May 14, 2026 Last Updated 5:37 PM, May 13, 2026

Izquierda Socialista

Escribe Pilar Barbás, dirigenta de la Juventud de Izquierda Socialista y secretaria de la Federación Universitaria Argentina.

El martes 12 una multitud volvió a colmar Plaza de Mayo y las plazas de todo el país, con una convocatoria de más de un millón de personas y movilizaciones muy importantes en distintas provincias. La jornada demostró que la defensa de la universidad pública y gratuita sigue siendo una de las principales peleas contra el gobierno de Javier Milei, que ha demostrado reiteradamente que tiene una política concreta de desfinanciamiento universitario.

La movilización se realizó a pocos días de cumplirse 200 días de la votación de la Ley de Presupuesto Universitario, cuyo veto Milei no logró imponer y que, sin embargo, continúa incumpliendo, profundizando la crisis presupuestaria. Antes de la marcha, en un acto de absoluta provocación, el gobierno recortó otros 2,5 billones de pesos a las universidades del presupuesto que el propio oficialismo había votado para este año. Una política coherente con las exigencias del FMI, que deja en evidencia el plan de seguir pagando la deuda externa a costa de la educación, la salud y del superajuste sobre lxs trabajadores.

Pero las manifestaciones demostraron en las calles que ese plan no pasará. No solo expresó la fuerza de la comunidad universitaria, sino también el hartazgo de amplios sectores de la clase trabajadora frente a la motosierra y la corrupción de este gobierno de ultraderecha.

Por eso es fundamental discutir cómo darle continuidad a esta pelea. La cuarta Marcha Federal tiene que continuar con un verdadero plan de lucha.

La fuerza de la movilización no puede ser utilizada como herramienta de negociación del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) con el gobierno. Tampoco la estrategia puede reducirse a esperar que la Justicia vuelva a fallar a favor de la ley ni a negociar una nueva como viene sugiriendo el vicerrector de la UBA y líder de la UCR, Emiliano Yacobitti. No podemos permitir que vuelva a suceder lo mismo que después de las tres marchas federales anteriores, cuando el conflicto se fue dilatando por responsabilidad de las conducciones burocráticas, mientras el superajuste siguió descargándose sobre los salarios docentes y no docentes y sobre lxs estudiantes.

Es necesario profundizar la unidad entre estudiantes, docentes y no docentes, y organizar un plan de lucha nacional en defensa de las universidades públicas, articulado con las demás luchas en curso. Para eso hacen falta asambleas en todas las universidades y comenzar a coordinar instancias interfacultades y espacios de organización comunes. También hay que exigirle a las conducciones de la mesa sindical y de la Federación Universitaria Argentina (FUA) que convoquen y se pongan a la cabeza de la pelea.

Necesitamos profundizar la lucha para conquistar el presupuesto universitario.



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Por Prensa UIT-CIPor Miguel Lamas, dirigente de la UIT-CI

13/5/2026. En un nuevo aniversario de la Nakba llamamos a movilizar en todo el mundo, a sumar a las acciones convocadas para el 15 de mayo. Reproducimos el articulo de Miguel Lamas, publicado en 2025.


Por Miguel Lamas, dirigente de la UIT-CI

Los sindicatos palestinos convocan a una Jornada Mundial de Acción el 15 de mayo, fecha aniversario 77º de la Nakba: llaman a “intensificar la presión a favor de sanciones inmediatas, legales y específicas contra Israel, incluido un embargo militar total”.

Nakba significa “catástrofe” en árabe, y el “día de la Nakba” fue designado por los palestinos el 15 de mayo de 1948 porque fue el día siguiente de la fundación del Estado de Israel que expulsó a los palestinos de sus casas y tierras de origen.

Colonización imperialista y sionista 

El imperialismo norteamericano y británico fueron determinantes en esta fundación de Israel, como un instrumento para dominar el Medio Oriente y adueñarse de sus riquezas, en especial los hidrocarburos.

Israel se fundó expulsando palestinos y sus tierras fueron entregadas a judíos migrantes provenientes de Europa, Rusia, Ucrania, Polonia, Alemania, también de Argentina y otros países del mundo. El argumento sionista fue que esa era la “tierra prometida”, la tierra de sus supuestos ancestros judíos de hace 2 mil años. Algo absurdamente falso. Casi ninguno de los migrantes judíos que ocuparon Palestina tiene reales ancestros en la región. Sólo vivía una minoría judía semita, que convivió siglos pacíficamente con otros semitas árabes de diferentes religiones, también cristianos. Fue recién desde el siglo VII que surgió el Islam como la religión mayoritaria.

Esa Nakba de 1948 siguió empeorando en los siguientes años. La mayor parte de los palestinos fueron expulsados de sus casas y territorios y decenas de miles asesinados.

Israel también atacó en distintos momentos estados árabes vecinos, como Líbano, Egipto y Jordania.

Muchos de los palestinos y palestinas tuvieron que refugiarse en otros países. Una cantidad importante fue a Cisjordania y Gaza, que suman el 22% del territorio de la Palestina histórica y hoy tienen cinco millones de palestinos que ahí resisten.

