
Escribe Mercedes Trimarchi, diputada electa CABA por Izquierda Socialista/FIT Unidad
Jorge Macri intenta vender una Ciudad “ordenada” con operativos represivos, desalojos y una campaña millonaria bajo la consigna reaccionaria de “Ley y Orden”. Detrás de esa puesta en escena crecen la pobreza, la crisis habitacional y la cantidad de personas en situación de calle, a quienes el gobierno porteño criminaliza y estigmatiza.
La Ciudad más rica del país lleva casi dos décadas gobernada por el PRO. Sin embargo, lejos de garantizar los derechos elementales a la vivienda, la salud, la educación y el trabajo, el Ejecutivo local profundiza un modelo diseñado exclusivamente para los negocios inmobiliarios. Mientras se rematan tierras públicas y se favorece la especulación de los grandes constructores, cientos de familias trabajadoras son desalojadas.
El informe elaborado por la Defensoría del Pueblo y el Ministerio Público de la Defensa muestra que entre diciembre de 2023 y los primeros meses de 2026 se llevaron adelante 621 desalojos que afectaron a 4.482 personas, entre ellas 1.409 niñas, niños y adolescentes.
El propio gobierno de la Ciudad tuvo que reconocer, el año pasado, que las personas en situación de calle aumentaron un 23,2%, pasando de 3.286 a 4.049. Sin embargo, el Tercer Censo Popular, realizado por más de treinta organizaciones sociales, sindicales y de derechos humanos, relevó a 11.892 personas, casi el triple de la cifra oficial. Esta enorme brecha no es un error técnico. Expresa la decisión política de invisibilizar una emergencia social aberrante.
La respuesta de Jorge Macri frente a esta catástrofe no es ampliar los paradores ni fortalecer la asistencia, sino profundizar la lógica punitiva. Incluso la ONU cuestionó estas medidas, advirtiendo sobre la existencia de un “patrón de criminalización” en la Ciudad.
Cada procedimiento que el gobierno exhibe en sus redes sociales como un triunfo es, en realidad, un ataque con toda la violencia estatal contra los sectores más vulnerables. Los trabajadores de la venta ambulante y los feriantes sufren el decomiso diario de su mercadería, multas y persecución policial.
A esto se suma una fuerte impronta xenófoba. La persecución golpea con saña a las comunidades migrantes en los barrios populares. Los discursos oficiales asocian deliberadamente pobreza, migración e inseguridad para justificar el hostigamiento cotidiano y el control de la Policía de la Ciudad, instalando el discurso racista de que “migrante es igual a delincuente”.
Desde Izquierda Socialista en el FIT Unidad denunciamos esta política de hambre, persecución y exclusión. Exigimos el cese inmediato de los operativos represivos contra los que menos tienen.
Frente a la crisis habitacional, planteamos un vuelco total de los recursos de la Ciudad. Plan urgente de construcción de viviendas populares, urbanización real de las villas, impuesto progresivo a las miles de viviendas ociosas que se usan para especular y créditos a tasa cero para las familias trabajadoras.
Te invitamos a organizarte con nosotres para enfrentar este modelo de ciudad para pocos.

Escribe Mercedes de Mendieta, diputada nacional electa Izquierda Socialista / FIT-U
En el día de ayer la influencer, sexóloga y feminista Lic. C. publicó una historia en Instagram en la que expresó que pudo salir de una situación de violencia de género por parte de su ex pareja Nacho Levy, director de la revista la Garganta Poderosa. Luego de su denuncia pública otras ex parejas apoyaron su denuncia. En primer lugar, queremos hacer llegar nuestro abrazo a Cecilia y a todas las mujeres que alzan la voz ante la violencia machista y patriarcal, ya que toda denuncia implica un camino tortuoso donde quienes denuncian son cuestionadas, atacadas y revictimizadas. Como venimos diciendo desde que se inició la cuarta ola feminista contra la violencia machista, quien denuncia lo hace cuando y como puede, incluso con contradicciones frente al impacto de reconocerse como víctima de violencia de género.
