Escribe Mercedes de Mendieta
Diputada nacional electa por Izquierda Socialista en el FIT-Unidad
La Cámara de Diputados dio media sanción el pasado jueves 12 de febrero al Régimen Penal Juvenil que baja la edad de punibilidad de 16 a 14 años. Esto representa un avance en la política de criminalización contra las pibas y pibes.
Milei y Bullrich contaron con la complicidad del PRO, la UCR, el MID, Encuentro Federal de Pichetto, la Coalición Cívica, Provincias Unidas -que dio 17 votos incluido el diputado Lousteau- y los bloques provinciales ligados a los gobernadores peronistas, como el de Tucumán, logrando 149 votos a favor y 100 en contra, entre estos últimos los votos del cien por ciento de las bancas del Frente de Izquierda Unidad. La nota de color en la complicidad la dio el diputado que responde a Sergio Massa, Ramiro Gutiérrez, aportando su presencia para que se llegue al quórum que habilitó la sesión. Es decir, esta media sanción la logró Milei con sus cómplices, entre ellos sectores del peronismo.
Bajar la edad o la mano dura no reduce el delito
Bajo el argumento “delito de adulto, pena de adulto”, se presenta a las infancias y adolescencias como responsables de la inseguridad que crece de la mano de la motosierra de Milei y el FMI. Con este régimen penal, adolescentes de 14 y 15 años que cometan delitos podrán ser juzgados penalmente y recibir penas como si fueran adultos que, en casos de delitos graves, llegan a 15 años de prisión,
Las experiencias internacionales son claras. Estudios de UNICEF, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la propia Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU muestran que reducir la edad de imputabilidad no baja el delito, sino que lo aumenta. En Ecuador, donde la edad de punibilidad es de 12 años, el índice de delitos pasó de 6 a 46 cada 100.000 habitantes. En países como Brasil y Uruguay, donde la punibilidad comienza a los 12 y 13 años respectivamente, los niveles de violencia no disminuyeron. Dinamarca y Georgia, incluso, dieron marcha atrás luego de comprobar los efectos regresivos de estas políticas. En los países que tienen 12 años de edad de punibilidad las tasas de criminalidad van de 23 a 45 puntos, mostrando que la incidencia es inversa: a mayor criminalidad más delito.
Hay otro dato revelador: de los diez Estados con mayor tasa de crímenes violentos en Estados Unidos, seis tienen pena de muerte. Son los más duros, pero no los más seguros. (Clarín, 12/2). Además, desde 2004, cuando el Congreso votó 26 reformas al Código Penal impulsadas por el peronismo kirchnerista endureciendo las penas, el delio no bajó. Ahora se sigue por el mismo camino, agravando aún más el problema.
Los organismos de las niñeces recomiendan otra cosa
Está claro. Bajar la edad de punibilidad no reducirá el delito, sino que criminaliza aún más a la juventud pobre. Además, se hace esta campaña contra las y los adolescentes, cuando la tasa de criminalidad en el país bajó de 4,2 en 2024 a 3,7 en 2025. Y según UNICEF, sólo el 0,45 de las chicas y chicos de 12 a 17 años ha cometido un delito. Está claro que esconden esta realidad, para poner el foco en las y los adolescentes, donde no hay que ponerlo.
Organismos de derechos humanos, organizaciones sociales y expertos en justicia penal han señalado que no hay evidencia de que bajar la edad de punibilidad reduzca la criminalidad y que, por el contrario, lo que se necesita son políticas profundas de inclusión, educación, salud mental y trabajo.
Estas medidas punitivistas como la que se acaba de aprobar con esta media sanción desconocen el principio básico de los derechos de las niñas, niños y adolescentes que consideran correctamente a esos sectores como sujetos vulnerables que necesitan una protección especial. En un marco donde en Argentina, los 3,6 millones de pibas y pibes entre 13 a 17 años a los que se quiere criminalizar, son ya víctimas de este sistema: el 47% vive en la pobreza y el 15% directamente bajo la línea de indigencia. Y donde en 2022, por ejemplo, fallecieron 15.144 por muertes evitables, de ellos el 31% fue por suicidio.
