Jun 14, 2021 Last Updated 1:51 PM, Jun 13, 2021

El sábado 7 de noviembre se confirmó que el presidente yanqui Donald Trump perdió las elecciones, aunque él sigue diciendo que le hicieron fraude. Esto se da en medio de la pandemia y en la crisis más grave del capitalismo mundial.

Desde la UIT-CI compartimos el festejo de los trabajadores, el movimiento antirracista, el movimiento de mujeres, el movimiento ambientalista y la mayoría del pueblo estadounidense, así como en otros países. Salió derrotado el presidente y multimillonario derechista, imperialista, racista y misógino que negó el coronavirus, desmanteló el sistema de salud, defendió a la policía asesina de George Floyd y sometió a los pueblos del mundo con sus planes de saqueo a favor de las grandes transnacionales y los banqueros. Trump era el presidente del capitalismo imperialista que solo ofrece hambre, desigualdad social y es una amenaza para el planeta con la destrucción ambiental, llegando al extremo de negar el cambio climático producido por el uso irracional de recursos que hacen las transnacionales y los gobiernos capitalistas.

Que festejemos la derrota de Trump no implica apoyar o tener alguna expectativa en Joe Biden, quien ganó en nombre del otro partido patronal imperialista, el Partido Demócrata. Biden fue el vicepresidente del gobierno de Obama, no solo no solucionó los problemas de los trabajadores, los afrodescendientes o el pueblo pobre, sino que ante la crisis capitalista de 2008 salvó a los bancos y las multinacionales e impulsó también los planes de hambre en el resto del mundo.

Por eso la clase trabajadora y los pueblos del mundo no deben depositar ninguna esperanza en Biden, pero sí en las y los trabajadores, en el movimiento antirracista y de mujeres en lucha de los Estados Unidos que enfrentaron a Trump en las calles.

La derrota electoral de Trump es también una gran derrota política para toda la ultraderecha mundial, para los Salvini, Le Pen, Bolsonaro, los Orban de Hungría, el partido Vox del Estado español, los neonazis de Alemania, o de Aurora Dorada, de Grecia.

La derrota de Trump es la expresión electoral de la rebelión antirracista por el crimen de George Floyd y la crisis del Covid-19

Muy pocas veces un presidente de los Estados Unidos no ha sido reelecto. En los últimos cien años sólo cuatro no fueron reelegidos. Trump quedará en la historia como el quinto.

La participación electoral fue la mayor en la historia en un país donde el voto no es obligatorio y hay que inscribirse, y se aplican toda clase de maniobras para suprimir votantes en las distintas legislaciones de los estados. La participación llegó al 66% de los inscriptos, 155 millones. También fue récord el voto por correo, que llegó a cien millones pese a todos los intentos de Trump por disuadirlo y entorpecerlo.

Millones fueron a votar para sacarse de encima a Trump por el odio a su racismo, a la represión policial y a su negación del Covid-19. La derrota de Trump se explica porque antes estuvo la rebelión antirracista que se desató, a fines de mayo, por el crimen policial de George Floyd. Fue una rebelión nacional, con movilizaciones callejeras convocadas por el movimiento #BlackLivesMatter (Las vidas de las personas negras importan) en todas las grandes ciudades y que llegó a movilizar más de 20 millones de personas, superando las manifestaciones contra la guerra de Vietnam. El gobierno se dividió, no pudo sacar las tropas a las calles. El jefe del Pentágono, Mark Esper, y el jefe de las Fuerzas Armadas no estuvieron de acuerdo. Trump quedó entonces muy debilitado. Se puso en evidencia una crisis política. Ahora Trump “despidió” a Mark Esper por su cuenta de Twitter.

La rebelión antirracista se combinó con el desastre del tratamiento que dio Trump al Covid-19. Su negacionismo llevó al descontrol de la pandemia y que Estados Unidos sea el primer país de contagiados (10 millones) y muertos (240.000) por el Covid-19.

Una extrema polarización de la sociedad estadounidense a favor y en contra de Trump

El resultado electoral expresó la extrema polarización política y social que existe en el país y todas las contradicciones de la sociedad estadounidense.

Millones se volcaron a votar contra Trump dándole el triunfo a Biden. Pero también ha sorprendido a muchos que millones le dieron el voto a Trump.

