Sep 16, 2026 Last Updated 9:18 PM, Sep 15, 2026

Francisco Moreira
 
Fue una de las masacres más emblemáticas de la última dictadura. Estudiantes secundarios, que en 1975 habían luchado por el boleto estudiantil, fueron secuestrados en La Plata. Los mártires de “La Noche de los Lápices” han quedado en la historia. La lucha por justicia y el boleto gratuito continúan.
 
La noche del 16 de septiembre de 1976, en la ciudad de La Plata, la policía bonaerense secuestró e hizo desaparecer a seis jóvenes que el año anterior habían protagonizado la lucha por el boleto estudiantil. Ellos eran Daniel Alberto Racero (18 años) y Horacio Húngaro (17) del colegio Normal Nº 3; María Claudia Falcone (16), María Clara Ciocchini (18) y Francisco López Muntaner (16) del Bellas Artes; y Claudio Acha (17) del Nacional Buenos Aires. El 21 de septiembre fue secuestrado otro joven, Pablo Díaz del Normal Nº 2, que siendo sobreviviente declaró que habían sido brutalmente torturados en el centro clandestino de detención conocido como el “Pozo de Banfield”.1
 
“Tomala vos, dámela a mí, por el boleto estudiantil”

Con cánticos como este los estudiantes secundarios platenses se habían movilizado durante 1975 para exigir el boleto.2 El 13 de septiembre Daniel Racero “se trepó al mástil del patio del Normal Nº 3 flanqueado por Horacio Húngaro, para anunciar la conquista del boleto estudiantil secundario”.3
Por aquellos días todavía resonaba el estruendoso impacto de las movilizaciones obreras de junio contra el brutal ajuste que promovía el ministro de Economía, Celestino Rodrigo. El “Rodrigazo” había terminado con el paquete de ajuste y se había llevado consigo al propio Rodrigo y al “brujo” López Rega, el siniestro ministro de Bienestar Social. El gobierno de Isabel Perón tambaleaba, mientras la burocracia sindical mantenía la pasividad. Pero la lucha de aquellos jóvenes desafió al gobierno y a las bandas fascistas, como la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), que actuaban bajo su mando, atacando a militantes y locales partidarios.

Un año después del triunfo estudiantil, la dictadura militar y su terrorismo de estado reemplazaron al gobierno peronista de Isabel y sus bandas fascistas. Con la dictadura, la represión profundizó los ataques sobre miles de activistas de todos los sectores que habían enfrentado al gobierno de Isabel. En agosto de 1976, la dictadura suspendió el boleto estudiantil secundario. Pero en los colegios platenses los estudiantes se organizaron clandestinamente y resistieron con volantes, pintadas y otras actividades. Así fue que el coronel Ramón Camps, por entonces jefe de la Policía Bonaerense, ordenó a su segundo, el comisario general Miguel Osvaldo Etchecolatz, terminar con “el accionar subversivo en las escuelas”. El objetivo fue secuestrar y hacer desaparecer a los estudiantes que habían encabezado la lucha por el boleto.

“La Noche de los Lápices” fue el título del documento interno de la jefatura de la policía en el que se explicaba el trabajo de inteligencia realizado para detectar “potenciales subversivos” entre los estudiantes secundarios.
 
La lucha por justicia continúa

 En 1982 la movilización terminó con la dictadura y dio comienzo a la lucha por castigar a los genocidas. Se fue instalando el homenaje a los jóvenes platenses de “la Noche de los Lápices”, quienes se convirtieron en emblema de la lucha por justicia contra los crímenes de la dictadura.

 Gracias a la lucha popular, en 1986, Camps fue condenado a 25 años de prisión por sus crímenes. Pero con la sanción de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final del presidente Raúl Alfonsín (UCR), prácticamente no pasó ni un día en la cárcel. Murió en libertad en 1994. Por su parte, Etchecolatz fue condenado en 1986, pero estuvo en libertad hasta que la lucha popular logró tirar las leyes de impunidad de Alfonsín. En 2006, fue el primer genocida juzgado y condenado tras la anulación de esas leyes, dentro de la megacausa conocida como “Circuito Camps”. En el juicio, Julio López declaró como testigo. Luego de la condena, hace veinte años, López fue desaparecido por segunda vez, siendo Etchecolatz uno de los responsables de su desaparición. Etchecolatz murió en 2022 en prisión. Su hija, Mariana, cambió su apellido y repudió sus crímenes.4

