Escribe: Federico Novo Foti
*Foto de tapá: La junta militar tras el golpe de Estado genocida
Hace 50 años comenzó la última dictadura de nuestro país. Sin dudas, la más antiobrera y genocida. Duró seis años, hasta que en 1982 fue echada por la movilización popular. Este primer artículo dedicado a recordar aquella fatídica etapa de nuestra historia, indaga sobre las causas y los responsables de llevar a los militares al poder.
El 24 de marzo de 1976 los militares derrocaron al gobierno de Isabel Perón, dando comienzo a la última y más cruenta dictadura militar de la historia argentina. La Junta Militar, comandada por el General del Ejército Jorge Rafael Videla, desató una brutal represión sobre el conjunto del pueblo trabajador, mediante la acción policial, militar y de grupos de tareas.
No “hubo una guerra” ni fueron simples “excesos”, como cínicamente dice el presidente negacionista Javier Milei. La represión fue parte de un plan sistemático, el terrorismo de Estado, que buscó terminar con el ascenso de las luchas obreras y populares que habían comenzado a fines de la década del ‘60 en el país. En los más de 800 centros clandestinos de detención montados por la dictadura se torturó, asesinó y desapareció a activistas políticos, sindicales, estudiantiles y sociales. Fue un genocidio que dejó 30 mil detenidos-desaparecidos, alrededor de 500 niños y niñas secuestrados y apropiados y otros tantos miles de presos y exiliados.
Buscaba terminar con el ascenso
El Cordobazo, en mayo de 1969, y los distintos “azos” que se dieron en varias ciudades del país habían marcado el inicio de una nueva etapa en la lucha de clases del país, signada por la irrupción del movimiento obrero y el movimiento estudiantil. Desde 1971, el entonces dictador Alejandro Lanusse, el radical Ricardo Balbín y el propio Juan Domingo Perón, desde su exilio en Madrid, fueron poniendo en marcha una apertura electoral para cerrar el ascenso, un pacto conocido como “Gran Acuerdo Nacional” (GAN), que terminó accediendo a levantar la proscripción al peronismo y, luego, el retorno del viejo líder al país.
En octubre de 1973, Perón asumió su tercer período presidencial con un claro objetivo: “terminar con las grandes perturbaciones”, es decir, disciplinar al movimiento obrero y de masas.1 Fue el mismo Perón, secundado por el siniestro ministro de Bienestar Social José López Rega y la burocracia sindical, quien alentó desde 1974 los ataques de bandas fascistas como la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) contra militantes y activistas protagonistas de las luchas. Pero en julio de 1974 Perón falleció sin haber logrado detener el ascenso. Su esposa, María Estela Martínez de Perón, más conocida como Isabel Perón, asumió la presidencia, dando continuidad al accionar de las bandas fascistas. Pero los conflictos obreros no cesaron. En junio de 1975 sucedió el “Rodrigazo”, la primera huelga general contra un gobierno peronista, que obligó a renunciar a López Rega y al ministro de Economía, Celestino Rodrigo, evidenciando la incapacidad de Isabel para frenar las luchas.
Pero la traición de la burocracia sindical, que pisó el freno tras el Rodrigazo, impidió que se pudiera derrotar definitivamente la política del gobierno de Isabel. Entre tanto, las acciones de la guerrilla exacerbaban la represión y creaban más confusión con su “guerra de bolsillo”. Igualmente, pesó la ausencia de una dirección revolucionaria reconocida por las masas que las alentara a desarrollar la lucha para derrotar a Isabel y frenar el golpe de estado.
En octubre, el peronismo por medio del presidente provisional Ítalo Lúder (que reemplazó durante dos meses a Isabel), firmó los decretos de “aniquilamiento de la subversión” que terminaron de poner al país bajo el control operacional de las fuerzas armadas y dieron cobertura legal a la represión militar.2 Por su parte, el radical Ricardo Balbín llamó a terminar con la “guerrilla fabril”, tal como denominaba a los activistas, comisiones internas y delegados que peleaban contra el gobierno y la burocracia sindical. Días antes del golpe, en una reunión con Videla, manifestando el deseo de sectores políticos de derecha, patronales y eclesiásticos dijo: “¿Van a dar el golpe? Hagan lo que tengan que hacer”.3
El golpe fue para profundizar el saqueo y el ajuste
El imperialismo yanqui tuvo una injerencia directa en el impulso a los golpes militares en América Latina. El macabro “Plan Cóndor”, coordinado por la CIA, promovió el intercambio de información de los servicios secretos de las dictaduras latinoamericanas para ubicar, espiar y en muchos casos detener, torturar o asesinar a los exiliados políticos.
