Escribe Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional
23/7/2026. El jueves 16 de julio, en la sede del Departamento de Estado en Washington D.C., se llevó a cabo la “Cumbre antifa” que reunió a representantes de gobiernos y organizaciones políticas de 66 países. El objetivo, según los convocantes, es establecer una cooperación internacional de inteligencia, la coordinación entre policías y acciones dirigidas a cortar el financiamiento de las organizaciones de izquierda que el gobierno de EEUU considere involucradas en actividades terroristas.
Al frente de la convocatoria, y dirigiendo la cumbre, se encontraban altos funcionarios del gobierno de EEUU, partiendo por el Secretario de Estado Marco Rubio, junto a Stephen Miller (principal asesor de Trump), y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, entre otros, demostrando la gran importancia que Trump dio a este encuentro.
Entre los asistentes había representantes de ministerios de relaciones exteriores, embajadores, y funcionarios de alto nivel operativo y técnico. Representaban a países de Europa, Asia y América. Israel fue el único país de Medio Oriente presente. Entre estos países estaban España, Canadá, Alemania, Argentina, Italia, Chile o Uruguay, entre otros.
Los objetivos delineados por el gobierno estadounidense
Esta cumbre, antecedida por la declaración de Antifa (forma genérica de referenciar el antifascismo) como “organización terrorista” en septiembre de 2025, se inscribe en una política represiva de Trump, quien recientemente firmó la orden ejecutiva de Seguridad Nacional Número Siete, una disposición de emergencia que apunta contra la izquierda y el movimiento anarquista, con el objetivo de autorizar el uso de recursos del Estado yanqui para el combate contra organizaciones de izquierda a las que declara como terroristas.
En los últimos meses, Washington ha designado como organizaciones terroristas extranjeras a cuatro grupos europeos: Antifa Ost, Informal Anarchist Federation/International Revolutionary Front, Armed Proletarian Justice y Revolutionary Class Self-Defense. La inclusión de estas en las listas FTO (Organización Terrorista Extranjera) y SDGT (Terrorista Global Especialmente Designado) activa un protocolo de persecución global que implica bloqueo de activos, prohibición de apoyo material y denegación de visados.
Trump avanzó en esta línea dentro de EEUU, cuando a propósito del asesinato de Charlie Kirk, anunció la criminalización del antifascismo en su propia red Truth Social: “Me complace informar a nuestros numerosos patriotas estadounidenses que designo a Antifa, un desastre enfermo, peligroso y de izquierda radical, como una gran organización terrorista”.
El principal orador de la cumbre, Marco Rubio, declaró: “Pueden llamarse anti capitalistas o anti imperialistas, comunistas, o anarquistas, o marxistas, pero el carácter fundamental es siempre el mismo”. Por su parte, Stephen Miller, el ultraderechista asesor de Trump tras la criminal política anti inmigrantes, habló de la necesidad de combatir el “cáncer mortal de la civilización” y de que “el mayor riesgo que tenemos es que nuestras instituciones se han vuelto demasiado blandas y demasiado cobardes como para poder defenderse de una amenaza mortal”.
Adicionalmente, el 20 de julio, el Departamento de Estado emitió un informe titulado “Cuba: La capital del comunismo en el siglo XXI”, en el que presenta al gobierno cubano como promotor de la “subversión” izquierdista en Estados Unidos y elabora listas de activistas de solidaridad con Palestina, defensores de derechos humanos y activistas de izquierda como supuestos agentes del régimen cubano, apuntando a su criminalización y a crear condiciones políticas para una agresión militar contra Cuba similar a la de enero de este año contra Venezuela.
