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Graciela Calderon
Escribe:
Graciela Calderón
Directiva SUTEBA-La Matanza desde Neuquén

Las tizas no se manchan con sangre

Esta semana viajé a Neuquén a llevar la solidaridad de los docentes de la lista Violeta de Matanza y de Docentes en Marcha e Izquierda Socialista. Tuve el honor de ver la rebelión de un pueblo harto de la dictadura provincial del MPN de los Sobisch y Sapag, indignado y conmovido por el fusilamiento del docente Carlos Fuentealba. Miles de docentes, pese al dolor y el impacto por el asesinato, juntaron fuerzas y decidieron salir a exigir castigo y aumento salarial.

Protesta frente a la casa de gobierno de Neuquén

Protesta frente a la casa de gobierno de Neuquén

Faja puesta en todas las puertas de entrada de las escuelas de Neuquén

Faja puesta en todas las puertas de entrada de las escuelas de Neuquén

El “viernes santo” el micro que me llevaba a Neuquén no pudo llegar hasta la terminal. Las docentes nos “recibían” con un corte en el puente carretero. Bajé y vi decenas de grupos de maestras que, sentadas en ronda de mate y bloqueando la ruta, discutían sobre la asamblea del día anterior.

Con 1.300 votos habían aprobado mantener la huelga y los cortes del Puente Carretero y Centenario (que unen a Neuquén con Río Negro), exigiendo la caída de los ministros y el gobernador, responsables del asesinato de Fuentealba, sin olvidar que el reclamo salarial fue lo que motivó la feroz represión. Todos en el micro se bajaron, y sin protestar, pasaban caminando el puente, hasta dando aliento. Muchos vecinos traían solidaridad, alimentos, leña.

Los carteles de Fuentealba y las banderas de cada seccional de ATEN y de las distintas agrupaciones rodeaban a los grupos. Allí encontré a mi compañera Angélica, mientras la entrevistaba una radio. Ella me presentó docentes y escuelas presentes, que se sorprendían gratamente. “Qué bien, en vez de ir de turismo, viajaron para ayudarnos”, lo que me enorgullecía. Una contundente imagen de Neuquén en lucha daba la bienvenida.

Miles organizados para luchar

Del corte fui al plenario de secretarios generales, donde no sólo me permiten ingresar y me nombran, sino que los directivos de las minorías pueden hablar como uno más. ¡Qué diferencia con SUTEBA!

Entre otras medidas, definen un acto homenaje en el puente. Un plan de escarches a la jefatura de policía, la casa de gobierno y de los ministros asesinos, que se realizaron el sábado. Se convoca la marcha del lunes. Los mandatos seccionales son contundentes: repudian la posible presencia de Hugo Yasky en la marcha, ante el abandono de CTERA al conflicto, aislándolo y “traicionando a la docencia neuquina”.

En el puente esa noche el acto fue muy emotivo, con más de 3.000 personas y oradores como Alcides Christiansen, que recordaban la militancia de Carlos y sus valores, algo remarcado por todos. En el corte a cada instante se ocurrían propuestas de actividades y rápidamente sumaban compañeros. No participaban más sólo por la falta de autos. El domingo me conmovió el acto homenaje en la escuela de Carlos.

La Marcha histórica del lunes

A las 5 de la mañana fuimos a colocar fajas en las escuelas: “escuela cerrada por fusilamiento a un compañero”. El paro fue total. A las 9 se concentraban en el monumento a San Martín para marchar hasta casa de gobierno, que había sido pintada de negro y empapelada. Llegaban grupos de escuelas, personas solas, trabajadores de hospitales, bancarios, municipales, de Zanón. Con carteles que decían todo por si solos.

Cada una de las presencias y adhesiones eran aplaudidas. Me llamó la atención el silencio ante el saludo de la CTA. Dicen que fueron 23 cuadras, que nunca en la historia hubo una marcha así, ni cuando los indultos de Menem. Me impactó la gente llorando y aguerrida, combativa, una dualidad que cruzó todas las actividades en donde participé.

Pese a la lluvia y el frío, se decidió mantener una vigilia en la casa de gobierno y volver a los cortes, que siguieron siendo masivos. El odio a Sobisch y a la policía cruzaba el aire.

Mientras veía los grupos de docentes en el piquete discutiendo las mociones que presentarían en las asambleas del lunes, crucé el puente a pie, rumbo a Buenos Aires.


“Para Carlos, la escuela debía estar al servicio de los obreros”

Sandra, esposa de Carlos, y Patricia, directora de su escuela

Sandra, esposa de Carlos, y Patricia, directora de su escuela

Entrevistamos a Patricia Varela. Directora y delegada CPEM 69, escuela de Fuentealba

El domingo invitaron a Graciela Calderón a la escuela de Carlos. Allí habló con su directora, quien señaló:

“Carlos fue un gran docente, muy paciente. En estos 4 años que compartimos nunca me pidió un parte de amonestaciones, siempre se las ingeniaba para comprender a los alumnos. Siempre me decía que la escuela debía estar al servicio de los obreros, impulsaba un proyecto pedagógico donde el objetivo era dar facilidades para que los albañiles u otros trabajadores terminaran la escuela. El era delegado y siempre íbamos a las asambleas y piquetes que el gremio organizaba.

Cuando yo me desalentaba me decía: “no te hagas problema, ya vamos a lograr lo que pedimos y si no, haremos fondo de huelga”. Por eso sentí mucha bronca con CTERA, no nos dio el apoyo nacional que necesitábamos y quizás esto no hubiera pasado. Quiero que se haga Justicia para Carlos, que alguna vez un gobernante pague por matar a un trabajador. Sé que esta lucha será larga pero voy a luchar para que su muerte no sea en vano. Entre todos hemos decidido impulsar que la escuela lleve su nombre”.


Su esposa y compañera, Sandra Rodríguez

En el mismo acto del CPEM 69, cuando se esperaba que Sandra no asistiera y sí fuera a la marcha del lunes, nos sorprendió con su presencia y voluntad. Sandra era un solo dolor. Allí dijo: “les quiero decir a sus alumnos que su profesor no fue solo un maestro para ustedes, sino también para sus hijas y para mi. Nos conocimos militando en un partido político y aunque luego dejamos, él seguía siendo un militante de la vida. Y para aquellos que dicen que los docentes trabajamos 5 horas y que por eso no nos merecemos un salario digno, les digo que Carlos trabajaba mucho más de cinco horas y por pelear por un proyecto de vida perdió la suya. Él fue un gran ejemplo. Por luchar por un salario digno fue fusilado. Esa fue la respuesta que tuvo el “señor gobernador Sobisch”, como algunos le dicen, a nuestro justo reclamo.”


Sus alumnas

Alumnos de la escuela de Carlos, junto a sus padres. Entre ellos Graciela Calderón

Alumnos de la escuela de Carlos, junto a sus padres. Entre ellos Graciela Calderón

Silvia fue su alumna durante el 2005 y lo recuerda con amor. “Él fue el único profesor que nos dejaba presenciar sus clases con mi hija a cuestas, siempre me decía que no me hiciera problemas si la nena molestaba. Porque consideraba que para una mamá era más difícil organizar para estudiar y cuidar su hogar, y que por eso él me iba a ayudar. Quiero que Sobisch se vaya porque será la única manera que se haga justicia”.

Carolina, actual alumna, dijo: “Lo voy a recordar como un trabajador, padre de familia, vergonzoso, luchador y humilde. Cuando estábamos mal nos hacía sonreír para que nos sintiéramos bien y saliéramos adelante. ¡Profesor Carlos, nunca lo olvidaremos!”


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IS

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