Aug 07, 2020 Last Updated 9:02 PM, Aug 5, 2020

En la conferencia participaron más de cincuenta organizaciones representando a casi todos los países de latinoamérica y a Estados Unidos. Se debatió sobre la "Crisis mundial y rebelión en el imperio", "El movimiento obrero latinoamericano ante la crisis capitalista y la pandemia", "La situación latinoamericana" y en el Plenario de cierre de la conferencia se debatió sobre la formas de construir y lograr mayor unidad de la Izquierda en todo el continente.

A continuación las intervenciones de la Unidad Internacional de trabajadoras y trabajadores - Cuarta Internacional.

 

 Apertura

 Intervención

 Cierre

 

 El movimiento obrero latinoamericano ante la crisis capitalista y la pandemia

Apertura

 Intervención

Cierre

 

La situación latinoamericana

Apertura

 Intervención

 Cierre

 

Apertura 

Chile

Estados Unidos

Mujeres

Venezuela

Brasil

Bolivia

Perú

Ambiente

Argentina

México

Centroamérica / Panamá

Cierre

 

Escribe Miguel Lamas

Esta conferencia internacional de Latinoamérica y Estados Unidos se produce en un contexto mundial extraordinario por la pandemia del Covid-19, la crisis económica inédita del capitalismo y un proceso de movilización de masas que continúa y que ahora se desató en los Estados Unidos con la rebelión antirracista.

El coronavirus ha puesto en evidencia el significado del capitalismo y sus efectos destructivos sobre la humanidad y la naturaleza. Mostró, por ejemplo, la catástrofe de los sistemas de salud pública estatales, privatizados a escala mundial. También la absoluta imprevisión capitalista ante una crisis humanitaria de esta magnitud, pese al hecho de que estudios científicos, entre ellos los de doscientos cincuenta investigadores encargado por la ONU, habían previsto la gran probabilidad de enfermedades infecciosas masivas.

El extremo más claro es Estados Unidos, que carece de una salud estatal importante. Trump negó el peligro de la pandemia y hoy es el país más afectado.

Por eso hablamos de dos pandemias, la del coronavirus y la social, con centenares de millones de nuevos desempleados, rebajas salariales y el crecimiento del hambre de miles de millones en el mundo.

Por otra parte, el coronavirus es también consecuencia de la destrucción ambiental, comenzando por su origen en China, conducida por la dictadura capitalista del Partido Comunista.

La peor crisis capitalista de la historia

Está en curso una crisis económica aguda capitalista, detonada por la pandemia, la más importante de la historia, superior al crac de 1929 y a la crisis de 2007/2008. Como toda crisis capitalista es una disputa de los grandes capitalistas del mundo por mantener o aumentar sus ganancias, que extraen tanto de lo que producen las trabajadoras y trabajadores (la plusvalía, como se denomina en términos marxistas) y del saqueo cada vez más irrefrenable de la naturaleza, con destrucción de ríos y contaminación masiva de tierras y mares y el calentamiento global.

El FMI calcula un crecimiento negativo mundial cercano a 10 por ciento. Pero no todos pierden ese 10 por ciento. Por el contrario, casi todos los capitalistas más ricos del mundo están aumentando sus ganancias. Mientras tanto, las mayorías trabajadoras, productoras de la riqueza, pierden mucho más. Millones pierden la mitad o el 80% de sus ingresos, sus empleos y/o viviendas y hasta el alimento básico familiar. El propio FMI anuncia la posibilidad de que se sumen cuatrocientos millones de desocupados.

Se retoman las movilizaciones

En estos meses se han reiniciado las acciones del movimiento de masas luego de una coyuntura de impasse respecto de la oleada revolucionaria que se vivió durante todo 2019. Hubo movilizaciones de trabajadores de la salud en gran parte de los países del mundo, huelgas en la industria automotriz y acerías, movilizaciones de masas en Líbano, Palestina y ahora recomienzan en Chile.

El punto más alto de esta nueva ola de movilizaciones ha sido la rebelión antirracista en los Estados Unidos contra Trump, a partir del crimen del afroamericano George Floyd, igual o superior a lo que fueron las manifestaciones contra la guerra de Vietnam en las décadas de los ’60/’70. Además, tuvo una repercusión internacional con movilizaciones masivas. Fue un impacto muy grande que también debilitó al gobierno derechista de Donald Trump.