 El 16 de septiembre se ha convertido en una fecha simbólica para el movimiento secundario de todo el país. Hoy el gobierno ultraderechista de Milei y Villarruel niega el genocidio. Busca, una vez más, impunidad para los militares asesinos, promoviendo todo tipo de beneficios para los genocidas condenados, como prisión domiciliaria. Tras haber cuestionado el “adoctrinamiento” en las escuelas y universidades públicas y negar el derecho a la educación pública y gratuita, hace pocos días Milei se despachó en la escuela ORT, frente a estudiantes de 4º y 5º año, con que el marxismo es una “teoría satánica” que busca “reemplazar el orden divino”. ¡Un disparate! Por suerte, la histórica lucha de los secundarios platenses se ha convertido en bandera por la defensa de la educación pública y el próximo miércoles 16 de septiembre secundarios de todo el país volverán a movilizar para decir: Son 30.000, fue genocidio. En defensa de la Escuela Pública. ¡Los lápices siguen escribiendo!
 
1.  Declaración de Pablo Díaz ante la Cámara Federal de Apelaciones (PJN). 02/12/1998.
2.  Pocos días antes de la conquista del boleto estudiantil, el 4 y 5 de septiembre, habían sido asesinados ocho militantes del PST de La Plata por parte de bandas fascistas. El hecho es conocido como “La Masascre de La Plata”. Ver Ricardo de Titto. Historia del PST. Tomo 3. CEHuS, Buenos Aires, 2024.
3.  Seoane, M. y Ruíz Núñez, H. La Noche de los Lápices. Editorial Contrapunto, 6° Edición, Buenos Aires, 1986.
4. Declaración de Jorge Julio López en el juicio “Causa Etchecolatz” (PJN). 28/06/2006.

Foto de portada: Conferencia de prensa en la legislatura bonaerense de la Comisión por Memoria y Justicia de la Masacre de La Plata

Los días 4 y 5 de septiembre de 1975 fueron asesinados ocho militantes del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), antecesor de Izquierda Socialista, por bandas fascistas amparadas por el gobierno de Isabel Perón, en la antesala del golpe de estado. El hecho se conoció como “Masacre de La Plata”. El crimen de los militantes del PST continúa impune y la lucha por justicia continúa. La Comisión por Memoria y Justicia de la Masacre de La Plata, integrada por familiares, amigos y compañeros de militancia a 51 años de sus asesinatos organizó dos homenajes para recordar a los compañeros y compañeras asesinados y continuar la lucha por justicia. El jueves 3 se realizó una radio abierta y una representación reivindicando sus vidas frente al juzgado federal que debería investigar la causa. El lunes 7 se realizó una conferencia de prensa en la legislatura bonaerense con la participación de la bancada del Frente de Izquierda Unidad donde se presentaron iniciativas legislativas en conmemoración. La diputada Mónica Schlotthauer de Izquierda Socialista en el FITU, impulsora de los proyectos, recordó sus primeros años de militancia en el PST, el ejemplo de los militantes asesinados en la masacre y su lucha socialista, y reivindicó el rol de la Comisión en la pelea por justicia.           





Federico Novo Foti
 
El triunfo de la burocracia encabezada por José Stalin en la Unión Soviética en la década del veinte fue un inmenso retroceso para las y los trabajadores soviéticos y de todo el mundo. Para combatirlo, hace 88 años Trotsky impulsó la fundación de la Cuarta Internacional. La tarea de construirla sigue pendiente.

El 3 de septiembre de 1938, en una reunión que apenas duró un día, con 26 delegados que representaban a 11 secciones nacionales, se fundó la Cuarta Internacional.1 La reunión se realizó en la más absoluta clandestinidad a las afueras de París. La conferencia votó el “Programa de Transición”2, entre otros documentos.