Aunque Biden no logra un triunfo contundente, como habían previsto las encuestas, consigue el récord de 74 millones de votos para la fórmula del Partido Demócrata, nueve millones más que los logrados por Hillary Clinton en las elecciones de 2016. Pero Trump no dejó de hacer una buena elección y llegó a 70 millones, superando en ocho millones su elección de 2016.

Biden capitalizó el descontento popular y social contra Trump. De hecho, no hizo campaña poniendo énfasis en su programa, sino sobre todo “para salir de Trump”. Logró tener una diferencia en el voto popular de cuatro millones por sobre Trump. Sin embargo, por el sistema de votación indirecto de elección, a Biden le costó llegar a superar los 270 electores (estaría logrando 294) que se necesitan para triunfar en el Colegio Electoral. Un sistema antidemocrático que da electores por cada estado, sin proporcionalidad. El que gana se lleva todos los electores en cada estado. Por eso en 2016 Trump ganó la presidencia, aunque Hillary Clinton había obtenido tres millones de votos más que el republicano. Bush también ganó en 2000 con menos votos que el demócrata Gore.

El resultado electoral echó por tierra las maniobras de Trump para desconocerlo alegando fraude y recurriendo a la Justicia y a la movilización de su base para bloquear el conteo de votos; en ambos sentidos sus intentos fracasaron.

Trump pierde pero se consolida como líder de una extensa franja social ultraconservadora, reaccionaria y racista

Muchos, en Estados Unidos y el mundo, se preguntan cómo un personaje tan reaccionario y repudiable como Trump pudo lograr 70 millones de votos y ganar la elección en estados importantes, con gran parte de población latina y negra, como Texas y Florida.

El voto a Trump pone de manifiesto la extrema polarización social que existe en los Estados Unidos, que no tiene punto de comparación con otros países.  Trump se apoya en millones de personas de la tradicional base social de racistas, neofascistas, grupos de odio de supremacistas blancos, milicias armadas de la derecha, de xenofobia visceral, odio a feministas, ambientalistas, como también de una base popular de granjeros de las zonas rurales donde predomina el fundamentalismo evangélico. Pero también de una franja de trabajadores blancos del viejo cordón industrial en decadencia por la crisis capitalista. No hablamos de la totalidad o la mayoría de los obreros industriales, que tradicionalmente votan a los demócratas. Pero existe esa franja de trabajadores marginados y desencantados con el sistema que en su desesperación dan el voto a un personaje como Trump.

Esta polarización ha crecido con la crisis social combinada con la rebelión antirracista, el crecimiento del movimiento obrero, de mujeres o contra el cambio climático. Millones creen en el discurso “locoide” de que Biden puede “llevar al socialismo”, que se “va a Cuba y Venezuela” y que Biden es parte de la “ultraizquierda” que va a “destruir” los Estados Unidos. A mayor crisis social, crisis económica y luchas populares, mayor crecimiento del polo racista y fascistizante.

También muchos analistas se sorprendieron con el leve crecimiento de votos de Trump en sectores de población latina y negra. Cosa que es cierta. Pero siempre los republicanos han tenido votos en la franja latina y negra. Por ejemplo: “En 1984, el 37 por ciento de los latinos votaron por el republicano Ronald Reagan; el 40 por ciento votó por George W. Bush, también republicano, en 2004” (Isvett Verde, The New York Times, 6 de noviembre de 2020). Muchos votos latinos y de la población negra a Trump se dieron por el desencanto que provocó el gobierno de Obama. Pero la esencia de ese leve crecimiento se explica por el histórico aumento de votantes. Por eso aumentaron los votantes latinos y negros tanto para Trump como para Biden. Pero el 87% de las y los electores negros votaron contra Trump, fue un voto decisivo para su derrota (datos Reuters, 4/11). Y, pese al voto cubano de derecha en Florida, a nivel nacional dos tercios de los votos latinos fueron contra Trump.

En síntesis, Trump perdió, pero consolida su base social y va a intentar quedar como alternativa para las elecciones de 2024. El trumpismo no deja de ser una expresión de la crisis del Partido Republicano. Trump llegó a presidente por la falta de figuras de peso luego del fracaso de George Bush (h), el mismo que ya expresó sus diferencias con Trump enviando un saludo de reconocimiento a Biden.