La salida para por otro lado
El encarcelamiento temprano no reinsertó nunca a nadie. En nuestro país, hoy en día un juez puede establecer la internación de menores de 16 años que sean alojados en institutos, a pesar de no haber sido condenados. Los institutos para infancias y adolescencias son en muchos casos como cárceles encubiertas, con malas condiciones de detención, violencia institucional y vulneración sistemática de derechos. Lejos de reducir la violencia, la multiplican. Es echar nafta al fuego.
Para combatir la inseguridad, que afecta particularmente a las y los trabajadores y demás sectores populares, no vas las respuestas represivas. Esto es solo más criminalización. Se necesita desmantelar las mafias que las organizan al amparo del poder político, judicial y policial; terminar con el plan motosierra de Milei y el FMI y destinar más presupuesto para políticas integrales para fortalecer el sistema de protección integral de niñez y adolescencia.
Por 42 a 30, el resultado fue posible por la complicidad de otros bloques patronales, incluyendo varios peronistas y de la burocracia de la CGT, que se negó a llamar al paro general. El gobierno desató una feroz represión para tratar de evitar la foto de la movilización masiva en contra.
Escribe José Castillo, dirigente de Izquierda Socialista
El proyecto de reforma laboral del gobierno ultraderechista de Milei, que retrocede 120 años los derechos del pueblo trabajador, fue aprobado en el Senado con los votos cómplices del PRO, radicales y un número importante de peronistas que responden a sus gobernadores. También de la CGT, que se encargó de negociar que no se tocara su caja, pero dejó desamparados a las y los trabajadores, sin llamar a ninguna medida de fuerza para oponerse. “¿Qué pasa, qué pasa, qué pasa CGT, que no llamás al paro contra el facho de Milei?” y “Paro, paro, paro, paro general”, fue lo que más se escuchó en la importante movilización a la Plaza de los Dos Congresos, en donde se destacaba una importante columna del sindicalismo combativo y la izquierda. Como si todo esto fuera poco, el gobierno montó una grotesca provocación con 5 infiltrados que sirvieron de excusa para una feroz represión y virtual “cacería” de manifestantes, que se extendió a más de 20 cuadras a la redonda. Más aún, siguió posteriormente durante horas, contra los ya pequeños grupos de personas que espontáneamente se acercaron al Congreso a protestar.
¿Qué se votó?
“42 a 30”, marcaba el tablero electrónico, sentenciando el resultado de la votación, en la madrugada. Número que se mantuvo casi sin modificaciones, aprobando uno a uno todos los títulos de la reforma laboral del gobierno. En los palcos, festejaban y se abrazaban Karina Milei, Manuel Adorni y Diego Santilli, que apenas terminada la sesión corrieron a felicitar a la dueña del triunfo en el Senado, la represora y hasta hace poco ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Desde sus bancas festejaban los fachos libertarios y desvergonzadamente aplaudían los socios que les dieron los votos, entre ellos varios peronistas. Una imagen vale más que mil palabras, la de Flavia Royón, senadora peronista por Salta, hasta hace apenas dos años secretaria de Energía del gobierno de Alberto, Cristina y Massa, una de las que sonreía discretamente, como buscando que no se notara. “Histórico”, tituló Milei en su mensaje de X tras conocer el resultado.
Anoche también descorcharon champagne las cámaras patronales. Y dio un guiño de aprobación el FMI, el verdadero autor de estas leyes que siempre llamó “de reforma estructural”. A no confundirse, según la hoja de ruta del Fondo, todavía falta, y una vez aprobada la ley en Diputados, comenzarán a exigir la reforma jubilatoria.
