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Préstamos en dólares / Un nuevo negocio para los banqueros que nos lleva al desastre


José Castillo
, dirigente de Izquierda Socialista FITU

Al gobierno de Milei no le basta con la superexplotación que ya reventó salarios, jubilaciones y puestos de trabajo. Tampoco con el “vía libre” a la usura que sume a las familias trabajadoras en la desesperación con el endeudamiento usurero. Ahora va por más, y habilita el negocio de los préstamos en dólares, una bomba de tiempo que llevará, de los negocios financieros, a la estafa a los ahorristas, como ya pasó en 2001.Todo con el único objetivo de hacerse de dólares para seguir pagando la deuda externa.

“La economía no arranca”. Esta frase general, abstracta, empieza a preocupar cada día más al gobierno. Ya llegó a ser reconocida por el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, a despecho de que el presidente Milei y su ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo siguen increíblemente afirmando que “todo marcha de acuerdo al plan” y que “crece todo, incluso los salarios y las jubilaciones en dólares”.  Lo que “ven” en el gobierno de ultraderecha es los resultados de encuestas que, masivamente, ya registran la bronca creciente contra el plan de motosierra y sus consecuencias de miseria y entrega.

Decíamos que la frase “la economía no arranca” es abstracta, porque en general “sí arrancó” y desde el comienzo del gobierno de Milei, para un puñado de grandes empresas, para los especuladores financieros y para los multimillonarios, que hacen superganancias y ganan como nunca. Del otro lado, se hunde la totalidad del pueblo trabajador, los sectores medios, las pequeñas y medianas empresas e incluso algunos sectores patronales que dependen del mercado interno o se encuentran aprisionados entre el dólar subvaluado y las importaciones indiscriminadas.

El gobierno huye para adelante y nos lleva al abismo

El plan de La Libertad Avanza es relativamente sencillo de explicar: privilegiar a las grandes patronales (si son extranjera mejor, y si son yanquis mejor aún), ofreciéndoles como trofeo las riquezas más valorizadas de nuestro territorio: el gas y petróleo de Vaca Muerta y el oro, cobre y litio de la megaminería cordillerana. A esto se suma el ya tradicional negocio de los monopolios agroexportadores (Cargill, Dreyfuss, Bunge, ADM) y la escandalosa especulación bancaria, con sus actores tradicionales (bancos extranjeros y nacionales) más las Fintech como Mercado Libre. Se les ofrece que se lleven todo, hagan las superganancias que quieran, exploten al extremo al pueblo trabajador, puedan llevarse las ganancias al exterior si lo desean y no tengan ninguna consecuencia legal por abuso alguno en nuestro país. Para eso está el RIGI, el Super RIGI, todos los blanqueos y la reforma laboral. El objetivo es que entre el saqueo y la superexplotación se produzcan los dólares necesarios para “tentar” a los capitales especulativos a “invertir” en Argentina, y a la vez, que estos dólares alcancen para pagar los infinitos vencimientos de deuda externa.

Pero no estaría alcanzando: la “velocidad” del saqueo no sería suficiente para esto último. Por eso la desesperación del gobierno por exprimir aún más el limón de los privilegios financieros. Al pueblo trabajador no sólo se lo hambreó, se le pulverizó salarios y jubilaciones, se le quitó puestos de trabajo por millones, y se lo mandó a trabajar en forma superexplotada en las aplicaciones. También se lo está saqueando financieramente. El gobierno autorizó desde el comienzo de su mandato la liberación total de las tasas de interés y todos los abusos que se les ocurriera a los bancos y Fintech. Empezó así un auténtico proceso de usura: el pueblo trabajador terminó endeudado con tasas que llegan, a interés compuesto y sumando los “costos administrativos” hasta el 1.200% anual. Mientras por un depósito a plazo fijo los bancos pagan entre 19 y 22% anual (o sea por debajo de la inflación), arrancan sus préstamos con tasas del 60 y 70%. Eso sólo ya sería una ganancia escandalosa. Pero a medida que un trabajador o trabajadora se ve obligado a endeudarse más (no pagando el total de una tarjeta de crédito, refinanciando la deuda con el banco o recurriendo a los “adelantos”, “pagos en cuotas” o “préstamos preadjudicados” de auténticos ladrones de guante blanco como Galperín y Mercado Pago, las tasas suben astronómicamente hasta esos valores increíbles de 700% en una primera estación y luego, si no se cancela, incluso hasta 1.200%.