Macartismo 2.0 para criminalizar la resistencia contra Trump y la ultra derecha
El imperialismo yanqui tiene una histórica tradición contra el marxismo y otros sectores sindicales y de izquierda. El encuentro que llevó a cabo el gobierno de EEUU no es un hecho nuevo en la política imperialista yanqui. Muchas de sus instituciones, como por ejemplo el FBI, surgieron para perseguir a la disidencia política y sindical, organizaciones de lucha por los derechos civiles, del poder negro, pacifistas, organizaciones de pueblos originarios y socialistas, a través de la guerra sucia y la infiltración con programas de contrainteligencia como Cointelpro. Los montajes judiciales y comunicacionales, asesinatos sumarios, y otras medidas contra el activismo dentro de las propias fronteras de USA tienen una larga historia. Los objetivos de la Cumbre Antifa recuerdan a la política impulsada por el ex presidente de los Estados Unidos, Harry Truman, quien durante su presidencia entre 1950 y 1954 desplegó -en medio de la Guerra Fría- una fuerte persecución a sus opositores a través del Comité de Actividades Antiamericanas dirigido por el Senador Joseph Raymond McCarthy acusándolos de ser agentes de la ex URSS y elaborando listas negras para impedir que simpatizantes del partido comunista y quienes se negaran a delatar a izquierdistas pudieran trabajar en industrias como Hollywood.
Fronteras afuera, el imperialismo yanqui fue el principal director y financista de golpes de Estado, invasiones, desestabilización de gobiernos, asesinato y secuestro de líderes políticos disidentes y otros crímenes, perpetrados por la CIA y partidos u gobiernos afines a sus intereses. Hoy, el imperialismo de Donald Trump bombardea criminalmente a Irán, sostiene el genocidio de Israel sobre Palestina, somete a Venezuela y amenaza con invadir a Cuba. Las víctimas de la política anti izquierda y contra quienes se oponen a la dominación imperialista yanqui se suman, en su historia, por millones de diversas extracciones políticas.
En los Estados Unidos crece el rechazo contra la gestión de Trump. Producto del aumento de los precios de los combustibles ligado a su fracaso en Irán, junto a las masivas movilizaciones contra el ICE y las que van directamente contra su gobierno como las realizadas por el movimiento No Kings, el descontento comienza a expresarse en las encuestas, cae su imagen positiva, y en las calles,
La situación política ha generado fracturas dentro del movimiento MAGA, que es su base política conservadora y de ultraderecha. Contra Trump y la ultraderecha, sectores de la juventud manifiestan un nuevo interés por el anti capitalismo e incluso posiciones socialistas, que se expresan electoralmente en votaciones hacia el DSA, el ala socialdemócrsta del Partido Demócrata, pero que superan los límites de ese partido capitalista e imperialista mostrando un proceso aún más profundo de polarización.
La crisis política pone en alerta máxima a Donald Trump y sus secuaces MAGA, ante el peligro que significan las elecciones que se realizarán el 3 de noviembre de 2026. Las elecciones parlamentarias realizadas durante el último periodo han significado duras derrotas para Trump y los republicanos en diversos Estados. En ese sentido, Trump impulsa diversas maniobras para limitar los derechos de la democracia burguesa con el objetivo de evitar una derrota. La crisis política, las crecientes movilizaciones y una posible derrota en las elecciones motorizan defensivamente esta cumbre ultra reaccionaria.
A nivel internacional, a pesar de los triunfos electorales de la ultraderecha que encabeza Trump, hay claras señales de desgaste de estos gobiernos. Caso especial es el de Milei en Argentina, la derrota electoral de Orbán en Hungría, el creciente rechazo y aislamiento de Netanyahu y el sionismo ante el movimiento mundial en solidaridad con Palestina, entre otros. La ultraderecha muestra sus límites para capitalizar una crisis política que polariza al planeta y Trump busca reagrupar a la ultraderecha internacional con un financiamiento directo de las formaciones de ultraderecha a nivel internacional, particularmente en Europa, y apuesta a intervenir en las elecciones de otros países para apuntalar a sus aliados como sucedió en América Latina.
En este marco Trump trata de rearticular a su base política nacional e internacional, utilizando una vieja receta fascista: crear un enemigo interno ficticio al que perseguir y mostrarlo como terroristas brutales y peligrosos, hacer un grandilocuente llamado a todos a defender “la familia y a la patria” legitimando la violencia y el autoritarismo como únicos recursos para derrotar las movilizaciones en su contra y controlar el aparato político de los Estados Unidos. Esta vez, como se utilizó ayer en las dictaduras latinoamericanas, Trump vuelve a inventar el gran enemigo-terrorista de la izquierda marxista y anarquista.