En Argentina sectores importantes del empresariado venían promoviendo la salida golpista desde 1975 y fueron sus principales beneficiarios. En acuerdo con el imperialismo, las multinacionales y sus organismos internacionales (Banco Mundial, FMI), la dictadura profundizaría el ajuste y la superexplotación de los trabajadores, mediante despidos, reducción de salarios y aumento de los ritmos y tiempos de trabajo. Al mismo tiempo, acrecentaría el saqueo financiero, dando origen a la deuda externa que aún padecemos.
Martínez de Hoz, Arrieta, Pérez Companc, Fortabat, Rocca o Macri son algunos nombres emblemáticos de aquellos cientos de grandes patrones que fueron impulsores, cómplices o protagonistas directos de la dictadura, así como multinacionales como la Ford, Mercedes Benz y otras. Así fue que las fuerzas armadas tuvieron absoluta impunidad para meterse en las fábricas y secuestrar a miembros de las internas, delegados o simples trabajadores. Incluso multinacionales como la Ford cedieron terrenos para levantar centros clandestinos de detención en sus predios.4
Ni olvido ni perdón
Pasaron 50 años pero la dictadura genocida no pertenece a nuestro pasado. Es parte de nuestro presente porque a pesar de las heroicas luchas sostenidas por los trabajadores y las masas de nuestro país, incluyendo la que provocó la caída de la dictadura tras la derrota de Malvinas, los sucesivos gobiernos y aún el de Milei sostuvieron el modelo económico de ajuste y saqueo de la deuda. Sigue presente también en la impunidad y el negacionismo que mantiene a centenares de genocidas en libertad y decenas de niños y niñas apropiados (hoy ya adultos) que no han recuperado su identidad. Es por ello que desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad llamamos a movilizar en unidad el próximo 24 de marzo y seguimos diciendo: Son 30 mil, fue genocidio. ¡Juicio y castigo a los genocidas! ¡Basta de impunidad! ¡No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos! ¡Fuera el imperialismo de América Latina! ¡No al pago de la deuda externa!
1. “Perón en la CGT”, diciembre de 1973. Archivo Histórico TV Pública, disponible en youtube.com
2. Nicolás González, “A 50 años de los decretos de aniquilamiento” en Perfil, 06/10/2025.
3. “Videla dijo que Balbín pidió el golpe” en Infobae, 21/12/2010
4. Ver www.museositioesma.gob.ar
Escribe Federico Novo Foti
El Partido Socialista de los Trabajadores (PST), antecesor de Izquierda Socialista, fundado en 1972, había logrado una importante inserción en el movimiento obrero.1 En las elecciones de septiembre de 1973, que ganó Perón con 7 millones de votos, el PST presentó la fórmula Juan Carlos Coral-José Páez, logrando 182 mil votos.
En marzo de 1975, volcó todo su esfuerzo al apoyo de la lucha de los metalúrgicos de Villa Constitución. En junio, sus dirigentes obreros cumplieron un importante rol en la coordinación de las fábricas de zona norte del Gran Buenos Aires y en la movilización que desencadenó el “Rodrigazo”. Los gobiernos de Perón e Isabel y sus bandas fascistas se ensañaron con el PST.
Desde mayo de 1974 hasta el golpe, sufrió el asesinato de 16 militantes y atentados a sus locales. En el acto tras el asesinato de tres compañeros secuestrados del local de Pacheco, Nahuel Moreno, dirigente del PST, llamó a “la unidad para formar brigadas y piquetes antifascistas obreros y populares”.2 Un llamado que sólo fue respondido por el Bloque de Base de Rodolfo Ortega Peña.
