
Escribe José Castillo
Muchas compañeras y compañeros, miran con simpatía a Myriam Bregman y al Frente de Izquierda. Inmediatamente surge el interrogante de cómo sería en concreto un gobierno del FIT Unidad.
Lo primero que debemos dejar en claro es que nosotros queremos llegar al poder para imponer un gobierno de la clase trabajadora y los sectores populares. Convocaríamos inmediatamente al sindicalismo combativo, los cuerpos de delegados, las comisiones internas u otras formas de organización que puedan surgir para discutir democráticamente el plan de emergencia para sacar al país de la crisis. También participarán tanto de la toma de decisiones como de la gestión concreta de gobierno las y los estudiantes que luchan en defensa de la educación pública, el movimiento de mujeres y disidencias, las organizaciones combativas de jubiladas y jubilados, los movimientos de desocupados, el movimiento en defensa del ambiente y todo otro movimiento u organismo que surja en el proceso. Cada lucha, cada organización en defensa de alguna reivindicación específica, tendrá su lugar. Todo será decidido democráticamente, con la más plena libertad para deliberar, opinar y decidir, por parte de distintos partidos, fracciones, grupos o incluso compañeras o compañeros individuales, que podrán dar a conocer sus posiciones y ponerlas a votación.
Llamaremos a que se elijan democráticamente todos los cargos, (incluyendo los jueces) con representantes revocables en cualquier momento si no cumplen el mandato de sus bases. Todas y todos los electos cobrarán un salario igual al de un trabajador calificado, terminando con los privilegios y sueldos millonarios.
Empezaríamos por supuesto, con un plan de emergencia, con medidas básicas, como dejar de pagar la deuda externa, romper con el FMI, ponerles fuertes impuestos a los ricos y las grandes empresas. Estatizaríamos y pondríamos inmediatamente a funcionar bajo gestión obrera a las empresas que cerraron o cierren (como el caso de FATE), prohibiendo suspensiones y despidos. Obviamente derogaríamos el RIGI y la reforma laboral esclavista. Y fijaríamos un piso de salarios y jubilaciones igual a la canasta familiar. Pondríamos todos los recursos a disposición de resolver las más urgentes necesidades populares, como la salud y la educación públicas y lanzaríamos un plan de construcción de viviendas populares.
Un punto importante es que haríamos con los sectores patronales o de privilegio que boicoteen o se nieguen a cumplir las normas. Lo primero y principal es que recurriríamos a la movilización popular. Por ejemplo, si hay empresas que boicotean la producción o provocan desabastecimiento, promoveríamos que fueran sus propios trabajadoras y trabajadores los que impongan, con control obrero y popular, su funcionamiento, expropiando así a cualquier empresa que se niegue a cumplir. Tomemos un ejemplo, que nos sirve ala vez para ilustrar qué distinto que sería nuestro gobierno en comparación con los gobiernos peronistas recientes. Recordemos cuando con Alberto Fernández se produjo el desfalco y vaciamiento de la cerealera Vicentín y se planteó nacionalizarla. Ese gobierno peronista retrocedió, no lo llevó adelante y terminó avalando la estafa. Un gobierno del Frente de Izquierda hubiera aprovechado la oportunidad, la hubiera estatizado y puesto a funcionar bajo el control de sus propios trabajadoras y trabajadores.
Lo mismo vale para enfrentar presiones internacionales del imperialismo, las grandes empresas transnacionales o el poder financiero mundial. Llamaríamos a la más amplia solidaridad de los pueblos del mundo, nos solidarizaríamos incondicionalmente con sus luchas y pediríamos que hagan lo mismo con nosotros. Propondríamos por ejemplo, la conformación de un frente de países deudores latinoamericanos para enfrentar juntos a los pulpos especuladores imperialistas.
Estos serán, sin duda, apenas los primeros pasos. Cumpliríamos inmediatamente, con todas las reivindicaciones democráticas pendientes del movimiento de derechos humanos (como la apertura de todos los archivos de la dictadura), del movimiento de mujeres y disidencias, incluyendo la separación de la Iglesia y el Estado, de la juventud, del movimiento de lucha en defensa del ambiente, de los pueblos originarios.
Habrá que discutir, con la más amplia democracia de las y los trabajadores, como llevamos adelante un gran planificación de la economía donde se decida cuáles son las prioridades en base a las necesidades y no a la rentabilidad del mercado. Se trata en suma, de que gobiernen los que nunca lo han hecho hasta ahora: las y los trabajadores, la juventud, el movimiento de mujeres y disidencias y el resto de los sectores populares, en el camino de construir una Argentina socialista, con plena democracia para el pueblo trabajador.
Estimados compañeros Aldo Casas, Juan Pablo Casiello, Eduardo Lucita, Ariel Petruccelli (*)
Hemos recibido vuestra carta titulada “La izquierda ante un gran desafío”, fechada el 22 de abril de 2026, dirigida a los cuatro partidos que integran el FITU (ver carta en izquierdasocialista.org).
Disculpen la demora de nuestro partido Izquierda Socialista (IS) en responder. Lo primero que queremos decirles son dos cosas: 1) que la carta es muy oportuna y 2) que en trazos gruesos, tenemos amplias coincidencias.
Es claro y muy positivo el objetivo de su carta: “Nos dirigimos fraternalmente a todas las organizaciones políticas que integran el Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad (FITU), así como a las organizaciones políticas, sindicales y sociales que simpatizan con esta coalición. Queremos ofrecer modestamente nuestro parecer sobre los desafíos actuales de las fuerzas revolucionarias en la Argentina, en un contexto que a nuestro juicio tiene pocos precedentes históricos”.
Ustedes señalan correctamente que estamos ante la evidente crisis y caída del apoyo al gobierno de ultraderecha de Milei y que el peronismo no es alternativa para el pueblo trabajador, con su apoyo a la traición de la CGT, sumado “a las subordinaciones de varios de sus gobernadores, diputados, senadores y cargando aún la pesada mochila del gobierno de Fernández-Fernández, que sin duda sigue presente en la memoria de nuestro pueblo y que, en su desbarranque, abrió la puerta para la victoria de Milei”.
