Jun 18, 2021 Last Updated 6:34 PM, Jun 16, 2021

Cristina Fernández reapareció junto al gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, dando un discurso en clave absolutamente electoral. Busca, evidentemente, “marcar la cancha” de cara a las PASO, tanto en la disputa con la oposición patronal de Juntos por el Cambio como en la propia interna peronista del Frente de Todos. Dice que no hay que hacer política con las vacunas, pero se jacta de las millones que están llegando. Nada dice, lamentablemente, del balance del retraso. Ya hay más de 86.000 muertos, continúan los contagios y seguimos con las terapias intensivas colapsadas.

El gobierno peronista del Frente de Todos suele responder que nada de eso se podía evitar por el retraso “mundial” de los laboratorios en la entrega de las vacunas. ¡Falso! En nuestro país, en Garín, ya se llevan fabricadas cien millones de dosis del principio activo de AstraZeneca. Lo que sucede es que, en vez de utilizarlas en nuestro país, se envían a los Estados Unidos, a la misma empresa que hasta hace apenas quince días nos seguía negando la entrega de vacunas que ya fueron pagadas. Por eso insistimos con lo que desde hace meses venimos reclamando desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad, hay que incautar esas dosis para garantizar vacunas para todas y todos.

La pandemia es, sin duda, la principal preocupación del pueblo trabajador, pero a esto se suma el aumento de la pobreza, la miseria y el desempleo. Los precios siguen subiendo, ganándole por lejos a cualquier reajuste salarial. El gobierno no hace nada para evitar los abusos de los grandes monopolios de la alimentación o de las cadenas de hipermercados. Más aún, ahora quiere vendernos un nuevo programa llamado “precios de cercanía”, que va a resolver el problema. ¡Precios de setenta artículos solamente que, supuestamente, estarán congelados hasta octubre, pero que arrancarán un 30% más caros de lo que están en la actualidad!

Frente a esta realidad se impone la necesidad de un aumento salarial de emergencia para que nadie gane menos que el valor de la canasta familiar, hoy calculado por los trabajadores de ATE Indec en 96.800 pesos, y que ese incremento se reajuste por inflación. Del mismo modo, hay que reabrir inmediatamente las paritarias. También se necesita un alza de emergencia en las jubilaciones, para llevar la mínima a los 62.000 pesos de la canasta de la Tercera Edad. Y tenemos que exigir un IFE de emergencia para todo aquel que lo necesite de 40.000 pesos.

Claro que para lograr esto hay que luchar, enfrentar el ajuste con que el gobierno quiere hacer que los trabajadores sean quienes paguen la crisis. Lamentablemente está contando con un aliado fundamental, la dirigencia burocrática de la CGT y las CTA, que no dicen una palabra y mantienen su alianza con el gobierno.

Por eso resultó tan importante la jornada nacional desarrollada por el Plenario del Sindicalismo Combativo el viernes pasado, que culminó con un acto en Plaza de Mayo. Allí el Pollo Sobrero en nombre de los ferroviarios de la Bordó, Mariana Scayola por Ademys y muchos otros dirigentes combativos levantaron una tribuna de exigencia, para enfrentar el ajuste.

Sabemos que muchas compañeras y compañeros que simpatizan con el Frente de Todos reconocen la justicia y necesidad de estos planteos, pero dudan de si es posible llevarlos a cabo. ¿De dónde saldría la plata, nos preguntan?

Nuestra respuesta es clarísima: de la inmediata suspensión de los pagos de deuda externa. Pero lo importante es que, en los últimos días, esto mismo lo han planteado importantes referentes del gobierno, especialmente ligados al peronismo kirchnerista, a través de su “proclama del 25 de mayo”. Texto que fue  firmado por diputadas y diputados nacionales; por gobernadores e intendentes;  por el periodista Víctor Hugo Morales y por dirigentes sindicales de la CGT y CTA como Hugo Yasky, Pablo Moyano, Héctor Daer y Sonia Alesso, entre otros.

Dicha proclama llama correctamente a “impulsar la suspensión de los pagos por capital e intereses con el FMI y el Club de París mientras se extienda la emergencia sanitaria”. Desde Izquierda Socialista estamos completamente de acuerdo en que se suspendan los pagos, aunque sea mientras dure la pandemia. Sería un paso muy positivo. Si esto se hubiera implementado desde que asumió el gobierno del Frente de Todos ya se habría evitado que se fueran a los usureros internacionales 7.100 millones de dólares, plata que se hubiera podido destinar para salarios, jubilaciones, camas, respiradores, vacunas, IFE o un plan de viviendas populares.

