Sep 28, 2020 Last Updated 2:32 PM, Sep 27, 2020

Escribe Federico Novo Foti

El pasado viernes 18 de septiembre se cumplieron 14 años de la segunda desaparición de Jorge Julio López, quien había sido un testigo clave en la acusación que llevó a la cárcel al genocida y director de Investigaciones de la Policía Bonaerense durante la última dictadura militar, Miguel Osvaldo Etchecolatz. López había recibido amenazas por parte de Etchecolatz, incluso durante el juicio. Sin embargo, el entonces gobierno de Néstor Kirchner no le dio ninguna protección y, luego de su desaparición, no promovió ninguna investigación seria. En estos 14 años pasaron varios gobiernos, pero continuó la impunidad porque la causa por su segunda desaparición nunca avanzó. Por eso el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia realizó una concentración en Plaza de Mayo para seguir exigiendo justicia por López y denunciar la impunidad que se mantiene con los gobiernos de Alberto Fernández y Axel Kicillof, que no promueven el avance de la causa. Por su parte, la Multisectorial de La Plata, Berisso y Ensenada realizó una importante movilización incorporando al reclamo por López las denuncias contra la represión actual del gobierno, en el marco de la crisis del coronavirus y la crisis económica, por los más de cien casos de gatillo fácil sucedidos en cuarentena, la represión a los trabajadores del frigorífico Penta, la persecución a manteros y trabajadores ambulantes migrantes, como la comunidad senegalesa de La Plata, o las amenazas de desalojo en las tomas de tierras. La lucha por justicia por López, el juicio y castigo a los responsables de su segunda desaparición y por el desmantelamiento de las fuerzas represivas continúa.  

Los días 4 y 5 de septiembre de 1975, ocho compañeros del PST de La Plata, partido antecesor de Izquierda Socialista, fueron secuestrados y asesinados por bandas fascistas que actuaban al amparo del gobierno peronista de Isabel Perón. Fue la antesala del golpe de 1976. José Rusconi, quien por entonces era militante de la Juventud Socialista del PST, recuerda los hechos, continúa exigiendo justicia y reivindica su ejemplo revolucionario.

Escribe José “Pepe” Rusconi

Cuando en septiembre de 1974 el compañero Roberto “Laucha” Loscertales me propuso apoyar el conflicto de una fábrica en el barrio de Villa Elisa me dio la posibilidad, como activista universitario, de hacer mi primera experiencia de lucha junto al movimiento obrero. Así, me sumé al Partido Socialista de los Trabajadores (PST). En ese momento era imposible imaginarme qué le pasaría a Laucha tan solo un año después.

El 5 de septiembre de 1975, en horas de la mañana, estábamos en el centro platense junto con otra compañera, Patricia Claverie. Regresábamos de una actividad militante. Ambos pertenecíamos a la Juventud Socialista del PST y éramos estudiantes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Yo, además, era trabajador del Banco Nación. Caminábamos y charlábamos tranquilos. Patricia me acompañó hasta la entrada de mi trabajo y siguió rumbo a nuestro local partidario. No sabíamos nada de lo que había sucedido la noche anterior.

Esa noche, cinco compañeros y compañeras se habían dirigido hasta la planta de Petroquímica Sudamericana (hoy Mafissa) en Olmos, para brindar apoyo a sus trabajadores. En Petroquímica se venía desarrollando un conflicto gremial muy importante y nuestro partido, que apoyaba esa huelga como lo hacía en todos los conflictos, había organizado una colecta en la universidad para el fondo de lucha de los trabajadores. Las compañeras y compañeros que se habían dirigido a la fábrica para llevar lo recaudado eran Roberto “Laucha” Loscertales, que había sido dirigente estudiantil en la Facultad de Ingeniería y trabajador del Astillero Río Santiago; Adriana Zaldúa, referente estudiantil de Arquitectura y trabajadora del Ministerio de Obras Públicas (MOP); Hugo Frigerio, trabajador y delegado gremial, también del MOP; Ana María Guzner Lorenzo, trabajadora delegada no docente despedida de la UNLP por la “Misión Ivanissevich”, y Lidia Agostini, joven odontóloga integrante del frente de profesionales del partido. Pero nunca llegaron, porque fueron interceptados en el camino y secuestrados.