Dicen que esto está produciendo un nuevo fenómeno político, el avance “notable de la izquierda, tanto en la intención de votos para el FITU (que supera el 10%) como en la valoración de la figura de Myriam Bregman, que aparece en el primer pelotón de dirigentes con imagen positiva en porcentajes similares a Milei, Kicillof, Bullrich o Cristina y con la imagen negativa más baja […] que sugieren la posibilidad de una radicalización en sentido opuesto. Pero para que esto se haga realidad resulta necesario que la izquierda asuma el desafío de ofrecer una alternativa de gobierno absolutamente independiente de la clase económicamente dominante y de la casta gobernante, intransigente en su programa de cambio estructural”.
Coincidimos plenamente con este diagnóstico y que se ha abierto una gran oportunidad política para la izquierda revolucionaria nucleada en el FITU y para quienes simpatizan con esta alianza. Tal cual lo señalan ustedes, es la primera vez en la historia que millones de sectores de la clase trabajadora, de la juventud y populares miran hacia la izquierda revolucionaria, aunque aún no se pueda asegurar que ya se traduciría en votos esos porcentajes o una adhesión consciente a todo el programa revolucionario del FITU. Tal cual lo dicen, se trata de una “simpatía incipiente” de millones en la figura de Myrian Bregman, como representante de la izquierda nucleada en el FITU, que lleva dando pelea política y en las luchas desde hace 15 años.
Por eso la primera gran coincidencia de Izquierda Socialista (IS) con vuestra carta es que se ha abierto una oportunidad única de que la izquierda revolucionaria capitalice la ruptura de las bases obreras y populares con el peronismo en apoyo electoral y en las luchas por un cambio de fondo en el país, que solo puede ser con un gobierno de las y los trabajadores. Por eso tenemos el gran desafió de responder ofensivamente, hacia el movimiento de masas, diciendo que la izquierda puede, quiere y tiene que gobernar.
Tenemos una segunda coincidencia con vuestra carta, ya que compartimos la misma preocupación con las equivocadas y confusas respuestas que ha dado ante esta realidad la dirección del PTS, el partido de Myriam Bregman.
Aciertan ustedes al destacar que, “con cierta sorpresa, sin embargo, hemos escuchado a las principales figuras públicas de este espacio político –como la misma compañera Myriam Bregman y el compañero Cristian Castillo– poniendo paños fríos a esa posibilidad, dando a entender que todavía no sería posible un gobierno de la izquierda porque no están dadas las condiciones necesarias para tal cosa: falta desarrollo de organismos de doble poder tipo soviets, una clase obrera organizada y movilizada, etc.” […] hoy, a un año y medio de las elecciones, creemos equivocado colocar el énfasis en que no están dadas las condiciones para gobernar e insistir exclusivamente en la resistencia. No se trata de desatender la lucha callejera, ni tampoco de “vender ilusiones”. Pero existe la posibilidad de que un gobierno de las y los trabajadores encabezado por una figura comprometida con un proyecto revolucionario sea visto como una opción real. El solo dato de que este debate esté abierto, quizás por primera vez en la historia de nuestro país, nos habla de una realidad única con aspectos favorables que nos obligan a ser a la vez muy responsables y muy audaces”.
Desde Izquierda Socialista (IS) respondemos afirmativamente al desafío que plantean en su carta. Coincidimos en la propuesta de salir ofensivamente a ese debate de masas sobre si la izquierda puede gobernar, que sectores burgueses ponen en discusión o en duda, muy preocupados con el crecimiento de la izquierda trotskista en el país. Salir a responder que la izquierda del FITU puede y quiere gobernar no es electoralismo, no estamos aún en campaña electoral. Sino que es para disputar la conciencia de millones, denunciando que la alternativa no son los nuevos salvadores del peronismo u otro desconocido político burgués, sino que es necesario organizarse y luchar, como se hizo masivamente con la cuarta marcha universitaria del 12 de mayo. A ellos también debemos señalarles que no va más el gobierno de Milei y la ultraderecha, que para eso hace falta la mayor unidad para derrotarlo, exigiendo un nuevo paro y plan de lucha nacional a la CGT, cosa a lo que se vienen negando, y que la salida pasa por imponer un gobierno de la clase trabajadora. Esta es la propuesta y el programa del FITU y de quienes lo apoyan desde la izquierda. Y que para eso hay que organizarse desde abajo en las empresas, en los lugares de estudio, en los barrios y fomentar coordinadoras de lucha. Para todo esto hay que fortalecer al FITU y su unidad. Ese es el camino para tener una dirección política que esté en condiciones de asumir un gobierno y el poder obrero y popular. Tenemos un programa obrero y socialista y medidas inmediatas para gobernar, como romper con el FMI, dejar de pagar la deuda externa y con esa masa de dinero dar trabajo, con un plan de obras públicas, salario, salud y viviendas populares y anular las privatizaciones para bajar tarifas y dar mejores servicios, entre otras medidas, para avanzar hacia una economía planificada socialista, en consulta democrática con el pueblo trabajador. Como lo decía Lenin, la tarea es luchar y “explicar pacientemente” la salida política del poder obrero y popular.
Acordamos con vuestra carta que esa es la tarea, porque en el país hay una gran crisis económica, política y social que seguramente se seguirá agudizando. Crece la miseria y la caída del nivel de vida. Y que puede haber cambios bruscos e inesperados. Que en algún momento se puede pasar de una aparente calma a grandes luchas, como hay síntomas con las luchas masivas de la educación. El FITU debe estar unido y preparado para ello.
En este sentido desde IS nos preocupa algo que ustedes no pudieron señalar porque ocurrió después de que enviaron la carta. El hecho lamentable de que el PTS, en esta situación nueva y favorable, haya dividido al FITU en el acto del 1° de mayo, haciendo su propio acto en el micro estadio de Ferro. IS, el PO y el MST tuvimos que realizar un acto unitario en Plaza de Mayo, lamentablemente sin Bregman y el PTS. El PTS llegó a utilizar argumentos mentirosos, como que el resto del FIT estaba por un “frente anti Milei” con sectores del peronismo (ver artículo de Juan Carlos Giordano, El Socialista, 6/5/2026. izquierdasocialista.org).