Hace treinta años se acordó entre Israel y la Organización de Liberación Palestina (OLP) crear ahí un Estado Palestino. Pero eso jamás ocurrió. Israel no lo permitió. De modo que invadió Cisjordania y ahora Gaza.

Detener el genocidio 

En los últimos 19 meses, desde la nueva invasión de Israel en Gaza, fueron asesinados más de 61.700 palestinos y palestinas, el 70% mujeres y niños. La heroica resistencia impidió hasta ahora que Israel pueda dominar completamente la Franja y expulsar a los 2 millones de palestinos como anunciaron y con el apoyo abierto de Donald Trump.

También siguen las movilizaciones de solidaridad con Palestina de los pueblos del mundo. El 2 de mayo marcharon más de un millón de personas en Yemen, que tiene el único gobierno árabe solidario con Palestina, y que fue bombardeado varias veces por Estados Unidos. El 12 de abril también marcharon un millón de personas en Bangladesh. Y hubo grandes marchas recientes en Marruecos, Líbano, Francia, Canadá, Estados Unidos, Reino Unido, Siria, entre otros países.

Desde Palestina, Gaza y Cisjordania, los sindicatos llaman a intensificar esa solidaridad, con manifestaciones el día de la Nakba el 15 de mayo, y exigir sanciones a Israel y anular toda entrega de armas que se hace hoy desde Estados Unidos y Europa. Organizaciones solidarias con Palestina de distintos países, plantearon apoyar estas manifestaciones el día de la Nakba y en esa semana.

Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI), apoyamos a este llamado a la movilización mundial en defensa del heroico pueblo palestino, contra toda entrega de armas a Israel, contra el genocidio y el intento del criminal Netanyahu con apoyo del ultraderechista Donald Trump de anexarse Gaza, matando y expulsando palestinos.

Los gobiernos y monarquías árabes y de Medio Oriente, salvo el régimen de los hutíes en Yemen, no hacen nada en respaldo a la lucha del pueblo palestino, se limitan a emitir tibias declaraciones, cuando deberían romper toda relación con Israel y apoyar con armas y recursos a las organizaciones de resistencia.

Exigimos un inmediato alto al fuego, el retiro de todas las tropas israelíes y el respeto a la integridad de Gaza como parte de Palestina; así como también la inmediata liberación de todos los pasos fronterizos para garantizar el ingreso de alimentos, medicamentos, combustibles y agua, y el restablecimiento inmediato de la energía eléctrica. Repudiamos los bombardeos de Estados Unidos contra Yemen, exigimos el retiro inmediato de las fuerzas israelíes del sur de Siria y Líbano. Rechazamos la ilegal detención y amenaza de deportaciones de activistas que defienden la libertad de Palestina, como ha sucedido en los Estados Unidos y Alemania. Ruptura de relaciones políticas, diplomáticas, comerciales, culturales y académicas con Israel. Por una Palestina única, laica, democrática y no racista. ¡Palestina libre del río al mar!

Estimados compañeros Aldo Casas, Juan Pablo Casiello, Eduardo Lucita, Ariel Petruccelli (*)

Hemos recibido vuestra carta titulada “La izquierda ante un gran desafío”, fechada el 22 de abril de 2026, dirigida a los cuatro partidos que integran el FITU (ver carta en izquierdasocialista.org).

Disculpen la demora de nuestro partido Izquierda Socialista (IS) en responder. Lo primero que queremos decirles son dos cosas: 1) que la carta es muy oportuna y 2) que en trazos gruesos, tenemos amplias coincidencias.

Es claro y muy positivo el objetivo de su carta: “Nos dirigimos fraternalmente a todas las organizaciones políticas que integran el Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad (FITU), así como a las organizaciones políticas, sindicales y sociales que simpatizan con esta coalición. Queremos ofrecer modestamente nuestro parecer sobre los desafíos actuales de las fuerzas revolucionarias en la Argentina, en un contexto que a nuestro juicio tiene pocos precedentes históricos”.

Ustedes señalan correctamente que estamos ante la evidente crisis y caída del apoyo al gobierno de ultraderecha de Milei y que el peronismo no es alternativa para el pueblo trabajador, con su apoyo a la traición de la CGT, sumado “a las subordinaciones de varios de sus gobernadores, diputados, senadores y cargando aún la pesada mochila del gobierno de Fernández-Fernández, que sin duda sigue presente en la memoria de nuestro pueblo y que, en su desbarranque, abrió la puerta para la victoria de Milei”.

Dicen que esto está produciendo un nuevo fenómeno político, el avance “notable de la izquierda, tanto en la intención de votos para el FITU (que supera el 10%) como en la valoración de la figura de Myriam Bregman, que aparece en el primer pelotón de dirigentes con imagen positiva en porcentajes similares a Milei, Kicillof, Bullrich o Cristina y con la imagen negativa más baja […] que sugieren la posibilidad de una radicalización en sentido opuesto. Pero para que esto se haga realidad resulta necesario que la izquierda asuma el desafío de ofrecer una alternativa de gobierno absolutamente independiente de la clase económicamente dominante y de la casta gobernante, intransigente en su programa de cambio estructural”.

