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PANORAMA POLITICO

Se fue Lavagna, sigue el doble discurso

La renuncia de Lavagna es algo más que un simple cambio de gabinete por las elecciones. Aunque no lo quieren reconocer significa una minicrisis política en el seno del gobierno. Se va el ministro más importante. ¿Cuáles son las causas de su caída? ¿Sólo el choque con Kirchner por su prescindencia en la pelea contra el duhaldismo y los roces con De Vido? ¿O también pesan la vuelta de la inflación y las luchas salariales? ¿Se inicia un giro “a izquierda” económico y político, como dice La Nación, con las designaciones de Felisa Miceli, Nilda Garré y Jorge Taiana? ¿O se refuerza el doble discurso kirchnerista, pensando desde ya en las elecciones del 2007?

La caída del ministro de Economía Roberto Lavagna es una cuestión política importante para el actual gobierno, así como para la gran patronal y el imperialismo. No es un tema menor. Fue el ministro supuestamente exitoso del canje de la deuda y de la salida de la crisis económica que tenía el capitalismo argentino en el 2002. El gobierno lo quiere hacer pasar como el lógico cambio de gabinete pos elecciones. Pero solo Bielsa, Alicia Kirchner y Pampurro fueron elegidos parlamentarios y debían ser reemplazados.

Incluso la renuncia o «echada» de Lavagna no ha sido bien recibida popularmente. Aunque lo quieran disimular, el hecho de no haber podido evitar ese brusco cambio significa una minicrisis política en el seno del gobierno y del PJ, que muestra dificultades políticas, económicas y sociales.

Entonces ¿Por qué Kirchner se desprende de Lavagna? Varias son las causas, pero hay que ver cuál es la de fondo. Es evidente que Lavagna no era del “riñón” kirchnerista. No era un “pingüino” de su extrema confianza. Lavagna fue parte de la gestión presidencial de Eduardo Duhalde. Y Kirchner lo tuvo que mantener como parte del intento de superar lo peor de la crisis económica y política en que estaba sumido el país después del Argentinazo. Pero Lavagna siempre tuvo su juego independiente y su ligazón con el duhaldismo nunca se cortó. Por eso no quiso intervenir en la campaña electoral, en donde el centro para Kirchner fue denostar y barrer a Duhalde. Ahora, el ex ministro lo está pagando.

También entre las causas de su caída está el enfrentamiento permanente, solo a veces disimulado, con Julio De Vido, el ministro de Planeamiento y de la Producción. El punto que rebalsó el vaso fue la denuncia de Lavagna, basado en un informe del Banco Mundial, de que había una “cartelización” de las empresas de la construcción, que se ponían de acuerdo para compartir sobreprecios en las licitaciones de obras de vialidad. O sea, que estafaban al Estado. Pero el detalle es que esas obras y licitaciones las controla el “pingüino” De Vido. Con lo cual Lavagna puso sobre el tapete una posible corrupción en su ministerio. Kirchner, además de defender a De Vido, lo consideró un ataque directo a su persona.

La inflación y el crecimiento de las luchas salariales

Parece claro que Kirchner aprovechó estos hechos para sacarse de encima a Lavagna y poner a alguien que pueda manejar directamente, como es el caso de Felisa Miceli. Pero la causa de fondo hay que buscarla en la coyuntura en que se produce este cambio.

La caída de Lavagna se produce en momentos que viene creciendo la inflación y los conflictos sindicales por el salario. El aumento de la inflación, fundamentalmente de los productos de primera necesidad, como la carne y los lácteos, se ha convertido en un problema político para el gobierno. Lo desgasta y además incentiva los reclamos y la lucha salarial. O sea, crece la conflictividad social, cuando el gobierno y las patronales quieren parar los aumentos en los salarios, porque les hace bajar la tasa de ganancia.

El gobierno, después de las elecciones, intentó concretar una especie de “pacto social” entre la patronal y la burocracia sindical, y no pasó de una reunión entre la UIA y Moyano. Un trabajo realizado por el Centro Nueva Mayoría revela que, en octubre pasado, hubo un total de 84 paros y medidas de fuerza. Las protestas sindicales en octubre fueron las más altas de este mes desde hace 26 años (Perfil, 27/11).

En noviembre las luchas no bajaron. La huelga de los trabajadores de Aerolíneas Argentinas es un ejemplo del grado de conflictividad actual. Siguen pendientes telefónicos y otros sectores que entran en paritarias.

Es por eso que, ante el malestar popular, la semana anterior Kirchner tuvo que salir a acusar a Coto y a Jumbo de la suba de precios. Pero no pasó de allí, ya que el gobierno no adopta ninguna medida de fondo contra los supermercadistas. El 2006 se viene con más complicaciones para el gobierno, cuando es el año previo a las presidenciales del 2007. Las privatizadas reclaman por las tarifas o por más subsidios. El FMI también aprieta en ese mismo sentido y reclama que se pague la deuda.

