Feb 26, 2020 Last Updated 3:00 PM, Feb 25, 2020

Escribe Guillermo Sánchez Porta

En pocos días se deberían iniciar las clases pero el gobierno, que anunció con bombos y platillos “el regreso de las paritarias”, aun no hizo ninguna propuesta salarial y patea la paritaria para la próxima semana, siendo nuevamente el principal responsable si no hay acuerdo y no comienzan las clases. Y sus pocas declaraciones sobre salarios son inaceptables: quiere retirar la cláusula gatillo que conquistamos con luchas contra el macrismo. Ya varios gobernadores directamente se niegan a pagar las cuotas que correspondían en enero (Tucumán, Salta) o lo hacen con recortes (Kicillof, Buenos Aires). Hablan de pagar un “monto fijo”, que no iría al básico y achataría la grilla salarial (como a los jubilados). Y se comenta que sólo serían 1.500 pesos o hasta 4.000 en el año. En Santa Cruz ofrecieron 2.000 pesos, en Chubut nada. Kicillof ofreció 3.000 pesos a los estatales… Además, no hay nada sobre arreglar todas las escuelas y aulas destruidas y ni hablar de un plan de construcción de nuevas. Tampoco sobre un aumento real en plata para comedores (¡en Buenos Aires 37 pesos por alumno!) ni más cupos. Las obras sociales siguen desfinanciándose e incumpliendo las prestaciones. En síntesis, salvo palabras, no hay ninguna solución a los graves problemas salariales y laborales de los docentes ni plata para la educación pública. Al contrario, se retoma y profundiza el plan de ajuste que Cristina y Macri aplicaron. Por eso ya en varias provincias se anuncian medidas de fuerza si no hay propuestas ni soluciones.

La medalla de oro de “chupamedias” se la llevan los dirigentes de CTA, Ctera, Suteba, Amsafe, etcétera. Tanto Yasky como Baradel y otros burócratas, ahora dicen que “están a favor de quitar la cláusula gatillo”. Y los fundamentos son ridículos: que “hay que quitar las expectativas de mayor inflación” (ahora los salarios son los que generan inflación) o que “con Macri y Vidal la cláusula gatillo era para defendernos de una alta inflación. Ahora no son necesarios porque con Fernández le vamos a ganar a la inflación”. Una vergüenza.

Con la oposición docente en todo el país nos estamos organizando para exigir al gobierno aumento salarial inicial igual a la canasta familiar y cláusula gatillo. Plata para infraestructura y educación pública, no para la deuda. El reclamo a Ctera y los sindicatos que organicen ya el No Inicio y plan de lucha si no hay respuestas. Y el apoyo y coordinación con las provincias que salgan a la lucha.

El pasado 16 de diciembre la UTA, gremio que nuclea a los choferes de colectivos, fue noticia cuando su secretario general, Roberto Fernández, estuvo atrincherado en el edificio del sindicato mientras un numeroso grupo de choferes tomaban las instalaciones y pedían su renuncia. Fueron convocados por Bustinduy, histórico aliado de Fernández, que luego de presentar lista opositora en la última elección fue desplazado de la conducción del gremio. Aprovechando el odio generalizado a Fernández producto de la tremenda pérdida salarial, las malas condiciones de trabajo y el desastre de la obra social, entre otras cosas, Bustinduy viene encabezando un enfrentamiento a Fernández. Pero lejos de representar un proyecto en defensa de los choferes, solo busca favorecer a DOTA, uno de las empresas que más líneas concentra. Fue así que el pasado 11 de febrero, luego de que las patronales no cumplieran con el pago del aumento de 18,3%, Bustinduy impulsó un paro sin el aval de la conducción del sindicato. Pero a diferencia de la jornada del 16 de diciembre, esta vez no contó con un apoyo importante de los choferes. Fue tan evidente la alianza con DOTA en la acción que fueron pocas las líneas que se volcaron masivamente al paro. En general fue el grupo DOTA quien garantizó el paro, sacando las unidades de servicio y evitando en muchos casos que los choferes puedan montar los colectivos. De fondo existe una pelea por el reparto de los subsidios y los planes expansionistas del grupo.