A comienzos de 1976 la lucha de la clase obrera acorralaba a Isabel y al plan de ajuste de su ministro de Economía, Emilio Mondelli. El PST estaba en primera fila impulsando la coordinación y el plan de lucha para derrotarlos.3 Al mismo tiempo, denunciaba el peligro golpista ante la impotencia de Isabel para derrotar a las y los trabajadores y las acciones aisladas de la guerrilla que servían de justificación a los golpistas.
Tras el golpe, la dictadura ilegalizó al PST, sin embargo, el partido continuó su actividad en las condiciones extremas de la clandestinidad, la tortura y la prisión, y en el exterior junto a partidos trotskistas hermanos.
1. Ver Ricardo de Tito. Historia del PST, (Tres Tomos), CEHuS, Buenos Aires.
2. Ver Avanzada Socialista Nº 106. Junio de 1974. Disponible en www.nahuelmoreno.org
3. Ver Avanzada Socialista Nº 181. 15 de marzo de 1976. Disponible en www.nahuelmoreno.org
Estamos por arrancar un marzo en el que todo el país debe verse desbordado por la reivindicación de compañeras y compañeros detenidos-desaparecidos.
El reclamo de cárcel común a los genocidas y sus cómplices tiene que llegar a cada barrio, aula y lugar de trabajo, no hay medias tintas contra el negacionismo libertario. Además, entre las y los diputados que votaron la reforma laboral esclavista y la baja de la edad de punibilidad están quienes fueron a tomar el té con los genocidas.
El negacionismo libertario no es inocente ni una simple “batalla ideológica”. No solo instala un discurso que justifica el genocidio y estigmatiza a “los zurdos”, también pretende legitimar a las fuerzas represivas para ampliar su intervención cotidiana contra las luchas obreras y populares.
En ese camino, Javier Milei acaba de designar al frente del Ministerio de Defensa a Carlos Alberto Presti, hijo del genocida Roque Presti, muerto en la impunidad y denunciado por su participación en múltiples desapariciones durante la dictadura. Una orientación que, para decirlo con claridad: no empezó ahora. Ya había sido inaugurada por los gobiernos peronistas kirchneristas que colocaron a César Milani, acusado por la desaparición de Alberto Agapito Ledo, al frente del Ejército.
Por todo esto, el 50 aniversario del golpe genocida también debe ser una fecha para reivindicar la militancia del histórico movimiento de derechos humanos, que conquistó la cárcel a los genocidas sobre la base de la lucha independiente de todos los gobiernos. Esa perspectiva se expresa desde hace más de 30 años en el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia (EMVyJ), que integramos desde Izquierda Socialista y FADHUS junto a decenas de organizaciones. No solo sostuvimos las movilizaciones del 24 de marzo, sino también la lucha permanente contra la impunidad de ayer y de hoy, y contra la represión aplicada por todos los gobiernos nacionales y provinciales, por eso desde FADHUS integramos la guardia jurídica de la Red Federal por los Derechos Humanos en defensa de las y los presos por luchar.
Es un hecho que desde 2007, producto de la decisión del kirchnerismo de dividir al movimiento de derechos humanos, existen dos actos en Plaza de Mayo cada 24 de marzo. El año pasado, algunas organizaciones del EMVyJ resolvieron sumarse a un acto junto a la Mesa de Organismos vinculada al peronismo, aceptando la condición de no denunciar a los gobernadores cómplices de la motosierra y la represión, los mismos que hoy pusieron sus votos para la reforma laboral.
Desde nuestro lugar sostenemos que hace falta una convocatoria y un acto unitario. Existen consignas comunes que pueden permitir una Plaza de Mayo masiva, que sea un mensaje contundente al gobierno y también a los millones que hoy buscan animarse a salir a enfrentarlo. Sin sectarismo, pero también sin imposiciones, respetando el recorrido con el que cada cual llega a estos 50 años de lucha contra el genocidio cívico-militar, construyamos un 24 de marzo que honre a nuestras y nuestros compañeros caídos reforzando la lucha contra la ultraderecha libertaria.
¡Contra la impunidad de ayer y hoy!