Coincidimos plenamente con este diagnóstico y que se ha abierto una gran oportunidad política para la izquierda revolucionaria nucleada en el FITU y para quienes simpatizan con esta alianza. Tal cual lo señalan ustedes, es la primera vez en la historia que millones de sectores de la clase trabajadora, de la juventud y populares miran hacia la izquierda revolucionaria, aunque aún no se pueda asegurar que ya se traduciría en votos esos porcentajes o una adhesión consciente a todo el programa revolucionario del FITU. Tal cual lo dicen, se trata de una “simpatía incipiente” de millones en la figura de Myrian Bregman, como representante de la izquierda nucleada en el FITU, que lleva dando pelea política y en las luchas desde hace 15 años.

Por eso la primera gran coincidencia de Izquierda Socialista (IS) con vuestra carta es que se ha abierto una oportunidad única de que la izquierda revolucionaria capitalice la ruptura de las bases obreras y populares con el peronismo en apoyo electoral y en las luchas por un cambio de fondo en el país, que solo puede ser con un gobierno de las y los trabajadores. Por eso tenemos el gran desafió de responder ofensivamente, hacia el movimiento de masas, diciendo que la izquierda puede, quiere y tiene que gobernar.

Tenemos una segunda coincidencia con vuestra carta, ya que compartimos la misma preocupación con las equivocadas y confusas respuestas que ha dado ante esta realidad la dirección del PTS, el partido de Myriam Bregman.

Aciertan ustedes al destacar que, “con cierta sorpresa, sin embargo, hemos escuchado a las principales figuras públicas de este espacio político –como la misma compañera Myriam Bregman y el compañero Cristian Castillo– poniendo paños fríos a esa posibilidad, dando a entender que todavía no sería posible un gobierno de la izquierda porque no están dadas las condiciones necesarias para tal cosa: falta desarrollo de organismos de doble poder tipo soviets, una clase obrera organizada y movilizada, etc.” […] hoy, a un año y medio de las elecciones, creemos equivocado colocar el énfasis en que no están dadas las condiciones para gobernar e insistir exclusivamente en la resistencia. No se trata de desatender la lucha callejera, ni tampoco de “vender ilusiones”. Pero existe la posibilidad de que un gobierno de las y los trabajadores encabezado por una figura comprometida con un proyecto revolucionario sea visto como una opción real. El solo dato de que este debate esté abierto, quizás por primera vez en la historia de nuestro país, nos habla de una realidad única con aspectos favorables que nos obligan a ser a la vez muy responsables y muy audaces”.

Desde Izquierda Socialista (IS) respondemos afirmativamente al desafío que plantean en su carta. Coincidimos en la propuesta de salir ofensivamente a ese debate de masas sobre si la izquierda puede gobernar, que sectores burgueses ponen en discusión o en duda, muy preocupados con el crecimiento de la izquierda trotskista en el país. Salir a responder que la izquierda del FITU puede y quiere gobernar no es electoralismo, no estamos aún en campaña electoral. Sino que es para disputar la conciencia de millones, denunciando que la alternativa no son los nuevos salvadores del peronismo u otro desconocido político burgués, sino que es necesario organizarse y luchar, como se hizo masivamente con la cuarta marcha universitaria del 12 de mayo. A ellos también debemos señalarles que no va más el gobierno de Milei y la ultraderecha, que para eso hace falta la mayor unidad para derrotarlo, exigiendo un nuevo paro y plan de lucha nacional a la CGT, cosa a lo que se vienen negando, y que la salida pasa por imponer un gobierno de la clase trabajadora. Esta es la propuesta y el programa del FITU y de quienes lo apoyan desde la izquierda. Y que para eso hay que organizarse desde abajo en las empresas, en los lugares de estudio, en los barrios y fomentar coordinadoras de lucha. Para todo esto hay que fortalecer al FITU y su unidad. Ese es el camino para tener una dirección política que esté en condiciones de asumir un gobierno y el poder obrero y popular. Tenemos un programa obrero y socialista y medidas inmediatas para gobernar, como romper con el FMI, dejar de pagar la deuda externa y con esa masa de dinero dar trabajo, con un plan de obras públicas, salario, salud y viviendas populares y anular las privatizaciones para bajar tarifas y dar mejores servicios, entre otras medidas, para avanzar hacia una economía planificada socialista, en consulta democrática con el pueblo trabajador. Como lo decía Lenin, la tarea es luchar y “explicar pacientemente” la salida política del poder obrero y popular.

Acordamos con vuestra carta que esa es la tarea, porque en el país hay una gran crisis económica, política y social que seguramente se seguirá agudizando. Crece la miseria y la caída del nivel de vida. Y que puede haber cambios bruscos e inesperados. Que en algún momento se puede pasar de una aparente calma a grandes luchas, como hay síntomas con las luchas masivas de la educación. El FITU debe estar unido y preparado para ello.

En este sentido desde IS nos preocupa algo que ustedes no pudieron señalar porque ocurrió después de que enviaron la carta. El hecho lamentable de que el PTS, en esta situación nueva y favorable, haya dividido al FITU en el acto del 1° de mayo, haciendo su propio acto en el micro estadio de Ferro. IS, el PO y el MST tuvimos que realizar un acto unitario en Plaza de Mayo, lamentablemente sin Bregman y el PTS. El PTS llegó a utilizar argumentos mentirosos, como que el resto del FIT estaba por un “frente anti Milei” con sectores del peronismo (ver artículo de Juan Carlos Giordano, El Socialista, 6/5/2026. izquierdasocialista.org).