Un cambio de mando del imperialismo yanqui en medio de su crisis global

El cambio de jefe imperialista también fue festejado en las alturas. La derrota de Trump fue bien recibida por sus competidores y aliados de las grandes potencias capitalistas como la Unión Europea (UE), el Reino Unido, el Vaticano o Canadá. Biden fue, rápidamente, felicitado por Angela Merkel, Emmanuel Macron, Pedro Sánchez y el Papa, entre otros. Rusia y China guardan silencio, por ahora. Todos ellos esperan un mejor trato y una apertura de nuevas negociaciones en medio de la profundización de la crisis económica mundial.

El triunfo de Biden y los demócratas no solucionará la crisis global que sufre el sistema capitalista imperialista. Se vive una de las más graves crisis de la historia del capitalismo combinada con la pandemia del coronavirus, sin solución a la vista aún. Trump no hizo más que meter leña al fuego de la crisis con sus “guerras económicas” y sus políticas de ajuste mundial. Con Biden es previsible un cambio en donde vuelva a primar la negociación, tanto con sus pares de las potencias capitalistas como con los gobiernos de las semicolonias. Volverá la vieja combinación imperialista de “zanahoria con garrote”.

Pero no hay posibilidades de que Biden supere la crisis política global capitalista. Además, está inmerso en la propia crisis política y social de su país, que todavía tendrá otros capítulos con el intento de Trump de seguir desconociendo el resultado electoral y posiblemente con mayoría republicana en el Senado. Crisis política que, probablemente, se seguirá expresando durante el gobierno Biden-Harris.

Lo seguro es que Biden no representa ningún cambio positivo para la clase trabajadora y los sectores populares de los Estados Unidos y del mundo. Biden y el gobierno imperialista del Partido Demócrata va a gobernar en nombre de las multinacionales, el capital financiero y el FMI. Al comienzo de su gobierno (asume el 20 de enero) adoptaría algunas medidas cosméticas, como quizás adherir al limitado Acuerdo de París del cambio climático, o volver a la Organización Mundial de la Salud (OMS), de donde se retiró Trump. Pero el centro de la política de Biden será seguir, con “rostro humano”, tratando de descargar la crisis sobre las y los trabajadores, con nuevos planes de ajuste y hambre impuestos por las multinacionales y el FMI.

La unidad de los trabajadores, las trabajadoras y los pobres del mundo será la poderosa herramienta para seguir enfrentando al imperialismo yanqui, a sus gobiernos aliados y a sus planes de recortes y ajustes. En la perspectiva de lograr gobiernos de la clase trabajadora que abran el camino del cambio de fondo, de terminar con el capitalismo y avanzar hacia un verdadero socialismo.

Desde la UIT-CI llamamos al pueblo trabajador estadounidense, al movimiento de mujeres, antirracista, ambientalista, a seguir movilizados por sus urgentes reclamos ante el nuevo gobierno y a formar una nueva alternativa política independiente. Hay que ofrecerle una alternativa a las y los miles que salieron en todo el país a festejar la derrota de Trump. Una alternativa al bipartidismo capitalista imperialista. Un nuevo partido o movimiento de izquierda unitario e independiente que represente verdaderamente los intereses de la clase trabajadora, la juventud y el movimiento antirracista.

Unidad Internacional de las y los Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI)

10 de noviembre de 2020

 

 

 

 

¡Luchemos por una salida independiente ante la crisis y por un gobierno de los trabajadores!