Hoy, y si esto se ratifica en Diputados, las y los trabajadores tendrán menos derechos que ayer, menos derechos que en 1945, e incluso menos derechos que en 1929 (cuando se sancionó la ley de 8 horas) o aún que en 1905 (cuando se dictaminó el descanso semanal obligatorio). Volveremos, en términos de relaciones entre patrones y obreras u obreros, al siglo XIX. Esta es la tan mentada, “modernización laboral” de la que se jactan el gobierno y las patronales.
Repasemos:
* Despedir será más fácil y barato. En la indemnización no se tendrá en cuenta vacaciones, aguinaldo, horas extras ni ningún adicional. Y se podrá pagar en cómodas cuotas (entre 12 y 18).
* Se crea el Fondo de Asistencia Laboral (FAL). A las patronales les saldrá gratis despedir, ya que lo financiará un fondo compuesto por dinero que hasta hoy va al Anses. En síntesis, las y los jubilados cobrarán más miseria aún, ya que serán ellos quien deberán pagar las indemnizaciones. Por si todo eso fuera poco, la gestión de los fondos recaudados estará en manos de empresas a crearse provenientes de los bancos o los agentes bursátiles, que podrán usar ese dinero para especular en el sistema financiero, en forma muy similar a las AFJP de los ´90.
* Se permite el convenio por empresa y establece que uno del ámbito mayor no puede modificar ni disponer el contenido de convenios de ámbito menor. Busca así quitarle beneficios y derechos por gremio a las y los trabajadores, haciendo valer el peso de las empresas contra colectivos de trabajadores más débiles.
* Prácticamente se prohíbe el derecho a huelga y se limita al extremo la actividad sindical. Casi todas las actividades deberán garantizar porcentajes “mínimos” que por la vía de los hechos harán que ninguna medida de fuerza tenga efecto alguno. Se prohíben las asambleas sin autorización de la patronal y no se pagarán las horas mientras se realicen. Casi todas las acciones de fuerza, como piquetes, bloqueos, o tomas, pasan a estar prohibidas y ser causales de despido, además de delitos penales.
*Se desarma la justicia laboral. Se traspasará el fuero nacional a CABA, con el objetivo de neutralizar los fallos que hoy favorecen a las y los trabajadores.
*Se elimina la jornada de 8 horas. Se crea el sistema del “banco de horas”, que hace desaparecer las horas extras y donde el o la trabajadora pasará a estar a disposición de la patronal, que dispondrá a su gusto de cuándo y por cuánto tiempo se deberán presentar a trabajar.
*Se podrán fraccionar las vacaciones a gusto de la patronal. Además, podrán otorgarlas en cualquier momento del año, terminando con el derecho a percibirlas en verano, con la familia y acorde a los cronogramas de receso escolar.
*Se liquida el derecho a enfermarse. El o la trabajadora que deba faltar por enfermedad, además de tener que presentar certificados mucho más difíciles de obtener que los actuales, dejará de cobrar el total de su sueldo. Y cuando retorne al trabajo podrá ser reasignado en una tarea distinta, con menor salario.
* Se deja ratificado que las y los trabajadores de plataformas no tienen derechos. Se deja explicitado que no se reconoce relación laboral alguna.
*Se eliminan estatutos laborales históricos. Como el del periodista, poniendo en serio riesgo la libertad de prensa.
Esto fue apenas un repaso rápido. La realidad es que son más de 200 artículos que todos, sin excepción, van contra el pueblo trabajador y a favor de las patronales.
¿Cómo la seguimos?
Queda el round de Diputados. Veremos. Por supuesto que no tenemos ninguna confianza en esos políticos patronales dispuestos a venderse al mejor postor, como ya lo hicieron tantas veces. Ni en la burocracia de la CGT, que, ya un secreto a voces, negoció su “caja” y dejó desamparados a sus representados. Desde el sindicalismo combativo y la izquierda volveremos a movilizarnos, seguiremos denunciando el pacto de la CGT con el gobierno y exigiéndole que rompa y llame a un paro nacional y un plan de lucha por que así se puede derrotar esta nefasta reforma, paro y plan de lucha que también hace falta para lograr un inmediato aumento de salario y jubilaciones y para frenar los despidos.