Yo aún estaba trabajando cuando me llegaron las primeras noticias sobre el hecho. Al terminar la jornada me dirigí rápidamente hacia nuestro local. Creo que fui el último en ingresar, porque detrás mío se cerraron las puertas para que nadie entrara ni saliera. Un rato antes había sucedido un segundo hecho. Cuatro compañeros habían salido del local para volantear en el Ministerio de Obras Públicas, donde se iba a realizar una asamblea por lo sucedido la noche anterior. Pero tampoco llegaron. A la vuelta del local, tres de ellos fueron obligados a ingresar a dos autos por personas armadas. Una cuarta compañera, que se había retrasado, pudo ver la situación volviendo rápidamente al local para dar aviso. Estos compañeros eran Oscar Lucatti, trabajador del MOP; Carlos “Dicky” Povedano, trabajador de una repartición pública llamada Previsión Social, y Patricia Claverie, estudiante de la Facultad de Ciencias Naturales, con la que habíamos compartido actividades unas horas antes.

Las bandas fascistas durante el gobierno peronista

Nos quedamos encerrados en el local toda la noche como medida de seguridad. Solo ingresó un grupo de compañeros y familiares de las víctimas que habían estado haciendo infructuosas gestiones para localizar a los secuestrados. Por la madrugada llegaron las noticias. Supimos que habían sido secuestrados por un grupo fascista que actuaba en la ciudad. Era la época de las bandas de extrema derecha, como la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), la Concentración Nacionalista Universitaria (CNU) y otras, que habían comenzado a actuar al amparo del gobierno de Perón, primero, y tras su fallecimiento, de su sucesora, Isabel Martínez de Perón, organizadas por el ministro de Bienestar Social José López Rega.

La patronal y el imperialismo no habían tenido éxito con su proyecto de traer a Perón al país en 1973 para intentar cerrar el inmenso ascenso obrero y popular abierto con el Cordobazo en 1969. El Pacto Social que había propuesto Perón para contener las luchas, congelando salarios y suspendiendo las negociaciones colectivas de trabajo, había fracasado. Los trabajadores siguieron reclamando ante la creciente inflación. En junio de 1975, la movilización obrera conocida como Rodrigazo hizo caer a Celestino Rodrigo, ministro de Economía, y al mismo López Rega, frustrando así el plan de ajuste. El gobierno peronista alentó la acción de las bandas fascistas y la represión a los activistas obreros y populares. La burguesía ya comenzaba a preparar el golpe de Estado.

Una militancia al servicio de construir el partido revolucionario y por el socialismo

Los cuerpos de los compañeros aparecieron en La Balandra (Berisso), acribillados y mutilados. El partido organizó el velatorio, donde estuvieron los restos de casi todos ellos. Al lugar se acercaron delegaciones de obreros de diferentes fábricas y comisiones internas de la región, conmocionadas por la masacre. Algunas de ellas expresaban que habían recibido la solidaridad de nuestros compañeros y del partido en sus luchas.

El PST estaba fuertemente inserto en el movimiento obrero y sus luchas. Tenía un enorme reconocimiento de los luchadores y el resto de la izquierda. Esto le valió el ensañamiento de las bandas fascistas y obligó a tomar medidas de seguridad. En mayo de 1974 ya habíamos recibido un golpe en la masacre de Pacheco. En aquel momento, Nahuel Moreno, dirigente de nuestra corriente, había llamado a la unidad de acción antifascista y a organizar la autodefensa obrera. Pero la mayoría de las organizaciones políticas lo desoyeron. Posteriormente, el golpe de Estado siguió ensañándose con el PST, que tuvo más de cien compañeros y compañeras asesinados y detenidos desaparecidos.  

Hoy el recuerdo de los compañeros y las compañeras asesinados en la Masacre de La Plata es un homenaje en su memoria. Pero también es un reconocimiento a aquellos que entregaron sus vidas en la pelea por construir un partido revolucionario que aspira al gobierno de los trabajadores y las trabajadoras para terminar con la sociedad capitalista y construir, sobre sus ruinas, el socialismo. Izquierda Socialista, orgulloso continuador del glorioso PST, sigue exigiendo verdad y justicia para nuestros compañeros y compañeras asesinados en la Masacre de La Plata. Seguimos levantando, como lo hicimos desde un primer momento, los puños bien en alto y decimos ¡compañeras y compañeros asesinados y detenidos desaparecidos del glorioso PST, hasta el socialismo siempre!