En las alturas del descompuesto régimen político, el Congreso ha vacado al gobierno de Vizcarra. De esta manera, AP, SP, PP y APP, los partidos del régimen, cambiaron oportunistamente su posición, rompiendo coyunturalmente el Pacto Perú que negociaron con Vizcarra, sacándolo del gobierno con el único objetivo de negociar mejor y sin intermediarios sus intereses patronales para repartirse el botín que, con la reactivación económica neoliberal, les roban a los trabajadores formales, informales y a los pueblos. Desde el Partido de los Trabajadores Uníos y nuestro compañero Enrique Fernández, votamos a favor de la vacancia desde una perspectiva independiente, de la clase trabajadora y anticapitalista: Vizcarra se debía ir por corrupto, pero también por explotador y por ser, junto a la Confiep, el responsable de los salarios y las pensiones de hambre, de los siete millones de despidos y del salvataje a los grandes empresarios. Llamamos a los trabajadores a no dejarse estafar por ninguna de las dos facciones en pugna. No defender a Vizcarra ni confiar en Merino y su nuevo gabinete. Los trabajadores y los pueblos debemos ganar las calles contra el actual gobierno de Merino que, gracias a la Constitución heredada del fujimorismo, se queda ahora con el poder para usarlo contra el pueblo trabajador siguiendo la detonada cadena de mando del Estado capitalista. Los trabajadores y el pueblo debemos movilizarnos para conquistar las medidas urgentes para salir de la crisis, no para cuidar a Vizcarra o a Merino, ni esperar algo bueno de la estafa electoral 2021. Necesitamos poner en pie la unidad de las luchas y luchadores por un inmediato aumento de salarios y jubilaciones sin AFP, para anular los decretos de urgencia 14 y 16, para terminar con la suspensión perfecta de labores, prohibir los despidos y suspensiones, repartir las horas de trabajo e incorporar a los miles de desocupados e informales al trabajo formal, terminar con los CAS y la tercerización. Exigimos un inmediato aumento de presupuesto para la salud y la educación no menor a 8% del PBI, terminar con la especulación de la salud privada que hace negocios con más de 30.000 muertos por Covid-19. ¡Por una salud y educación 100% pública, laica, gratuita y de calidad! Rechazamos la política neoliberal de Vizcarra y la de Merino, que representa la continuidad, y exigimos plata para empleo, salud, educación y que se termine con los subsidios a los grandes empresarios que se llevaron más de S./130.000 millones de soles en los últimos diez años mientras el pueblo vive en la pobreza y la informalidad. ¡Este modelo no va más! Luchemos por una asamblea constituyente libre y soberana sin restricciones que garantice la participación de todas las organizaciones obreras, sociales, populares, campesinas, de las mujeres y la juventud para terminar con la Constitución del ’93, que solo privilegia a los ricos, sostiene la explotación y permite el pasamanos del gobierno en manos de los poderosos. Luchemos en las calles por un gobierno de los que nunca gobernaron, por un gobierno de las y los trabajadores y el pueblo para que la crisis la paguen los capitalistas, no los trabajadores. ¡Abajo el ajuste neoliberal de Vizcarra, la Confiep y Merino contra el pueblo trabajador! ¡Luchemos en las calles por salario, jubilaciones y para terminar con los despidos y las suspensiones! ¡Más plata para empleo, salud y educación, no para los capitalistas! ¡Asamblea constituyente libre y soberana! ¡Por un gobierno de los trabajadores y los pueblos!

Partido de los Trabajadores - Uníos, 10/11/2020

¡Construyamos el Partido de los Trabajadores-Uníos!

Desde hace más de veinte años nuestra corriente, Alternativa Socialista, trató denodadamente de construirse como una alternativa socialista revolucionaria en Ayacucho. Hemos hecho nuestra experiencia, desde un pequeño grupo fundacional, que apenas “cabía en un sillón”, como decía Lenin, hasta un grupo de vanguardia de compañeros fieles a la causa de Marx, Lenin, Trotsky y Moreno. ¿Trotskismo en Ayacucho?, sí compañeros, desde el bastión histórico del maoísmo y del estalinismo, en un combate a muerte contra el frentepopulismo, el reformismo y el socialismo del siglo XXI. Por nuestra corriente han pasado innumerables compañeros, retirados porque fueron ganados a la vida y porque no les ofrecimos comodidades ni puestos estatales, a partir de acondicionarnos al facilismo de apostar por cualquier proyecto burgués o de izquierda reformista, solo les ofrecimos socialismo, sacrificio y entrega concentrada en la clase trabajadora y sus aspiraciones.

Desde nuestros inicios hasta ahora hemos demostrado coherencia programática y política, luchando siempre y en donde sea por nuestros postulados, a pesar de estar en minoría, recibir insultos y otras diatribas. En la universidad, Frente de Defensa, sindicatos y lugares donde nos ha tocado intervenir, lo hemos hecho siempre con honestidad y moral revolucionaria, entregando lo mejor a nuestra clase y pueblo.

