Oct 17, 2026 Last Updated 4:29 PM, Oct 15, 2026

Federico Novo Foti

La figura del Che Guevara todavía es un ejemplo de vida militante y de entrega a un ideal revolucionario. De su experiencia sacó conclusiones que expresó a través de consignas y en sus escritos. Reivindicamos muchas de esas posiciones. Desde ese reconocimiento nuestra corriente, fundada por Nahuel Moreno, polemizó con la estrategia del foco guerrillero y planteó la necesidad de construir partidos revolucionarios. 

 El 3 de noviembre de 1966 ingresó a Bolivia el comerciante uruguayo Ramón Benítez, un hombre calvo y miope. Benítez no era otro que el líder revolucionario cubano-argentino Ernesto “Che” Guevara disfrazado. Su objetivo era replicar el foco guerrillero en ese país para derrotar a la dictadura de René Barrientos Ortuño y expandir la revolución. Siete años antes, junto a Fidel Castro y Camilo Cienfuegos lideraron la Revolución Cubana, la primera revolución socialista de América Latina.

 Pero la experiencia boliviana sería trágica. La guerrilla del Che, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), quedó aislada del campesinado y no logró establecer relaciones con el movimiento minero. Por su parte, el Partido Comunista boliviano, le restó apoyo político y logístico cuando el Che no aceptó que su principal dirigente, Mario Monje, condujera las operaciones militares. 

Para finales de septiembre de 1967, la diezmada columna del Che, con sólo 17 hombres, huía desesperada del asedio de las tropas bolivianas, entrenadas y equipadas por la CIA. Así lo relataba él mismo en su diario personal: “el ejército está mostrando más efectividad en su acción y la masa campesina no nos ayuda en nada y se convierten en delatores. La tarea más importante es zafar”.1 Pero no lo lograrían.

El 8 de octubre a las 11 de la mañana, en la quebrada del Churo, se inició el combate final. El Che recibió un disparo en su pantorrilla derecha, tres guerrilleros fueron muertos y dos resultaron heridos de gravedad. A las 14.40, cercados por el ejército, el Che y lo que quedaba del ELN fueron capturados.   

El 9 de octubre, detenido en una escuela de la localidad de La Higuera, el Che fue ejecutado por orden expresa del presidente Barrientos. Su cuerpo fue fotografiado en el Hospital de Vallegrande y, luego, enterrado en paradero desconocido.2 Guevara caía combatiendo por la revolución socialista y, desde entonces, se convertía en figura del heroísmo desinteresado y el anhelo de cambio.
 
Revolución socialista o caricatura de revolución

En su época de estudiante se embarcó en varios viajes por América Latina que dejó documentados en sus diarios personales.3 Pudo ver con sus propios ojos la pobreza y la injusticia que asolaban el continente. Estas experiencias alimentaron su odio hacia el capitalismo y lo convencieron de que la solución era la revolución.

Ya siendo el “Che”, uno de los máximos líderes de la Revolución Cubana fue defensor de las expropiaciones y la centralización económica. Es decir, quitarles las refinerías, los ingenios azucareros, los campos, fábricas y bancos a los yanquis y a los grandes patrones nacionales. Y poner toda esa riqueza al servicio de los trabajadores y el pueblo. Esto permitió que, tras la revolución, Cuba no tuviera pobres y la población accediera masivamente a salud y educación. Tuvo también una particular y temprana preocupación por denunciar y combatir los privilegios que comenzaban a usufructuar los funcionarios del gobierno y el partido. Mantuvo una vida personal y familiar absolutamente austera, mientras se ponía cada domingo al frente de brigadas de trabajo para educar con su ejemplo.

 Su visión internacionalista lo llevó a entender la defensa de Cuba como parte de la extensión de la revolución socialista en el resto de América Latina y el mundo, y a chocar cada vez más con las posiciones de la burocracia de la Unión Soviética. En febrero de 1965 pronunció su célebre discurso de Argel, en la capital de Argelia. Llamaba a unir las luchas contra el imperialismo, porque “una victoria de cualquier país sobre el imperialismo es una victoria nuestra”, a fortalecer el internacionalismo proletario y a la pelea mundial por el socialismo. A la vez, criticaba duramente los términos de intercambio económico de la Unión Soviética con los demás países del llamado “campo socialista”, condenaba su política de coexistencia pacífica con el imperialismo y exigía apoyo con armas al pueblo vietnamita.4 Esas posiciones revolucionarias perdieron apoyo dentro de Cuba y poco después se fue de la isla para no volver.