Escribe Adolfo Santos
Este 25 de enero se cumple un nuevo aniversario de la muerte de nuestro maestro, Nahuel Moreno. El mayor dirigente trotskista latinoamericano y uno de los principales continuadores de la obra del revolucionario ruso. Así lo describió el dirigente trotskista belga Ernest Mandel en su mensaje de despedida: “Fue uno de los últimos representantes del puñado de cuadros trotskistas que, después de la Segunda Guerra Mundial, mantuvo la continuidad de la lucha de León Trotsky, en circunstancias difíciles”. Moreno dedicó su vida a la construcción de organizaciones revolucionarias y de la Cuarta Internacional, para luchar por gobiernos de las y los trabajadores y el socialismo mundial.
Los aportes políticos y teóricos de Moreno aún son una verdadera guía para las nuevas generaciones de socialistas revolucionarios. Fue quien sacó de la marginalidad al trotskismo argentino para integrarlo a la clase trabajadora y sus luchas, construyendo organizaciones revolucionarias. Comprendió la importancia de la construcción de una organización internacional para superar lo que él definía como un “trotskismo bárbaro”. En 1948, viajó a Paris y participó del Segundo Congreso de la Cuarta Internacional. Un paso importante para consolidar su adhesión a la causa del internacionalismo obrero y la revolución mundial. Además, tuvo una destacada participación en la lucha contra el sectarismo de un sector de la Internacional que se negaba a reconocer los incipientes “estados obreros” como una conquista de las masas que debían ser defendidos de la agresión imperialista. Poco antes de su fallecimiento diría: “…la mayor parte de mi militancia política ha estado, sigue estando, volcada al partido mundial, a la construcción de la Cuarta Internacional”1.
El asesinato de León Trotsky en 1940 había dejado la joven Cuarta Internacional en manos de una dirección poco probada que a partir del Tercer Congreso en 1951, le fue imprimiendo una orientación de capitulación a los partidos comunistas y a las direcciones nacionalistas burguesas de Latinoamérica, Asia y África. Moreno dio duras batallas contra el oportunismo impulsado por Michel Pablo y Ernest Mandel, que llevaba a las organizaciones trotskistas a abandonar la tarea de construcción de partidos revolucionarios y la lucha por gobiernos de las y los trabajadores. “La consecuencia más nefasta de esta claudicación a las direcciones contrarrevolucionarias se dio en Bolivia”2. Mientras se desarrollaba una verdadera insurrección obrera y campesina en las calles de La Paz que destruyó al ejército, en vez de impulsar la movilización revolucionaria como hicieron Lenin y Trotsky en 1917, Pablo y Mandel decidieron apoyar al gobierno nacionalista burgués de Paz Estensoro. Una verdadera tragedia para la revolución latinoamericana y mundial que terminó en una derrota.
El movimiento trotskista también sufrió con otra corriente que significaría una traba para su desarrollo, el “nacional trotskismo”, que menosprecia la necesidad de construir una internacional. Moreno combatía esta visión, para él no podía haber una elaboración nacional correcta sin el aporte de una organización internacional, por pequeña que sea. La construcción de partidos revolucionarios, nos enseñaba, se desarrollará combinando las luchas nacionales con el acompañamiento de los procesos internacionales. Además, estaba convencido que la clave de los triunfos de la clase trabajadora, estaban íntimamente ligados a la solidaridad de clase internacional, para lo cual era fundamental la construcción del partido mundial. “Para nosotros, el máximo crimen, la máxima traición de la burocracia estalinista fue la disolución de la de la Tercera Internacional, exigida por sus aliados Churchill y Roosvelt”.3
La Brigada Simón Bolívar
El morenismo es un ejemplo de internacionalismo permanente, tanto en su determinación por ser parte de la construcción del partido de la revolución mundial, como por intervenir en los procesos de lucha en los diferentes países. Inspirado en las experiencias históricas como las Brigadas Internacionales que fueron a España a combatir con los republicanos, contra Franco, la corriente orientada por Nahuel Moreno, organizó en 1979 una brigada internacional para luchar en Nicaragua contra la dictadura de Anastasio Somoza.