La urgencia de unir a los revolucionarios

A medida que se retoman las movilizaciones populares, junto con la crisis económica y las peleas entre distintas fracciones patronales, se sigue profundizando la crisis política de los gobiernos y regímenes políticos capitalistas a los que las masas ven como responsables del desastre.

Aunque con la pandemia aumentaron las medidas represivas, la reacción del movimiento de masas las comienza a enfrentar. Lo ocurrido en los Estados Unidos se convierte en un ejemplo mundial.  

Prácticamente, todas las nuevas y viejas corrientes reformistas están en crisis. En primer lugar, las gobernantes. Desde Podemos, en  el Estado español, hasta López Obrador, que se abrazó con Trump y que tiene además una política similar tratando de negar la gravedad de la pandemia. Y en todos los casos, incluyendo al peronismo argentino, colocándose al servicio de salvar las ganancias del gran capital a costa del pueblo.

Al mismo tiempo, está surgiendo una vanguardia de millones que enfrentan a los gobiernos y regímenes capitalistas. En primer lugar, en los Estados Unidos. Pero también a nivel internacional, una vanguardia en la clase trabajadora, en salud y servicios, o en las industrias, a raíz de la crisis por cierres y despidos, o en el movimiento de mujeres y los movimientos juveniles ambientalistas.

En esta situación, desde Izquierda Socialista y la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI) consideramos que es urgente dar pasos concretos para construir las organizaciones socialistas revolucionarias y unir a los revolucionarios, en la perspectiva de terminar con los gobiernos capitalistas e imponer gobiernos del pueblo trabajador. Y, en lo inmediato, impulsando unitariamente las luchas obreras y populares para que la actual crisis no la paguen los trabajadores, sino los capitalistas.

 

Escribe Adolfo Santos

Hace poco más de una semana una noticia llamó la atención. Un grupo de ochenta y tres multimillonarios de los Estados Unidos, Alemania, Holanda, Dinamarca, Reino Unido y Canadá habrían solicitado, a través de una carta pública, que sus gobiernos les cobren más impuestos.

Divulgada en grandes medios como El País, The Guardian, o Clarín y Página 12 en la Argentina, la publicación de los ochenta y tres ricachones pide “una subida inmediata, sustancial y permanente de impuestos” a sus grandes fortunas para luchar contra la pandemia de coronavirus y paliar la crisis económica que sobrevendrá.

No se puede descartar que los dueños de grandes fortunas, frente a la gravísima crisis económica, estén dispuestos a ceder algo de sus grandes patrimonios. Saben que continuar expulsando a millones de familias a una situación de pobreza extrema mediante una creciente desocupación y bajísimos salarios solo va a aumentar las convulsiones sociales que ya existen, lo que coloca en peligro a sus propios patrimonios. Más aún cuando la pandemia ha acelerado todos los índices de la crisis y no se vislumbran soluciones a los graves problemas sociales.

Los autores de la carta dicen: “No estamos conduciendo las ambulancias que llevan a los enfermos a los hospitales. Ni reabasteciendo los estantes de los supermercados, ni haciendo delivery puerta a puerta”, en referencia a las actividades esenciales. “Pero sí tenemos dinero, mucho dinero”. Está claro, esas inmensas fortunas no son fruto del trabajo y del esfuerzo, sino de la explotación de millones de trabajadores que ganan salarios miserables. Además se consolidaron sobre la base de la evasión fiscal. Karen Seal Stewart, inversora inmobiliaria e integrante del selecto Club de los 200 Millonarios Patrióticos, del cual son parte los firmantes de la carta, reconoce: “Casi todos los que tienen una cantidad significativa de riqueza en Estados Unidos se han beneficiado del trato preferencial que nuestro código tributario le da a los ricos” (News Mundo 14/7). Una política incentivada aún más por la reforma impositiva del reaccionario Donald Trump.