Ante la pregunta que circuló en las redes “¿Cómo pudo pasarle a ella que es psicóloga, sexóloga y feminista?” Decimos que no escapamos ni quienes somos feministas o “conocemos” los mecanismos con los que actúa la manipulación, el maltrato y el control. Todas y todes podemos ser víctimas de violencia de género, porque es parte estructural de la sociedad capitalista y patriarcal en la que vivimos y atraviesa el conjunto de los espacios y las instituciones por las que transitamos. La violencia patriarcal actúa en nuestras vidas de una manera muy profunda y también muchas veces silenciosa, lo que nos dificulta encontrar mecanismos para salir de esas situaciones.
El masivo #3J luego del femicidio de Agostina puso al descubierto que en el país de #NiUnaMenos y bajo el gobierno de Milei que es negacionista de la violencia de género, las feministas no nos pasamos tres pueblos, sino que nos toca volver a salir a las calles por las que ya no están y para exigir que se ponga presupuesto para combatir este flagelo. Porque negar la violencia de género, eliminar las políticas de prevención, esbozar discursos contra el feminismo, intentar quitar la categoría de femicidios del Código Penal, atacar a las madres protectores, hablar de “falsas denuncias”, retroalimentan un clima de violencia y hostilidad hacia mujeres y disidencias. La masividad de la respuesta en las calles, explica que bajo un clima de recrudecimiento creciente de la violencia de género, muchas mujeres y disidencias puedan sentirse más fuertes para alzar la voz, como el caso de la Lic.C, que además tanto ella como su ex pareja son personas públicas. El caso también nos permite tomar conciencia del daño que implica la violencia psicológica. Los femicidios son la forma más extrema en que se ejerce la violencia de género, pero identificar que existen distintas formas en que se manifiesta nos permite actuar y salir de esos vínculos.
Por otro lado, se presentaron otros debates en relación a porque un varón que se dice “aliado” o tiene una militancia popular ejerce violencia de género. Es que, un varón que ejerce violencia de género en algunas de sus dimensiones (física, psicológica, económica, simbólica) no son monstruos aislados ni casos excepcionales. La realidad demuestra que son parejas, padres, amigos, que tienen hijos o compañeros de militancia. Porque la violencia de género es reproducida bajo el sistema capitalista y patriarcal, a través de las instituciones, de la socialización de los varones, de los estereotipos de género, de los roles asignados a las masculinidades, entre otras múltiples variables. Cuando mencionamos instituciones incluimos a los partidos políticos, a las organizaciones sociales, a los sindicatos, a los clubes, a las escuelas o universidades, entre otras. Sabemos que dentro de este sistema capitalista y patriarcal ningún espacio está exento de estas violencias. Por eso, insistimos en la aplicación de la ESI, en la promoción de talleres de concientización y protocolos para actuar frente a los casos de violencia de género. Combatir la violencia de género es sin dudas una tarea ardua y cotidiana que incluye promover la reflexión crítica sobre prácticas sociales naturalizadas que reproducen desigualdades de género, trabajar sobre el consentimiento mutuo y la responsabilidad afectiva para avanzar hacia vínculos más empáticos y libres de violencia también dentro de las organizaciones. Tarea que no es exclusiva de las mujeres o disidencias sino también de los varones para que tomen conciencia y cambien sus prácticas, un debate que tomó lugar a partir del caso de Agostina ante la pregunta “de qué podemos hacer como varones”.
Impulsamos un movimiento feminista que pelee en las calles para combatir la violencia de género y decimos que los gobiernos son responsables. Luchamos por políticas que permitan tanto prevenir la violencia machista como su condena. Desde nuestra perspectiva feminista y socialista insistimos en que para terminar con el machismo tenemos que pelear también por una sociedad distinta, sin opresión ni explotación.
El jueves 4 de junio en el Café Prometeo en CABA se presentó Las bolches, los partidos de izquierda en la Argentina y el movimiento de mujeres en la historia reciente. Su autora, Natalia Casola, es historiadora y profesora en la UBA y del CONICET, en su Instituto de Investigaciones en Estudios de Género (IIEGE).