La proclama también dice, con razón: “No se puede seguir manteniendo los pagos de una deuda que no sirvió para construir hospitales, puentes o escuelas, sino para enriquecer al puñado de poderosos que consumó la fuga de capitales que el préstamo del FMI financió”.

Obviamente, también en esta proclama hay planteos con los que no estamos de acuerdo, como por ejemplo que “hay que renegociar los próximos pagos” (en vez de directamente no abonarlos), o cuando le exige “al FMI que apoye la investigación de la deuda”, cifrando expectativas en un organismo que estuvo detrás del endeudamiento entregador y corrupto que viene desde la última dictadura militar y de los ajustes de todos los tiempos, sea en Argentina, Grecia o ahora Colombia. 

Pero, más allá de estas diferencias, les planteamos a los firmantes de la proclama del 25 de mayo que convoquen a luchar para imponer la suspensión de los pagos. Hay dirigentes de la CGT y las CTA que la firman. Los llamamos a llevar esta propuesta al movimiento obrero. A sacar pronunciamientos de asambleas y plenario de delegados. A llamar a otros sectores a que se sumen. Porque siempre sostuvimos que la conformación de un gran movimiento nacional, amplio, por la suspensión de los pagos de deuda sería un enorme paso adelante.

Para Izquierda Socialista esto debe ser el primer paso para desconocer toda la deuda y en especial el pacto firmado por Macri y el FMI. En el camino de liberarnos de las ataduras económicas y políticas de sumisión y dependencia. Impulsando además un frente de países deudores latinoamericanos para no pagar. Luchamos todos los días por ello junto al sindicalismo combativo y al Frente de Izquierda Unidad.

Porque, como dijimos siempre, la deuda es con los trabajadores y el pueblo, nunca con los usureros y el FMI.

Escribe José Castillo

La frase del presidente de la Nación generó un repudio generalizado. Revela una concepción profundamente reaccionaria de lo que es nuestro pueblo y sus orígenes.

En su reunión con el jefe del Estado Español, Pedro Sánchez, Alberto Fernández se despachó con una afirmación que generó sorpresa en su entorno inmediato y luego, rápidamente, una indignación generalizada: “Yo también soy europeísta. Lo escribió Octavio Paz alguna vez, que los mexicanos salieron de los indios; los brasileños de la selva, y nosotros, los argentinos, de los barcos. De los barcos de Europa”. Más allá de la burrada de sostener que Octavio Paz alguna vez dijo eso, la frase contiene una mentalidad fuertemente colonial, racista y reaccionaria.

La invisibilización de criollos, esclavos afroamericanos y pueblos originarios

La oligarquía terrateniente pensaba en el siglo XIX a nuestro país como “un desierto” que había que poblar. Se despreciaba hasta el extremo de promover el aniquilamiento de todos los que realmente habitaban estas tierras. Al criollo, antecedente del gaucho, que constituyó las tropas que pelearon en las invasiones inglesas y en las guerras de la independencia. A los que luego se los perseguía si no tenían “papeleta de peón” y los enviaban a “la frontera” a pelear contra los indios. “No hay que ahorrar sangre de gauchos”, llegó a decir un presidente argentino de aquellos años. También es un agravio para los descendientes afroamericanos de los esclavos. Muchos que obtuvieron su libertad peleando en los regimientos de “pardos” de los ejércitos de la independencia. Los que fueron enviados en masa luego, ya en la década de 1860, a la guerra del Paraguay. O abandonados hasta morir en la pobreza y la marginación durante la pandemia de la fiebre amarilla en 1871, cuando toda la población “blanca” y acomodada de Buenos Aires se escapó de la ciudad, dejando sin atención médica ni servicios a los contagiados.

Y, por supuesto, la frase también agravia a nuestros pueblos originarios. Los que sufrieron un auténtico genocidio en la mal llamada “conquista del desierto”. Masacrados por decenas de miles, los sobrevivientes fueron empujados a la miseria y las mujeres vendidas como sirvientas a las familias ricas de Buenos Aires. Y, como una de las mayores vergüenzas de nuestra historia, algunos fueron llevados a la Exposición Universal de París en 1889 y expuestos en jaulas.

Los descendientes de las víctimas de todos estos crímenes, originarios, negros, mestizos, mulatos o criollos, son mayoría en muchas provincias argentinas. Y luego muchos de ellos emigraron del interior a Buenos Aires y hoy pueblan los barrios populares. Son parte importante de nuestra clase obrera y de los sectores populares.