El crecimiento de Myriam Bregman debe ser un factor de unidad, no de división en el Frente de Izquierda. Resulta evidente que PTS ha decidido priorizar, sectariamente, a su partido en detrimento del FIT Unidad.
La tercera gran coincidencia que tenemos con vuestra carta es sobre cuál es la herramienta política revolucionaria para encabezar un proceso hacia un gobierno de las y los trabajadores, como lo propone el programa del FITU.
Ustedes señalan: “Simpatizamos con la idea de construir una gran fuerza política revolucionaria de trabajadores. Pero es probable que la revolución la hagan varios partidos, no uno solo. En todo caso, lo que se necesita para hacer una revolución son millones de personas actuando y deliberando en diferentes tipos de organizaciones. Como asumimos que una democracia socialista será necesariamente plural, no tenemos ningún apuro en la construcción de un único partido. Y en las presentes circunstancias nos parece deseable y factible (aunque no es necesariamente lo que está sucediendo) que las fuerzas que integran el FITU y aquellas que se hallan próximas tejan lazos más estrechos, poniendo en primer lugar el objetivo revolucionario por sobre las construcciones organizativas particulares: la revolución la haremos juntos y la reacción no hará distingos”.
Coincidimos que la tarea central para avanzar en pos de solucionar la dirección revolucionaria no pasa ahora por ponerse a discutir o construir un partido único revolucionario, entre los cuatro partidos del FITU. Desde Izquierda Socialista tenemos la consigna de “unir a las y los revolucionarios” y siempre hemos propuesto, si se dieran las condiciones, transformar al FITU en un frente revolucionario hacia un partido único. Pero no vemos por ahora que haya condiciones ni que esa sea la prioridad. La tarea central es fortalecer al FITU, su unidad y su coordinación para apoyar las luchas y frente a todos los hechos políticos. Tampoco coincidimos con el lanzamiento unilateral del PTS de “construir un partido de la nueva clase obrera”, que no queda claro que sería, si proponen que el FITU se convierta en un PT o que sea una táctica de construcción del PTS aprovechando la figura de la compañera Bregman. Desde Izquierda Socialista consideramos que efectivamente, como lo señalan ustedes en la carta, “es probable que la revolución la hagan varios partidos, no uno solo”. La peculiaridad de Argentina es que existe una alianza de cuatro partidos revolucionarios que se reivindican del trotskismo y que son reconocidos por las masas. Eso no existe, por ahora, en ninguna parte del mundo. Por eso es factible que en un proceso revolucionario en el país tenga gran peso el rol del FITU y de sus aliados. Y que en un futuro gobierno obrero en la Argentina tenga gran protagonismo, no un partido revolucionario sino varios. Probablemente no será solo un gobierno de partidos de izquierda. Desde Izquierda Socialista creemos que también desde el FITU luchamos para que surjan organizaciones obreras y populares de lucha, que serán los protagonistas de ese futuro gobierno, que funcionará bajo una democracia socialista de las organizaciones sociales del nuevo poder.
Como lo dicen en su carta, “el FITU está en condiciones de lanzar el desafío y encabezar la marcha”. Hay que intercambiar en el seno de FITU algunas de sus propuestas de trabajo concretas. Al acercarse más la campaña electoral se puede asumir lo de comités por Myriam Bregman presidente, una vez acordado en el FITU. Otras más inmediatas se puede ver como concretarlas, por ejemplo, la de llamar a formar equipos de trabajo sobre distintos temas incorporando a los grupos y personalidades que apoyan al FITU. Convocando a trabajar a los que no piensan necesariamente igual que los miembros del FITU y que simpatizan con Myriam Bregman y el FITU.
En síntesis, desde Izquierda Socialista agradecemos sus aportes y estamos a disposición para concretar reuniones sobre nuevos intercambios y propuestas de trabajo.
Con saludos revolucionarios, Dirección Nacional de Izquierda Socialista (IS)
13 de Mayo de 2026
* Firmantes de la carta al FIT-U, Aldo Casas (del Consejo de Redacción de Revista Herramienta en Huella del Sur), Juan Pablo Casiello (Delegado Seccional Amsafe Rosario), Ariel Petruccelli (profesor de Historia de Europa y Teoría de la Historia en la Universidad Nacional del Comahue) y Eduardo Lucita (integrante del colectivo EDI -Economistas de Izquierda).
Estimados compañeros Aldo Casas, Juan Pablo Casiello, Eduardo Lucita, Ariel Petruccelli (*)
Hemos recibido vuestra carta titulada “La izquierda ante un gran desafío”, fechada el 22 de abril de 2026, dirigida a los cuatro partidos que integran el FITU (ver carta en izquierdasocialista.org).
Disculpen la demora de nuestro partido Izquierda Socialista (IS) en responder. Lo primero que queremos decirles son dos cosas: 1) que la carta es muy oportuna y 2) que en trazos gruesos, tenemos amplias coincidencias.
Es claro y muy positivo el objetivo de su carta: “Nos dirigimos fraternalmente a todas las organizaciones políticas que integran el Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad (FITU), así como a las organizaciones políticas, sindicales y sociales que simpatizan con esta coalición. Queremos ofrecer modestamente nuestro parecer sobre los desafíos actuales de las fuerzas revolucionarias en la Argentina, en un contexto que a nuestro juicio tiene pocos precedentes históricos”.
Ustedes señalan correctamente que estamos ante la evidente crisis y caída del apoyo al gobierno de ultraderecha de Milei y que el peronismo no es alternativa para el pueblo trabajador, con su apoyo a la traición de la CGT, sumado “a las subordinaciones de varios de sus gobernadores, diputados, senadores y cargando aún la pesada mochila del gobierno de Fernández-Fernández, que sin duda sigue presente en la memoria de nuestro pueblo y que, en su desbarranque, abrió la puerta para la victoria de Milei”.
Dicen que esto está produciendo un nuevo fenómeno político, el avance “notable de la izquierda, tanto en la intención de votos para el FITU (que supera el 10%) como en la valoración de la figura de Myriam Bregman, que aparece en el primer pelotón de dirigentes con imagen positiva en porcentajes similares a Milei, Kicillof, Bullrich o Cristina y con la imagen negativa más baja […] que sugieren la posibilidad de una radicalización en sentido opuesto. Pero para que esto se haga realidad resulta necesario que la izquierda asuma el desafío de ofrecer una alternativa de gobierno absolutamente independiente de la clase económicamente dominante y de la casta gobernante, intransigente en su programa de cambio estructural”.