Pese a no haber podido participar de aquella reunión, el principal inspirador de la fundación de la Cuarta Internacional fue el líder revolucionario ruso León Trotsky, quien por entonces se encontraba exiliado en México. El objetivo que había impulsado a Trotsky a fundar la nueva organización internacional era unir férreamente a los marxistas alrededor de un programa revolucionario. (ver recuadro)

El Programa de Transición, escrito por Trotsky, señala aspectos centrales de la lucha de los revolucionarios por tomar el poder e impulsar una revolución socialista mundial para liberar a la humanidad de la barbarie capitalista. Pero uno de sus logros más importante es definir lo ocurrido a mediados de los años veinte en la Unión Soviética, donde una burocracia contrarrevolucionaria encabezada por José Stalin se había apoderado del gobierno del primer estado obrero para imponer una dictadura sangrienta y políticas totalmente equivocadas en los Partidos Comunistas de la Tercera Internacional, que llevaron a las y los trabajadores de derrota en derrota. Esto es lo que resume su célebre frase: “la crisis de la humanidad es la crisis de su dirección revolucionaria”.3
 
La bancarrota de la Tercera Internacional

En marzo de 1919 se había fundado la Tercera Internacional (Comunista) en Moscú, capital de la primera revolución obrera y socialista triunfante, que se encontraba en guerra civil. Allí gobernaban los soviets democráticos de obreros y campesinos, con la conducción del Partido Bolchevique, encabezado por Vladimir Lenin y Trotsky. Ambos impulsaron la reorganización de los revolucionarios desde 1914, cuando se había producido la traición de los dirigentes de la Segunda Internacional (Socialdemócrata) en la Primera Guerra Mundial.

A comienzos de la década del veinte una oleada de revoluciones sacudió Europa, pero estas no triunfaron, dejando aislada y debilitada a la república de los soviets que había sobrevivido a la guerra civil. En esta nueva situación, a partir de 1924, comenzó un importante viraje político que evidenció el avance de la burocracia encabezada por Stalin. La nueva orientación adoptada por la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética promovió la concepción del “socialismo en un sólo país”: la conciliación con la burguesía y el imperialismo, la ruptura con el internacionalismo y el abandono de la lucha por la revolución socialista mundial.

 Los continuos virajes políticos del estalinismo llevaron a duros fracasos. La política de capitular a la “burguesía nacional” de la Tercera Internacional provocó la derrota histórica de la revolución china de 1925-1927. En 1933, el triunfo del nazismo fue abonado por la nefasta política divisionista del Partido Comunista alemán, que rechazó el frente único con los socialdemócratas ante el ascenso de Adolf Hitler. En 1935, el séptimo congreso de la Tercera Internacional aprobó la política equivocada de unidad permanente con la burguesía y de renuncia a la lucha por la toma del poder de los “frentes populares”.

 La fundación de la Cuarta Internacional en 1938 sería, en definitiva, el resultado de una fuerte y prolongada discusión entre quienes se oponían al estalinismo. En 1933, luego del triunfo del nazismo, Trotsky había concluido que la Tercera Internacional estaba muerta y que era necesario fundar otra organización mundial, la Cuarta. En agosto de ese mismo año se publicó la “Declaración de los Cuatro”, un llamado de la Oposición de Izquierda Internacional (los trotskistas) y otras tres organizaciones a forma una nueva internacional.5

Entre tanto la dictadura estalinista acompañó su política contrarrevolucionaria con la más implacable persecución a cualquier tipo de oposición. Trotsky, principal dirigente de la oposición al estalinismo, fue expulsado de la Unión Soviética en 1929. Los “Juicios de Moscú”, iniciados en 1936, fueron la farsa jurídica con la que el estalinismo comenzó a exterminar a la oposición dentro de la URSS. Mientras que los agentes de la policía secreta soviética (GPU) perseguían y asesinaban a los opositores en el extranjero.

 En las difíciles condiciones impuestas por la persecución estalinista, Trotsky continuó las tareas de organización clandestina dentro y fuera de la Unión Soviética. En enero de 1937 se instaló en México. Ese mismo año, en agosto, fue asesinado Erwin Wolf, secretario de Trotsky durante su exilio en Noruega. En febrero de 1938 fue asesinado León Sedov, hijo y principal colaborador de Trotsky. A dos meses de la conferencia fundacional de la Cuarta corrió la misma suerte Rudolf Klement, responsable de su preparación.     
 
