Nicolás Núñez, referente de Ambiente en Lucha
En todo el mundo estamos viendo cada día fenómenos climáticos extremos y todavía faltan dos meses para el pico de mayor intensidad de este fenómeno.
El pasado 29 de septiembre, los ministerios de Seguridad y Defensa de Argentina nos hicieron llegar masivamente un mail con el título “¿Sabés cómo prepararte ante El Niño?”. El correo daba una serie de recomendaciones generales, sin una explicación del fenómeno, y podría dar la apariencia de que el gobierno tomaba dimensión de lo que está en curso. Pero no es así. Un gobierno que niega el calentamiento global no está en condiciones de entender lo que está en juego y, mucho menos, de tomar políticas responsables al respecto.
¿Un fenómeno natural?
Fueron los pescadores del puerto de Paita, en el norte de Perú, quienes bautizaron el fenómeno a fines del siglo XIX. Lo que notaron fueron temporadas en las que las habitualmente frías temperaturas del Pacífico aumentaban bruscamente, desplazando a los peces locales. Como la “maldición” tendía a morigerarse hacia fines de diciembre, aquellos hombres, creyentes, la vincularon con la llegada “del Niño Jesús” y así quedó bautizada esta modificación en la temperatura de la mayor masa de agua del planeta.
Son esas latitudes cercanas al Ecuador las que mayor carga reciben del Sol, y es esa enorme masa de energía contenida la que se enlaza con distintos fenómenos a partir de las variaciones en la intensidad de los vientos alisios, que normalmente soplan desde el continente americano hacia Asia y Oceanía. La ciencia no ha definido con exactitud qué da comienzo y fin a estas intermitencias, pero sí que, cuando estos vientos se debilitan, las masas de agua cálida que normalmente se desplazan hacia el oeste quedan contenidas en el Pacífico oriental, terminando por liberar un enorme volumen de energía. Esto no solo afecta la pesca local, sino que, sobre todo, altera bruscamente la atmósfera, provocando saltos en la temperatura global y fenómenos climáticos extremos a lo largo y ancho del planeta.
La paleoclimatología señaló que un antecesor de El Niño actual terminó por desatar fenómenos que provocaron la mayor extinción masiva de especies de la historia, hace 252 millones de años. Mucho más acá en el tiempo, en 1877, un Niño potente provocó sequías que afectaron la producción de alimentos en regiones tropicales y subtropicales, generando una crisis alimentaria en la que falleció el 4% de la población mundial, en lo que historiadores definieron como un “Holocausto de la Era Victoriana”. En ese entonces, el Imperio inglés decidió continuar exportando lo poco que se cosechaba en la India, donde los muertos llegaron a 10 millones.
Ahora bien, si bien la alteración de los vientos alisios se ha dado independientemente de la intervención humana, lo que no tiene nada de “natural” es la cantidad de energía contenida en los océanos, fruto del calentamiento global provocado por la emisión de gases de efecto invernadero del capitalismo imperialista.
En las últimas décadas, el fenómeno contrario, La Niña, de enfriamiento del Pacífico oriental y tendencia a la recuperación de un equilibrio, ha perdido potencia, y cada Niño se produce con mayor asiduidad (2015-2016, 2023-2024, 2026-2027), dejando saltos en el aumento de la temperatura global. Así las cosas, está planteado que en 2027 atravesemos una alteración de +2° de aumento de la temperatura respecto de la era preindustrial y que al próximo Niño debamos decirle “Súper-Súper-Niño”, y así ir sumando.
Prepararse y enfrentar al negacionismo
En estas horas, desde la “Argentina Oil & Gas Expo” en Neuquén, Javier Milei volvió a denigrar la ciencia que explica el calentamiento global y llamó a hacer “mil Vaca Muertas”, en referencia a la explotación contaminante de petróleo no convencional. Paradójicamente, días antes, Añelo, la “capital” de Vaca Muerta, había quedado inundada por las lluvias.
El pico de este “Súper-Niño” se espera para diciembre, pero ya vimos lluvias torrenciales, tornados e inundaciones a lo largo y ancho del planeta. En nuestro país, ciudades como Concordia, Itatí, Paso de los Libres y la propia capital de Corrientes sufrieron la llegada del agua a las casas de los barrios populares. Lo propio sucedió en el conurbano bonaerense.