El gobierno hace la vista gorda, dice que es “un negocio entre privados” y, peor aún, presentó en el Congreso un proyecto de ley de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central que acrecienta la posibilidad de estos abusos.

El negocio de los préstamos en dólares: esa historia ya la vimos

Pero va por más. En su búsqueda desesperada de “hacerse de los dólares” para cubrir los vencimientos de deuda y, a la vez, mantener contentos a sus amigos con la fuga de divisas, ahora abre la posibilidad de que los bancos empiecen a prestar en dólares, incluso a aquellos que no tienen ingresos en esa moneda. Eso, exactamente, fue el detonante final que llevó al corralito del 2001 y a la estafa a los ahorristas.

Veamos el mecanismo: hoy quien ahorra en dólares recibe de parte del banco, si los deposita y hace un plazo fijo o los pone en un fondo común de inversión, una tasa del 1% anual. Después de la crisis del 2001, el escándalo financiero había llevado que se estableciera que esos dólares no podían ser prestados por los bancos, ya que, en caso de que no se devolvieran esos créditos, los bancos no tendrían como responder ante los ahorristas. El gobierno de Milei ya había flexibilizado esa norma, autorizando préstamos en dólares, pero sólo a empresas que exportaban (y por lo tanto tenían ingresos en dólares), u ofrecían garantías de empresas exportadoras.

Ahora, increíblemente, y en su desesperación de ofrecer “algo más” a sus empresarios amigos, autoriza a tomar préstamos en dólares a empresas que no tienen ingresos en esa moneda. El paso siguiente, ya lo sabemos, será ofrecérselo también a particulares. Para los bancos será un negocio fenomenal: mientras pagan 1% en dólares por los depósitos, cobrarán tasas del 10% anual en dólares por los préstamos. Un negocio que no existe en ningún lugar del mundo.

¿Cómo terminará esto? La historia argentina ya nos contó la lección. Pasó con Martínez de Hoz en 1981 y luego con el corralito de 2001. Cuando el gobierno no pueda sostener más el “dólar barato” y devalúe, los que tomaron préstamos verán las cuotas de estos encarecerse astronómicamente en pesos y no podrán pagarlos. Los sectores populares endeudados se fundirán y las grandes empresas pedirán al estado que las salve, como pasó con la estatización de deuda externa en 1982. Los bancos no podrán responder por sus depósitos en dólares y estafarán a sus ahorristas, mientras ellos mismos recurrirán al Banco Central, que una vez más, los “salvará”. Quedará un nuevo tendal de arruinados en el pueblo trabajador y el Estado se cargará con una mayor deuda, a pagar por las generaciones siguientes. Por supuesto, allí estará el FMI, para aconsejar nuevas medidas de ajuste para garantizar los pagos a los pulpos usureros externos.

Es la profecía autocumplida. A esto nos llevan Milei, Caputo y la ultraderecha de La Libertad Avanza. Mientras el pueblo trabajador se hunde en la miseria y la desesperación, el “arranque” de la economía es sólo acelerar para estrellarse ante una pared. No hay salida sino enfrentamos esto. Por eso, como planteamos desde Izquierda Socialista y el FIT Unidad, la única alternativa es un plan económico totalmente distinto, opuesto, obrero y popular, que arranque justamente por dejar de pagar la deuda externa, romper con el FMI y hacer que el desastre lo paguen los que ya hicieron superganancias con este gobierno. Para que todos los recursos y riquezas de nuestro país vayan a resolver las más urgentes necesidades populares: salarios y jubilaciones dignas, trabajo genuino, salud, educación y vivienda.