Meses antes de su asesinato, en abril de 1967, se publicó en la revista Tricontinental su “Mensaje a los pueblos del mundo”. Allí el Che afirmaba que “el imperialismo es un sistema mundial, la última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial”. Aseguraba también que las burguesías nacionales eran furgón de cola del imperialismo y, contra la concepción estalinista de la “revolución por etapas”, afirmaba que los países de Asia, África y América estaban maduros para la lucha por el socialismo. Decía que la alternativa era “revolución socialista o caricatura de revolución”.5
 
Su legado

El Che Guevara fue consecuente con la principal enseñanza de la revolución cubana. Para lograr la liberación y comenzar a solucionar los anhelos de bienestar para las y los trabajadores y campesinos, es imprescindible romper política y económicamente con la burguesía y el imperialismo y extender la revolución a los demás países. Por eso Nahuel Moreno, maestro y fundador de nuestra corriente, pese a los importantes debates (ver recuadro), lo llamó “héroe y mártir de la revolución permanente”.

Fidel Castro, en su pacto con la burocracia estalinista, terminó apoyando la “coexistencia pacífica”. Un año después de la muerte del Che, apoyó el aplastamiento de obreros en la revolución checoslovaca de 1968. Alentó las experiencias fallidas de Chile y Nicaragua en los setentas. Las burocracias impulsaron “reformas hacia el mercado” en China y la URSS, que dieron lugar a la restauración del capitalismo. También se restauró el capitalismo en Cuba, bajo el llamado “socialismo del siglo XXI”, la economía mixta capitalista, la convivencia entre distintas formas de propiedad (incluyendo los negocios de las grandes multinacionales) y los mecanismos del mercado.6

Para acabar con la miseria y la pobreza provocadas por el sistema capitalista imperialista, el único camino es derrocarlo e imponer en su lugar el socialismo con democracia obrera, poner toda la economía en manos de la clase trabajadora y expropiar a las empresas multinacionales y a los grandes patrones nacionales. Este es el gran legado de Guevara. A lo que agregamos que, para llevar al triunfo la causa por la cual dio la vida el Che, es necesario también avanzar en la construcción de partidos revolucionarios que se lo propongan de manera consecuente.

1. Ernesto Guevara. Diario del Che en Bolivia. Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, 1968.
2. El 28 de junio de 1997, Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), encontró los cuerpos del Che y otros guerrilleros enterrados como NN en una fosa común en el aeropuerto de Vallegrande.
3. Ver “Diarios de Motocicleta” (2004), película de Walter Salles.
4. Ernesto Guevara. “Discurso pronunciado en el Segundo Seminario Económico de Solidaridad Afroasiática”, 24/02/1965. www.marxists.org
5. Ernesto Guevara. “Crear dos tres… muchos Vietnam. Mensaje a los pueblos del mundo” en Revista Tricontinental, 16/04/1967. www.marxists.org
6. Correspondencia Internacional. Edición Especial. Diciembre 2024. www.uit-ci.org 

Nuestra corriente, encabezada por Nahuel Moreno, reivindicó y defendió la revolución que tiró a la dictadura de Fulgencio Batista y el surgimiento de Cuba socialista desde 1960-1961. Para nosotros, al igual que para millones de luchadores y luchadoras en todo el mundo, el Che es un ejemplo de vida militante honesta, de entrega a un ideal de cambio revolucionario y de lucha. Pero, a la vez, polemizamos con la concepción del “foco guerrillero”.

La prédica guerrillera de la dirección cubana ejerció una presión brutal. Surgieron alas pro-castristas y escisiones dispuestas a hacer los “focos” en prácticamente todas las organizaciones del continente, tanto en los grandes partidos burgueses como en los partidos comunistas dominados por la burocracia estalinista de la Unión Soviética y toda la izquierda. También se abrió un gran debate en el trotskismo.