Por la movilización unitaria para enfrentar a Trump y la ultraderecha mundial
La declaración de grupos de izquierda como terroristas es la continuación de un plan que tiene por objetivo criminalizar y perseguir a nivel internacional a todas las personas, activistas y organizaciones que se movilizan contra la política imperialista, ajustadora y autoritaria impulsada por la contraofensiva impulsada por Donald Trump.
Es urgente el rechazo y la más amplia movilización contra esta cumbre y sus postulados, por sus objetivos descaradamente autoritarios y antidemocráticos. Su lenguaje violento y las tareas comunes que se plantea no son una mera evocación nostálgica de las viejas dictaduras capitalistas, sino la intención de revivir y legitimar sus sangrientas operaciones contra la disidencia política en el mundo de hoy. Intenciones que hoy, y gracias a la lucha y resistencia de las y los trabajadores y los pueblos, no pueden aplicar.
Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI) repudiamos la Cumbre Antifa encabezada por Trump y la ultraderecha internacional y nos solidarizamos con las organizaciones y activistas perseguidos. Llamamos a las organizaciones políticas democráticas, organizaciones sindicales y estudiantiles, sociales, feministas, de la disidencia sexual, ambientalistas, de pueblos originarios, derechos humanos y al movimiento global en apoyo a Palestina a poner en marcha un movimiento global contra Trump y su infame “Cumbre Antifa” para enfrentar en las calles las políticas de ajuste, saqueo y represión del imperialismo en los Estados Unidos y en cada uno de los países.
Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI)
23 de julio 2026
Han pasado tres semanas del trágico doble terremoto que estremeció a Venezuela. Casi 5000 personas fallecidas. Una cantidad que lamentablemente se incrementará. Además, hay más de 20.000 personas en refugios y un número similar de damnificados. Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores, el Partido Socialismo y Libertad, la Iniciativa feminista Mujeres y Disidencias en lucha junto a voluntarias y activistas, venimos impulsando una campaña de solidaridad.
Escribe Humberto Balderrama, dirigente del PT y miembro de la UIT-CI
10/7/2026. La burocracia sindical de la Central Obrera Boliviana (COB) traicionó la heroica lucha de la base trabajadora y campesina. Necesitamos una alternativa de dirección al servicio del pueblo trabajador. Por una Agenda Nacional de lucha contra el ajuste y la represión
La heroica movilización
Durante más de 50 días, el pueblo trabajador boliviano llevó adelante una movilización con un bloqueo de caminos contundente que llegó a paralizar gran parte del aparato productivo del país, además de multitudinarias marchas con decenas cuando no cientos de miles de participantes en la sede gobierno. Fue una verdadera rebelión obrera, campesina y popular que puso en cuestión el ajuste y al propio el gobierno de Rodrigo Paz.
Esta movilización enfrentó desde el inicio una fuerte campaña de desprestigio por parte del gobierno y la casi totalidad de los grandes medios de comunicación. Pero, sobre todo, afrontó y derrotó la violenta represión estatal de las fuerzas combinadas de la policía y el ejército, a lo que se sumó el llamado del propio presidente Rodrigo Paz a que la “sociedad boliviana” se movilice junto con las fuerzas armadas y la policía — llamado cuyo resultado fue el accionar conjunto de grupos paramilitares y delincuenciales, armados y escoltados por soldados y policías, contra la ciudadanía movilizada.».
Fueron asesinados más de una decena de compañeros; compañeras abusadas sexualmente; casas saqueadas; cientos de heridos, arrestados y procesados. Pero ni con todo esto lograron derrotar la movilización ni romper el bloqueo, por el contrario, este se fue fortaleciendo y arrinconó al gobierno.