Esto es insuficiente

Aunque llegara a concretarse legalmente, este impuesto es insuficiente para resolver la grave crisis capitalista. En los Estados Unidos hay alrededor de doce millones de millonarios y apenas doscientos estarían dispuestos a aportar una pequeña parte. Como dice Stephen Prince, también del Club de los 200, después de pagar ese impuesto extra “… todavía tendré dos aviones”. Otro de los firmantes de la carta es el usurero internacional Morris Pearl, ex director gerente de BlackRock, uno de los fondos buitres detentores de los bonos de la deuda externa argentina, cuyo pago va a impedir cualquier posibilidad de crecimiento de nuestro país.

Son lobos con piel de cordero. Posan de solidarios mientras aplican duras medidas contra sus propios trabajadores. Es el caso de la heredera de Disney, Abigail Disney, una de las supuestas firmantes de la carta, que acaba de despedir a 100.000 trabajadores de sus parques de diversiones, 70.000 pertenecen a Walt Disney World Resort de Orlando, que pasarán a recibir del programa de desempleo del estado de Florida, uno de los más bajos del país, solo 275 dólares semanales durante doce semanas. Los otros 30.000 son del parque que la compañía posee en California. Con esas medidas, según informó The Financial Times, WD “ahorrará” 500 millones de dólares mensuales en salarios.

Por eso decimos que son apenas paliativos que intentan frenar el avance de las protestas contra el capitalismo, un sistema incapaz de resolver los mínimos problemas sociales. Son sectores empresariales que buscan lavarse la cara ante el odio creciente de los trabajadores, mientras aplican ajustes brutales como Disney o saquean países, como los usureros de BlackRock. Gran parte de esas medidas que están proponiendo no les cuestan nada porque son a cuenta de la eximición de impuestos o parte de las ganancias obtenidas por el aumento de la productividad, la flexibilización laboral y los diversos ajustes que realizan contra los trabajadores.

No hay capitalismo bueno o humano

Los capitalistas no pretenden disminuir la brecha social entre ricos y pobres reviendo sus planes de ajuste, en todo caso quieren controlarla por miedo a los estallidos sociales. Es una reacción por el temor a las rebeliones que se producen en todo el mundo cuestionando los planes capitalistas. No estamos en contra de aumentar o aplicar nuevos impuestos a las grandes fortunas. Lo hemos propuesto como medida de emergencia para resolver los problemas creados por la pandemia, pero es apenas un paliativo. El FIT-Unidad presentó un proyecto en ese sentido donde propone gravar en 10% a las grandes fortunas. Una medida mínima, que los diputados se negaron a discutir, y el gobierno de Alberto Fernández no ha tenido el coraje de implementar.

No hay salida a la crisis con este sistema en descomposición. El capitalismo no va más. Es lo que demuestran las rebeliones alrededor del mundo contra sus planes, que producen cada vez mayor desigualdad, donde una minoría se enrique a costa de la explotación y la pobreza de miles de millones de trabajadores. Esa crisis brutal no se soluciona con las “dádivas” de un puñado de millonarios. Para resolver la desigualdad social, el hambre, la pobreza y la destrucción del medio ambiente es necesario continuar luchando hasta derrotar el capitalismo. Solo un gobierno socialista que represente los verdaderos intereses de trabajadoras y trabajadores será capaz de superar esta profunda crisis.    

 

 

Escribe Rainer “Oso” Ríos, dirigente del MST, sección chilena de la UIT-CI

El miércoles 15 de julio, la Cámara de Diputados de Chile aprobó la ley para que las y los cotizantes puedan retirar el 10% de los fondos ahorrados en las AFP (administradoras privadas de fondos de pensiones). La historia detrás de este hecho refleja la crisis del gobierno de Piñera, que no termina de profundizarse, y las consecuencias del estallido social del 18 de octubre del año pasado, que aún siguen presentes.

Historia de una crisis

Apremiados por el desempleo, la pobreza y hasta el hambre, miles de trabajadoras y trabajadores comenzaron hace unos meses una campaña en las redes. De forma virtual, exigían que las AFP devolvieran el 10% de los fondos ahorrados a cada cotizante. Una demanda que parecía imposible.