Los días 4 y 5 de septiembre de 1975, ocho compañeros del PST de La Plata, partido antecesor de Izquierda Socialista, fueron secuestrados y asesinados por bandas fascistas, que actuaban al amparo del gobierno peronista de Isabel Perón. Fue la antesala del golpe de 1976. José Rusconi, quien por entonces era militante de la Juventud Socialista del PST, recuerda los hechos, continúa exigiendo justicia y reivindica su ejemplo revolucionario.

 

Escribe José “Pepe” Rusconi

 

Cuando en el mes de septiembre de 1974, el compañero Roberto “Laucha” Loscertales me propuso apoyar el conflicto de una fábrica en el barrio de Villa Elisa, me dio la posibilidad, como activista universitario, de hacer mi primera experiencia de lucha junto al movimiento obrero. Así me sumé al Partido Socialista de los Trabajadores (PST). En ese momento era imposible imaginarme qué le pasaría a “Laucha” tan sólo un año  después.

El 5 de septiembre de 1975, en horas de la mañana, estábamos en el centro platense junto a otra compañera, Patricia Claverie. Regresábamos de una actividad militante. Ambos pertenecíamos a la Juventud Socialista del PST y éramos estudiantes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Yo, a su vez, era trabajador del Banco Nación. Caminábamos y charlábamos tranquilos. Patricia me acompañó hasta la entrada de mi trabajo y siguió rumbo a nuestro local partidario. No sabíamos nada de lo que había sucedido la noche anterior.

Esa noche, cinco compañeros y compañeras se habían dirigido hasta la planta de Petroquímica Sudamericana en Olmos (hoy Mafissa), para brindar apoyo a sus trabajadores. En Petroquímica se venía desarrollando un conflicto gremial muy importante y nuestro partido, que apoyaba esa huelga como lo hacía con todo conflicto, había organizado una colecta en la universidad para el fondo de lucha de los trabajadores. Los compañeros y compañeras que se habían dirigido a la fábrica para llevar lo recaudado eran  Roberto “Laucha” Loscertales, que había sido dirigente estudiantil en la Facultad de Ingeniería y trabajador del Astillero Río Santiago; Adriana Zaldúa, referente estudiantil de Arquitectura y trabajadora del Ministerio de Obras Públicas (MOP); Hugo Frigerio, trabajador y delegado gremial también del MOP; Ana María Guzner Lorenzo, trabajadora delegada no docente despedida de la UNLP por la “Misión Ivanissevich”; y Lidia Agostini, joven odontóloga integrante del frente de profesionales del partido. Pero nunca llegaron, porque fueron interceptados en el camino y secuestrados.

Al día siguiente, yo aún estaba trabajando cuando me llegaron las primeras noticias sobre el hecho. Al terminar la jornada, me dirigí rápidamente hacia nuestro local. Creo que fui el último en ingresar porque detrás mío se cerraron las puertas para que nadie entrara ni saliera. Un rato antes había sucedido un segundo hecho. Cuatro compañeros habían salido del local para volantear en el Ministerio de Obras Públicas, donde se iba a realizar una asamblea por lo sucedido la noche anterior. Pero tampoco llegaron al ministerio. A la vuelta del local, tres de ellos fueron obligados a ingresar a dos autos por personas armadas. Una  cuarta compañera, que se había retrasado, pudo ver la situación volviendo rápidamente al local para dar aviso. Estos compañeros eran Oscar Lucatti, trabajador del MOP; Carlos “Dicky” Povedano, trabajador de una repartición pública llamada Previsión Social; y la misma Patricia Claverie, estudiante de la Facultad de Ciencias Naturales, con la que habíamos compartido la actividad unas horas antes.