La presentadora fue Débora D’Antonio, directora de la colección Pasados Presentes, que impulsa la publicación de investigaciones históricas en distintos rubros, en las últimas décadas del Siglo XX. Participó también Gabriela Mitidieri, historiadora de la UBA y del IIEGE, autora de, entre otros trabajos, Las trabajadoras de las ropas: coser, lavar y disputar derechos en la ciudad de Buenos Aires, 1848-1870, sobre las obreras textiles, también publicado por Prometeo.
Por último, estuvo Mercedes Petit, dirigente de Izquierda Socialista (UIT-CI), de larga trayectoria militante en la corriente del trotskismo que encabezó Nahuel Moreno. Entre otros numerosos artículos y escritos, es autora del libro Mujeres trabajadoras y marxismo: un debate sobre la opresión, escrito en 1980 y reeditado en 2025 por Editorial Cehus[1].
Este libro de Natalia Casola es una muy seria investigación sobre la actuación en relación de la organización y luchas de las mujeres y disidencias en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta. Con un minucioso trabajo de historia oral, entrevistando a diversas militantes protagonistas de aquellos años, y un abundante recorrido por publicaciones de archivo y bibliografía. Por un lado, del Partido Comunista (PC), destacando la trayectoria de la UMA (Unión de Mujeres Argentina) fundada en 1947; y del Partido Comunista Revolucionario (PCR), desde su surgimiento en 1968. Por el otro, del trotskismo, trabajando sobre las experiencias del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y su sucesor el Movimiento al Socialismo (MAS), de la mencionada corriente morenista, y el Partido Obrero (PO), cuyo referente era Jorge Altamira.
En las distintas intervenciones se destacó el mérito de la obra al rescatar en profundidad las complejas relaciones entre marxismos y feminismo de aquellas décadas. Discute la idea de que haya sido solamente el “matrimonio infeliz” que resumió la célebre definición de la feminista Heide Hartmann en 1983, para centrarse en las tensiones, pero también en las mutuas influencias. Mercedes Petit rescató al respecto la seriedad con que la autora ubica al morenismo como un “pionero” en el acompañamiento de las luchas de las mujeres y las disidencias LGTB por su liberación y lo vincula a su carácter internacionalista. Y llamó a no dudar un instante: comprar Las bolches y leerlo cuanto antes, dado que es muy bueno.
[1] Disponible en www.nahuelmoreno.org/otros autores. En El trotskismo en la Argentina (Camareo y Mangiantini, Prometeo, 2024) hay un artículo de Natalia Casola que ubica el debate de aquel documento.

Escribe Mercedes Trimarchi, diputada electa en CABA por Izquierda Socialista/FIT Unidad
Miles de personas colmaron la Plaza Congreso en Buenos Aires y las plazas de todo el país al cumplirse once años del primer #NiUnaMenos.
El femicidio de Agostina Vega y el tratamiento mediático que acompañó el caso transformaron el dolor y la indignación en una nueva jornada de lucha. Fue una respuesta colectiva frente a un gobierno que niega sistemáticamente la violencia patriarcal, ataca al movimiento feminista y desmantela las políticas de género mediante recortes, cierres de programas y desfinanciamiento.
La Plaza Congreso volvió a convertirse en escenario de una masiva demostración de fuerza. Esta vez, con los feminismos como protagonistas. Antes de las cinco de la tarde, hora de la convocatoria, ya se veían grupos de jóvenes con carteles pintados a mano, madres con sus hijas, docentes, estudiantes y trabajadoras que se sumaron con aplausos a la ronda de jubiladas y jubilados de los miércoles. Para las 18.30, cuando comenzó la lectura del documento, la plaza estaba completamente colmada
Las voces de Lila Daunes, Thelma Fardin y Cazzu dieron lectura al texto elaborado colectivamente en las asambleas preparatorias (Ver Documento completo del #3J) El documento abrió con un contundente reclamo de justicia por Agostina, Dulce, Noelia y por todas las víctimas de la violencia machista. “Feminismos para derrotar a Milei, al FMI y sus cómplices”, fue una de las definiciones que marcaron el tono político de la jornada.
El texto expresó la tristeza y la rabia frente a los femicidios, lesbicidios, travesticidios y crímenes de odio, y señaló que el caso de Agostina sintetiza múltiples formas de violencia institucional. 