Las escuálidas respuestas del gobierno, que fueron el motor de esta campaña, generaban la creciente inquietud de cientos de miles de familias. A principios de mayo, una jornada de movilizaciones contra el hambre terminó con una noche de protestas. Hoy en Chile la cantidad de contagios se aproxima a 350.000, las muertes por coronavirus, a la fecha, son alrededor de 13.000 y se comienzan a sentir los efectos de la brutal crisis económica. Las cifras de desempleo, pobreza y hambre hicieron retroceder al país a las condiciones de principios de los años ’80.

Este antecedente abrió una brecha que ha terminado por transformarse en una gigantesca grieta entre el Congreso y el gobierno de Piñera. Ambos, junto al empresariado, temen un segundo estallido social. Pero, por primera vez, diputadas y diputados de la oposición patronal, junto a un sector de diputados de derecha, se han rebelado contra la línea impuesta por la Moneda (casa de gobierno).

“No existen los suficientes recursos públicos para contener el hambre, la pobreza y el desempleo, es momento de echar mano a otros recursos”, dijo un diputado de derecha que votó a favor del retiro del 10 por ciento. Una frase común en estos días en ambas Cámaras, sin embargo, muestra la crisis. El propio Piñera presentó dos planes de ayuda para la “clase media”, junto con una campaña pública llamando a rechazar el retiro de fondos de pensiones. 

La propia coalición de gobierno se dividió frente a una demanda que parecía imposible hace unos meses. Hoy esa división ha devenido en una guerra civil dentro de la derecha pero, sobre todo, un golpe en toda la línea de flotación del gobierno. Ni siquiera su propio sector lo cree capaz de contener el descontento, y muchos ya ni siquiera disimulan que no quieren amarrar su suerte a la del gobierno de Piñera, que profundiza su crisis a cada paso.

La aprobación de esta ley en la Cámara de Diputados es la punta del iceberg de una crisis mayor. ¿Cómo detienen Piñera y el gran empresariado el avance de esta demanda? Podrían frenarla en el Senado, pero un día antes de la votación en Diputados hubo un cacerolazo nacional, con barricadas y algunos saqueos, e incluso un paro nacional portuario de media jornada. El olor a otro estallido quedó impregnado en los pulcros trajes de “las y los ilustres”. Además, cinco senadores de derecha, incluso declarados pinochetistas, han dicho que votarán a favor para evitar las consecuencias de una nueva movilización.

Piñera, solo y acorralado, aparece como el gran enemigo de las masas, como el defensor férreo de las odiadas AFP. Le queda un solo camino, vetar la ley. Sin embargo, desde el mismo gobierno ya anuncian que ese camino será sin duda la chispa que encenderá un incendio, y esta vez ya no están tan seguros de poder controlarlo. Si la ley se termina aprobando, será un golpe mortal a Piñera y su poder en un régimen presidencialista. Si la veta, sellará su suerte y la de su gobierno. El presidente tiene todas las de perder en todos los escenarios posibles.

Por el retiro del ciento por ciento

Desde el MST, sección chilena de la UIT-CI, nos hemos sumado a las movilizaciones que han surgido espontáneamente por la aprobación de esta ley. Proponemos que no vamos solo por el 10 por ciento. La fuerza de las masas sigue en pie, y aunque afuera de las calles por la pandemia, la sola insinuación de un nuevo estallido ha provocado una importante crisis en el gobierno y el régimen político.

¿Por qué quedarnos con esta demanda? Nosotros y nosotras, en el MST, proponemos que las AFP devuelvan el total de los fondos de pensiones. Que termine el sistema privado de jubilación que ha demostrado ser una calamidad para millones de jubilados y jubiladas. En su reemplazo, instaurar un sistema de reparto solidario y tripartito bajo control de jubiladas y jubilados, trabajadores y trabajadoras.

Para evitar que el pueblo y la clase trabajadora paguemos la crisis capitalista debemos ir más allá. Llamamos a construir una coordinación nacional entre sindicatos, asambleas territoriales, organizaciones estudiantiles, feministas, populares y políticas. Por un plan de lucha nacional y un petitorio único que incluya un plan económico de emergencia obrero y popular votado por las bases.

 

 

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