Coincidimos plenamente con este diagnóstico y que se ha abierto una gran oportunidad política para la izquierda revolucionaria nucleada en el FITU y para quienes simpatizan con esta alianza. Tal cual lo señalan ustedes, es la primera vez en la historia que millones de sectores de la clase trabajadora, de la juventud y populares miran hacia la izquierda revolucionaria, aunque aún no se pueda asegurar que ya se traduciría en votos esos porcentajes o una adhesión consciente a todo el programa revolucionario del FITU. Tal cual lo dicen, se trata de una “simpatía incipiente” de millones en la figura de Myrian Bregman, como representante de la izquierda nucleada en el FITU, que lleva dando pelea política y en las luchas desde hace 15 años.
Por eso la primera gran coincidencia de Izquierda Socialista (IS) con vuestra carta es que se ha abierto una oportunidad única de que la izquierda revolucionaria capitalice la ruptura de las bases obreras y populares con el peronismo en apoyo electoral y en las luchas por un cambio de fondo en el país, que solo puede ser con un gobierno de las y los trabajadores. Por eso tenemos el gran desafió de responder ofensivamente, hacia el movimiento de masas, diciendo que la izquierda puede, quiere y tiene que gobernar.
Tenemos una segunda coincidencia con vuestra carta, ya que compartimos la misma preocupación con las equivocadas y confusas respuestas que ha dado ante esta realidad la dirección del PTS, el partido de Myriam Bregman.
Aciertan ustedes al destacar que, “con cierta sorpresa, sin embargo, hemos escuchado a las principales figuras públicas de este espacio político –como la misma compañera Myriam Bregman y el compañero Cristian Castillo– poniendo paños fríos a esa posibilidad, dando a entender que todavía no sería posible un gobierno de la izquierda porque no están dadas las condiciones necesarias para tal cosa: falta desarrollo de organismos de doble poder tipo soviets, una clase obrera organizada y movilizada, etc.” […] hoy, a un año y medio de las elecciones, creemos equivocado colocar el énfasis en que no están dadas las condiciones para gobernar e insistir exclusivamente en la resistencia. No se trata de desatender la lucha callejera, ni tampoco de “vender ilusiones”. Pero existe la posibilidad de que un gobierno de las y los trabajadores encabezado por una figura comprometida con un proyecto revolucionario sea visto como una opción real. El solo dato de que este debate esté abierto, quizás por primera vez en la historia de nuestro país, nos habla de una realidad única con aspectos favorables que nos obligan a ser a la vez muy responsables y muy audaces”.
Desde Izquierda Socialista (IS) respondemos afirmativamente al desafío que plantean en su carta. Coincidimos en la propuesta de salir ofensivamente a ese debate de masas sobre si la izquierda puede gobernar, que sectores burgueses ponen en discusión o en duda, muy preocupados con el crecimiento de la izquierda trotskista en el país. Salir a responder que la izquierda del FITU puede y quiere gobernar no es electoralismo, no estamos aún en campaña electoral. Sino que es para disputar la conciencia de millones, denunciando que la alternativa no son los nuevos salvadores del peronismo u otro desconocido político burgués, sino que es necesario organizarse y luchar, como se hizo masivamente con la cuarta marcha universitaria del 12 de mayo. A ellos también debemos señalarles que no va más el gobierno de Milei y la ultraderecha, que para eso hace falta la mayor unidad para derrotarlo, exigiendo un nuevo paro y plan de lucha nacional a la CGT, cosa a lo que se vienen negando, y que la salida pasa por imponer un gobierno de la clase trabajadora. Esta es la propuesta y el programa del FITU y de quienes lo apoyan desde la izquierda. Y que para eso hay que organizarse desde abajo en las empresas, en los lugares de estudio, en los barrios y fomentar coordinadoras de lucha. Para todo esto hay que fortalecer al FITU y su unidad. Ese es el camino para tener una dirección política que esté en condiciones de asumir un gobierno y el poder obrero y popular. Tenemos un programa obrero y socialista y medidas inmediatas para gobernar, como romper con el FMI, dejar de pagar la deuda externa y con esa masa de dinero dar trabajo, con un plan de obras públicas, salario, salud y viviendas populares y anular las privatizaciones para bajar tarifas y dar mejores servicios, entre otras medidas, para avanzar hacia una economía planificada socialista, en consulta democrática con el pueblo trabajador. Como lo decía Lenin, la tarea es luchar y “explicar pacientemente” la salida política del poder obrero y popular.
Acordamos con vuestra carta que esa es la tarea, porque en el país hay una gran crisis económica, política y social que seguramente se seguirá agudizando. Crece la miseria y la caída del nivel de vida. Y que puede haber cambios bruscos e inesperados. Que en algún momento se puede pasar de una aparente calma a grandes luchas, como hay síntomas con las luchas masivas de la educación. El FITU debe estar unido y preparado para ello.
En este sentido desde IS nos preocupa algo que ustedes no pudieron señalar porque ocurrió después de que enviaron la carta. El hecho lamentable de que el PTS, en esta situación nueva y favorable, haya dividido al FITU en el acto del 1° de mayo, haciendo su propio acto en el micro estadio de Ferro. IS, el PO y el MST tuvimos que realizar un acto unitario en Plaza de Mayo, lamentablemente sin Bregman y el PTS. El PTS llegó a utilizar argumentos mentirosos, como que el resto del FIT estaba por un “frente anti Milei” con sectores del peronismo (ver artículo de Juan Carlos Giordano, El Socialista, 6/5/2026. izquierdasocialista.org).
El crecimiento de Myriam Bregman debe ser un factor de unidad, no de división en el Frente de Izquierda. Resulta evidente que PTS ha decidido priorizar, sectariamente, a su partido en detrimento del FIT Unidad.
La tercera gran coincidencia que tenemos con vuestra carta es sobre cuál es la herramienta política revolucionaria para encabezar un proceso hacia un gobierno de las y los trabajadores, como lo propone el programa del FITU.