Vista de una parte de la columna de Isadora en Plaza Congreso
A su vez, el documento denunció el modelo de ajuste, saqueo y endeudamiento que golpea especialmente a mujeres y disidencias. Se convocó a enfrentar las políticas impulsadas por Javier Milei, el FMI y los sectores que respaldan su programa económico, señalando que la precarización laboral, el pluriempleo y el empobrecimiento profundizan las desigualdades y las violencias. También se expresó el rechazo a la reforma laboral, a la entrega de los bienes comunes y al pago de la deuda externa.
Desde el escenario también se reclamó la aprobación y el cumplimiento efectivo de la Ley de Financiamiento Universitario, la Ley de Emergencia Pediátrica y la Ley de Emergencia en Discapacidad, entendiendo que la defensa de los derechos forma parte de una misma pelea contra el ajuste.
“Justicia por Agostina”, un reclamo de la familia que se replicó en todas las plazas del país
La solidaridad internacionalista tuvo asimismo un lugar destacado. El documento reivindicó la lucha del pueblo boliviano que enfrenta las políticas de ajuste y saqueo del gobierno de Rodrigo Paz: “La rebelión en Bolivia tiene rostro de mujeres y con pollera. Su coraje nos inspira”, afirmaron las oradoras.
La fuerza de los feminismos frente al gobierno de Milei
La multitudinaria convocatoria en Congreso, junto con las movilizaciones realizadas en decenas de ciudades del país, mostró que el movimiento feminista conserva una enorme capacidad de organización y movilización. Lejos de retroceder frente a los ataques del gobierno, volvió a ocupar las calles para enfrentar lo que el propio documento definió como un “antifeminismo de Estado”. 
La creatividad se expresó en miles de carteles hechos a mano en alusión a la lucha de las mujeres
El 3J dejó una conclusión clara: mientras continúen los femicidios, la violencia machista y las políticas de ajuste, seguirá habiendo miles de personas organizadas levantando las banderas de #NiUnaMenos. La Plaza Congreso y las calles aledañas repletas fueron la mejor expresión de esa fuerza colectiva.
La movilización también ratificó la exigencia de presupuesto para combatir la violencia de género, el rechazo a proyectos reaccionarios como la iniciativa sobre falsas denuncias y la defensa irrestricta de la Educación Sexual Integral. A once años del primer #NiUnaMenos, la respuesta fue masiva y callejera. Un duro golpe contra el gobierno de Milei.
Cazzu y Thelma Fardín quienes junto a Lila Daunes leyeron el documento de #NiUnaMenos
Bajo una lluvia torrencial que no dio tregua, más de 100 mil personas colmaron las calles de Córdoba para pedir Justicia por Agostina. En la cabecera de la movilización participaron familiares de Agostina entre ellos su abuela Elizabeth y su abuelo Miguel junto a una tía y un tío y otros seres queridos. El peso de la jornada se sintió también en las aulas, la bronca logró arrancarle al Ministerio de Educación de la provincia el retiro anticipado de docentes y estudiantes.
La masividad mostró una provincia conmocionada donde la bronca crecía día a día a medida que se conocían más detalles de las cadenas de desprotección y la complicidad policial, judicial y política. Por eso, la movilización llevó bien alto el pedido de renuncia del Ministerio de Seguridad Quinteros y la destitución del Fiscal Garzón. En las calles resonó con fuerza el señalamiento hacia las responsabilidades del gobierno provincial de Llaryora, de las fuerzas de seguridad y del Poder Judicial. A Agostina no solo la asesinó su femicida, también la empujaron a la indefensión de las instituciones que debían protegerla.
Luego de más de cuatro horas, la marcha culminó con un acto en el que tomaron la palabra familiares de víctimas de femicidios, desapariciones y redes de trata de personas. Bajo la lluvia se leyó el documento consensuado entre las organizaciones convocantes y Noelia Agüero, lo hizo por Isadora. La jornada concluyó con una certeza compartida: Córdoba volvió a levantar la voz para exigir #NiUnaMenos.
Correspondal