La ayuda de los gobiernos brilló por su ausencia y está planteado que se repitan esos fenómenos, al menos, hasta el fin del verano. El Servicio Meteorológico Nacional se encuentra debilitado por la motosierra y no hay partidas presupuestarias para actuar antes y después de la emergencia. Hacer frente al “Súper-Niño” es enfrentar al gobierno libertario.
Camila Urquiza
El fenómeno de El Niño se fortalece y los organismos científicos advierten que puede alcanzar una intensidad excepcional hacia fin de año. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) estima un 75% de probabilidades de que entre octubre y diciembre de 2026 supere la fuerza de los episodios registrados desde 1950. La Organización Meteorológica Mundial también prevé que continúe intensificándose y que persista, prácticamente con certeza, hasta comienzos de 2027.
El dato llega después de otro récord climático. Copernicus informó que agosto de 2026 fue el agosto más cálido desde que existen registros y, junto con julio de 2023, el mes más caluroso registrado a escala global. La temperatura media mundial llegó a 16,96 °C, 1,65 °C por encima del promedio estimado para la era preindustrial. También la temperatura de la superficie del mar alcanzó niveles récord. Samantha Burgess, del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio, señaló que probablemente la humanidad no haya experimentado temperaturas tan altas en al menos los últimos 100 mil años.
La combinación es explosiva. El Niño es una variación natural del clima provocada por el calentamiento de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial. Cuando alcanza gran intensidad puede modificar los patrones de lluvias y temperaturas en distintas regiones del planeta y elevar el riesgo de inundaciones, sequías, incendios y otros fenómenos extremos. El calentamiento global multiplica esa amenaza. La quema de carbón, petróleo y gas ya elevó la temperatura del planeta alrededor de 1,4 °C desde la era preindustrial y las emisiones de gases de efecto invernadero continúan en niveles históricos.
Hablar de una responsabilidad de “la humanidad” en abstracto borra quiénes concentran las principales decisiones económicas y energéticas. Para Izquierda Socialista, el centro del problema está en el sistema capitalista e imperialista, las grandes potencias y las multinacionales petroleras, gasíferas y carboníferas que sostienen sus ganancias sobre la explotación de los combustibles fósiles. Las responsabilidades tampoco están repartidas por igual. Estados Unidos concentra cerca del 24% de las emisiones históricas de CO₂ provenientes de combustibles fósiles e industria, mientras China representa alrededor del 15% y actualmente es el principal emisor anual.
Los récords de temperatura y un El Niño que amenaza con alcanzar una magnitud histórica vuelven a poner sobre la mesa la gravedad de la crisis climática. Dentro de este sistema capitalista, todos los gobiernos sostienen políticas que siguen profundizando la devastación ambiental. En Argentina aún peor teniendo de presidente incluso a un negacionista de esta crisis climática que quiere seguir impulsando políticas extractivistas para que todos los recursos comunes terminen en manos de las multinacionales. Por eso, desde Izquierda Socialista, sostenemos que hay que pelear contra Milei y sus intereses de seguir beneficiando a las grandes multinacionales, avanzar hacia una transición energética y organizar la producción y los bienes comunes en función de las necesidades sociales y ambientales junto a las comunidades.
Escribe Nicolás Núñez, dirigente de Ambiente en Lucha e Izquierda Socialista
La aprobación de la modificación de la Ley de Glaciares reconfiguró el escenario político y social en torno a la defensa del agua. Desde el movimiento socioambiental venimos señalando que no se trata de un hecho aislado, sino de un punto de inflexión dentro de una disputa más amplia contra la avanzada extractivista que impulsan todos los gobiernos.
En el Congreso, el resultado expuso un consenso que atravesó distintas fuerzas políticas. La Libertad Avanza logró imponer su orientación, pero lo hizo en articulación con gobernadores y bloques que habilitaron la reforma. En contraposición, el Frente de Izquierda Unidad fue el único espacio que sostuvo el rechazo con la totalidad de sus bancas.
También es necesario señalar responsabilidades concretas, como la del senador nacional por San Juan, Sergio Uñac, y la del diputado Nicolás Massot, quien, tras reunirse con el gobernador bonaerense Axel Kicillof, aportó un voto clave para avanzar con esta modificación. Esto refleja una convergencia política que excede por mucho a la ultraderecha libertaria.