Ustedes señalan: “Simpatizamos con la idea de construir una gran fuerza política revolucionaria de trabajadores. Pero es probable que la revolución la hagan varios partidos, no uno solo. En todo caso, lo que se necesita para hacer una revolución son millones de personas actuando y deliberando en diferentes tipos de organizaciones. Como asumimos que una democracia socialista será necesariamente plural, no tenemos ningún apuro en la construcción de un único partido. Y en las presentes circunstancias nos parece deseable y factible (aunque no es necesariamente lo que está sucediendo) que las fuerzas que integran el FITU y aquellas que se hallan próximas tejan lazos más estrechos, poniendo en primer lugar el objetivo revolucionario por sobre las construcciones organizativas particulares: la revolución la haremos juntos y la reacción no hará distingos”.
Coincidimos que la tarea central para avanzar en pos de solucionar la dirección revolucionaria no pasa ahora por ponerse a discutir o construir un partido único revolucionario, entre los cuatro partidos del FITU. Desde Izquierda Socialista tenemos la consigna de “unir a las y los revolucionarios” y siempre hemos propuesto, si se dieran las condiciones, transformar al FITU en un frente revolucionario hacia un partido único. Pero no vemos por ahora que haya condiciones ni que esa sea la prioridad. La tarea central es fortalecer al FITU, su unidad y su coordinación para apoyar las luchas y frente a todos los hechos políticos. Tampoco coincidimos con el lanzamiento unilateral del PTS de “construir un partido de la nueva clase obrera”, que no queda claro que sería, si proponen que el FITU se convierta en un PT o que sea una táctica de construcción del PTS aprovechando la figura de la compañera Bregman. Desde Izquierda Socialista consideramos que efectivamente, como lo señalan ustedes en la carta, “es probable que la revolución la hagan varios partidos, no uno solo”. La peculiaridad de Argentina es que existe una alianza de cuatro partidos revolucionarios que se reivindican del trotskismo y que son reconocidos por las masas. Eso no existe, por ahora, en ninguna parte del mundo. Por eso es factible que en un proceso revolucionario en el país tenga gran peso el rol del FITU y de sus aliados. Y que en un futuro gobierno obrero en la Argentina tenga gran protagonismo, no un partido revolucionario sino varios. Probablemente no será solo un gobierno de partidos de izquierda. Desde Izquierda Socialista creemos que también desde el FITU luchamos para que surjan organizaciones obreras y populares de lucha, que serán los protagonistas de ese futuro gobierno, que funcionará bajo una democracia socialista de las organizaciones sociales del nuevo poder.
Como lo dicen en su carta, “el FITU está en condiciones de lanzar el desafío y encabezar la marcha”. Hay que intercambiar en el seno de FITU algunas de sus propuestas de trabajo concretas. Al acercarse más la campaña electoral se puede asumir lo de comités por Myriam Bregman presidente, una vez acordado en el FITU. Otras más inmediatas se puede ver como concretarlas, por ejemplo, la de llamar a formar equipos de trabajo sobre distintos temas incorporando a los grupos y personalidades que apoyan al FITU. Convocando a trabajar a los que no piensan necesariamente igual que los miembros del FITU y que simpatizan con Myriam Bregman y el FITU.
En síntesis, desde Izquierda Socialista agradecemos sus aportes y estamos a disposición para concretar reuniones sobre nuevos intercambios y propuestas de trabajo.
Con saludos revolucionarios,
Dirección Nacional de Izquierda Socialista (IS)
13 de Mayo de 2026
*Firmantes de la carta al FIT-U, Aldo Casas (del Consejo de Redacción de Revista Herramienta en Huella del Sur), Juan Pablo Casiello (Delegado Seccional Amsafe Rosario), Ariel Petruccelli (profesor de Historia de Europa y Teoría de la Historia en la Universidad Nacional del Comahue) y Eduardo Lucita (integrante del colectivo EDI -Economistas de Izquierda-).
22 de abril de 2026
Escriben: Aldo Casas, Juan Pablo Casiello, Eduardo Lucita, Ariel Petruccelli
Adhieren: Eduardo Gruner, Miguel Mazzeo, Mabel Bellucci, Sergio Barrera, Sergio Zeta, Lucía Caisso, Angel Paliza, Santiago Deschutter,
Queridas compañeras, queridos compañeros:
Nos dirigimos fraternalmente a todas las organizaciones políticas que integran el Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad (FITU), así como a las organizaciones políticas, sindicales y sociales que simpatizan con esta coalición. Queremos ofrecer modestamente nuestro parecer sobre los desafíos actuales de las fuerzas revolucionarias en la Argentina, en un contexto que, a nuestro juicio, tiene pocos precedentes históricos.
El apoyo al gobierno de Milei cae significativamente de la mano de una crisis económica que se profundiza con caída de salarios y jubilaciones, inflación que no cede, cierre de fábricas, aumento de la desocupación y la continua aparición de nuevos casos de corrupción.
Quizás una de las mayores “fortalezas” de Milei sea la tremenda debilidad de la oposición que encarna el peronismo. Un peronismo fragmentado (cruzado por fuertes internas como la de Cristina-Axel), sin propuestas políticas capaces de sacarnos de la miseria que se ha ido profundizando, herido por la claudicación de la CGT y la clara subordinación al gobierno nacional de varios de sus gobernadores, diputados y senadores, y cargando aún la pesada mochila del gobierno de Fernández-Fernández, que sin duda sigue presente en la memoria de nuestro pueblo y que, en su desbarranque, abrió la puerta para la victoria de Milei.
En este marco, no resulta casual que las encuestas vengan mostrando un crecimiento notable de la izquierda, tanto en la intención de votos para el FITU (que supera el 10%) como en la valoración de la figura de Myriam Bregman, que aparece en el primer pelotón de dirigentes con imagen positiva en porcentajes similares a Milei, Kicillof, Bullrich o Cristina y con la imagen negativa más baja. Todo indica que la radicalización no se detuvo en el crecimiento exponencial de la ultraderecha, que pasó –a partir de un posicionamiento disruptivo– de la marginalidad a la presidencia de la Nación en cuatro años. Hay signos que sugieren la posibilidad de una radicalización en sentido opuesto. Pero para que esto se haga realidad resulta necesario que la izquierda asuma el desafío de ofrecer una alternativa de gobierno absolutamente independiente de la clase económicamente dominante y de la casta gobernante, intransigente en su programa de cambio estructural, y que se presente como una opción polar no sólo ante la ultraderecha, sino también ante todas las variantes de administración del Estado y de gestión de la sociedad sin transformación radical.