Esta valerosa e imponente movilización ganó, con justicia, la solidaridad internacional e incluso es tomada como ejemplo, sobre todo a nivel regional, de cómo debe enfrentarse a los gobiernos de extrema derecha y sus políticas de ajuste neoliberal al servicio del imperialismo estadounidense.
La traición de la dirigencia de la COB y el repliegue de la movilización
El régimen de Rodrigo Paz se empeñó en comprar dirigentes para poder frenar la movilización, logrando algunos acuerdos y haciendo pomposas reuniones con estos. Sin embargo, en muchas de sus organizaciones, en especial las campesinas, estos dirigentes fueron desconocidos y la movilización siguió. Fue solo con la traición de la dirigencia de la COB, que llegó a un acuerdo con Paz sin siquiera consultar con las bases movilizadas, que la lucha se vio afectada.
Argollo, el principal dirigente de la COB afirmó que se aceptaba el acuerdo para evitar el estado de excepción y la pérdida de vidas. A horas de firmado el acuerdo con la dirigencia de la COB, Rodrigo Paz se burla del mismo y de la dirigencia, declarando el estado de excepción, frente a lo que Argollo y compañía no dicen nada.
De esta forma, traicionados por la principal dirigencia nacional y con la amenaza de una mayor represión, comenzó el repliegue del pueblo trabajador, campesino y popular movilizado, levantándose el bloqueo a los pocos días. El cuestionamiento general a las dirigencias traidoras, aumentó más la desconfianza de las bases en los dirigentes y se planteó como necesaria la reorganización para retomar la lucha más adelante, dando paso al repliegue y abandonando las medidas de lucha como los bloqueos.
El Estado de Excepción, la represión, el ajuste y la crisis
Una vez levantados los bloqueos, era de esperarse por lógica que el estado de excepción se levante, sin embargo, Rodrigo Paz mantiene esta medida sin aplicarla en los hechos. Es decir, no hay restricciones a la circulación, reuniones, eventos públicos, etc. Es más, al día siguiente de levantados los bloqueos, muchos choferes comenzaron a reclamar cortando el tránsito porque no se había reestablecido el abastecimiento de combustible que supuestamente era por culpa de los bloqueos (un problema que persiste ya dos semanas después de levantadas las medidas de presión) y el gobierno no se atrevió a reprimir. También, representantes del poder judicial amenazaron al gobierno con paro total del órgano judicial exigiendo mayor presupuesto para el cumplimiento de sus funciones, poniendo en evidencia la debilidad y crisis del régimen.
La razón por la que el gobierno mantiene esta medida es para amedrentar y tener vía libre para reprimir y arrestar a quien se oponga a su política de ajuste, que continúa implementando, aunque más lentamente. Así, anunció la devaluación continua de la moneda boliviana estableciendo un tipo de cambio flexible sometido al mercado (el primer día el boliviano perdió aprox. el 30% de su valor frente al dólar), y el aumento de precios en servicios básicos como el agua y la electricidad a nombre de “mantenimiento de valor”.
Por otra parte, desata la persecución política focalizada en algunas personas para escarmentar a la ciudadanía por haber protestado. Se destaca el arresto de Vicente Salazar, dirigente de la Federación Campesina Tupac Katari, principal organización de la movilización, a quien le dieron 6 meses de “prisión preventiva” mientras continúan las investigaciones. Así como también fueron detenidos alrededor de diez compañeros y compañeras (algunos solo por ser familiares de dirigentes), y hay órdenes de aprehensión contra otros dirigentes de esta y otras organizaciones.
En general, Paz impone una política represiva y autoritaria de intimidación contra los sectores populares bolivianos que se movilizaron, escarmentando ejemplarmente a algunas personas con el objetivo de amedrentar a todo el movimiento. Hace esto tratando de evitar nuevas movilizaciones pues es evidente que en cualquier momento pueden retomarse las medidas de protesta frente a la política de ajuste antipopular y la misma represión.