Continuaremos organizando a las compañeras y compañeros en sus lugares de trabajo, estudio, en los barrios populares, convocando a asambleas, sacando pronunciamientos de cuerpos de delegados. Confluiremos una vez más con el movimiento de mujeres y disidencias, como hicimos el sábado pasado en la segunda marcha antifascista, con la juventud y con todos y cada uno de los sectores populares afectados por esta política ultraderechista, que hoy, más que nunca, es de Milei, el FMI y los gobernadores. El pueblo trabajador argentino, que supo derrotar a la dictadura genocida, que hizo el argentinazo de diciembre de 2001, pero que más atrás en la historia es heredero del Cordobazo, el 17 de octubre, la Patagonia Rebelde y mil luchas más, también, estamos convencidos, hundirá en el basurero de la historia este proyecto esclavista y a sus autores ultraderechistas.
Por Ezequiel Peressini, dirigente de Izquierda Socialista y la UIT-CI
El domingo 8 de febrero por la tarde, en el gran estadio Levi’s de la ciudad de Santa Clara, en California se realizó el Super Bowl. Los Seatle Seahawks le ganaron 29 a 13 a los New Englands Patriors y se consagraron campeones en la final del deporte más popular de los Estados Unidos, el Football americano. Pero, no solo es deporte. en la apertura y entretiempo se realizan actividades musicales con grandes despliegues transformado al Super Bowl en el espectáculo más visto anualmente en Estados Unidos.
La apertura estuvo a cargo de la banda de punk rock Green Day, quienes volvieron a tocar las canciones principales de su disco “American Idiot” 22 años después de lanzado. Disco que, desde la gráfica, de una mano que sostiene una granada con forma de corazón sangrando, marca una fuerte denuncia al imperialismo de los Estados Unidos. El entretiempo quedó en manos de Bud Bunny y sus invitados que lo acompañaron en una cancha dominada por una escenografía que disfrazó el Levi’s Stadium en Puerto Rico. Alli, interpretó algunas de las canciones de su último disco “Debí tirar más fotos”, con el cual ganó el Grammy hace solo una semana. La presencia de estos dos grupos musicales ya había provocado la ira de Donald Trump quien anunció que no participaría del evento por considerar a los músicos como “izquierdistas” que cuestionan su política anti migratoria y los secuestros masivos de la ICE.
La presencia de Bud Bunny, sus canciones y escenografía transformó el entretiempo en un gran hecho político internacional y una bofetada a Donald Trump al exponer de manera reivindicativa la vida, el territorio y las costumbres de millones de latinos que en los Estados Unidos son perseguidos por la ICE y buscan ser deportados por Donald Trump.