Inevitablemente, las señales que ofrecen las encuestas se han transformado en un tema de agenda de los medios y de los círculos de poder, pero también de la gente común. “¿Será posible que Myriam sea presidenta?”, “¿te la imaginás en el gobierno?”, “¿la izquierda está preparada para gobernar?”
Con cierta sorpresa, sin embargo, hemos escuchado a las principales figuras públicas de este espacio político –como la misma compañera Myriam Bregman y el compañero Cristian Castillo– poniendo paños fríos a esa posibilidad, dando a entender que todavía no sería posible un gobierno de la izquierda porque no están dadas las condiciones necesarias para tal cosa: falta desarrollo de organismos de doble poder tipo soviets, una clase obrera organizada y movilizada, etc. Explican, como de manera reiterada hiciera el kirchnerismo cuando estuvo en el gobierno, que “una cosa es estar en el gobierno y otra es tener el poder”, y que en las actuales condiciones cualquier gobierno de la izquierda sería bloqueado por los grupos que detentan el poder que no están dispuestos a perder ninguno de sus privilegios.
Sin duda se trata de preocupaciones absolutamente legítimas que nos plantean importantes desafíos. Pero hoy, a un año y medio de las elecciones, creemos equivocado colocar el énfasis en que no están dadas las condiciones para gobernar e insistir exclusivamente en la resistencia. No se trata de desatender la lucha callejera, ni tampoco de “vender ilusiones”. Pero existe la posibilidad de que un gobierno de los trabajadores encabezado por una figura comprometida con un proyecto revolucionario sea visto como una opción real. El solo dato de que este debate esté abierto, quizás por primera vez en la historia de nuestro país, nos habla de una realidad única con aspectos favorables que nos obligan a ser a la vez muy responsables y muy audaces.
Ya abierto el debate, surgen en mucha gente dos preguntas básicas frente a la suma de explicaciones mencionadas: “¿Y para qué se presentan entonces a elecciones?” y “Milei no tenía ninguna estructura ni experiencia de gobierno… ¿la izquierda no puede hacer lo mismo?”
Cuando en abril de 1917 Lenin planteó el objetivo de la toma del poder lo hizo prácticamente contra toda la izquierda rusa, incluida la mayoría de la dirección bolchevique. No faltaban razones, desde luego, a quienes se opusieron a esta audaz elección política: en base a un conjunto de circunstancias bien atendibles, sostenían que no estaban dadas las condiciones para construir el socialismo en el atrasado imperio ruso. La historia tenía reservadas dolorosas experiencias a la revolución que sería ingenuo ignorar. Su deriva fue mucho más compleja y contradictoria de lo que cualquiera hubiera podido prever en 1917. Pero fue la orientación de Lenin (en sintonía con la perspectiva de Trotsky) la que permitió aprovechar una oportunidad histórica.
Las condiciones ideales no se darán nunca. Toda revolución tiene una cuota fundamental de voluntad y audacia. Calibrar fríamente las diferentes situaciones es necesario, pero habrá siempre un margen amplio de incertidumbre. Hoy en día, sin embargo, tenemos la oportunidad absolutamente excepcional en la historia argentina de que un amplio segmento de la clase trabajadora comience a ver con simpatía una opción política (un gobierno revolucionario de trabajadores) que ha estado desterrada por décadas. Esa simpatía incipiente, creemos, debe ser apuntalada con señales muy claras de que las organizaciones revolucionarias de este país están decididas a tomar el poder del Estado, incluso por medios electorales en primera instancia y como paso previo a una transformación radical del propio Estado y de la estructura social que quite el poder económico a la minoría capitalista y entregue el grueso de los medios de producción socializados a la mayoría trabajadora. La simpatía que hoy está despertando la figura de Myriam Bregman ofrece una oportunidad para colocar esta perspectiva de manera decidida en la agenda popular. Y ello implica insistir más en las propuestas propias que en la denuncia de los males ajenos, y dar muestras de disposición a ser algo más que campeones de la resistencia. Hay que dar señales inequívocas de disposición a tomar el poder.
Sabemos que un gobierno obrero –y todo lo izquierdista que se quiera– no podrá afianzar el rumbo si no avanza en la dirección de expropiación de la clase capitalista. Esta es la diferencia principal entre “tener el gobierno” y “tener el poder”. En la actualidad el descontento acumulado de años de frustraciones con las distintas fuerzas políticas del sistema nos permite explicar esto a las masas, incluso cuando nunca antes lo hubieran pensado. Y es evidente que una línea política de este tipo demandará mucho más que votos: serán necesarias millones de personas movilizadas en defensa de esta orientación. Pero para que puedan decidirse a emprender un camino tan inusual y arriesgado, es necesario que las organizaciones revolucionarias den muestras de la mayor resolución, que muestren “vocación de poder”: y no de poder para administrar la miseria capitalista, sino de poder para iniciar una transformación revolucionaria que requerirá, también, de propuestas programáticas más concretas y más detalladas que las que solemos expresar en la arena pública.
En Argentina hoy está abierta la posibilidad de que una opción revolucionaria sea vista con simpatía por un sector ya no pequeño de la sociedad: ese es el mérito histórico del FITU como coalición y del PTS como el partido con mayor incidencia en ese frente político.