Construir la dirección revolucionaria

 Bajo circunstancias tan adversas los trotskistas fundaron la Cuarta Internacional y mantuvieron consecuentemente la pelea por acabar con el capitalismo y contra la burocracia, combatiendo la política reformista y sin salida del “socialismo en un sólo país”, denunciando el totalitarismo del partido único y defendiendo la democracia obrera. Pero en agosto de 1940 Trotsky sería asesinado en México por un agente estalinista, lo que representó un duro golpe sobre la dirección revolucionaria.

 La Cuarta Internacional se fue reorganizando al concluir la Segunda Guerra Mundial. Pero a comienzos de los años cincuenta entró en una crisis y dispersión que no logró superar. Gran parte de sus dirigentes fueron cediendo a las presiones de las direcciones mayoritarias del movimiento obrero y de masas, como los mismos partidos comunistas burocráticos o los movimientos nacionalistas burgueses, como el peronismo o el frente de liberación argelino. En Latinoamérica, la corriente que fue construyendo Nahuel Moreno dio una lucha sistemática y consecuente contra las capitulaciones de los dirigentes revisionistas oportunistas, de los cuales el más conocido fue el belga Ernest Mandel.

 En 1989, la movilización revolucionaria de las masas produjo la caída de los regímenes dictatoriales de la URSS y Europa central. Pero estos triunfos no alcanzaron para retomar el camino revolucionario e internacionalista abandonado más de 60 años atrás. Hoy se continúa sufriendo el dominio capitalista en el mundo, con el avance del hambre y la pobreza de la mayoría de la población, mientras los multimillonarios se enriquecen cada vez más.  La necesidad imprescindible de una dirección revolucionaria que permita el triunfo de la revolución socialista mundial sigue pendiente. Las movilizaciones de las y los trabajadores y los pueblos oprimidos abonan el camino para lograr la dirección internacional y consecuente que encabece el triunfo de la revolución socialista. La UIT-CI suma su aporte a la gran tarea de construir la Cuarta Internacional.
 
1. Mercedes Petit. Apuntes para una historia del trotskismo (1938-1964). Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2005
2. León Trotsky. Programa de Transición. Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2007.
3. Ídem.
4. Ver El Socialista Nº 577, 21/02/2024. Disponible en www.izquierdasocialista.org.ar
5. Ver Bauer, Schwab, Schmidt y Sneevliet. “Declaración de lo cuatro” en The Militant, 23/09/1933. Disponible en www.marxists.org  

Federico Novo Foti

El dirigente trotskista argentino Nahuel Moreno defendió la importancia de la fundación de la Cuarta Internacional frente a sectores revisionistas que la rechazaban. En la Tesis VI de su “Actualización del Programa de Transición” afirmaba categóricamente que “la fundación de nuestra Internacional fue el más grande acierto de Trotsky y de nuestro movimiento mundial”, porque respondió a la necesidad de “unir férreamente a todos los marxistas revolucionarios alrededor de un programa que sintetizara todo lo aprendido por el movimiento marxista mundial desde el Manifiesto Comunista y especialmente desde la Revolución Rusa. Para defender estas conquistas del marxismo, sintetizadas en el trotskismo y su programa, del ataque contrarrevolucionario en toda la línea que llevaban a cabo el estalinismo y los otros aparatos contrarrevolucionarios. […] Defendimos así las dos más grandes conquistas de la etapa de veinte años de derrotas: la URSS y el único marxismo revolucionario existente, el trotskismo”. 

Finalmente, señalaba también que “la Cuarta Internacional tenía un objetivo ofensivo: preparar un marco y un programa común a los marxistas revolucionarios del mundo para el inevitable ascenso revolucionario que se abriría a corto plazo y que sería desviado o traicionado por todas las direcciones burocráticas y pequeño-burguesas del movimiento de masas. Sólo fundando la Cuarta Internacional se podía responder a estas necesidades defensivas y ofensivas”.1 La tarea de reconstrucción del Cuarta Internacional sigue pendiente.