En septiembre de 1964, Moreno publicaría en la revista Estrategia el texto “Dos métodos frente a la revolución latinoamericana”, en el cual detallaría sus críticas a la concepción del foco guerrillero impulsada por Guevara. Moreno cuestionó la idea de que era el único método para tomar el poder, reducido a recetas técnicas e ignorando las particularidades nacionales. Sostuvo que la victoria suele provenir de la acción insurreccional de masas urbanas y campesinas, no únicamente de las guerrillas. Propugnó una estrategia basada en el análisis concreto y en la movilización desde las organizaciones de masas, donde la vanguardia debía formar un partido fuerte, ligado al movimiento de masas, y definir un programa revolucionario. Así, el partido debía organizar, educar y orientar a las masas, ajustándose a las condiciones concretas del país.

Moreno no dejaba de señalar en qué marco desarrollaba sus críticas: “Trotsky, al comentar incidentalmente las polémicas de Bujarin con Lenin, señalaba que las hacía de rodillas, como pidiendo perdón, del mismo modo que un hijo discute con su padre o un alumno con su maestro: como si fuera una desgracia. Nosotros nos ubicamos frente a Guevara o Fidel Castro en una posición similar. Nuestra admiración respeto, reconocimiento hacia ellos, como jefes del proceso revolucionario latinoamericano, no tiene límites”.1

1. Nahuel Moreno. Polémica con el Che Guevara. CEHuS, Buenos Aires, 2017


Federico Novo Foti

El 1º de octubre de 1946 el tribunal internacional que sesionó en Núremberg (Alemania) dio su veredicto final. Culminaba así un proceso judicial iniciado en noviembre de 1945 en el que terminarían condenados algunos de los principales líderes nazis por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. El 16 de octubre diez de ellos fueron ahorcados. La derrota nazi-fascista fue un enorme triunfo democrático.

El 20 de noviembre de 1945 comenzó a sesionar en el Palacio de Justicia de la ciudad de Núremberg el Tribunal Militar Internacional que tendría la tarea de juzgar a 22 líderes nazis en el juicio principal y a otros 160 altos funcionarios del régimen nazi en juicios paralelos que duraron hasta 1949. El tribunal de los “juicios de Núremberg” estaba integrado por ocho jueces, representantes de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y la Unión Soviética, las potencias aliadas, recientes vencedoras en la Segunda Guerra Mundial.[1]  

La elección de Núremberg, en la región bávara de Alemania, no era caprichosa. La ciudad tenía un enorme simbolismo, ya que el nazismo había celebrado allí anualmente sus congresos y, en su apogeo, había realizado sus más grandes actos y movilizaciones. En 1935, Adolf Hitler había anunciado las “leyes de Núremberg”, que habían legalizado la discriminación y persecución contra la población judía alemana.    

En el proceso judicial los jefes nazis fueron juzgados por crímenes contra la paz, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y, en algunos casos, por conspiración para cometer esos crímenes. 

A lo largo de poco más de los 10 meses que duró el juicio principal testificaron 240 sobrevivientes de los campos de concentración y exterminio. Se leyeron 300 mil declaraciones juradas de otros testigos. Se presentaron cerca de 3 mil toneladas de documentos del ejército nazi, como el “Protocolo de la Conferencia de Wannsee”, sobre ejecuciones masivas y la “solución final de la cuestión judía”.[2]  Se exhibieron 7.300 metros de películas, como “Campos de concentración nazis”, filmada por los aliados tras la liberación de los campos alemanes de Buchenwald y Bergen-Belsen. Así por primera vez se hicieron visibles las topadoras arrojando miles de cadáveres desnudos en zanjones o los prisioneros que apenas conservaban aspecto humano, las cámaras de gas y las chimeneas humeantes. La maquinaria de persecución y exterminio nazi quedó retratada en toda su espantosa dimensión.

De los principales acusados, doce fueron condenados a pena de muerte, entre ellos, Joachim von Ribbentrop, ministro de Relaciones Exteriores, y Martin Bormann, secretario privado de Hitler (sentenciado en ausencia). El día previo a su ejecución logró suicidarse con veneno Hermann Goering, ministro de Aviación. Tres líderes nazis fueron condenados a cadena perpetua, entre ellos Rudolph Hess, principal dirigente del Partido Nazi. Cuatro funcionarios fueron condenados a 10 y 20 años de prisión y tres fueron absueltos.