El crecimiento de Myriam Bregman debe ser un factor de unidad, no de división en el Frente de Izquierda. Resulta evidente que PTS ha decidido priorizar, sectariamente, a su partido en detrimento del FIT Unidad.

La tercera gran coincidencia que tenemos con vuestra carta es sobre cuál es la herramienta política revolucionaria para encabezar un proceso hacia un gobierno de las y los trabajadores, como lo propone el programa del FITU.

Ustedes señalan: “Simpatizamos con la idea de construir una gran fuerza política revolucionaria de trabajadores. Pero es probable que la revolución la hagan varios partidos, no uno solo. En todo caso, lo que se necesita para hacer una revolución son millones de personas actuando y deliberando en diferentes tipos de organizaciones. Como asumimos que una democracia socialista será necesariamente plural, no tenemos ningún apuro en la construcción de un único partido. Y en las presentes circunstancias nos parece deseable y factible (aunque no es necesariamente lo que está sucediendo) que las fuerzas que integran el FITU y aquellas que se hallan próximas tejan lazos más estrechos, poniendo en primer lugar el objetivo revolucionario por sobre las construcciones organizativas particulares: la revolución la haremos juntos y la reacción no hará distingos”.

Coincidimos que la tarea central para avanzar en pos de solucionar la dirección revolucionaria no pasa ahora por ponerse a discutir o construir un partido único revolucionario, entre los cuatro partidos del FITU. Desde Izquierda Socialista tenemos la consigna de “unir a las y los revolucionarios” y siempre hemos propuesto, si se dieran las condiciones, transformar al FITU en un frente revolucionario hacia un partido único. Pero no vemos por ahora que haya condiciones ni que esa sea la prioridad. La tarea central es fortalecer al FITU, su unidad y su coordinación para apoyar las luchas y frente a todos los hechos políticos. Tampoco coincidimos con el lanzamiento unilateral del PTS de “construir un partido de la nueva clase obrera”, que no queda claro que sería, si proponen que el FITU se convierta en un PT o que sea una táctica de construcción del PTS aprovechando la figura de la compañera Bregman. Desde Izquierda Socialista consideramos que efectivamente, como lo señalan ustedes en la carta, “es probable que la revolución la hagan varios partidos, no uno solo”. La peculiaridad de Argentina es que existe una alianza de cuatro partidos revolucionarios que se reivindican del trotskismo y que son reconocidos por las masas. Eso no existe, por ahora, en ninguna parte del mundo. Por eso es factible que en un proceso revolucionario en el país tenga gran peso el rol del FITU y de sus aliados. Y que en un futuro gobierno obrero en la Argentina tenga gran protagonismo, no un partido revolucionario sino varios. Probablemente no será solo un gobierno de partidos de izquierda. Desde Izquierda Socialista creemos que también desde el FITU luchamos para que surjan organizaciones obreras y populares de lucha, que serán los protagonistas de ese futuro gobierno, que funcionará bajo una democracia socialista de las organizaciones sociales del nuevo poder.

Como lo dicen en su carta, “el FITU está en condiciones de lanzar el desafío y encabezar la marcha”. Hay que intercambiar en el seno de FITU algunas de sus propuestas de trabajo concretas. Al acercarse más la campaña electoral se puede asumir lo de comités por Myriam Bregman presidente, una vez acordado en el FITU. Otras más inmediatas se puede ver como concretarlas, por ejemplo, la de llamar a formar equipos de trabajo sobre distintos temas incorporando a los grupos y personalidades que apoyan al FITU. Convocando a trabajar a los que no piensan necesariamente igual que los miembros del FITU y que simpatizan con Myriam Bregman y el FITU.

En síntesis, desde Izquierda Socialista agradecemos sus aportes y estamos a disposición para concretar reuniones sobre nuevos intercambios y propuestas de trabajo.

Con saludos revolucionarios,

Dirección Nacional de Izquierda Socialista (IS)

13 de Mayo de 2026

 

*Firmantes de la carta al FIT-U, Aldo Casas (del Consejo de Redacción de Revista Herramienta en Huella del Sur), Juan Pablo Casiello (Delegado Seccional Amsafe Rosario), Ariel Petruccelli  (profesor de Historia de Europa y Teoría de la Historia en la Universidad Nacional del Comahue) y Eduardo Lucita (integrante del colectivo EDI -Economistas de Izquierda- y de Vientos del Pueblo).

 

22 de abril de 2026

Escriben:  Aldo Casas, Juan Pablo Casiello, Eduardo Lucita, Ariel Petruccelli

Adhieren: Eduardo Gruner, Miguel Mazzeo, Mabel Bellucci, Sergio Barrera, Sergio Zeta, Lucía Caisso, Angel Paliza, Santiago Deschutter, 

 

Queridas compañeras, queridos compañeros:

Nos dirigimos fraternalmente a todas las organizaciones políticas que integran el Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad (FITU), así como a las organizaciones políticas, sindicales y sociales que simpatizan con esta coalición. Queremos ofrecer modestamente nuestro parecer sobre los desafíos actuales de las fuerzas revolucionarias en la Argentina, en un contexto que, a nuestro juicio, tiene pocos precedentes históricos.