 

Las bandas fascitas durante el gobierno peronista

 

Nos quedamos encerrados en el local toda la noche como medida de seguridad. Solo ingresó un grupo de compañeros y familiares de las víctimas que habían estado haciendo infructuosamente gestiones para localizar a los secuestrados. Por la madrugada llegaron las noticias. Supimos que habían sido secuestrados por un grupo fascista que actuaba en la ciudad. Era la época de las bandas de extrema derecha, como la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), la Concentración Nacionalista Universitaria (CNU) y otras, que habían comenzado a actuar al amparo del gobierno de Perón primero y, tras su fallecimiento, de su sucesora Isabel Martínez de Perón, organizadas desde el ministerio de Bienestar Social de José López Rega.

La patronal y el imperialismo no habían tenido éxito con su proyecto de traer a Perón al país en 1973 para intentar cerrar el inmenso ascenso obrero y popular abierto con el “Cordobazo” en 1969. El “Pacto Social”, que había propuesto Perón para contener las luchas, congelando salarios y suspendiendo las negociaciones colectivas de trabajo, había fracasado. Los trabajadores seguieron reclamando ante la creciente inflación. En junio de 1975, la movilización obrera conocida como “Rodrigazo” hizo caer a Celestino Rodrigo, ministro de economía y al mismo López Rega, monje negro del gobierno, frustrando así el plan de ajuste. El gobierno peronista alentó la acción de las bandas fascistas y la represión a los activistas obreros y populares. La burguesía comenzaría a preparar el golpe de estado.

 

Una militancia al servicio de construir el partido revolucionario y por el socialismo

 

Los cuerpos de los compañeros aparecieron en La Balandra (Berisso), acribillados y mutilados. El partido organizó el velatorio, donde estuvieron los restos de casi todos ellos. Al lugar se acercaron delegaciones de obreros de diferentes fábricas y comisiones internas de la región, conmocionadas por la masacre. Algunas de las delegaciones expresaban que habían recibido la solidaridad de nuestros compañeros y del partido en sus luchas.

El PST estaba fuertemente inserto en el movimiento obrero y sus luchas. Tenía un enorme reconocimiento de los luchadores y el resto de la izquierda. Esto le valió el ensañamiento de las bandas fascistas y obligó a tomar medidas de seguridad. En mayo de 1974 ya habíamos recibido el golpe de la masacre de Pacheco. En aquel momento, Nahuel Moreno, dirigente de nuestra corriente, había llamado a la unidad de acción antifascista y a organizar la autodefensa obrera. Pero la mayoría de las organizaciones políticas desoyeron este llamado. El golpe de estado siguió ensañado con el PST, que tuvo más de cien compañeros y compañeras asesinados y detenidos desaparecidos.  

Hoy el recuerdo de los compañeros y compañeras asesinados en la Masacre de La Plata es un homenaje en su memoria. Pero también es un reconocimiento a aquellos que entregaron sus vidas en la pelea por construir un partido revolucionario que aspire al gobierno de los trabajadores y trabajadoras para terminar con la sociedad capitalista  y construir, sobre sus ruinas, el socialismo. Izquierda Socialista, orgulloso continuador  del glorioso PST, sigue exigiendo verdad y justicia para nuestros compañeros y compañeras asesinados en la masacre de La Plata. Seguimos levantando, como lo hicimos desde un primer momento, los puños bien en alto y decimos: ¡compañeras y compañeros asesinados y detenidos desaparecidos del glorioso PST! ¡Hasta el socialismo, siempre!

Escribe: Silvia Santos, Dirigente UIT-CI

Este texto que hoy compartimos, se apoya en las elaboraciones de Nahuel Moreno, dirigente del trotskismo latinoamericano y mundial, contenidas en el libro “China de la Revolución a la restauración capitalista” (junto a otros autores) y en polémicas con la dirección de la IV Internacional, SU.(1)

La mayoría de las y los jóvenes luchadoras y luchadores que se acercan a la militancia revolucionaria poco conocen del fenómeno de la revolución cultural china, un hecho ocurrido hace 54 años. Las imágenes más simbólicas que guardamos de aquel proceso, son los miles o millones de jóvenes manifestando con el “libro rojo de Mao” en sus manos, que contenía las citas y discursos del líder.