Una reivindicación de la vida latina en el corazón del imperialismo
Desde el comienzo, el espectáculo fue impactante. En un campo de juego lleno de cañas de azúcar donde trabajadoras y trabajadores azucareros despliegan sus tareas, Bud Bunny camina cantando sus canciones. En su andar se muestran los clásicos puestos de comida donde la clase trabajadora latinoamericana almuerza en la calle, una mesa donde cuatro hombres juegan dominó y en otra, dos mujeres esculpen sus uñas en una sesión callejera de manicure mientras conversan. Cerca de allí un grupo de mujeres trabajadoras de la construcción levantan un muro. Antes de llegar a la casita rosa donde se despliega una fiesta -en la que participó el reconocido actor chileno Pedro Pascal- se vio al boxeador puertorriqueño Xander Zayas y el mexico-americano Emiliano Vargas haciendo Sparring. El reguetón sonó durante cerca de 15 minutos y fue presentado por Bud Bunny como la música “de los barrios y los caseríos” de Puerto Rico. El “Sapo Concho”, representación gráfica del sapo endémico de Puerto Rico, apareció como bandera en las grandes pantallas del estadio y una boda real sucedió en el mismo lugar en el que Lady Gaga ganara el centro de la escena, mostrando su colaboración con Benito y las luchas luego de haber repudiado a la ICE y a Trump en su ulitmo recital en Japón. Luego de la boda, tan latina que hasta un niño es despertado mientras dormía en las sillas mientras la gente bailaba, Bud Bunny dice “Nueva York” y se deja caer a un cambio de escenografía. El barrio de NYC y La Marqueta, el mercado latino más reconocido de East Harlem en Manhattan, ganan el lugar. Bud Bunny no actuó solo; también recibió el acompañamiento de Ricky Martin, quien se encargó de interpretar la icónica cancion “Lo que pasó en Hawaii” y cantar: “Quieren quitarme el río y también la playa / Quieren el barrio mío y que abuelita se vaya / No, no suelte' la bandera ni olvide' el lelolai / Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái”. Luego de simular un corte de luz y cantar sobre los postes del alumbrado publico y trasformadores dañados, la gente desfila entre las cañas de azúcar portando las banderas de los 36 países del continente americano. Bud Bunny los nombra uno a uno, desde el sur hacia el norte, para finalizar su actuación arrojando el balón de football americano y gritar: “seguimos aquí”.
La representación y actuaciones de Bud Bunny hizo emocionar casi 70 millones de latinoamericanos residente en los Estados Unidos y mezcló las reivindicaciones en curso de la misma manera que semanas atrás había realizado cuando ganó el premio Grammy 2026 y manifestó “fuera ICE”, junto a otra gran cantidad de artistas que rechazan las redadas, detenciones, secuestros y asesinatos por parte de la ICE. Esto quedó también fuertemente representado en el Super Bowl, cuando Bud Bunny le regaló su Grammy a un pequeño niño latino, recordando a Liam Conejo Ramos, de 5 años que había sido detenido por la ICE.
El destacado periodista deportivo de ESPN John Sutcliffe, no pudo contener su emoción luego de transmitir durante 34 años el Super Bowl y manifestó: “Como mexicoamericano se vale tener una lágrima en el ojo, sin importar de qué país de Latinoamérica seas, sentirte orgulloso de que Benito le cantó en español a la fiesta más importante de los americanos” para luego sentenciar: “Viva Bud Bunny”.
La ira de Trump
Mientras más de 130 millones personas veían con entusiasmo el espectáculo, Donald Trump se retorcía en la Casa Blanca y no esperó a que termine el evento para vomitar en su red social: "Nadie entiende una palabra, y el baile es repugnante, especialmente para los niños (…) Fue el peor espectáculo de la historia, una bofetada a Estados Unidos". Su ira demuestra un desprecio por la vida latina y que el golpe recibido no es un hecho aislado. Es parte de una masiva respuesta del movimiento de masas y el pueblo pobre de los Estados Unidos que, lejos de ver resueltos sus problemas sociales, vive cada vez peor y es perseguido por la represión y el autoritarismo de un gobierno fascista que ataca todas las libertades democráticas y sociales.
Las grandes movilizaciones que marcan el camino en los Estados Unidos, no le han permitido a Donald Trump aplicar el conjunto de su política. Recientemente, tuvo que retirar a 700 agentes de ICE y al Zar de la Frontera, su amigo reaccionario Tom Homan, de Minneapolis. La crisis política toma nuevas formas y ,en medio de los escandalosos videos de Epstein donde Trump parece socio, sufrió una nueva derrota electoral en el condado de Tarrant, Texas. En el histórico condado republicano, su candidato perdió en manos de la sindicalista y candidata demócrata Taylor Rehmet por 14%, en un condado donde Trump había ganado por 17puntos en las elecciones presidenciales de 2024.