Hoy, que los partidos burgueses y reformistas de toda laya no tienen ninguna respuesta al problema económico, político y social del pueblo trabajador, ahondando la crisis del capitalismo neoliberal y su régimen democrático burgués decadente, ha llegado la hora de unificar nuestros esfuerzos con otros compañeros que tienen el mismo programa, la mismas lecturas políticas sobre la realidad y que ofrecen construir un referente nacional e internacional, fiel a las enseñanzas del marxismo leninismo y con el objetivo de impulsar el gobierno de los trabajadores, que no es más ni menos el socialismo, con democracia obrera, que será forjada por los propios trabajadores, con un programa de recuperación de nuestra soberanía, combate a muerte contra el imperialismo y el capitalismo y sus depredaciones, luchando contra la burguesía, ya sea nacional e internacional, vividora de la fuerza de trabajo ajena.

Es en este contexto que Alternativa Socialista-Ayacucho desde hoy pasará a unificarse para ser parte del Partido de los Trabajadores-Uníos, con su referente internacional, la UIT (Unidad Internacional de los Trabajadores) en el objetivo estratégico de reconstruir la IV Internacional, para lo cual llamamos a los trabajadores ayacuchanos y peruanos en general a venir a construir una herramienta política de los ellos mismos, de los trabajadores. Llamamos a los campesinos, a las amas de casa que día a día trabajan, a los maestros, a la juventud estudiosa, a la mujer combativa, a compartir nuestro proyecto, a discutir nuestro programa, en suma, a militar con nosotros.

¡Por un gobierno de los trabajadores!

¡Hasta el socialismo… siempre!                                                      

Comisión política Alternativa Socialista-Ayacucho

#PartidoDeLosTrabajadores-Uníos

 

Nuestra posición ante las elecciones presidenciales en los Estados Unidos

Por Socialist Core-Núcleo Socialista (UIT-CI)

Las próximas elecciones presidenciales en los Estados Unidos tendrán lugar en un momento crucial de la historia. El sistema económico capitalista se enfrenta actualmente a una de sus peores crisis. La crisis ecológica de nuestro planeta ha ido de mal en peor, ya que el capitalismo resulta incompatible con la sostenibilidad social o ambiental. La pandemia Covid-19 está teniendo un impacto masivo en los pobres y los millones de marginados que tienen un acceso limitado a la atención de la salud, están perdiendo sus empleos y están expuestos a los mayores riesgos. La crisis de la salud lleva años gestándose y, como resultado de la respuesta tan deficiente del gobierno a la pandemia, más de 8,7 millones de personas se han infectado y 225.000 han muerto en los Estados Unidos.

La elección de Donald Trump en 2016 fue un punto de inflexión en la política estadounidense, ya que reflejó un proceso de creciente polarización. Envalentonó a la derecha y a los fascistas, pero no impidió el contraataque de la clase trabajadora y las comunidades negra, latina e inmigrante. El movimiento Black Lives Matter y millones de personas respondieron al brutal asesinato de George Floyd con el mayor movimiento de masas desde la década de 1960. Un amplio movimiento desafió el racismo y la brutalidad policial a pesar de la represión, exigiendo que se desfinanciara a la policía y cárcel para los policías asesinos.

Tanto el movimiento Black Lives Matter, como el feminista, señalan el camino a seguir. También muestran la necesidad de construir una organización política que encarne esas luchas, así como las de la clase trabajadora, que a pesar de los obstáculos que interpone la burocracia sindical ha participado en cientos de huelgas este año, muchas de ellas en solidaridad con el BLM. La rebelión antirracista debilitó la apuesta de Trump por la reelección.