Adolf Hitler no llegó a ser castigado porque se había suicidado en su búnker a comienzos de mayo de 1945, cuando era inminente la caída de Berlín y de su régimen atroz. Lo mismo había hecho su ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, quien se suicidó junto a su esposa, luego de envenenar sus seis pequeños hijos.[3] 

Un enorme triunfo democrático

En la Segunda Guerra Mundial, el aplastamiento del fascismo y el nazismo se logró gracias a la heroica resistencia de las masas, la acción del Ejército Rojo y de los ejércitos estadounidense e inglés. El punto de inflexión había sido el triunfo soviético en Stalingrado en 1943. Luego, en poco más de dos años, Adolf Hitler y Benito Mussolini fueron derrotados. La toma de la ciudad de Berlín por el Ejército Rojo, en mayo de 1945, marcó el fin de la guerra en Europa y la derrota definitiva del nazi-fascismo. Una inmensa victoria democrática de las masas.

Consumado el triunfo, los gobiernos de las tres potencias imperialistas vencedoras (Estados Unidos, Inglaterra y Francia) y la Unión Soviética negociaron la ocupación de Alemania. La burocracia que conducía la Unión Soviética, encabezada por José Stalin, había comenzado a pactar desde 1943 con Estados Unidos e Inglaterra una división territorial de la Europa de posguerra, con “esferas de influencia”, cuyo objetivo debía ser la reconstrucción capitalista de gran parte del continente.[4] 

Entre tanto, las masas europeas, protagonistas de aquella enorme victoria, expresaban sus profundas aspiraciones democráticas. En muchísimos casos, la resistencia misma persiguió y castigó a los responsables de las atrocidades nazis y a quienes colaboraron con ellos. Hubo tribunales populares y fusilamientos sumarios. El más célebre y conocido fue el del propio Mussolini, capturado por los partisanos italianos cuando intentaba huir disfrazado de oficial alemán, en abril de 1945.[5] 

El castigo a los máximos responsables del nazismo fue, entonces, una decisión política prácticamente ineludible, discutida y pactada por las potencias aliadas como parte de sus negociaciones para la reconstrucción capitalista de la Europa de posguerra. Que esos monstruos hayan muerto ahorcados, y otros miles de condenados, fueron grandes conquistas democráticas impuestas por la victoria de las masas que aplastaron a la bestia fascista. Pero fueron logros parciales que no impidieron la política de “desnazificación”, que impulsaron Estados Unidos, Inglaterra y Francia junto con el gobierno de Alemania Federal. Así, miles de nazis pudieron huir impunes, gracias a la ayuda directa de los servicios de inteligencia estadounidenses y del Vaticano, que protegieron y permitieron su radicación en América del Sur o, incluso, en Estados Unidos en lo que se conoce como “ruta de las ratas”.

Los crímenes de genocidio no prescriben

Las condenas y castigo limitados a los líderes y funcionarios del régimen nazi no pueden esconder que los juicios de Núremberg establecieron de manera pública e internacional la condena jurídica a los crímenes de lesa humanidad y el genocidio nazi. También, el reconocimiento de las responsabilidades individuales que caben a los altos mandos políticos y militares en el ejercicio de sus funciones y que las órdenes de un superior (obediencia debida) no exime de responsabilidad ante los crímenes de Estado.

A pesar de la complicidad de los gobiernos, para 1950 ya habían sido condenados otros 6 mil nazis y fascistas en Estados Unidos, Inglaterra y Francia por la fuerza del reclamo de familiares y sobrevivientes. Muchos más fueron condenados en los países de Europa oriental y la Unión Soviética. En Alemania Federal, desde 1950, se continuó persiguiendo a los criminales nazis y se fueron ampliando los plazos de prescripción. Hasta que en 1968 se reconoció a nivel internacional que los crímenes de lesa humanidad no prescriben.