El apoyo al gobierno de Milei cae significativamente de la mano de una crisis económica que se profundiza con caída de salarios y jubilaciones, inflación que no cede, cierre de fábricas, aumento de la desocupación y la continua aparición de nuevos casos de corrupción.

Quizás una de las mayores “fortalezas” de Milei sea la tremenda debilidad de la oposición que encarna el peronismo. Un peronismo fragmentado (cruzado por fuertes internas como la de Cristina-Axel), sin propuestas políticas capaces de sacarnos de la miseria que se ha ido profundizando, herido por la claudicación de la CGT y la clara subordinación al gobierno nacional de varios de sus gobernadores, diputados y senadores, y cargando aún la pesada mochila del gobierno de Fernández-Fernández, que sin duda sigue presente en la memoria de nuestro pueblo y que, en su desbarranque, abrió la puerta para la victoria de Milei.

En este marco, no resulta casual que las encuestas vengan mostrando un crecimiento notable de la izquierda, tanto en la intención de votos para el FITU (que supera el 10%) como en la valoración de la figura de Myriam Bregman, que aparece en el primer pelotón de dirigentes con imagen positiva en porcentajes similares a Milei, Kicillof, Bullrich o Cristina y con la imagen negativa más baja. Todo indica que la radicalización no se detuvo en el crecimiento exponencial de la ultraderecha, que pasó –a partir de un posicionamiento disruptivo– de la marginalidad a la presidencia de la Nación en cuatro años. Hay signos que sugieren la posibilidad de una radicalización en sentido opuesto. Pero para que esto se haga realidad resulta necesario que la izquierda asuma el desafío de ofrecer una alternativa de gobierno absolutamente independiente de la clase económicamente dominante y de la casta gobernante, intransigente en su programa de cambio estructural, y que se presente como una opción polar no sólo ante la ultraderecha, sino también ante todas las variantes de administración del Estado y de gestión de la sociedad sin transformación radical.

Inevitablemente, las señales que ofrecen las encuestas se han transformado en un tema de agenda de los medios y de los círculos de poder, pero también de la gente común. “¿Será posible que Myriam sea presidenta?”, “¿te la imaginás en el gobierno?”, “¿la izquierda está preparada para gobernar?”

Con cierta sorpresa, sin embargo, hemos escuchado a las principales figuras públicas de este espacio político  –como la misma compañera Myriam Bregman y el compañero Cristian Castillo– poniendo paños fríos a esa posibilidad, dando a entender que todavía no sería posible un gobierno de la izquierda porque no están dadas las condiciones necesarias para tal cosa: falta desarrollo de organismos de doble poder tipo soviets, una clase obrera organizada y movilizada, etc. Explican, como de manera reiterada hiciera el kirchnerismo cuando estuvo en el gobierno, que “una cosa es estar en el gobierno y otra es tener el poder”, y que en las actuales condiciones cualquier gobierno de la izquierda sería bloqueado por los grupos que detentan el poder que no están dispuestos a perder ninguno de sus privilegios.

Sin duda se trata de preocupaciones absolutamente legítimas que nos plantean importantes desafíos. Pero hoy, a un año y medio de las elecciones, creemos equivocado colocar el énfasis en que no están dadas las condiciones para gobernar e insistir exclusivamente en la resistencia. No se trata de desatender la lucha callejera, ni tampoco de “vender ilusiones”. Pero existe la posibilidad de que un gobierno de los trabajadores encabezado por una figura comprometida con un proyecto revolucionario sea visto como una opción real. El solo dato de que este debate esté abierto, quizás por primera vez en la historia de nuestro país, nos habla de una realidad única con aspectos favorables que nos obligan a ser a la vez muy responsables y muy audaces.

Ya abierto el debate, surgen en mucha gente dos preguntas básicas frente a la suma de explicaciones mencionadas: “¿Y para qué se presentan entonces a elecciones?” y “Milei no tenía ninguna estructura ni experiencia de gobierno… ¿la izquierda no puede hacer lo mismo?”

Cuando en abril de 1917 Lenin planteó el objetivo de la toma del poder lo hizo prácticamente contra toda la izquierda rusa, incluida la mayoría de la dirección bolchevique. No faltaban razones, desde luego, a quienes se opusieron a esta audaz elección política: en base a un conjunto de circunstancias bien atendibles, sostenían que no estaban dadas las condiciones para construir el socialismo en el atrasado imperio ruso. La historia tenía reservadas dolorosas experiencias a la revolución que sería ingenuo ignorar. Su deriva fue mucho más compleja y contradictoria de lo que cualquiera hubiera podido prever en 1917. Pero fue la orientación de Lenin (en sintonía con la perspectiva de Trotsky) la que permitió aprovechar una oportunidad histórica.