Una reelección de Trump seguiría siendo una amenaza para los trabajadores de este país, envalentonando a los supremacistas blancos y a la extrema derecha, dando continuidad a los ataques contra los derechos democráticos. La mayoría de la gente en los Estados Unidos quiere poner fin a la presidencia de Trump, que ha sido especialmente beneficiosa para las multinacionales. Al igual que esa mayoría, reconocemos que el presidente Trump se ha apoyado en el racismo para sembrar divisiones en la sociedad y marginar aún más a los afroamericanos y a los inmigrantes. Trump y sus aliados ultraconservadores también han impulsado políticas antiaborto, lo que supone un revés para los derechos reproductivos de las mujeres. Nosotros también queremos derrotar a Trump y su derechismo populista. Pero creemos que sustituir a un político reaccionario recalcitrante por un político como Joe Biden no es la solución. Como socialistas revolucionarios somos transparentes y advertimos a la gente que Joe Biden no permitirá avances significativos contra la explotación capitalista, el racismo y todas las formas de opresión, ya que representa al Partido Demócrata, el otro partido capitalista. De hecho, los demócratas han fracasado a la hora de ejercer una oposición coherente a la presidencia de Trump. La verdadera oposición ha venido de las masas movilizadas en las calles y ahí es donde una alternativa política real está en forma embrionaria.

Como Trump ha prometido no ceder si pierde las elecciones, llamamos a los trabajadores que exijan a sus sindicatos planes de huelga si hay algún intento de fraude por parte del gobierno y que todos los activistas se preparen para salir a las calles. Algunos sindicatos, por ejemplo en Seattle, se están pronunciando en este sentido, e incluso están considerando la posibilidad de una huelga general, lo cual es muy positivo, pero es su responsabilidad ir más allá de las palabras y organizarse. En los Estados Unidos, los dos partidos del capitalismo, el republicano y el demócrata respectivamente, siguen sirviendo a los intereses de los ricos y en el mundo practican políticas imperialistas. Tal como están las cosas, para la clase trabajadora las elecciones presidenciales de los Estados Unidos no ofrecen ninguna alternativa política para atender sus necesidades cotidianas. Por ejemplo, desde el comienzo de la pandemia, los activistas de la vivienda en todo el país han exigido la cancelación del alquiler. Pero la demanda de cancelar el alquiler para las personas que perdieron sus trabajos e ingresos durante la pandemia ha enfrentado la resistencia, tanto del presidente Trump como de los demócratas. Si hay una moratoria de desalojo vigente es por la presión desde abajo.

El sistema electoral de los Estados Unidos está diseñado para evitar que las fuerzas políticas emergentes que representan los intereses de la clase trabajadora logren representación en el Congreso y en el Senado, ya que no hay representación proporcional y se impone una hegemonía bipartidista. La elección presidencial de segundo grado, a través del colegio electoral, viola el principio de “una persona, un voto”. Además, hay prácticas de supresión de votantes utilizadas por los republicanos dirigidas específicamente contra los afroamericanos, nativos americanos y otras comunidades oprimidas. Necesitamos luchar para poner fin a estas características antidemocráticas del sistema electoral de los Estados Unidos.

Vivimos en un país rico que tiene suficientes recursos para proporcionar servicios básicos como la vivienda y la atención sanitaria gratuita y universal para todos, así como el acceso a la educación pública gratuita en todos los niveles. Para lograr un verdadero cambio económico y social, que ponga las necesidades de la clase trabajadora, la juventud, los sectores populares y marginados por encima de las ganancias y para acabar con el racismo y la represión, es necesario luchar por un gobierno de la clase trabajadora. En esa perspectiva debemos situar todas nuestras actuales luchas democráticas y sociales, destacando la necesidad de organizar y luchar en las calles, más allá del ámbito electoral, y organizarnos en una nueva alternativa política, un nuevo partido o movimiento de izquierda independiente que represente verdaderamente los intereses de la clase trabajadora, la juventud y el movimiento antirracista. Un paso importante en esa dirección sería un frente unido de la izquierda socialista. La unidad en la acción y la realización de los debates necesarios ayudarían a construir esa alternativa política para las millones de personas que se han movilizado este año y lo seguirán haciendo en el futuro contra la austeridad, la pérdida de puestos de trabajo, por el derecho a la salud, contra el racismo y en defensa de los derechos democráticos. Entendemos y respetamos que millones de votantes usarán la boleta de Biden-Harris a regañadientes como un voto contra Trump. Por nuestra parte, no votaremos por Trump ni por Biden, llamamos a un voto crítico para cualquiera de los candidatos presidenciales de la izquierda independiente. También apoyamos el voto para los candidatos de la izquierda independiente a nivel local.

Más allá de quién gane las elecciones, la lucha continuará.