Al mismo tiempo, creemos que es fundamental entender que la pelea por la Ley de Glaciares no empezó ahora ni terminará con esta votación. Es parte de una lucha histórica en defensa del agua y los territorios, con avances y retrocesos. Hoy tiene un nuevo hito en la jornada plurinacional de lucha del 8 de abril, realizada ante la sesión en Diputados. Hubo 70 puntos de convocatoria en todo el país, con una extensión territorial sin antecedentes. Frente al Congreso, con un verdurazo, movilización y festival, miles de personas protagonizaron la movilización socioambiental más grande realizada en la capital del país.
Desde el Frente de Izquierda Unidad y las organizaciones que impulsamos, como Ambiente en Lucha, sostenemos que la respuesta no puede quedar solo en el plano institucional. La historia reciente demuestra que cada conquista se defendió en las calles y con organización. Allí conquistamos la ley, y en ese mismo terreno la haremos valer, más allá de lo que ocurrió en el Congreso.
Desde la Campaña Plurinacional “La Ley de Glaciares NO se toca” impulsamos una semana de acciones en todo el país y acompañamos iniciativas judiciales promovidas por organizaciones ambientalistas. Cerca de un millón de personas ya manifestaron querer ser parte de la demanda judicial más grande de la historia, que señala la inconstitucionalidad de la modificación aprobada por el Congreso. También buscamos articular con otros conflictos, como el universitario, con clases públicas y acciones en defensa del agua.
A su vez, advertimos que la ofensiva no se agota en la Ley de Glaciares. El gobierno ya anticipó avances sobre la Ley de Bosques y el cambio de uso del suelo en territorios incendiados. Por eso, entendemos que estamos ante un proceso abierto que exige más organización, más lucha y más unidad para defender nuestros recursos.
Escribe Nicolás Núñez, referente de Ambiente en Lucha (Izquierda Socialista e independientes)
El gobierno habilitó que hable solo el 0,4% de quienes se inscribieron en la Audiencia Pública. Pero la bronca con este proyecto y el desgaste del gobierno van en aumento. La modificación de la Ley de Glaciares tiene final abierto y la podemos dar vuelta.
Este miércoles 25 comenzó la “Audiencia Pública” convocada por la comisión de Recursos Naturales de la Cámara de Diputados para debatir el proyecto de modificación de la Ley de Glaciares. Proyecto, que como ya es sabido, tiene por fin quitar las barreras a la explotación megaminera en cercanías de zonas glaciares y periglaciares. Es decir, busca garantizar el negocio de las multinacionales por sobre el derecho al agua de los pueblos de nuestro país. La “Audiencia Pública” que convocó el oficialismo a pedido de las mineras que antes de invertir un dólar esperan que el Estado les garantice que la explotación no va a ser judicializada. Saben que están violando los convenios internacionales de protección ambiental a los cuales suscribió la Argentina, como el “Acuerdo de Escazú”, y que el proceso avanza viciado por el incumplimiento de la consulta previa, libre e informada a las comunidades originarias, e intentan cubrirse de alguna manera. Pero de todas formas los amparos y presentaciones judiciales ya empezaron a llover y vendrán muchos más.
Pero más importante que eso, es el fenómeno popular de inscripción en la audiencia. Más de 100.000 personas se anotaron para defender los glaciares. Las redes sociales se llenaron de posteos de repudio a la censura. Artistas del renombre de Ricardo Darín, Julieta Diaz y Dolores Fonzi, músicos como Ricardo Mollo y Lisandro Aristimuño se pronunciaron, Lula Bertoldi (de Eruca Sativa), Lucy Patané, Marina Fagés y muchos más se sumaron a los festivales de la Campaña en defensa de la Ley de Glaciares. Además, mientras el reclamo y la inscripción a la audiencia crecían, el cerco mediático empezó a resquebrajarse y ganó terreno la denuncia al proyecto indefendible del gobierno. En los actos del 24 de marzo, en particular el realizado de forma unitaria en Plaza de Mayo se hizo presente el reclamo y cientos de miles de personas cantaron “el agua no se vende, se defiende” junto a los organismos de derechos humanos.
La última maniobra del gobierno fue plantear que las 100.000 personas censuradas podían enviar un texto (que nadie iba a leer) o un video (que nadie iba a ver), pero la Campaña Plurinacional “La ley de glaciares no se toca” definió rechazar y dar cualquier tipo de legitimación a esa falsificación de la participación popular, y seguir apostando a la movilización para impugnar tanto la audiencia como el proyecto de los libertarios y los gobernadores mineros del PJ y la UCR.