En este marco Kirchner decide sacarse de encima a Lavagna. Quiere tener alguien de su confianza para afrontar lo que viene. Lavagna era consciente de que ciertos ajustes había que hacer. Por ejemplo, no manejaba el gasto presupuestario de De Vido, quien podría estar pagando de más en las obras públicas de su área, dándole un uso político a su abultado presupuesto a favor de los planes electorales de Kirchner, o podría otorgar demasiadas concesiones (obras sin licitar, créditos baratos) a algunos grupos económicos ligados al gobierno, como Techint. No se trataba de que hubiera diferencias de fondo en el plan económico entre Lavagna y Kirchner. Los dos acordaban en su política ante el FMI, la deuda, las privatizadas y, fundamentalmente, en no ceder aumentos a los estatales y docentes. Así se había fijado en el presupuesto enviado al Congreso. Las diferencias eran parciales. Lavagna insistía, por ejemplo, en no ceder en el aumento del gasto público para beneficiar a determinados grupos patronales en detrimento de otros. Se dice que la denuncia del Banco Mundial contra las constructoras argentinas, de la que se hizo eco Lavagna, buscaba la entrada de empresas extranjeras.

El punto fuerte de Felisa Miceli sería que responde a ciegas a lo que diga Kirchner. Los antecedentes de la flamante ministra como economista no son muy grandes. No pasan de haber sido presidente del Banco Nación y de integrar el Consejo editorial de la actual revista Caras y Caretas.

¿Un giro a izquierda?

De manera sorpresiva algunos medios de prensa, como La Nación y otros, calificaron el cambio de gabinete como “un corrimiento hacia la izquierda” (Joaquín Morales Solá, La Nación, 29/11). Al mismo tiempo, contradictoriamente afirman que “Felisa Miceli será la continuidad de Roberto Lavagna en las ideas de la política económica reinante” (ídem).

Hablan de una posible ida a izquierda por el conjunto de las designaciones. Entre ellas, las de Nilda Garré en Defensa y Jorge Taiana en Cancillería, por sus antecedentes de JP setentista. Nilda Garré fue mujer de Abal Medina y manejaba el auto que irrumpió en la embajada de México en 1976, que inició el exilio del ex dirigente de la JP. Taina estuvo seis años preso bajo la dictadura.

Es claro que la designación de Nilda Garré, actual embajadora en Venezuela, como ministra de Defensa, suena como algo provocativo para los militares. Pero también es bueno recordar que Garré apoyó, en su momento, a Bordón, actual embajador en EE.UU., y luego se integró al Frepaso, como parte de la Alianza que encabezaba Fernando De la Rúa. Pero el centro del nuevo gabinete no pasa por un giro a izquierda ni antiimperialista. Se trata simplemente de homogeneizarlo con unanimidad de “pingüinos”, manejables por Kirchner sin demasiadas críticas. Podríamos decir que se trata del gabinete armonizado en el doble discurso, sin voces disidentes. La jugada posiblemente esté orientada hacia la preparación de la reelección de Kirchner en el 2007. Un gabinete que tenga una forma más populista, aunque siga, en lo económico, el plan de las multinacionales y de la gran burguesía nacional. En este marco no se pueden descartar medidas cosméticas y de cierto impacto como en derechos humanos se dio con la ESMA o bajando el cuadro de Videla. U otras medidas parciales en el plano económico.

Es evidente que en la interna del gabinete anterior triunfó Julio De Vido, avalado por Kirchner. Pero De Vido, que fue el que armó las negociaciones y acuerdos económicos con Chávez, ¿impulsa una línea de ruptura con los grandes grupos económicos y las privatizadas? Exactamente lo opuesto. Los negocios acordados con Venezuela beneficiaron, entre otros, a Repsol-YPF, Techint y Pescarmona. El ministro De Vido es el que avaló el aumento reciente de los subsidios a las privatizadas del tren y del transporte automotor.

Tampoco los empresarios y los banqueros esperan un “corrimiento a izquierda”. “El rumbo económico no es de Lavagna sino del Presidente”, dijo Héctor Méndez, presidente de la UIA. “Las decisiones son del Presidente, no estamos previendo cambios en la macroeconomía”, señaló Miguel Altuna, de Sancor. Carlos Heller , titular de la Asociación de Bancos Públicos y Privados (Abapra) no pudo “ocultar su satisfacción por la designación de quien hasta ayer era su compañera en el directorio de Abapra” (Clarín, 29/11).

El centro de la escena son las luchas del movimiento obrero

De lo que no hay dudas es que el centro de la escena nacional sigue siendo el ascenso de las luchas obreras y populares. En especial las del salario. La semana pasada iniciaron un plan de lucha los trabajadores telefónicos. Ahora solo ha tenido un paréntesis. Está en desarrollo una dura lucha que es la de los trabajadores de Aerolíneas Argentinas por su salario y contra los despidos. Los choferes de la línea 93 pelean contra el cierre de la empresa. Y otros sectores pueden entrar en conflicto en las discusiones de paritarias en los próximos meses. Los ferroviarios y los usuarios reclaman contra el mal servicio de TBA y otras concesionarias, por los salarios, la reestatización de los trenes y en defensa de los trabajadores procesados.

Los trabajadores y el pueblo no necesitan nuevos ministros sino un nuevo plan económico al servicio de sus necesidades, que arranque del no pago de la deuda externa para volcar la plata del superávit fiscal y de las exportaciones, a dar un aumento de salarios de emergencia, trabajo, salud y educación. El camino de los cambios de fondo viene de la mano del apoyo a todas las luchas y de coordinarlas para que triunfen hacia un Plan de Lucha nacional unitario por esos objetivos.


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