Socialist Core-Núcleo Socialista (UIT-CI)

Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional

www.uit-ci.org

Nueva York,

28 de octubre de 2020

 

Declaración de Uníos, sección peruana de la UIT-CI

El partido Frente Amplio (FA), como fenómeno progresivo que surgió al calor de las luchas ambientalistas y la defensa de los territorios, poniendo su inscripción electoral al servicio de las y los luchadores y los pueblos, no existe más, se ha convertido en un sello vacío y de brutal e irreversible adaptación al régimen democrático burgués.

Como Uníos participamos, desde las bases, primero en la construcción del Frente Amplio y luego como invitados del partido FAJVL, pero siempre conservando una política independiente de clase para empalmar con miles de luchadores y luchadoras con el objetivo de construir el partido de los trabajadores. Esta es una aclaración necesaria porque no somos parte de esa pelea fratricida entre caudillos que se viene desarrollando al interior del FA, sin un programa político y económico de fondo para salir de la crisis y cada vez más alejado de las bases y las luchas en curso. 

En ese sentido, en el pronunciamiento de saludo a ambos congresos del FA que enviamos a fines de septiembre, llamamos a poner por delante la discusión de un programa de fondo para salir de la crisis, para unir las luchas y a los luchadores contra la criminal reactivación económica del gobierno y la Confiep, pero lamentablemente nuestro llamado a la unidad no fue escuchado por las fracciones en pugna. Pusieron por delante la disputa por el aparato burocrático en el marco de una angurria electoral que llevó a un sector a buscar alianzas con la izquierda reformista y al otro sector a imponer métodos de suspensiones y expulsiones. No somos parte de eso, rechazamos tanto el giro oportunista como el método burocrático de purgas, ambas variantes de la apolillada política estalinista.  

La presentación de la plancha presidencial y sus listas al Congreso, por su composición y su construcción sin un debate programático y sin una perspectiva de independencia de clase, demuestra la cristalización burocrática y desviaciones políticas que liquidaron al FA. Han privilegiado las candidaturas al servicio de la interna fratricida que no representan al pueblo en lucha. Solo es un paso más hacia la descomposición, por lo que desde Uníos no participaremos en el presente proceso electoral, apostando a la construcción de un nuevo proyecto político.

Desde Uníos llamamos a los miles de luchadores y luchadoras que se ven defraudados ante el fracaso del FA a seguir organizados, a evitar la desmoralización y construir juntos una nueva alternativa política del pueblo trabajador con un programa político consecuentemente anticapitalista. Reafirmando nuestra identidad y trayectoria política, pongamos en marcha de manera unitaria, consecuente y democrática el reagrupamiento de quienes nos negamos a ser comparsa de un régimen que nos explota, oprime y nos hunde en la miseria y destruye nuestro medio ambiente de la mano del saqueo capitalista de nuestros recursos naturales.

Es en esa perspectiva que ponemos a disposición nuestra inscripción electoral en trámite  “Partido de los Trabajadores Uníos” y nuestra ubicación en el Congreso, junto al compañero Enrique Fernández Chacón, para que de manera colectiva y unitaria, sin sectarismos ni oportunismos, construyamos un nuevo partido político de los trabajadores, para la lucha frontal contra todos los gobiernos capitalistas y los grandes empresarios y para la acción cotidiana junto al pueblo trabajador y no solo para las elecciones. Que con democracia obrera albergue de forma consecuente las luchas del pueblo trabajador, el movimiento obrero, los trabajadores informales, las comunidades originarias, los pequeños campesinos, las luchas de las mujeres y la juventud en el camino de la pelea por un gobierno de los trabajadores sin empresarios ni burócratas que nos permita poner a disposición todos los recursos del país con una planificación democrática de la economía para resolver las necesidades del pueblo trabajador y no de las ganancias de los grandes empresarios. ¡Manos a la obra, no hay tiempo que perder!

Lima, 2 de noviembre de 2020

Nuestro semanario. En el que te acercamos el reflejo de las luchas del movimiento obrero, las mujeres y la juventud, además un análisis de los principales hechos de la realidad nacional e internacional.

Es una herramienta fundamental para fortalecer a Izquierda Socialista y al Frente de Izquierda.

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