 millones de pesos, aplaudida en una solicitada por la patronal negrera de Aerolíneas diciendo que “no se registraba antecedente alguno en el último cuarto de siglo de justicia laboral”. Por eso hay que rodear de solidaridad a los conflictos en curso para que triunfen, mientras exigimos que la CGT y CTA dejen de apoyar al gobierno y llamen a un plan de lucha nacional, por un aumento de emergencia para todos los trabajadores del país, hasta alcanzar los $ 1.800 que necesita mínimamente una familia tipo para poder vivir dignamente. |
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