El actuar burocrático de las dirigencias
La traición de varias dirigencias, y sobre todo la de la COB, ponen en evidencia los métodos prebendales de funcionamiento establecidos en varias organizaciones desde muchos años atrás, pero en particular en los gobiernos del MAS, métodos a los que Paz recurrió para debilitar a la movilización. Así, en la mayoría de los acuerdos del gobierno con distintas dirigencias, los puntos son declaraciones formales e instalaciones de mesas de trabajo, sin conseguir nada concreto de las reivindicaciones planteadas, quedando un gran cuestionamiento sobre qué beneficios obtuvieron estos dirigentes para aceptar estos tratos. Y, es más, estos convenios son firmados sin consulta previa a las bases.
En el caso de la dirigencia de la COB, el actuar burocrático se puede evidenciar hasta en la convocatoria y desarrollo de la movilización nacional, donde salvo el sector minero, no pudo movilizar masivamente a ningún otro, y en general no se cumplió el llamado a la huelga general indefinida. Los sectores afiliados a la COB que participaron de lleno en la lucha, lo hicieron bajo sus propias reivindicaciones y firmaron acuerdos sectoriales con el gobierno (también sin consultar a las bases, que en muchos casos desconocieron estos acuerdos, exigiendo continuar en las calles), este fue el caso del magisterio, por ejemplo.
Y luego, cuando la dirigencia focalizó la lucha solo en el pedido de renuncia de Rodrigo Paz, dejando de lado todas las demás reivindicaciones, algunos dirigentes vendidos previamente al gobierno, aprovecharon esto para desmarcarse de la movilización expresando su desacuerdo con esta consigna y planteando que se debía mantener una lucha reivindicativa concreta.
En general las dirigencias actuaron de manera burocrática, siendo rebasadas en varios momentos por las asambleas, ampliados y cabildos donde la base pudo expresarse. Y por miedo a esto, la negociación y los acuerdos se hicieron a espaldas de la base.
Este actuar burocrático no fue un problema menor ni circunstancial: fue precisamente lo que impidió que la movilización contara con un pliego de reivindicaciones claro y unificado. Al negociar a espaldas de las bases y firmar acuerdos sectoriales fragmentados, las dirigencias bloquearon la posibilidad de construir una agenda común que sumara a todos los sectores en lucha. Superar esta debilidad es, por tanto, una tarea política urgente de cara a las próximas movilizaciones.
Coordinación y unidad de las organizaciones con una Agenda Nacional de lucha
Una debilidad muy marcada de la movilización fue la ausencia de un pliego de reivindicaciones claramente establecido, difundido como tal y que organice y de claridad a la lucha. Establecer un pliego de reivindicaciones, un programa, una agenda nacional, o el nombre que se considere adecuado, fue necesario para poder sumar a otros sectores que no se plegaron plenamente en la lucha, a partir de integrar sus necesidades y propias reivindicaciones, en una agenda nacional de lucha unificada. Esta carencia facilitó la propaganda gubernamental buscando aislar a los sectores movilizados.
Esta sigue siendo una tarea central para las futuras luchas que con seguridad se desatarán. Una Agenda Nacional de lucha, además de las justas reivindicaciones sectoriales, debe tener como horizonte el poner fin al saqueo de riquezas del país, expulsando a las transnacionales e impulsando una revolución agraria que expropie a la oligarquía terrateniente. También debe instaurarse el control de divisas para impedir la abismal fuga de capital; garantizar el abastecimiento de combustible de calidad; detener la destrucción del medio ambiente que se da a través de incendios, minería contaminante y proyectos extractivistas; generar un plan masivo de empleos y elevar los salarios; aumentar el presupuesto a salud y educación, entre otros puntos.
Es alrededor de una Agenda de este tipo que debe coordinarse y unificarse la lucha de los distintos sectores frente a las políticas de ajuste del régimen.
La situación actual, posterior a la traición de los actuales dirigentes, hace urgente la necesidad de una nueva dirección para la lucha.
La movilización de mayo y junio demostró que la base tiene voluntad y capacidad de lucha. Organizaciones como la Federación Tupac Katari, la Confederación Bartolina Sisa, los Ponchos Rojos y el Distrito 8 de El Alto resistieron las presiones del gobierno y desconocieron los acuerdos traidores de la COB, sosteniendo los bloqueos por unos días más. Son estas organizaciones el punto de partida concreto para construir una alternativa de dirección de lucha constituyendo una Coordinación y unidad de las organizaciones para llevar adelante la lucha por la agenda de reivindicaciones obreras, campesinas y populares.