En paralelo, la crisis económica y el desgaste político del gobierno están en aumento con el escándalo $LIBRA y los viajes de Manuel Adorni. Las propias mineras han salido a hacer lobby en los medios diciendo que están preocupadas por el desenlace de la votación en la Cámara de Diputados. Es hora de aprovechar el esfuerzo de meses de la Campaña en defensa de los glaciares y el impulso del histórico 24 de Marzo, para redoblar la movilización. Podemos derrotar el proyecto del gobierno y ratificar la defensa del agua y los glaciares en toda la Argentina.
Escribe Nicolás Núñez, Ambiente en Lucha (Izquierda Socialista e independientes)
Después de meses de bloqueo mediático, el crecimiento de la Campaña “La ley de glaciares no se toca” logró avanzar en instalar en el debate público que la modificación que promueve el gobierno es un favor a las multinacionales mineras. Si bien el gobierno obtuvo la media sanción en el Senado, en Diputados se vio obligado a convocar una Audiencia Pública que puede terminar siendo un revés para la avanzada extractivista.
El pasado jueves 26 de febrero el gobierno logró dar media sanción a la modificación de la Ley de Glaciares en el Senado. No lo hizo gracias a los argumentos de sus representantes, quienes como Enzo Fullone de Río Negro, esgrimieron ideas del tipo de que “los glaciares son rocas congeladas a 4.000 metros de altura que no sirven para nada”. Negando el rol de valiosísima e irrecuperable fuente hídrica para casi la cuarta parte del país. Tal como pasó con la Reforma Laboral esclavista, el avance legislativo de la ultraderecha tiene como condición necesaria el acompañamiento de sectores no sólo del radicalismo, el PRO y los partidos provinciales, sino también del peronismo. Y no se trató sólo del ya habitual acompañamiento de los alfiles legislativos de los gobernadores arrodillados ante Milei y Caputo. En esta ocasión al peronismo kirchnerista se le complicó blandir el discurso de la denuncia a “los traidores”, porque entre quienes avalaron la ley pro-multinacionales mineras se encontró la amiga personal de Cristina Fernández de Kirchner, la catamarqueña Lucía Corpacci.
Delirando, Javier Milei anunció en su ordinaria apertura de sesiones ordinarias, que de la mano de dar luz verde a las mineras se crearían un millón de puestos de trabajo. Cuando la Ley de Glaciares únicamente protege al 1% del territorio nacional, y teniendo legalizada la explotación del restante 99%, el empleo minero apenas llega al 0.16% del trabajo registrado del país, unos 10.700 puestos que se ponen en pie destruyendo otros (de producción vitivinícola, agrícola-ganadera, turística, etcétera) y que se sostienen en base de frondosos subsidios sea directo o vía gastos tributarios, lo que el Estado deja de recaudar por legislaciones extremadamente benevolentes para las multinacionales como el Código Minero de los ‘90 y ahora el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones. Éste último les asegura a las multinacionales que no se le podrán aumentar las regalías ni imponer condiciones de cuidado ambiental… ¡por 30 años! Tiempo más que suficiente para acabar con el ecosistema irrecuperable de un glaciar.
La Audiencia Pública y la Calle
En paralelo a la aprobación del Senado, la Campaña plurinacional “La Ley de Glaciares no se toca” convocó a acciones en decenas de puntos de todo el país, con epicentro en la Plaza del Congreso. Por su parte, Greenpeace hizo una intervención en las escalinatas del Congreso, que con la represión posterior a la prensa y la ridícula detención de un camarógrafo de A24, terminó también colocando el tema en los medios de comunicación. Pero sigue siendo un punto que atenta contra la movilización la negativa del “ambientalismo popular” (Jóvenes por el Clima, Consciente Colectivo, entre otros) a salir a las calles, y limitarse solo a las redes.
En ese contexto, y al parecer por no contar con los votos asegurados al 100%, el gobierno terminó aceptando convocar a una Audiencia Pública desde la Cámara de Diputados el 25 y 26 de marzo. Si la jugada era blindarse de legalidad, cumpliendo con los requisitos formales del Acuerdo de Escazú, les salió mal: subestimaron la capacidad de organización de quienes rechazamos esta iniciativa, y que en pocos días logramos inscribir más de 20.000 personas para defender la Ley de Glaciares. Ahora el gobierno tiene que optar: o avala que se realice y entonces debería durar meses; o la bloquea total o parcialmente dando un fuerte argumento para una impugnación legal.
La pelea sigue abierta, sumate a darla junto a Ambiente en Lucha e Izquierda Socialista en todo el país.