La actuación de Green Day y Bud Bunny fueron un cachetazo a Trump y toda su política anti migraciones, a sus aliados fascistas y MAGA que reivindican el suprematismo racial, a sus funcionarios represores y a Pete Hegseth, el secretario de Defensa, que prepara ataques militares como el realizado contra Venezuela y sostiene los ataques de Israel sobre Gaza y Palestina. La actuación de Bud Bunny expresa las luchas, la bronca de los explotados y de los oprimidos del mundo y recuerda que todo knock out comienza con una bofetada.
Escribe José Castillo, dirigente de Izquierda Socialista/FIT-Unidad
Finalmente se firmó el acuerdo “de libre comercio” con el gobierno de Trump. Favorece íntegramente al imperialismo norteamericano, al cual le abrimos nuestros mercados a cambio de nada. Un paso más en el sometimiento total de Milei a los dictados del amo yanqui.
Hacia el final de la semana pasada nos enteramos de que, luego de una larga demora, se había firmado el acuerdo de libre comercio entre el gobierno argentino y el estadounidense. Hasta en los detalles nuestro país terminó ninguneado: el gobierno de La Libertad Avanza aspiraba a ser “el primero” en firmar acuerdos de este tipo. No pasó: la Argentina debió esperar su turno, luego de El Salvador y Guatemala. Milei se imaginaba toda una ceremonia con él firmando junto a Trump. Todo se limitó a una reunión privada entre el ministro de Relaciones Exteriores de nuestro país, Pablo Quirno y el “representante comercial” de Estados Unidos, Jamieson Greer. Nótese que ni siquiera concurrió a firmar el equivalente en rango a Pablo Quirno, el secretario de Estado Marco Rubio, o aunque sea el secretario de Comercio Howard Lutnick. ¡La firma estadounidense de este acuerdo en que entregamos todo le correspondió a un funcionario de segunda! (eso somos para ellos).
Otro detalle no menor es que en Argentina nos enteramos del contenido de lo firmado no por una información oficial del gobierno de Milei, sino por lo publicado por los propios Estados Unidos. No es la primera vez que pasa, ya se torna costumbre, como en el swap anunciado en octubre, en el “préstamo” de 2.500 millones de dólares para ayudar a La Libertad Avanza en las elecciones y su posterior devolución con intereses.
Los términos del acuerdo
Podría sintetizarse en “Argentina se compromete” a ceder todo lo que exigen los yanquis. Y Estados Unidos no se compromete a nada, más allá de vagas afirmaciones. Es que el gobierno argentino no negoció nada. Se limitó a aceptar el texto del llamado “acuerdo marco de comercio e inversión bilateral”, escrito por la United States Trade Representative (USTR), oficina justamente de Jamieson Greer, un texto idéntico para la firma de tratados con varios países, que así fue presentado conjuntamente a El Salvador, Guatemala, Ecuador y la Argentina, hace varios meses. Los “agregados” particulares de lo firmado con Argentina remite estrictamente a temas particulares que le interesaban a Estados Unidos, sobre todo referido a patentes.
El acuerdo incluye reducción de aranceles, eliminación de barreras no arancelarias, normas y evaluación de la conformidad, propiedad intelectual, acceso a los mercados agrícolas, trabajo, medio ambiente, alineación en materia de seguridad económica, oportunidades comerciales, empresas estatales y subvenciones y comercio digital. En el 100% de los casos, el que se compromete, detrás de la expresión “la Argentina deberá” es nuestro país, y el beneficiado es el imperialismo yanqui.
Así, Argentina dará acceso preferencial al mercado para exportaciones yanquis de medicamentos, productos químicos, máquinas, productos de tecnología informática, dispositivos médicos, vehículos automotores y una “amplia gama de productos agrícolas”, incluyendo increíblemente hasta ganado en pie, aves de corral y cerdos.