Por una alternativa de dirección para la lucha y política
Una de las principales conclusiones de las jornadas de lucha de mayo y junio es que el pueblo trabajador necesita construir una nueva dirección para la lucha y también política.
Para preparar nuevas peleas y que triunfen es necesario reorganizarse al interior de los sindicatos y movimientos sociales, recuperar la democracia de base — donde nada importante se resuelva sin consulta previa en ampliados, asambleas y cabildos — y disputar la dirección de la COB y demás organizaciones a la actual burocracia prebendal.
La segunda es estratégica: construir una nueva alternativa política obrera y campesina. Ya se hizo evidente el fracaso del MAS, Necesitamos una nueva alternativa política independiente de las viejas dirigencias burguesas y reformistas y que se prepare para dar la pelea en todos los escenarios, incluidos los electorales, con el horizonte de un gobierno de las y los trabajadores.
El Partido de los Trabajadores asume estas tareas como propias y convoca a construir esta alternativa de dirección junto a las bases y las y los luchadores que protagonizaron las jornadas de mayo y junio.

Escribe Miguel Lamas, dirigente de la UIT-CI
Donald Trump declaró “rota la tregua”. El acuerdo de cese al fuego entre Estados Unidos e Irán, firmado en 17 junio de 2026, ha terminado. El 8 de julio reanudó ataques y realizó intensos bombardeos contra las instalaciones petroleras, la infraestructura militar y poblaciones de la república islámica.
El acuerdo de 14 puntos, firmado por ambos países, establecía un “cese permanente e inmediato de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano”. También contemplaba la liberación de miles de millones de dólares en activos iraníes congelados en un plazo de sesenta días, y dejaba abierta una siguiente fase de negociación. A partir de este acuerdo se abrió el estrecho de Ormuz, por donde sale el 22% del petróleo que se produce en el mundo.
Pero Israel, supuestamente sin permiso de Estados Unidos, seguía bombardeando y asesinando gente en el sur de Líbano, que era parte del “cese del fuego”. Ya había ignorado el “cese del fuego” en Gaza, donde ha asesinado a más de 70 mil palestinos en los últimos tres años.
Esas acciones llevaron a Irán a reanudar los bloqueos en el estrecho y ahora es la excusa norteamericana para romper la tregua y reanudar los ataques. Ante eso, Irán se defiende bombardeando bases militares norteamericanas en varios países árabes aliados y cómplices de los Estados Unidos en la región.
Desde la UIT-CI llamamos a movilizaciones unitarias en Medio Oriente y en el mundo exigiendo: ¡Basta de bombardeos de Trump a Irán!
La catástrofe humanitaria que vive Venezuela por causa del doble sismo exige la más amplia solidaridad desde todos los sectores. Miles de muertos y heridos, decenas de miles de desaparecidos bajo los escombros y pérdidas económicas incalculables, son apenas un primer saldo de esta tragedia.
Desde Izquierda Socialista, como parte de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores Cuarta Internacional (UIT-CI) llamamos a la clase trabajadora, sectores populares y a la juventud a sumarse a una campaña de solidaridad haciendo un aporte para el sufrido pueblo trabajador venezolano.
Impulsamos esta campaña de forma independiente del gobierno venezolano y de cualquier otra institución oficial. Será enviado a las y los compañeros del Partido Socialismo y Libertad, sección de la UIT-CI en aquel país, y de la corriente sindical Ccura, para que ellos, que están trabajando junto a las y los damnificados lo destinen a la compra de alimentos, medicamentos, agua potable, abrigos o los elementos que consideren necesarios para aliviar la situación.
Quienes deseen realizar donaciones pueden hacerlo al:
Alias: ayudaPSLvenezuela
CBU: 0290068110000525850707
Banco Ciudad CABA