En nuestro país la lucha contra el genocidio perpetrado por la última dictadura militar se ha inspirado en la lucha heroica contra el nazi-fascismo. El reclamo sostenido de juicio y castigo a los genocidas logró derrotar las leyes de impunidad de Raúl Alfonsín (Punto Final y Obediencia Debida), así como los indultos de Carlos Menem. Hoy, a pesar del gobierno ultraderechista y negacionista de Javier Milei y Victoria Villarruel, nuevas generaciones se incorporan a la pelea. Así, junto a la consigna “¡Son 30.000! Fue genocidio” se sigue escuchando en las calles una advertencia que nos recuerda a aquel juicio de hace 80 años: “¡Como a los nazis les va a pasar, adonde vayan los iremos a buscar!”.

[1] Ver El Socialista Nº 604, 07/05/2025. Disponible en www.izquierdasocialista.org.ar Ver película “Núremberg: el juicio del siglo” (2025), dirigida por James Vanderbilt.
[2] Disponible en www.museodelholocausto.org.ar
[3] Ver El Socialista. Op. Cit. Ver la película “La caída” (2004), dirigida por Oliver Hirschbiegel.
[4] Ver El Socialista Nº 608, 10/07/2025. Disponible en www.izquierdasocialista.org.ar
[5] Ver El Socialista Nº 602, 1/04/2025. Disponible en www.izquierdasocialista.org.ar

Francisco Moreira
 
Fue una de las masacres más emblemáticas de la última dictadura. Estudiantes secundarios, que en 1975 habían luchado por el boleto estudiantil, fueron secuestrados en La Plata. Los mártires de “La Noche de los Lápices” han quedado en la historia. La lucha por justicia y el boleto gratuito continúan.
 
La noche del 16 de septiembre de 1976, en la ciudad de La Plata, la policía bonaerense secuestró e hizo desaparecer a seis jóvenes que el año anterior habían protagonizado la lucha por el boleto estudiantil. Ellos eran Daniel Alberto Racero (18 años) y Horacio Húngaro (17) del colegio Normal Nº 3; María Claudia Falcone (16), María Clara Ciocchini (18) y Francisco López Muntaner (16) del Bellas Artes; y Claudio Acha (17) del Nacional Buenos Aires. El 21 de septiembre fue secuestrado otro joven, Pablo Díaz del Normal Nº 2, que siendo sobreviviente declaró que habían sido brutalmente torturados en el centro clandestino de detención conocido como el “Pozo de Banfield”.1
 
“Tomala vos, dámela a mí, por el boleto estudiantil”

Con cánticos como este los estudiantes secundarios platenses se habían movilizado durante 1975 para exigir el boleto.2 El 13 de septiembre Daniel Racero “se trepó al mástil del patio del Normal Nº 3 flanqueado por Horacio Húngaro, para anunciar la conquista del boleto estudiantil secundario”.3
Por aquellos días todavía resonaba el estruendoso impacto de las movilizaciones obreras de junio contra el brutal ajuste que promovía el ministro de Economía, Celestino Rodrigo. El “Rodrigazo” había terminado con el paquete de ajuste y se había llevado consigo al propio Rodrigo y al “brujo” López Rega, el siniestro ministro de Bienestar Social. El gobierno de Isabel Perón tambaleaba, mientras la burocracia sindical mantenía la pasividad. Pero la lucha de aquellos jóvenes desafió al gobierno y a las bandas fascistas, como la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), que actuaban bajo su mando, atacando a militantes y locales partidarios.

Un año después del triunfo estudiantil, la dictadura militar y su terrorismo de estado reemplazaron al gobierno peronista de Isabel y sus bandas fascistas. Con la dictadura, la represión profundizó los ataques sobre miles de activistas de todos los sectores que habían enfrentado al gobierno de Isabel. En agosto de 1976, la dictadura suspendió el boleto estudiantil secundario. Pero en los colegios platenses los estudiantes se organizaron clandestinamente y resistieron con volantes, pintadas y otras actividades. Así fue que el coronel Ramón Camps, por entonces jefe de la Policía Bonaerense, ordenó a su segundo, el comisario general Miguel Osvaldo Etchecolatz, terminar con “el accionar subversivo en las escuelas”. El objetivo fue secuestrar y hacer desaparecer a los estudiantes que habían encabezado la lucha por el boleto.

“La Noche de los Lápices” fue el título del documento interno de la jefatura de la policía en el que se explicaba el trabajo de inteligencia realizado para detectar “potenciales subversivos” entre los estudiantes secundarios.
 