1. Todas las citas corresponden a Nahuel Moreno. Actualización del Programa de Transición. (1980) Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2014. Disponible en nahuelmoreno.org 
Ver Correspondencia Internacional, Edición Especial, septiembre 2018. Disponible en www.uit-ci.org    

Foto de portada: La pintura, retrata el momento de la rendición del militar británico William Carr Beresford y la entrega de sus armas a los líderes criollos

Escribe Federico Novo Foti
 
El 12 de agosto se cumplen 220 años de la primera gran derrota inglesa en el Río de la Plata. En junio de 1806, tropas británicas habían ocupado Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata. 46 días después una impresionante gesta popular al mando de Santiago de Liniers los echó. Esa primera derrota de la invasión inglesa (y de la segunda invasión en 1807) hizo crecer los proyectos de independencia que estallaron en 1810.
  
El 25 de junio de 1806, 1.600 soldados ingleses desembarcaron en la costa de Quilmes. Su intención era invadir la ciudad de Buenos Aires, flamante capital del virreinato español del Río de la Plata. La fuerza de 600 hombres enviada por el virrey Rafael de Sobremonte fue rápidamente derrotada. Al día siguiente, las tropas británicas enfrentaron y dispersaron en el Puente de Gálvez (hoy Avellaneda) al Regimiento 71. El 27 de junio, alcanzaron la ciudad y el 28 izaron la bandera británica en el fuerte de Buenos Aires (hoy Casa Rosada), designando como gobernador al Brigadier General William Carr, vizconde de Beresford.

 La actitud del virrey Sobremonte ante la invasión pasaría a la historia por su vergonzosa huida. En ese entonces, se justificó con el argumento de que seguía el procedimiento establecido para poner a salvo el tesoro de la ciudad y organizar la defensa de la capital. Pero el baúl con el botín fue dejado en Luján por orden de los ingleses, mientras el virrey continuaba su acelerada marcha hacia Córdoba. La población de Buenos Aires lo consideró una traición.

Ante la defección del virrey, la mayoría de la población hostil a los invasores comenzó a organizar la resistencia. Líderes originarios de los pueblos pampa, ranquel y tehuelche ofrecieron jinetes y caballos, que no fueron aceptados. El acaudalado comerciante español, Martín de Álzaga, financió la compra de armas. El comerciante criollo Juan Martín de Pueyrredón reunió a mil hombres, que fueron sorprendidos en Perdriel (hoy Partido de San Martín) por las tropas inglesas, obligándolos a dispersarse. En Montevideo, el capitán de fragata francés Santiago de Liniers, jefe del fuerte de Ensenada, reunió a otros mil hombres, que desembarcaron el 4 de agosto en el puerto de Las Conchas (hoy Tigre). Acamparon en la quinta de Pueyrredón en San Isidro y, avanzando a paso de hombre en medio de un temporal, llegaron a los corrales de Miserere (hoy Plaza Once), donde volvieron a acampar para preparar la reconquista de la ciudad.

La reconquista fue una impresionante gesta popular. Así lo relató el propio Liniers: “pidieron armas hasta los niños […] se unieron a los miñones [milicia de catalanes] en las guerrillas de las calles dos días antes de la acción decisiva y entraron a ella cargados con la artillería sin excepción de edades, acompañados de una mujer […] Aquella multitud de pueblo que se me agregó en el corto tránsito de los mataderos de Miserere al ventajoso punto del Retiro, ocupado con denuedo, me facilitó derrotar y amedrentar al enemigo”.1

El 12 de agosto las numerosas tropas de Liniers iniciaron el ataque final, ocupando la Plaza Mayor (hoy Plaza de Mayo) y obligando a los ingleses a replegarse al fuerte. Al verse rodeado, tras 46 días de ocupación, el general Beresford decidió rendirse. Así la población de la ciudad de Buenos Aires derrotó a la primera invasión inglesa.
 
La disputa por las colonias

En 1776 Inglaterra había sufrido un duro golpe al perder el dominio de sus colonias de Norteamérica. Ese mismo año, España había establecido el Virreinato del Río de la Plata. La decisión de la monarquía española resultaba del dinámico desarrollo económico de sus dominios sudamericanos.
El nuevo virreinato, ubicado en la región más austral de Sudamérica, se estructuró alrededor del monopolio español de la minería de oro y plata de la región de Potosí en el Alto Perú (hoy Bolivia), cuyo producto era transportado por tierra hasta el puerto de Buenos Aires, donde era embarcado a España. De modo que Buenos Aires experimentó un rápido crecimiento que no se puede comparar con ningún otro ocurrido en los dominios españoles: “Aumentaron considerablemente la población, el comercio y la producción, lo que redundó en una mejora del nivel de vida. Se comenzaron a pavimentar e iluminar las calles y las escuelas se llenaron de alumnos […] En 1801 apareció el primer periódico y el auge cultural incluyó la lectura de los clásicos franceses y exitosas representaciones teatrales”.2