Durante el paro se expresaron sectores que quieren salir a luchar por todos los reclamos, pero que ven la maniobra de Bustinduy y Dota. Los choferes autoconvocados, la línea 540 de zona sur entre otras, intervinieron en la jornada con asambleas y cortes de calle, reclamando el pago del aumento y mejoras laborales, pero denunciando a ambas facciones del sindicato por defender a distintos sectores de la patronal. Exigiendo un verdadero plan de lucha y elecciones democráticas para barrer a Fernández y construir una verdadera alternativa a las distintas alas burocráticas. Ese es el camino.

Corresponsal

Escribe José Castillo

El gobierno de Alberto Fernández quiso mostrar como un dato positivo el índice de precios de enero, que dio 2,3%. Pero no pudo esconder que los alimentos y bebidas subieron 4,7%. Un dato que cualquier trabajador ya podía intuir sólo con ir al supermercado. La carne sigue subiendo; ya hace tiempo que es un artículo de lujo en la mesa popular. Lo mismo pasa con una larga lista de productos. Algunos subieron porque Alberto Fernández repuso el IVA a los alimentos, otros por avivada de los monopolios empresarios, un tercer grupo porque quedó afuera de precios cuidados. Encima, febrero viene con aumentos mayores aún, entre ellos la “liberación del precio de los medicamentos”. Por si fuera poco, Martín Kulfas le acaba de prometer al FMI que de acá a tres meses van a aumentar las tarifas de los servicios públicos.

¿Y los salarios? Esa es la pregunta del millón. Repasemos: durante la campaña electoral el Frente de Todos hablaba de “ponerle plata en el bolsillo a la gente”, de que el día que asumiera los jubilados iban a recibir un aumento de 20%, de que se iba a resolver el drama de los créditos UVA. Nada de eso sucedió: primero se habló de una “suma fija” de 8.000 pesos, a cobrar por todos los trabajadores en diciembre. Luego eso se redujo a 4.000 y luego a que se pagaba en dos cuotas. Finalmente, una enorme porción de la clase trabajadora se quedó afuera incluso de ese aumento miserable: los docentes, los profesores universitarios, los estatales de las provincias. Y por supuesto la enorme masa de trabajadores en negro. Los tercerizados vieron como su salario no sólo no aumentaba, sino que se reducía, con el aumento del 51% al pago del monotributo. Al mismo tiempo también se ajustaba a los jubilados.
Todo esto sucede sobre salarios que ya venían pulverizados por los años de política macrista, donde de promedio se perdió el 30% del valor adquisitivo. Sólo refiriéndonos al año 2019, la inmensa mayoría de los gremios terminaron perdiendo contra la inflación. Hoy el promedio del salario trabajador es de 25.000 pesos (según el Indec el 60% de los trabajadores gana menos de 20.000 pesos), cuando la canasta familiar, calculada por la Junta Interna de ATE Indec ya alcanza los 61.000 pesos.

El gobierno y la burocracia sindical vienen llevando adelante un acuerdo que es letal para los trabajadores (ver nota en esta misma página). En concreto, se quiere eliminar la cláusula gatillo, que le permite a los gremios que la poseen recuperar (aunque sea con retraso y meses después) lo que los salarios pierden por la inflación. También quieren retrasar lo más posible las negociaciones paritarias. Y reemplazar los aumentos porcentuales por “sumas fijas”. Traduzcamos para que se entienda con claridad: el gobierno apunta a que los trabajadores se tengan que “comer” lo que perdieron el año pasado (ni que hablar de los años anteriores), sin recuperarlo. Y para adelante, no garantizar ni siquiera que no habrá nuevas pérdidas salariales para este año.

Los trabajadores, independientemente de las expectativas que muchos sectores sigan teniendo en el gobierno de Alberto Fernández, no podemos esperar. Tenemos que debatir en los lugares de trabajo, hacer asambleas ahí donde sea posible, sacar pronunciamientos de los cuerpos de delegados, planteando lo urgente: un aumento salarial de emergencia para que nadie gane menos que la canasta familiar, la defensa de las cláusulas gatillos en los gremios que las tienen y su generalización para que los salarios se reajusten automáticamente con la inflación, la reapertura inmediata y sin condicionamientos de todas las paritarias con aumentos porcentuales para recuperar lo perdido por la inflación y no con sumas fijas que no alcanzan para nada y encima “achatan” las escalas salariales. Salarios y jubilaciones deben ser la prioridad, no el ajuste para cumplir con el FMI y los usureros.