Este movimiento, que llamó la atención de la vanguardia mundial tuvo más de una interpretación. Para algunos, fue una genuina manifestación de una nueva democracia surgida desde abajo. Para otros, por el contrario, expresaba una lucha feroz entre dos sectores de la burocracia. Nuestra corriente, encabezada por Nahuel Moreno, entendió que se trataba de una lucha inter burocrática. Uno de esos sectores, liderado por Mao Tsé Tung y Lin Piao apoyándose en la movilización de la juventud y en los trabajadores, encabezó lo que fue conocido como la Revolución Cultural.

La revolución china

El 1° de octubre de 1949, el Ejército Rojo entra a Pekín, derrotando al Kuomintang, partido de los terratenientes, la burguesía y los campesinos ricos, que contaba con el apoyo del imperialismo. Derrotado Chiang Kai-shek, sanguinario dictador y dirigente del Kuomintang, luego de una prolongada guerra de guerrillas, tomó el poder el Partido Comunista chino, dirigido por Mao que, a la cabeza del Ejército de Liberación Nacional, protagonizó una multitudinaria revolución agraria, teniendo como eje al campesinado.

El hecho de que ese gran proceso revolucionario haya sido protagonizado por el campesinado y por tanto con la ausencia de la democracia obrera, le imprimió al maoísmo un carácter burocrático. Sin embargo, a pesar de las limitaciones, una combinación entre el proceso objetivo interno y de la situación internacional generada en la pos guerra, empujó a la expropiación de la burguesía, a pesar de que esa tarea no hacia parte del programa del PC Chino.(1,1)

Para Mao, la revolución que estaba colocada en China era esencialmente anti feudal y antiimperialista, dirigida por un “bloque de cuatro clases”: proletariado, campesinos, pequeño burguesía urbana y burguesía nacional. A pesar de las diferencias con el estalinismo, el maoísmo, igual que la burocracia de la URSS, defendía alianzas con la burguesía nacional y el socialismo en un solo país. Es decir que el arrollador proceso de revolución agraria que llevaban adelante millones de campesinos, en un país que contaba por entonces con 700 millones de habitantes, debía detenerse en la tarea democrática de derribar la dictadura del Kuomintang.

Pero por más que Mao intentase mantener la revolución dentro del marco democrático, la lógica de la revolución agraria con millones de campesinos ocupando tierras, dio origen a un gobierno obrero y campesino.  En ese sentido, Moreno señalaba la importancia del marco internacional. Nos recuerda que mientras la contrarrevolución estalinista se dio en los años de retroceso de las masas y triunfos contra revolucionarios, de 1923 a 1943, la revolución china se dio en la época que siguió a la segunda guerra mundial, acompañando el proceso de luchas anticoloniales triunfantes y de revoluciones que como la yugoeslava o la cubana, se dieron en forma independiente del aparato contra revolucionario de Moscú.

La revolución cultural

Es sólo en este marco que podremos comprender el significado de la revolución cultural. Fue una expresión del enfrentamiento que estalló entre las masas de jóvenes y trabajadores contra los aparatos burocráticos generando una crisis en el régimen, con cuestionamientos a la dirección. En ese escenario se abrió una lucha interburocrática. Para llevar adelante su pelea, Mao se apoya en la movilización de los jóvenes y alega que hay elementos capitalistas infiltrados en el gobierno. Con esa acusación, insiste en que los revisionistas debían ser derrotados a través de la lucha de clases.

La Juventud respondió al llamado de Mao formando grupos de la Guardia Roja en todo el país. El movimiento se extendió al ejército, a los trabajadores urbanos y al propio liderazgo del Partido Comunista. Ese proceso abrió una serie de luchas entre facciones, generalizadas en todos los ámbitos de la vida. En la cúpula, condujo a una purga masiva de altos funcionarios, en particular Liu Shaoqi y Deng Xiaoping. Durante el mismo período, el culto a la personalidad de Mao creció en proporciones gigantescas.

Comenzada en 1966, ya en enero de 1967 se había convertido en una movilización de masas en todo el país de tal magnitud que también comenzaba a involucrar sectores obreros urbanos. Fue entonces que Mao, viendo que el proceso se le podía escapar del control, en 1969 intenta dar por terminada la “Revolución Cultural” que le había permitido eliminar a sus enemigos y reafirmarse como líder de la Revolución. Sin embargo, el proceso se extendió hasta su muerte en setiembre de 1976. Con la muerte del líder, China tomó otro rumbo, se produjo el arresto de sus sucesores, conocida como la Banda de los Cuatro, entre los que estaba la mujer de Mao, Jiang Qing y la Revolución Cultural finalmente llegó a su fin.