El desprecio por los otros pueblos de Latinoamérica

Alberto Fernández incluyó en su frase un profundo desprecio hacia los mexicanos (“vienen de los indios”) y los brasileños (“vienen de la selva”). A sus propios pueblos originarios. Buscó presentarse como “europeísta” haciendo un guiño de menosprecio para el resto de los pueblos de nuestra América. ¿Qué pensarían al respecto San Martín, Bolívar, Miranda, O’Higgins o tantos otros líderes patriotas que lucharon por la libertad del conjunto de Latinoamérica? Por planteos como este fue que justamente perdimos nuestra independencia y nos transformamos en una semicolonia, primero de los ingleses y luego de los yanquis. En la década del ’30 del siglo XX, quienes denunciaban esa entrega, como Scalabrini Ortiz o Jauretche, acuñaron una palabra para los que hacían afirmaciones como la de nuestro presidente, “cipayo”.  

¿Quiénes y cómo “vinieron en los barcos”?

Es verdad que una parte importante del pueblo argentino también desciende de españoles, italianos, judíos, árabes y otros que llegaron “en los barcos”. Sí, pero no formaban parte de ese europeísmo al que se refirió el presidente. Vinieron en condiciones horribles, en la tercera clase de esos barcos, huyendo del hambre, las guerras o las persecuciones. Llegaron a un lugar donde les prometieron una tierra que ya estaba repartida en manos de la oligarquía terrateniente. Fueron los que conformaron una parte importante de nuestro proletariado urbano. Los que fundaron sindicatos. Los que trajeron las ideas socialistas, comunistas y anarquistas. Los que, a la vez, fueron reprimidos y asesinados innumerables veces por los gobernantes “europeístas”. Como sucedió, por ejemplo, en la Semana Trágica o en la masacre de la Patagonia rebelde.

Todos estos sectores, proletariado inmigrante, afroamericanos descendientes de esclavos, pueblos originarios, gauchos y criollos componen nuestra clase trabajadora argentina. Parte, sin duda, del propio pueblo trabajador latinoamericano.

¿Por qué dijo esa frase Alberto Fernández?

Muchos compañeros que apoyan al Frente de Todos se preguntan por qué el presidente Alberto Fernández lanzó semejante frase racista y xenófoba. Algunos plantean que fue un “error” al tratar de improvisar. Para nosotros, lo más importante es lo que expresa, un esfuerzo de sobreactuación de dependencia frente al presidente español. Para que apoye las negociaciones con el FMI y también para que vengan “inversiones españolas”, algo que no va a solucionar los problemas populares de trabajo y salario, solo continuará el saqueo de nuestras riquezas. Frases como las que analizamos en este artículo son la consecuencia de esta clase de posicionamientos.

Escribe José Castillo

La frase de Alberto Fernández estuvo al servicio de quedar bien con el presidente del Estado Español. Todo en la búsqueda de obtener su apoyo en la negociación con el FMI. Pero particularmente, ya que los votos españoles en el directorio del Fondo son poco significativos, para tratar de que vengan nuevas inversiones españolas al país.

Queremos recordar que, cuando existieron, no aportaron nada bueno. Al contrario, fueron una parte muy importante del saqueo que sufrimos. Eso pasó con Repsol, la principal empresa española en nuestro país, que se terminó yendo y cobrando una suculenta indemnización de 5.000 millones de dólares luego de liquidar nuestras reservas de gas y petróleo. O con las diversas empresas españolas que estuvieron a cargo de Aerolíneas Argentinas (Iberia, Sepi, Marsans), que casi llevan a nuestra aerolínea de bandera a la quiebra.

Hoy los “inversores españoles” hacen millonadas con Telefónica, Fenosa en Gas Natural, la aseguradora Mapfre, Prosegur, Abertis, administradora de los peajes de los accesos Oeste y Norte, o los bancos Santander y BBVA con los negociados de la bicicleta financiera garantizados por el propio Banco Central.

Escribe Mercedes de Mendieta, legisladora de la Ciudad de Buenos Aires por Izquierda Socialista / FIT Unidad

Luego de la reacción contra el aumento retroactivo a los cuatro millones de monotributistas, el gobierno de Fernandez anunció que se daría marcha atrás con la medida. Sin embargo hasta el día de hoy el tarifazo del 35% sigue en pie. Solo se dejó sin efecto la “deuda” por el incremento de las cuotas ya pagadas desde principios de año. 

