El Socialista

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Mercedes Petit

Noviembre-diciembre de 1956: UOM

Cuarenta días de huelga metalúrgica

La resistencia y reorganización del movimiento obrero, luego del triunfo del golpe gorila que derrotó a Perón en 1955, fue creciendo a lo largo de 1956. En noviembre se inició un gran conflicto en el principal gremio de entonces, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). En la misma tuvo una participación de primera línea el grupo trotskista que encabezaba Nahuel Moreno. (*)

Facsímil del reportaje a Moreno en Avanzada Socialista en 1973.

Facsímil del reportaje a Moreno en Avanzada Socialista en 1973.

Con la asunción de Aramburu y Rojas, en noviembre de 1955, se profundizó la ofensiva contra el movimiento obrero. Fueron intervenidos la CGT y los sindicatos. La mayor parte de los interventores eran militares. Cuando pretendieron avanzar también sobre las comisiones internas y los cuerpos de delegados, comenzaron a chocar con la masiva resistencia de la clase obrera. Perón mandó la orden de “meter caños”. Estallaban bombas por miles en todo tipo de edificios, sin víctimas humanas. El Partido Socialista alentaba a los interventores militares y a los sindicalistas amarillos llamados “libres”. El Partido Comunista denunciaba fundamentalmente a la jerarquía sindical peronista. Nuestro partido, en cambio, era el único que planteaba la necesidad de recuperar los sindicatos, utilizando los resquicio legal para empezar una lucha política contra la dictadura. Denunciábamos a la intervención, y decíamos que había que actuar en todos los sindicatos, aunque estuvieran los militares, para imponerles delegados combativos e ir reorganizando así al movimiento obrero, luchando contra las intervenciones. Eramos un pequeño grupo de un centenar de militantes, casi todos obreros. Desde la clandestinidad, habíamos retomado el nombre POR (Partido Obrero Revolucionario) y publicábamos Unidad Obrera.

El gremio metalúrgico

En 1956, pese al odio a la “Libertadora”, los trabajadores de conjunto estaban desorientados y confundidos. Los pasos que se iban dando hacia la reorganización tenían una vanguardia clara en el gremio metalúrgico. La ofensiva patronal alentó el surgimiento de activistas. Eran inexpertos, pero consultaban sistemáticamente a las bases. En los plenarios de la UOM de Avellaneda surgían como dirigentes de sus fábricas militantes de nuestro partido (en Carma, Ferrum, Siat y Tamet, entre otras), sindicalistas independientes como Víctor Masmún en La Matanza, y peronistas clasistas. En Philips de Capital se eligió desde la base una nueva comisión interna. El partido tenía varios miembros, pero el delegado de más peso era del sector de la burocracia peronista: se llamaba Augusto Timoteo Vandor.

Una huelga heroica

En las negociaciones del convenio la patronal se mantenía dura. El interventor de la UOM citó para el 15 de noviembre a un Congreso Nacional Extraordinario de delegados. Se trataría el convenio y la designación de una dirección provisoria del gremio.

El gobierno estaba en un momento crítico. En sus filas se discutía si poner o no plazo a la dictadura. Y al mismo tiempo había rumores sobre un golpe “nacionalista”, de un ala lonardista, encabezado por el general Bengoa. Había conflictos en la construcción, gráficos y navales. El vandorismo, apostando al golpe, maniobró con provocaciones y logró que, una vez cerrado el Congreso, y en la calle, se votara la huelga. Nuestro partido, que venía rechazando que se saliera al conflicto en forma aislada y sin preparación, ante estos hechos se puso al frente para que triunfara. (ver recuadro)

El paro fue total y de inmediato fue declarado ilegal. La patronal no cedía y había despidos. A fines de noviembre eran más de cuatrocientos los obreros presos y siguieron las detenciones. Entre el 23 y el 24 de noviembre fue abortado el intento de sublevación dentro del ejército. Aramburu y Rojas quedaron fortalecidos políticamente.

Por su parte, el Comité de Huelga, y toda la militancia de nuestro partido impulsaba los piquetes y el boletín de huelga diario. Se formaron en Avellaneda comisiones barriales para juntar dinero para el fondo de huelga y difundir el conflicto. El 1º de diciembre el gobierno montó una trampa y encarceló a parte de la dirección.

El 8 de diciembre un laudo arbitral ofrecía mantener las condiciones de trabajo del convenio firmado bajo Perón en 1954 y aumentos para todas las categorías. Se hacía cada vez más difícil mantener el paro. Había centenares de despidos y detenidos. Algunas seccionales del interior defeccionaban, y el vandorismo en Capital había comenzado a carnerear. En la conducción nacional de la huelga, al mismo tiempo, se había fortalecido el ala clasista. Pero sectores burocráticos afines a la intervención y a la patronal estaba jugando un papel entregador, acentuando el desgaste de la lucha.

El 26 de diciembre, el Plenario Nacional Metalúrgico votó levantar la huelga en todo el país a partir de la hora cero. Los delegados de nuestro partido votaron contra la autodisolución del Plenario Nacional. En Avellaneda no se autodisolvió, para garantizar la vuelta organizada al trabajo. Y el conflicto siguió donde había presos y despidos, como Catita, Siam, Tamet y Carma.

La derrota metalúrgica no cortó el ascenso. Entre 1957 y 1959 se dieron oleadas de huelgas, surgieron las “62 Organizaciones” y se recuperó la CGT. Y quedó esa experiencia de una gran batalla codirigida por una dirección no burocrática, surgida de la reorganización democrática desde las bases del movimiento obrero.

(*) Para más información respecto a la huelga, ver El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina. Ernesto González (Coordinador), Tomo 2, Ediciones Antídoto.


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