Escribe José Castillo

El gobierno de Alberto Fernández desde el primer día habló de la necesidad de un pacto social con empresarios, dirigentes sindicales y otras supuestas representaciones como la Iglesia Católica. Más allá que formalmente no se avanzó en lo que en algún momento se anunció como un “Consejo Económico y social”, la burocracia sindical tanto de la CGT como de las CTA no tardaron un minuto en cumplir el rol que se le tenía asignado: “moderar” al extremo cualquier planteo de recomposición salarial. Esto incluía desde aceptar sumas fijas hasta, como en el caso docente de la provincia de Buenos Aires, “no hacer olas” ante el no cobro de la suma adeudada del año pasado.

La semana pasada, Alberto Fernández se reunió con Hugo Moyano y al día siguiente con Héctor Daer. El objetivo era garantizar el apoyo sindical (o aunque sea el silencio) ante la realidad de salarios que siguen por el piso.
Ahora Hugo Yasky avanzó un paso más en el rol que el gobierno le tiene asignada a la burocracia. El burócrata de la CTA se transformó en el principal “abogado” de que están mal las cláusulas gatillos, ya que “indexarían la economía y provocarían inflación”. Otros burócratas sindicales, sin tanta explicación, se sumaron al cuestionamiento a dicha cláusula. Luego Yasky dio un paso más en sus declaraciones escandalosas. Ahora ya se pasó directamente a las argumentaciones clásicas de las patronales: los aumentos salariales generarían inflación. Por eso deben “moderarse”. Inmediatamente salió a hacerle el coro Andrés Rodríguez de UPCN.

Todas estas son demostraciones de que no hay salida con estos dirigentes sindicales. Necesitamos, más que nunca, pelear por otra dirección para la clase trabajadora, democrática y combativa. Esta es la tarea para la que se postula el Plenario Nacional del Sindicalismo Combativo.

Escribe Martín Fú

El 19 y 20 de marzo se realizarán las elecciones en el sindicato del neumático, a nivel nacional y en las seccionales. Este sindicato fue recuperado por sus trabajadores hace cuatro años, de la mano de la lista Negra, encabezada por Alejandro Crespo. La Negra actualmente dirige el sindicato nacional y las seccionales de San Fernando y Merlo. En Lavallol, donde conduce la Violeta y en Córdoba, también se renovaran autoridades.

Desde que se logró echar a la burocracia kirchnerista de Wasiejko de la CTA, los trabajadores han avanzado en su organización gremial, cerraron paritarias mucho mejores que las anteriores, y tuvieron varias mejoras laborales, enfrentando los planes de ajuste de las patronales negreras, como la de Madanes Quintanilla  dueño de FATE.

La Negra se conformó con un acuerdo entre algunas agrupaciones (PO, PTS, sectores peronistas que se referencian con Maxi Bronzuoli) y de luchadores independientes, que permitió ganar el Sutna. Ahora se han mantenido estos sectores, inclusive incluyendo compañeros de la Tendencia del PO, sumando muchos activistas y luchadores independientes, sobre todo de Fate, en San Fernando.

Lamentablemente el Nuevo MAS (Marrón), PTS (Granate) y la Roja, con diferentes argumentos injustificables, tienen nuevamente la política de dividir a las conducciones combativas y hacerle el juego a las burocracias y las patronales (como hicieron con la Bordó del “Pollo” Sobrero en el Sarmiento), poniendo en riesgo el triunfo y la continuidad del proceso de nuevas direcciones, frente a la lista Violeta de Wasiejko o sus desprendimientos, la Verde, la Azul y Blanca.
Desde Izquierda Socialista llamamos a todos los trabajadores del neumático a votar masivamente a la Negra en todos lados para enfrentar al gobierno, las patronales y la burocracia sindical.

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