Las condiciones ideales no se darán nunca. Toda revolución tiene una cuota fundamental de voluntad y audacia. Calibrar fríamente las diferentes situaciones es necesario, pero habrá siempre un margen amplio de incertidumbre. Hoy en día, sin embargo, tenemos la oportunidad absolutamente excepcional en la historia argentina de que un amplio segmento de la clase trabajadora comience a ver con simpatía una opción política (un gobierno revolucionario de trabajadores) que ha estado desterrada por décadas. Esa simpatía incipiente, creemos, debe ser apuntalada con señales muy claras de que las organizaciones revolucionarias de este país están decididas a tomar el poder del Estado, incluso por medios electorales en primera instancia y como paso previo a una transformación radical del propio Estado y de la estructura social que quite el poder económico a la minoría capitalista y entregue el grueso de los medios de producción socializados a la mayoría trabajadora. La simpatía que hoy está despertando la figura de Myriam Bregman ofrece una oportunidad para colocar esta perspectiva de manera decidida en la agenda popular. Y ello implica insistir más en las propuestas propias que en la denuncia de los males ajenos, y dar muestras de disposición a ser algo más que campeones de la resistencia. Hay que dar señales inequívocas de disposición a tomar el poder.

Sabemos que un gobierno obrero –y todo lo izquierdista que se quiera– no podrá afianzar el rumbo si no avanza en la dirección de expropiación de la clase capitalista. Esta es la diferencia principal entre “tener el gobierno” y “tener el poder”. En la actualidad el descontento acumulado de años de frustraciones con las distintas fuerzas políticas del sistema nos permite explicar esto a las masas, incluso cuando nunca antes lo hubieran pensado. Y es evidente que una línea política de este tipo demandará mucho más que votos: serán necesarias millones de personas movilizadas en defensa de esta orientación. Pero para que puedan decidirse a emprender un camino tan inusual y arriesgado, es necesario que las organizaciones revolucionarias den muestras de la mayor resolución, que muestren “vocación de poder”: y no de poder para administrar la miseria capitalista, sino de poder para iniciar una transformación revolucionaria que requerirá, también, de propuestas programáticas más concretas y más detalladas que las que solemos expresar en la arena pública.

En Argentina hoy está abierta la posibilidad de que una opción revolucionaria sea vista con simpatía por un sector ya no pequeño de la sociedad: ese es el mérito histórico del FITU como coalición y del PTS como el partido con mayor incidencia en ese frente político.

La unidad necesaria y la necesidad de una alternativa

El desafío de la hora es construir importantes niveles de militancia y unidad en pos de un objetivo revolucionario. Es decir, superar la resistencia o la mera administración del Estado. Frente a la pregunta que mucha gente se hace en torno a la unidad para ganarle a Milei, no alcanza con responder que una unidad con cualquiera (Pichetto, Villarruel, Rocca) solo anticipa un nuevo fracaso, como fue el gobierno de los Fernández. Esto es cierto, pero insuficiente. Creemos que se trata de proponer la más amplia unidad detrás de un programa mínimo indispensable que siente las bases para sacar a nuestro país de un declive que ya lleva décadas. Para ello es necesario que el grueso de la clase trabajadora comprenda que el Estado no es el Ángel que presentan los peronistas ni el Demonio que fustiga la derecha liberal. El Estado es una pieza importante, pero subordinada a la estructura del mercado mundial y a la propiedad privada de la clase dominante. Tomar el poder del Estado sólo dará buenos frutos si es el paso inicial para una transformación radical del propio Estado y de las relaciones de producción que estructuran la sociedad. En tal sentido, el programa de un gobierno de los trabajadores que no se contente con administrar el capitalismo (lo que hoy por hoy es, sin más, administrar la miseria y la alienación) debe incluir medidas elementales de soberanía, como el no pago de la Deuda externa, el control de la banca y del comercio exterior, la derogación de las leyes de Milei sobre inversión extranjera, la de actividades financieras, avanzar en la derogación del conjunto de leyes y decretos anti-obreros y antipopulares del actual gobierno y, por supuesto, desarrollar una oposición férrea a la guerra imperialista.

También debe volver a colocar en el horizonte popular objetivos clásicos como la abolición del derecho de herencia sobre los medios de producción, la socialización de la tierra o la expropiación de los grandes capitales. Y parece imperioso introducir otros puntos menos clásicos, pero indispensables en el mundo actual, como la necesidad de avanzar en la agricultura ecológica, desarrollar una industria de bienes duraderos en contra de la obsolescencia programada, etc. Elaborar un esbozo de este programa, exponer al debate público diferentes opciones y posibilidades, podría ser una tarea gigantesca de politización de masas capaz de permitir salir a la clase trabajadora de la oscilación entre resistencia a la defensiva y opciones electorales impotentes. En Argentina existen condiciones como para que todo esto se discuta en las calles, las fábricas, las aulas y las plazas.

De la misma manera, no nos parece suficiente denunciar las falencias (innegables) de la democracia burguesa que rige nuestra vida política. Habrá que contraponer los contornos de una democracia revolucionaria con perfiles institucionales posibles que sean más explícitos que unas pocas ideas muy genéricas (como “democracia directa” o “soviets”). Debatir abiertamente las formas institucionales de una democracia socialista, al igual que las formas específicas de una planificación económica socialista, ayudaría a la politización popular y abriría nuevos horizontes que pueden estar al alcance si todas las fuerzas de izquierda, con el FITU en el lugar central, nos ponemos a la tarea. En un mundo que marcha hacia la depredación crecientemente militarizada por parte de los dueños del mundo, oponer una alternativa socialista y revolucionaria de masas es imperioso. Y, en nuestro contexto, posible.