La unidad necesaria y la necesidad de una alternativa
El desafío de la hora es construir importantes niveles de militancia y unidad en pos de un objetivo revolucionario. Es decir, superar la resistencia o la mera administración del Estado. Frente a la pregunta que mucha gente se hace en torno a la unidad para ganarle a Milei, no alcanza con responder que una unidad con cualquiera (Pichetto, Villarruel, Rocca) solo anticipa un nuevo fracaso, como fue el gobierno de los Fernández. Esto es cierto, pero insuficiente. Creemos que se trata de proponer la más amplia unidad detrás de un programa mínimo indispensable que siente las bases para sacar a nuestro país de un declive que ya lleva décadas. Para ello es necesario que el grueso de la clase trabajadora comprenda que el Estado no es el Ángel que presentan los peronistas ni el Demonio que fustiga la derecha liberal. El Estado es una pieza importante, pero subordinada a la estructura del mercado mundial y a la propiedad privada de la clase dominante. Tomar el poder del Estado sólo dará buenos frutos si es el paso inicial para una transformación radical del propio Estado y de las relaciones de producción que estructuran la sociedad. En tal sentido, el programa de un gobierno de los trabajadores que no se contente con administrar el capitalismo (lo que hoy por hoy es, sin más, administrar la miseria y la alienación) debe incluir medidas elementales de soberanía, como el no pago de la Deuda externa, el control de la banca y del comercio exterior, la derogación de las leyes de Milei sobre inversión extranjera, la de actividades financieras, avanzar en la derogación del conjunto de leyes y decretos anti-obreros y antipopulares del actual gobierno y, por supuesto, desarrollar una oposición férrea a la guerra imperialista.
También debe volver a colocar en el horizonte popular objetivos clásicos como la abolición del derecho de herencia sobre los medios de producción, la socialización de la tierra o la expropiación de los grandes capitales. Y parece imperioso introducir otros puntos menos clásicos, pero indispensables en el mundo actual, como la necesidad de avanzar en la agricultura ecológica, desarrollar una industria de bienes duraderos en contra de la obsolescencia programada, etc. Elaborar un esbozo de este programa, exponer al debate público diferentes opciones y posibilidades, podría ser una tarea gigantesca de politización de masas capaz de permitir salir a la clase trabajadora de la oscilación entre resistencia a la defensiva y opciones electorales impotentes. En Argentina existen condiciones como para que todo esto se discuta en las calles, las fábricas, las aulas y las plazas.
De la misma manera, no nos parece suficiente denunciar las falencias (innegables) de la democracia burguesa que rige nuestra vida política. Habrá que contraponer los contornos de una democracia revolucionaria con perfiles institucionales posibles que sean más explícitos que unas pocas ideas muy genéricas (como “democracia directa” o “soviets”). Debatir abiertamente las formas institucionales de una democracia socialista, al igual que las formas específicas de una planificación económica socialista, ayudaría a la politización popular y abriría nuevos horizontes que pueden estar al alcance si todas las fuerzas de izquierda, con el FITU en el lugar central, nos ponemos a la tarea. En un mundo que marcha hacia la depredación crecientemente militarizada por parte de los dueños del mundo, oponer una alternativa socialista y revolucionaria de masas es imperioso. Y, en nuestro contexto, posible.
Aceptar el desafío
Es indudable que un acierto del FITU de conjunto ha sido plantearse con mucha firmeza en la vereda opuesta de este gobierno y de los anteriores. De lo que se trata ahora es de saber construir y presentar una propuesta propia con más carnadura que un puñado de consignas.
Las masas deben dejar de vernos como buenos opositores para vernos como la expresión de una propuesta alternativa radical concreta. Si conseguimos que (sobre todo) los sectores movilizados y en lucha comiencen a discutir un programa revolucionario habremos dado un gran paso. Y habrá que discutir a calzón quitado, desde luego, las vías tácticas y estratégicas que se pueden adoptar.
Simpatizamos con la idea de construir una gran fuerza política revolucionaria de trabajadores. Pero es probable que la revolución la hagan varios partidos, no uno solo. En todo caso, lo que se necesita para hacer una revolución son millones de personas actuando y deliberando en diferentes tipos de organizaciones. Como asumimos que una democracia socialista será necesariamente plural, no tenemos ningún apuro en la construcción de un único partido. Y en las presentes circunstancias nos parece deseable y factible (aunque no es necesariamente lo que está sucediendo) que las fuerzas que integran el FITU y aquellas que se hallan próximas tejan lazos más estrechos, poniendo en primer lugar el objetivo revolucionario por sobre las construcciones organizativas particulares: la revolución la haremos juntos y la reacción no hará distingos. Más allá de las tácticas o la estrategia necesarias para dar el primer paso (un gobierno de trabajadores), la construcción de un nuevo orden socialista demandará enormes energías intelectuales, morales y físicas que no podrían ser encauzadas por marcos institucionales demasiado estrechos. Habrá que poner mucho el cuerpo, sin duda, pero también será necesario poner mucha cabeza. Diseñar propuestas, imaginar nuevas instituciones, elaborar alternativas, transitar caminos inexplorados.
¿Cómo pasar de un gobierno de izquierda que ganó las elecciones a un nuevo marco instituyente? Nadie tiene la respuesta. Pero el FITU está en condiciones de lanzar el desafío y encabezar la marcha. Es necesario llamar a formar equipos de trabajo sobre distintos temas. Convocar a trabajar a gente que no piensa necesariamente igual que los marxistas, pero que puede simpatizar con la candidatura de Myriam Bregman. Podemos discutir públicamente todos los grandes temas -agronegocio, minería, energía, bancos, educación, vivienda, transporte, salud, política exterior, modelo industrial, IA, género, medios de comunicación, etc.- y hacerlo sin el chaleco de fuerza del respeto a la propiedad privada capitalista y el imperativo del lucro privado.
Estamos frente a una gran oportunidad. La crisis económica y social, las malas experiencias con los gobiernos anteriores y las profundas contradicciones de la oposición mayoritaria están llevando a la radicalización a una franja del movimiento de masas que se referencia con Myriam Bregman y la izquierda, y que ve en las elecciones del 2027 un evento importante. En la medida en que el peronismo continúe desplazándose hacia la derecha, habrá más campo para una opción por izquierda. Pero si la izquierda no logra postularse a tiempo como una alternativa creíble, de una u otra manera la derecha liberal o el peronismo se recompondrán. La presente “ventana de oportunidades” no será eterna.