Se plantean cambios en las leyes y disposiciones de propiedad intelectual y patentes, todo de acuerdo a la exigencia de los laboratorios y empresas químicas y farmacéuticas yanquis, lo que implica un golpe mortal a los laboratorios locales. Los productos norteamericanos pasarán a ingresar a nuestro país sin ningún control de seguridad, higiene ni bromatológico local, con la sola presentación del certificado emitido por las oficinas yanquis como la Food and Drugs Administration (FDA).
Nuestro país también se somete a la “política de seguridad continental yanqui”, la nueva Doctrina Monroe de Trump, planteando que impedirá el acceso chino a recursos estratégicos, donde tendrán prioridad absoluta las empresas norteamericanas.
Había expectativas que el gobierno norteamericano, al menos, redujera los aranceles del 50% que le ha colocado al aluminio y el acero exportado desde nuestro país. Ni una palabra de eso figura en el acuerdo firmado.
El único punto que algunos economistas han destacado como “favorable” a nuestro país es el incremento en la cuota de exportación de carne a Estados Unidos. Detallemos: no hay “apertura de mercado” ni aún en este rubro. Sólo se incrementa la pequeña cuota que ya tiene habilitada la Argentina. Peor aún: se lo hace “transitoriamente”, o sea por este año. Aún así, cabe la pregunta de si esto efectivamente beneficia a alguien, más allá de los frigoríficos (varios de ellos transnacionales) directamente involucrados. La producción de carne en nuestro país es fija y no puede aumentar rápidamente (depende de la cantidad de cabezas de ganado vacuno existente), por lo que, si aumenta lo que se exporta, naturalmente se hace a costa de la oferta para el mercado interno. Conclusión: preparémonos para ver aumentos del precio de la carne en el mostrador en los próximos meses.
En síntesis, este acuerdo, como todo lo que hace el gobierno de Milei es rabiosamente entreguista y antiobrero. Sus consecuencias serán el cierre de ramas industriales enteras que, ya jaqueadas por la importación china, ahora verán sumarse los privilegios para la entrada de productos yanquis. A eso se sumará la vía libre y la prioridad para las transnacionales yanquis en el saqueo de minerales, particularmente el litio. Hay que repudiar este acuerdo, rechazarlo de plano y denunciarlo como parte del plan del programa de profundización de la semicolonización del país que está llevando adelante el gobierno ultraderechista de Milei.
Escribe Guido Poletti
El gobierno ultraderechista de Milei acaba de crear la “oficina de respuesta oficial”. A cargo del ente (que no correrá la suerte de la motosierra, porque para esto sí habrá presupuesto) estará Juan Pablo Carreira, conocido por su apodo de “Joe Doe”, uno de los tuiteros que suele lanzar las expresiones más repudiables y provocadoras del gobierno (sólo comparable a su colega, el Gordo Dan). En la práctica se trata de una cuenta en la red social X, que operará como una suerte de “Ministerio de la Verdad” al mejor estilo de George Orwell en 1984. Los objetivos del comunicado que anuncia su creación no dejan lugar a dobles interpretaciones: “Vamos a combatir la desinformación brindando más información, todo lo contrario a lo que los sectores políticos vinculados a la izquierda hacen cuando gobiernan, donde buscan censurar a los opositores tanto en los medios tradicionales como en las redes sociales”.
Milei no es original ni siquiera para esto. Copia tal cual la estructura de una oficina semejante montada por Donald Trump, con su cuenta en X “Rapid Response”. El grado de sumisión al amo yanqui es tal que Milei intenta copiarlo en cada gesto.