La lucha por justicia continúa

 En 1982 la movilización terminó con la dictadura y dio comienzo a la lucha por castigar a los genocidas. Se fue instalando el homenaje a los jóvenes platenses de “la Noche de los Lápices”, quienes se convirtieron en emblema de la lucha por justicia contra los crímenes de la dictadura.

 Gracias a la lucha popular, en 1986, Camps fue condenado a 25 años de prisión por sus crímenes. Pero con la sanción de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final del presidente Raúl Alfonsín (UCR), prácticamente no pasó ni un día en la cárcel. Murió en libertad en 1994. Por su parte, Etchecolatz fue condenado en 1986, pero estuvo en libertad hasta que la lucha popular logró tirar las leyes de impunidad de Alfonsín. En 2006, fue el primer genocida juzgado y condenado tras la anulación de esas leyes, dentro de la megacausa conocida como “Circuito Camps”. En el juicio, Julio López declaró como testigo. Luego de la condena, hace veinte años, López fue desaparecido por segunda vez, siendo Etchecolatz uno de los responsables de su desaparición. Etchecolatz murió en 2022 en prisión. Su hija, Mariana, cambió su apellido y repudió sus crímenes.4

 El 16 de septiembre se ha convertido en una fecha simbólica para el movimiento secundario de todo el país. Hoy el gobierno ultraderechista de Milei y Villarruel niega el genocidio. Busca, una vez más, impunidad para los militares asesinos, promoviendo todo tipo de beneficios para los genocidas condenados, como prisión domiciliaria. Tras haber cuestionado el “adoctrinamiento” en las escuelas y universidades públicas y negar el derecho a la educación pública y gratuita, hace pocos días Milei se despachó en la escuela ORT, frente a estudiantes de 4º y 5º año, con que el marxismo es una “teoría satánica” que busca “reemplazar el orden divino”. ¡Un disparate! Por suerte, la histórica lucha de los secundarios platenses se ha convertido en bandera por la defensa de la educación pública y el próximo miércoles 16 de septiembre secundarios de todo el país volverán a movilizar para decir: Son 30.000, fue genocidio. En defensa de la Escuela Pública. ¡Los lápices siguen escribiendo!
 
1.  Declaración de Pablo Díaz ante la Cámara Federal de Apelaciones (PJN). 02/12/1998.
2.  Pocos días antes de la conquista del boleto estudiantil, el 4 y 5 de septiembre, habían sido asesinados ocho militantes del PST de La Plata por parte de bandas fascistas. El hecho es conocido como “La Masascre de La Plata”. Ver Ricardo de Titto. Historia del PST. Tomo 3. CEHuS, Buenos Aires, 2024.
3.  Seoane, M. y Ruíz Núñez, H. La Noche de los Lápices. Editorial Contrapunto, 6° Edición, Buenos Aires, 1986.
4. Declaración de Jorge Julio López en el juicio “Causa Etchecolatz” (PJN). 28/06/2006.

Foto de portada: Conferencia de prensa en la legislatura bonaerense de la Comisión por Memoria y Justicia de la Masacre de La Plata

Los días 4 y 5 de septiembre de 1975 fueron asesinados ocho militantes del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), antecesor de Izquierda Socialista, por bandas fascistas amparadas por el gobierno de Isabel Perón, en la antesala del golpe de estado. El hecho se conoció como “Masacre de La Plata”. El crimen de los militantes del PST continúa impune y la lucha por justicia continúa. La Comisión por Memoria y Justicia de la Masacre de La Plata, integrada por familiares, amigos y compañeros de militancia a 51 años de sus asesinatos organizó dos homenajes para recordar a los compañeros y compañeras asesinados y continuar la lucha por justicia. El jueves 3 se realizó una radio abierta y una representación reivindicando sus vidas frente al juzgado federal que debería investigar la causa. El lunes 7 se realizó una conferencia de prensa en la legislatura bonaerense con la participación de la bancada del Frente de Izquierda Unidad donde se presentaron iniciativas legislativas en conmemoración. La diputada Mónica Schlotthauer de Izquierda Socialista en el FITU, impulsora de los proyectos, recordó sus primeros años de militancia en el PST, el ejemplo de los militantes asesinados en la masacre y su lucha socialista, y reivindicó el rol de la Comisión en la pelea por justicia.           





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