Aceptar el desafío

Es indudable que un acierto del FITU de conjunto ha sido plantearse con mucha firmeza en la vereda opuesta de este gobierno y de los anteriores. De lo que se trata ahora es de saber construir y presentar una propuesta propia con más carnadura que un puñado de consignas.

Las masas deben dejar de vernos como buenos opositores para vernos como la expresión de una propuesta alternativa radical concreta. Si conseguimos que (sobre todo) los sectores movilizados y en lucha comiencen a discutir un programa revolucionario habremos dado un gran paso. Y habrá que discutir a calzón quitado, desde luego, las vías tácticas y estratégicas que se pueden adoptar.

Simpatizamos con la idea de construir una gran fuerza política revolucionaria de trabajadores. Pero es probable que la revolución la hagan varios partidos, no uno solo. En todo caso, lo que se necesita para hacer una revolución son millones de personas actuando y deliberando en diferentes tipos de organizaciones. Como asumimos que una democracia socialista será necesariamente plural, no tenemos ningún apuro en la construcción de un único partido. Y en las presentes circunstancias nos parece deseable y factible (aunque no es necesariamente lo que está sucediendo) que las fuerzas que integran el FITU y aquellas que se hallan próximas tejan lazos más estrechos, poniendo en primer lugar el objetivo revolucionario por sobre las construcciones organizativas particulares: la revolución la haremos juntos y la reacción no hará distingos. Más allá de las tácticas o la estrategia necesarias para dar el primer paso (un gobierno de trabajadores), la construcción de un nuevo orden socialista demandará enormes energías intelectuales, morales y físicas que no podrían ser encauzadas por marcos institucionales demasiado estrechos. Habrá que poner mucho el cuerpo, sin duda, pero también será necesario poner mucha cabeza. Diseñar propuestas, imaginar nuevas instituciones, elaborar alternativas, transitar caminos inexplorados.

¿Cómo pasar de un gobierno de izquierda que ganó las elecciones a un nuevo marco instituyente? Nadie tiene la respuesta. Pero el FITU está en condiciones de lanzar el desafío y encabezar la marcha. Es necesario llamar a formar equipos de trabajo sobre distintos temas. Convocar a trabajar a gente que no piensa necesariamente igual que los marxistas, pero que puede simpatizar con la candidatura de Myriam Bregman. Podemos discutir públicamente todos los grandes temas -agronegocio, minería, energía, bancos, educación, vivienda, transporte, salud, política exterior, modelo industrial, IA, género, medios de comunicación, etc.- y hacerlo sin el chaleco de fuerza del respeto a la propiedad privada capitalista y el imperativo del lucro privado.

Estamos frente a una gran oportunidad. La crisis económica y social, las malas experiencias con los gobiernos anteriores y las profundas contradicciones de la oposición mayoritaria están llevando a la radicalización a una franja del movimiento de masas que se referencia con Myriam Bregman y la izquierda, y que ve en las elecciones del 2027 un evento importante. En la medida en que el peronismo continúe desplazándose hacia la derecha, habrá más campo para una opción por izquierda. Pero si la izquierda no logra postularse a tiempo como una alternativa creíble, de una u otra manera la derecha liberal o el peronismo se recompondrán. La presente “ventana de oportunidades” no será eterna.

Nada de esto significa abandonar las calles para apostarlo todo a las elecciones. Supone, más bien, sumar a la más decidida resistencia callejera un horizonte político en el que las elecciones no sean vistas meramente como la ocasión de ganar un espacio de resistencia (una banca para denunciar las injusticias y apoyar las luchas), sino como una posibilidad de ofrecer a las masas un detallado programa verdaderamente transformador y, eventualmente, de tomar el poder para dar inicio a una revolución. Hoy esto puede parecer extraño e incluso lejano. Pero vivimos una época de aceleración de los tiempos históricos y de repentinos virajes políticos. Esta posibilidad, por lo demás, no es incompatible con un proceso en el que el acceso al poder se dé por otros medios: insurreccionales, por ejemplo. Habrá que tener mucha flexibilidad táctica. Pero, a día de hoy, en el horizonte se perfila con más nitidez un salto electoral que un asalto insurreccional. Por lo demás, no se puede descartar la posibilidad de que una insurrección tenga lugar para defender al poder conquistado electoralmente.

¿Cómo no aprovechar esta situación para multiplicar nuestra referencia y organizar a miles y miles de activistas?

Tenemos que decir con orgullo y convicción que vamos a apostar a que Myriam Bregman sea presidenta, y que para eso hay que organizarse y luchar ahora.

¿Por qué no impulsar en todos lados (facultades, hospitales, fábricas, escuelas, barrios, comercios, etc.) algo así como “Comités de lucha por un gobierno de trabajadores: Miriam Bregman presidenta”?

Hasta hace poco tiempo esto hubiera sido algo imposible, minoritario o meramente testimonial. Hoy puede ser un fenómeno altamente dinámico, a condición de que las fuerzas del FITU se decidan a mostrarse como una alternativa tan clara y decididamente disruptiva (revolucionaria) como dispuesta a gobernar.

Sin dudas: estamos frente a una oportunidad y un desafío extraordinarios.

Quedamos a vuestra disposición para lo que juzguen conveniente.