Es falso que este gobierno “no censura”: ¿acaso no quitó credenciales de acreditación a periodistas “que no le gustaban en Casa de Gobierno”? ¿Acaso no prohibió imágenes salvo las oficiales en varios eventos para que se invisibilice el repudio al gobierno? ¿Acaso no viene atacando físicamente en forma sistemática a los periodistas que cubren movilizaciones, como los miércoles de los jubilados? ¿Acaso no le disparó a Pablo Grillo? ¿Acaso no prohibió el sobrevuelo de drones sobre la Plaza del Congreso para que no se pudiera registrar el accionar represivo?
Es obvio que desde esta cuenta, ahora “oficial” se busca silenciar, amedrentando, a las y los periodistas que se animan a informar casos como el escándalo de las coimas en la Agencia de Discapacidad, la estafa de la criptomoneda $LIBRA u otras. Y también a todo activista que se anime a encender la cámara de un celular para registrar la realidad.
Para este gobierno ultraderechista, la “información” consiste en inundar la redes sociales con un ejército de trolls, que difunden fake news (sí, ellos) o insultos mezclados con mentiras, como la reciente de Lilia Lemoine contra el niño Ian Moche y su familia.
“No odiamos demasiado a los periodistas” dijo repetidas veces el presidente Milei. Habría que agregar: “salvo a los amigos”, que genuflexamente le garantizan entrevistas donde le aceptan todo, a él y a su claque, sin pestañear.
La mentira, el insulto al periodismo, la amenaza a los opositores, el uso de expresiones discriminatorias, es el menú que utiliza la ultraderecha mundial. Lo hace, desde las cuentas oficiales, el propio Donald Trump. Mentir, insultar, poner barbaridades discriminatorias como la reciente de trucar disfrazados de primates a Obama y su esposa. Milei lo copia, buscando imitarlo hasta en los gestos.
“Excelente iniciativa”, escribió el ministro de Economía Luis Caputo, el mismo que dice que nunca en su vida se compró ropa en la Argentina y el que, hace unos meses, amenazó a un periodista por divulgar que su fortuna estaba en un paraíso fiscal, tal como decía la propia declaración jurada del ministro. Entiéndase bien, no lo desmintió con pruebas (por otra parte no podría porque esa es la verdad) sino que directamente lo amenazó por “difundir la información”. Sandra Pettovello, también aplaudió: recordemos que amenazó querellar periodistas por dar a conocer la corrupción dentro de su ministerio de Capital Humano. Y por supuesto, también aplaudió el inefable ministro Adorni, el responsable directo de expulsar periodistas acreditados de Casa de Gobierno por el simple hecho de que no le gustaban las preguntas que le hacían en sus insoportables “conferencias de prensa”.
Es el mismo gobierno que en su proyecto de reforma laboral deroga el estatuto del periodista, quitándoles todo los derechos y las garantías mínimas para el ejercicio de su profesión.
La “oficina de respuesta oficial” debutó cuestionando una nota de Clarín, sin siquiera haberla leído bien. Pero en el mismo día de su debut ya arrancó contra la clase trabajadora y los luchadores, con un tuit festejando el procesamiento y eventual despido de los delegados y activistas del Hospital Garrahan, mintiendo alevosamente sobre los motivos: “pusieron en riesgo el funcionamiento del Hospital y agredieron al personal que cumplía tareas críticas".
No nos confundimos. No importa que el primer tuit de esta cuenta de X haya sido contra una nota de Clarín. Sabemos que cualquier ataque a la libertad de expresión más temprano que tarde cae sobre los luchadores, la clase trabajadora y la izquierda. Milei y Joe Doe tardaron apenas un par de horas en demostrarlo, con su tuit sobre el Garrahan. Repudiamos esta utilización fascista de la publicidad oficial. Nos sumamos y solidarizamos con todas las organizaciones de periodistas que salieron a repudiar este engendro. Por eso defendemos irrestrictamente el derecho a la libertad de expresión y estamos en contra de cualquier ataque, mucho más de este gobierno ultraderechista que trata de copiar hasta en el estilo las prácticas fascistas de Trump.