De los cuatro millones de monotributistas registrados en la actualidad, dos de cada tres se encuentran entre las categorías de menores ingresos (menos de 26 mil pesos mensuales promedio) y  el 53% no pudo pagar sus cuotas durante la pandemia. Una gran parte de estos trabajadores y trabajadoras no son “independientes” sino parte de quienes sufren la precarización y tercerización, miles incluso con contratos basura a manos de los gobiernos nacional y provinciales

Las y los trabajadores monotributistas tienen además limitado el acceso a la salud en medio de la pandemia, por las trabas de las obras sociales (teóricamente incluido entre los “costos” de la cuota). A esto hay que sumarle que están condenados a que si llegan a jubilarse bajo este régimen, recibirán la jubilación mínima, sin importar sus ingresos registrados.

Es por esta terrible realidad que distintos sectores se organizaron para difundir en redes esta realidad y llevaron sus reclamos con casi 100 mil firmas a la Casa Rosada. El gobierno prometió un “alivio”, pero sólo anuló la deuda retroactiva, mientras  mantiene el aumento del 35% en el pago mensual. Por eso desde nuestra bancada de Izquierda Socialista/FIT Unidad, nuestro compañero Juan Carlos Giordano presentó un proyecto de ley que anula todo incremento sino hasta el finde a la pandemia.

Hay que pelear por que se caiga definitivamente el ajuste sobre las trabajadoras y trabajadores hoy sometidos al régimen de monotributo. Reclamando junto al sindicalismo combativo, por un aumento salarial de emergencia, que incluya a los trabajadores monotributistas y por un IFE de emergencia para los que lo requieran.

Escribe Graciela Calderón, secretaria adjunta de Suteba La Matanza

En medio del mayor pico de la pandemia en todo el país, y mientras el ministro Trotta y los dirigentes peronistas kirchneristas criticaban duramente a Larreta, de Cambiemos, y al peronista Schiaretti por no cumplir con la virtualidad escolar, el gobernador Kicillof sorprendió anunciando que el miércoles volverían las clases presenciales. Nuevamente Trotta queda ridiculizado.

Kicillof dice que en el Gran Buenos Aires hay menos de 500 casos cada 100.000 habitantes. Esto es mentiroso y tramposo. Es una mentira escandalosa, porque los datos oficiales de su propio Ministerio de Salud dicen que en la amplia mayoría de los municipios del Gran Buenos Aires hay más de 500 casos, muchos llegando casi a 800 por 100.000. Además, no puede explicar por qué el viernes 11 superaban oficialmente los 700 y al día siguiente “bajaban” a 410. Ni por qué critican que Larreta mantiene la presencialidad criminal cuando los casos en CABA superan los 700 cada 100.000. Pero, de repente, para Kicillof “el AMBA” se desconectó y en el Gran Buenos Aires bajaron a la mitad de CABA. Es tramposo, porque mundialmente el criterio es la vuelta a la presencialidad con menos de 100 casos cada 100.000, no el que quiere imponer Fernández y el peronismo, de 500.

Kicillof toma una medida electoralista para quedar bien con los sectores que reclaman la presencialidad, sobre todo los empresarios y las iglesias de escuelas privadas, apoyándose en el hartazgo del trabajo virtual y la necesidad de volver a la escuela, que es lo que docentes, estudiantes y familias anhelamos. ¡Pero no es una presencialidad sanitariamente segura!

Tomando las declaraciones de la semana pasada del propio Kicillof, volver a la presencialidad es irresponsable. Para sostener mejor esta política el gobernador largó una fuerte tanda de vacunación a docentes y declaró que vacunará al 100% del personal educativo esta semana. Otra mentira.

Todos queremos volver a la presencialidad, pero cuando haya garantías sanitarias. Alertamos que una medida irresponsable como esta, en medio de la pandemia, con el frío del invierno creciendo, solo puede generar más movilidad social y más contagios.

Ahora es necesario que el gobierno invierta en computadoras, conectividad gratuita y vacunación para todos, en nombrar a los miles de docentes que siguen sin cargo y reabrir la paritaria por un inmediato aumento de salarios, ya destruidos por la inflación.

Lamentablemente, una vez más la conducción provincial de Suteba y el FUDB hacen un silencio cómplice. No llaman a asambleas para que decidamos entre todos. Hace unos días, Baradel declaró que era “criminal” la vuelta a la presencialidad en estas condiciones. Ahora está desaparecido.

Los Suteba Multicolores realizamos asambleas y convocamos a un gran plenario provincial de delegados donde votamos parar el miércoles y jueves y seguir con un plan de lucha, llamando a la retención de servicios de los docentes que sean citados a la presencialidad en establecimientos sin condiciones sanitarias ni edilicias. Además, exigirle a Baradel y la Celeste que llamen a asambleas y repudien estos anuncios. También realizaremos este jueves una caravana a La Plata, hasta la gobernación. Llamamos a todas las familias a que apoyen nuestras medidas y se sumen al rechazo a la presencialidad.
 

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