¡Saludos revolucionarios!

 *Leé la respuesta y propuesta https://izq.ar/3u2

 

 

El 11 de mayo de 1976, en el barrio de Tolosa de la ciudad de La Plata, dos jóvenes y una joven, militantes del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) fueron secuestrados en su vivienda y desaparecidos. Muchos años después sus cuerpos fueron hallados en el cementerio de Ezpeleta, figuraban como NN. 

Escribe: José “Pepe” Rusconi

Luego del golpe militar de 1976, el PST pasó a funcionar en la clandestinidad. Los militantes nos organizamos en “células”, que eran grupos muy reducidos donde se evitaba conocer domicilios, trabajos y apellidos de sus integrantes. Una de estas células funcionaba en el barrio de Tolosa y la conformábamos cinco compañeros y compañeras. Éramos Julio Matamoros “el Bocha”, Alejandro Ford “el Negro”, Mónica de Olazo “Moniquita”, Pelusa y yo. Alejandro y Mónica eran pareja, al igual que Pelusa y yo.

A fines de 1976, este grupo se modificó en su composición. A Pelusa y a mí nos asignaron otras actividades. Miguel, un compañero oriundo de Avellaneda, me reemplazó como responsable de esa célula. Pero en la mañana del 12 de mayo, nos encontramos con Miguel y me contó que la noche anterior, cuando se dirigía al departamento donde vivían los compañeros de Tolosa, al estar llegando, había visto movimientos raros en la entrada. Había seguido caminando hasta la esquina y, al volver, pudo observar que entraban y salían unos tipos con armas largas. Obviamente, se había ido del lugar.

Como yo tenía el teléfono del trabajo de Julio y de su casa familiar, llamé a ambos lugares. En el trabajo me dijeron que no se había presentado y, en su casa, me atendió su hermano menor muy exaltado diciendo que Julio no estaba. En ese momento confirmamos que a los compañeros los habían secuestrado y dimos la alarma al partido.

En ese momento Julio tenía 21 años, Alejandro 20 y Moniquita 18. Julio se había acercado al partido siendo estudiante de Derecho de la UNLP en el año 1973 o 1974. Había militado en Medicina con Pelusa para organizar la Juventud del PST y, al momento de su secuestro, era trabajador del Banco de Crédito Provincial de La Plata. Alejandro era egresado de la Escuela de Bellas Artes de la Facultad de Bellas Artes de la UNLP. Había sido un importante dirigente de la Unión de Estudiantes Secundarios  (UES), rama secundaria de la Juventud Peronista. Tenía un hermano, también estudiante secundario, que era militante de la juventud del PST. Fue muy importante haberlo ganado para las filas del PST. Esto sucedió cerca de la fecha del golpe militar y sus primeros pasos fueron haciendo una Escuela de Formación Política en plena clandestinidad. Esa Escuela la hicimos juntos y ahí nos hicimos muy amigos, se generó un afecto muy grande entre nosotros. Cuando lo secuestraron, ya había ingresado como trabajador en el área de seguridad industrial en la destilería de YPF en La Plata, donde también trabajaba su madre. Era un excelente dibujante. Moniquita había terminado el colegio secundario e integraba la juventud del PST. La conocí en la célula. Cuando la secuestraron estaba recién recibida y embarazada de 2 meses de Alejandro.

Por muchos años ignoramos qué había pasado con ellos. Luego supimos que había testimonios de testigos que decían haberlos visto en distintos Centros Clandestinos de Detención, como el que funcionaba en la Comisaría 5ta y en “La Cacha”. Pero nunca supimos nada sobre sus paraderos. Luego de 37 años, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó sus cuerpos en el osario del cementerio de la localidad de Ezpeleta. Habían sido llevados allí como NN. La mentirosa versión oficial narraba que ellos formaban parte de un grupo de cinco personas que habían atacado la comisaría de esa localidad y que habían sido abatidos por las fuerzas policiales, no pudiendo ser identificados.

El domingo 11 de mayo de 2014 se inhumaron los restos de Alejandro Ford en el Pabellón de los Desaparecidos del cementerio platense, donde su hermano Eduardo convocó a un acto de despedida, invitando a familiares, amigos y viejos compañeros y compañeras. Su madre Elba, fundadora de Madres de Plaza de Mayo, ya había fallecido para entonces. Los restos de Moniquita fueron inhumados por su familia. Los restos de Julio aún no tienen un destino final.

La dictadura asesina se llevó Julio, Alejandro y Mónica y a las y los 30.000, pero no pudo poner fin a las luchas por un mundo más justo. Así es que con los años siguen surgiendo nuevas camadas de luchadores y luchadoras, continuadores de las luchas que dieron Julio, Alejandro y Mónica, por un gobierno de trabajadores y trabajadoras y el socialismo mundial.

Desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad seguimos reclamando memoria, verdad y justicia para Julio, Alejandro y Mónica, y para todas las víctimas de la represión de la las bandas fascistas y la dictadura militar. Seguimos exigiendo: cárcel común, perpetua y efectiva para todos los represores. No olvidamos, no perdonamos , no nos reconciliamos. Compañeras y compañeros del PST asesinados y detenidos-desaparecidos, ¡hasta el socialismo, siempre!

 

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