Nada de esto significa abandonar las calles para apostarlo todo a las elecciones. Supone, más bien, sumar a la más decidida resistencia callejera un horizonte político en el que las elecciones no sean vistas meramente como la ocasión de ganar un espacio de resistencia (una banca para denunciar las injusticias y apoyar las luchas), sino como una posibilidad de ofrecer a las masas un detallado programa verdaderamente transformador y, eventualmente, de tomar el poder para dar inicio a una revolución. Hoy esto puede parecer extraño e incluso lejano. Pero vivimos una época de aceleración de los tiempos históricos y de repentinos virajes políticos. Esta posibilidad, por lo demás, no es incompatible con un proceso en el que el acceso al poder se dé por otros medios: insurreccionales, por ejemplo. Habrá que tener mucha flexibilidad táctica. Pero, a día de hoy, en el horizonte se perfila con más nitidez un salto electoral que un asalto insurreccional. Por lo demás, no se puede descartar la posibilidad de que una insurrección tenga lugar para defender al poder conquistado electoralmente.
¿Cómo no aprovechar esta situación para multiplicar nuestra referencia y organizar a miles y miles de activistas?
Tenemos que decir con orgullo y convicción que vamos a apostar a que Myriam Bregman sea presidenta, y que para eso hay que organizarse y luchar ahora.
¿Por qué no impulsar en todos lados (facultades, hospitales, fábricas, escuelas, barrios, comercios, etc.) algo así como “Comités de lucha por un gobierno de trabajadores: Miriam Bregman presidenta”?
Hasta hace poco tiempo esto hubiera sido algo imposible, minoritario o meramente testimonial. Hoy puede ser un fenómeno altamente dinámico, a condición de que las fuerzas del FITU se decidan a mostrarse como una alternativa tan clara y decididamente disruptiva (revolucionaria) como dispuesta a gobernar.
Sin dudas: estamos frente a una oportunidad y un desafío extraordinarios.
Quedamos a vuestra disposición para lo que juzguen conveniente.
¡Saludos revolucionarios!
*Leé la respuesta y propuesta https://izq.ar/3u2

Escribe José Castillo
En Plaza de Mayo, convocado por Izquierda Socialista, el Partido Obrero y el MST, se realizó un masivo acto por el Día del Trabajador. Miles de manifestantes se pronunciaron contra Javier Milei y en defensa del Frente de Izquierda Unidad. El PTS, en cambio, decidió dividir con un acto propio.
Como tantas otras veces, en un nuevo aniversario del Día Internacional de las y los trabajadores, el Frente de Izquierda Unidad copó la Plaza de Mayo. Las banderas de Izquierda Socialista, el Partido Obrero y el MST se hicieron presentes, junto con las de otras organizaciones como Vientos del Pueblo, Opinión Socialista, Unión y Lucha Barrial. También sobresalían los estandartes de la Seccional Oeste de la Unión Ferroviaria junto con las banderas de la lista Bordó, las del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (Sutna) con sus carteles de “FATE no se cierra”, de la Asociación Gremial Docente de la Universidad de Buenos Aires, de la lista Multicolor del Suteba y de otras agrupaciones opositoras a la burocracia sindical. Estaban, y le daban color y fervor, las juventudes de los tres partidos convocantes. También se veían las banderas de agrupaciones en defensa del ambiente, de movimientos piqueteros y de organizaciones combativas de jubiladas y jubilados.
Fue un acto en memoria y homenaje de los mártires de Chicago, con un carácter internacionalista, como se realizaba ese día en distintos lugares del mundo. Pero el centro no fue solo la rememoración. También se señaló que el origen de la jornada fue la pelea por las ocho horas de trabajo, las mismas que Milei acaba de eliminar con su reforma laboral antiobrera, entregada sin lucha por la burocracia sindical de la CGT. El carácter internacionalista del acto se expresó en la reivindicación de la lucha del pueblo palestino y en la denuncia de la detención ilegal, en aguas internacionales, de los barcos de la Flotilla Global Sumud y el secuestro de sus integrantes. Entre ellos los miembros del Frente de Izquierda: Mónica Schlotthauer y Ezequiel Peressini, de Izquierda Socialista; Pablo Giachello, del Partido Obrero; Celeste Fierro y Raúl Laguna, del Movimiento Socialista de los Trabajadores; y la activista ambiental Cristina Agüero. Al final del acto se vivió un momento muy emocionante, cuando se proyectó un video de estas compañeras y compañeros saludando tras haber sido liberados en Grecia.
El carácter unitario del acto convocó a una importante cantidad de personalidades independientes. Estuvieron presentes Nina Brugo y María Julia Constant, de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto; Victoria Agüero, hermana de una de las participantes de la Flotilla Global Sumud; y los economistas Eduardo Lucita y Claudio Katz. También estuvieron presentes Carlos Loza, ex detenido en la ESMA y Mirta Israel, del colectivo Unidxs por la Cultura y de Actrices Argentinas y distintos referentes sociales y de derechos humanos.
Subieron al escenario representantes de las principales luchas de los últimos tiempos. En el primer bloque de discursos, hablaron Alejandro Crespo, del Sutna, quien relató la lucha de las y los obreros de FATE; Norma Lezana, de la Asociación de Profesionales y Técnicos (APyT) del Hospital Garrahan; y Rubén “Pollo” Sobrero, secretario general de la Unión Ferroviaria Seccional Oeste y referente del sindicalismo combativo. También habló Norberto Señor, de Vientos del Pueblo, y se leyó un saludo de Opinión Socialista.
En la segunda parte del acto, tomaron la palabra los dirigentes políticos de los partidos convocantes. Hablaron Gabriel Solano, del Partido Obrero, y Alejandro Bodart, del Movimiento Socialista de los Trabajadores. Por Izquierda Socialista, intervino el diputado nacional electo Juan Carlos “Gringo” Giordano, quien destacó la importancia de continuar y profundizar la lucha contra el gobierno ultraderechista de Milei. También alertó que el peronismo no es una salida y que la única alternativa es el Frente de Izquierda Unidad. En ese marco, señaló como grave el error del PTS al haber decidido realizar un acto en solitario.
La jornada culminó con todas y todos los presentes entonando La Internacional, el himno mundial de la clase trabajadora. La multitud se retiró con el convencimiento de la necesidad de continuar y redoblar la lucha contra el plan motosierra de Milei y el FMI, y con la tarea de seguir fortaleciendo, en unidad, al Frente de Izquierda. El objetivo es que la salida no sea una nueva frustración, como la que prefigura el peronismo, sino un gobierno de las y los trabajadores y la izquierda, en camino al socialismo.
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