A partir de ahí, comenzará un nuevo proceso donde los “reformistas”, dirigidos por el rehabilitado Deng Xiaoping comenzaron a desarmar el andamiaje sobre el que se había montado el maoísmo. En 1978 Deng se convierte en el nuevo líder a partir de lo cual comenzaría una fase de reformas y apertura económica. Una fase, que había sido iniciada por el propio Mao durante la visita de Richard Nixon a China en 1972. (2)



China, una dictadura capitalista

En el último trabajo escrito por Moreno sobre China en Correo Internacional N° 13, en 1985, reseña la derechización del régimen chino y el giro hacia la conciliación con el imperialismo yanqui iniciado por Mao en los años ’70. Con su sucesor Deng Xiaoping ese giro a la derecha se hará impetuoso y se producirá sin retorno la apertura al capitalismo.

En 2008, el trabajo de Miguel Sorans, (dirigente de la UIT-CI) retoma la evolución del proceso chino, camino hacia la restauración convirtiendo a China en una gran economía capitalista. Al revés que en Rusia, Alemania y el resto de los países de Europa del este, donde el movimiento de masas derribó a las dictaduras burocráticas, fue el aplastamiento de las movilizaciones de millones de jóvenes estudiantes y obreros, con la masacre de miles de jóvenes en mayo de 1989 en la Plaza Tiannamen, lo que explica que en China se hayan instalado 70 mil multinacionales, y se la consideró “la fábrica del mundo.”

El trabajo concluye con la caracterización del estado chino como capitalista y su régimen como una dictadura asentada en el Partido Comunista. Destaca también las innumerables luchas obreras y populares que se desenvuelven espontáneamente en todos los rincones de aquel inmenso país.

El futuro de China dependerá de la repercusión de la crisis económica mundial y de la actual pandemia del covid-19 en el país, y, fundamentalmente del desarrollo de la lucha de clases. Finalizamos este texto con un llamado a los revolucionarios del mundo, de apoyar las luchas de la clase obrera y la juventud China por sus reivindicaciones y a pronunciarnos por el fin de la dictadura capitalista china.


 

Notas.

(1 y 1,1)Los debates en la IV Internacional (SU) El triunfo de Mao y el avance hacia la expropiación de la burguesía al calor de la colosal revolución campesina abrió un debate en la IV Internacional. Deslumbrado por el éxito revolucionario, el sector expresado por Ernest Mandel y Livio Maitán sostuvo que “quienes encabezan revoluciones triunfantes son revolucionarios”. Minimizaba el carácter burocrático de la conducción de Mao y su política estalinista de unidad con la burguesía y de “socialismo en un solo país”. Capitulaba así ante el maoísmo, como capituló ante la dirección cubana y frente a cuanta dirección de procesos de lucha que poblaron el mundo.

(2)La relación China y Estados Unidos La primera visita de un presidente de Estados Unidos realizada por Richard Nixon en 1972 a la República Popular China, precedida por una visita secreta del Secretario de Estado Henry Kissinger, fue un hecho  importantísimo para normalizar las relaciones entre Estados Unidos y la República Popular China. Para comprender el significado, Nixon declaró: “Fue una semana que cambió el mundo”. Así, queda evidente que Mao fue parte de la burocracia que impulsó la restauración capitalista, y no como creen algunos sectores de la izquierda, que fue con Deng Xiaoping que se inicia el proceso restauracionista.

Escribe Francisco Moreira

En este segundo artículo repasamos los orígenes de la Cuarta Internacional y los debates que hubo en el movimiento desde la muerte de Trotsky. Rescatamos el rol de Nahuel Moreno, quien batalló contra el revisionismo oportunista y los grupos sectarios. Con su guía, Izquierda Socialista y la UIT-CI continuamos la lucha revolucionaria trotskista.   