Pero en los choques entre las potencias coloniales de la época el poderío marítimo fue quedando en manos de Inglaterra. En octubre de 1805, al vencer en la batalla de Trafalgar a las armadas de Francia y España, Inglaterra quedó prácticamente como dueña de los mares. Esto le permitía disputar territorios lejanos a las otras potencias colonizadoras. En 1805, el comodoro Home Riggs Popham acompañó una expedición que se dirigía a Ciudad del Cabo (hoy Sudáfrica) para quitársela a los holandeses. En enero de 1806, cuando ya habían tomado la ciudad, Popham impulsó la invasión de Buenos Aires. La expedición, a la cual se sumó Beresford, se puso en marcha en abril de 1805.

 Popham imaginaba que la llegada de las fuerzas británicas encendería una espontánea y entusiasta adhesión de los partidarios del libre comercio. Es cierto que, en un principio, los ingleses contaron con la entusiasta adhesión de los más ricos propietarios, que los alojaron en sus casas y les hicieron numerosas fiestas. En esos días Beresford comenzó a intercambiar informes e instrucciones con el gobierno de Londres para organizar el comercio con la nueva colonia. Pero, como vimos, las cosas no serían tan sencillas.

Los primeros pasos hacia la independencia

En los combates contra la invasión inglesa de 1806 participaron diversos sectores de la sociedad colonial: desde ricos comerciantes españoles y criollos hasta peones y jornaleros, artesanos y esclavos. En esos días comenzó a aparecer un grupo clandestino de jóvenes criollos, conocido como “los separatistas”, entre quienes estaban Manuel Belgrano y Juan José Castelli, los cuales cuestionaban tanto el dominio británico como el español.

En febrero de 1807 una junta de guerra exigió al virrey Sobremonte que dejara su puesto y en su reemplazo se nombró a Liniers. Sobremonte se refugió en Montevideo. Ese mismo año, en julio, los ingleses reincidieron en sus intentos de invasión. Esta vez la batalla fue mucho más cruenta y nuevamente fueron derrotados. Ante el fracaso total de la tropa regular española se formaron milicias con trabajadoras, trabajadores y artesanos pobres, peones, esclavos e indios. Cada uno se llevaba el arma a su casa y se elegía democráticamente a los jefes. Algunos de ellos fueron aquellos jóvenes criollos que entraron a la historia poco después, como Belgrano y Castelli. Estas acciones se fueron poniendo en práctica desbordando a las autoridades españolas y abonando el camino para que desde 1810 se empezara a poner de pie la nueva nación independiente.

1. Citado en Enrique C. Corbellini. La Revolución de Mayo. Tomo I, Editorial Lajouane, Buenos Aires, 1950.
2. Ver Nahuel Moreno. Método de interpretación de la historia argentina. Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2012. Disponible en www.nahuelmoreno.org 

Nuestro semanario. En el que te acercamos el reflejo de las luchas del movimiento obrero, las mujeres y la juventud, además un análisis de los principales hechos de la realidad nacional e internacional.

Es una herramienta fundamental para fortalecer a Izquierda Socialista y al Frente de Izquierda.

La suscripción del periódico impreso nos permite también seguir editándolo, ya que nos financiamos con nuestros propios aportes y del de los suscriptos.

 

Suscribite a la versión Impresa

Más Leídos

Malvinas / Grabois

Malvinas / Grabois

09 Sep 2026 El Socialista N° 635

Malvinas / ¿Van a sancionar a Elsztain?

Malvinas / ¿Van a sancionar a Elsz…

09 Sep 2026 El Socialista N° 635

Malvinas / ¿Celebración?

Malvinas / ¿Celebración?

09 Sep 2026 El Socialista N° 635

“La salida está en que los trabajadores confíen en su propio destino”

“La salida está en que los traba…

09 Sep 2026 El Socialista N° 635

19S Hagamos una gran Marcha de la Bronca

19S Hagamos una gran Marcha de la B…

09 Sep 2026 El Socialista N° 635