La Revolución Nicaragüense encontró a Moreno exiliado en Colombia. A pesar de las profundas diferencias y críticas a la dirección reformista y de conciliación de clases del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y de que no existía prácticamente el trotskismo en aquel país, Moreno propuso formar una brigada internacional de combatientes para sumarse a la lucha armada contra Somoza. Así nació la Brigada Simón Bolivar (BSB). De ella participaron dirigentes y militantes morenistas de diferentes países y luchadores independientes que se sumaron para rescatar el legado de la solidaridad obrera internacional. Parte de la Brigada combatió en el Frente Sur, donde tuvo tres bajas mortales. Otro grupo, donde participó Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista y la UIT-CI, tomó el puerto nicaragüense de Bluefields, arrebatándolo a los somocistas. El 19 de julio de 1979, la Brigada entró triunfalmente a Managua, recibida por el pueblo y por el sandinismo.
Portada del libro sobre la formación y participación de La Brigada Simón Bolívar en Nicaragua (Pedilo)
Tras la victoria revolucionaria, nuevamente el mandelismo iba a capitular apoyando a un gobierno de unidad con la burguesía como el que encabezó el FSLN. Mientras tanto, la Brigada era expulsada por organizar más de 80 sindicatos e impulsar expropiaciones rumbo al socialismo. Pasaron 47 años y, lejos de avanzar al socialismo de la mano del movimiento obrero organizado como proponía la BSB bajo orientación morenista, la revolución nicaragüense fue traicionada por la dirección sandinista y hoy se ha convertido en una dictadura capitalista de la mano de Daniel Ortega, uno de sus ex comandantes.
Los procesos en curso, más que nunca, nos imponen rescatar las enseñanzas del morenismo. La lucha del pueblo palestino contra el genocidio sionista, la invasión a Ucrania por el imperialismo ruso, las movilizaciones populares en los Estados Unidos contra la expulsión de inmigrantes y la reciente invasión criminal del gobierno Trump en Venezuela secuestrando a su presidente, nos colocan urgentes tareas de solidaridad internacional de diferentes tipos. Desde Izquierda Socialista en el FITU y la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores Cuarta Internacional (UIT-CI), siguiendo el legado internacionalista de Nahuel Moreno, vamos a intervenir con todas nuestras fuerzas para ayudar a que triunfen las luchas de la clase trabajadora y los pueblos explotados y oprimidos del mundo para avanzar en la construcción de gobiernos de las y los trabajadores y el socialismo.
1. Conversaciones con Nahuel Moreno, Capítulo III El partido mundial.
2. Nahuel Moreno, Prólogo “El Partido y la Revolución”
3. Conversaciones con Nahuel Moreno, idem
Escribe Adolfo Santos
“La Flotilla Global Sumud, es la expresión más acabada de la unidad de acción en torno a la solidaridad con Palestina”. Así resumió esa importante tarea internacional Ezequiel Peressini, dirigente de Izquierda Socialista, quien participó de la misma en nombre de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores Cuarta Internacional (UIT-CI), junto al diputado nacional Juan Carlos Giordano, también dirigente de Izquierda Socialista. Fue uno de los mayores esfuerzos por romper el bloqueo por mar que el estado sionista le impone a Gaza.
En 2025 la lucha del pueblo palestino contra el genocidio perpetrado por el Estado de Israel, se convirtió en el eje de la lucha de clases mundial. Su repercusión fue impactante y la solidaridad internacional se expresó en miles de actos, movilizaciones, pronunciamientos y hasta huelgas por todo el mundo. Fue el rescate genuino del espíritu solidario donde jugaron un papel importante los y las trabajadores portuarios de Italia que respondieron con huelgas a los crímenes de Netanyahu. En ese marco, la Flotilla Global Sumud adquirió un papel fundamental, al convertirse en una acción de movilización permanente, que mantuvo durante más de 30 días y noches, la expectativa de romper el bloqueo sionista al pueblo gazatí.
Fue una gran experiencia internacional, tanto para Izquierda Socialista como para la UIT-CI y sus secciones. De vuelta en nuestro país, Juan Carlos Giordano y Ezequiel Peressini, destacaron: “participamos de la Flotilla Global Sumud en una consecuente acción internacionalista [...] y lo vamos a volver a hacer, todas las veces que sea necesario”. Las luchas que la clase trabajadora y los pueblos oprimidos del mundo vienen librando contra los gobiernos capitalistas en crisis, más que nunca, requieren rescatar el espíritu de solidaridad internacional.