Desde 1924, José Stalin y su grupo comenzaron a imponer en el Partido Comunista y la URSS un régimen burocrático despiadado, enarbolando la utopía reaccionaria de construir el “socialismo en su solo país”, alentando la coexistencia pacífica con el imperialismo y la conciliación con las burguesías. León Trotsky encabezó la oposición al viraje burocrático estalinista en defensa de la democracia obrera y el internacionalismo proletario. Pero fue derrotado y expulsado del partido y de la URSS.

La contrarrevolución estalinista en la URSS corrió pareja a los avances del fascismo y el nazismo en Europa. La conducción de Stalin fue responsable de las derrotas que sufrió el proletariado. La política de conciliación con la burguesía llevó a la derrota de la revolución china (1925/1927). Después de que el estalinismo avaló la política sectaria que permitió el ascenso de Hitler en 1933, Trotsky concluyó que la Tercera Internacional había muerto y se dio a la tarea de fundar una nueva organización mundial. En septiembre de 1938, en las afueras de París, se fundó la Cuarta Internacional, cuyo Programa de Transición, elaborado por Trotsky, afirmaba que la situación mundial se sintetizaba en la frase “la crisis de la humanidad es la crisis de su dirección revolucionaria”.

El asesinato de Trotsky y el vacío de dirección

La fundación de la Cuarta y la adopción del Programa de Transición fueron los aciertos más grandes de Trotsky. Gracias a ello, dio continuidad al único marxismo revolucionario existente, el trotskismo. Cumplía el objetivo de preparar un marco organizativo y programático ante la perspectiva de nuevos ascensos revolucionarios para superar la crisis de dirección y lograr la conquista del poder por la clase obrera. 

Pero el asesinato de Trotsky, el 21 de agosto de 1940, cortó abruptamente ese proceso. Para ese año ya no quedaba con vida ninguno de los dirigentes del viejo Partido Bolchevique, muchos de ellos asesinados en las purgas estalinistas. Con su crimen, Stalin buscó terminar con la única posibilidad de construir una dirección revolucionaria que se estaba organizando alrededor de la figura de Trotsky, quien sintetizaba las experiencias del marxismo revolucionario desde comienzos del siglo XX.

La muerte de Trotsky dividió la historia del movimiento trotskista. Su desaparición provocó un abrupto vacío de dirección en la Cuarta. A esta situación abonaron las terribles condiciones de las décadas del ’20 y el ’30, que no permitieron ganar a nuevos dirigentes forjados en las luchas obreras, y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, que profundizó la disgregación organizativa de la Cuarta pese a la heroica actividad de los trotskistas en la lucha contra el nazismo. 

La lucha contra el revisionismo oportunista y el sectarismo en el trotskismo

La derrota del nazismo y el gran ascenso revolucionario previstos por Trotsky sucedieron. Pero la Cuarta, proyectada para ser la dirección revolucionaria de las masas, prácticamente sin dirección política y desorganizada, atravesaría años de debilidad, crisis y disgregación.

El vacío de dirección en la Cuarta fue suplantado por una dirección oportunista, encabezada por el dirigente griego Michel Pablo y el belga Ernest Mandel. Desde el Tercer Congreso, en 1951, Pablo y Mandel impusieron el curso revisionista oportunista promoviendo la capitulación a las direcciones mayoritarias de las masas, los partidos comunistas burocráticos y reformistas y los movimientos nacionalistas burgueses.

Con la equivocada definición de que se iba a producir una tercera guerra mundial y que los partidos comunistas estalinistas se volverían revolucionarios, iniciaron un entrismo en ellos que duró cerca de veinte años en Europa. El dirigente trotskista argentino Nahuel Moreno combatió la política oportunista desde 1948. Denunció que ese entrismo implicaba renunciar a la tarea fundamental de construir partidos revolucionarios de la Cuarta Internacional. Pero Pablo y Mandel impusieron su política capituladora con métodos burocráticos, llevando a la ruptura de la Cuarta en 1952. Ese mismo año cometieron una de las más grandes traiciones. Tras la revolución en Bolivia, ordenaron a los trotskistas, contra toda la experiencia revolucionaria previa, apoyar al gobierno nacionalista burgués de Víctor Paz Estenssoro. En oposición, desde el partido argentino, Moreno impulsó combatir al gobierno y alentar la lucha por el poder de las organizaciones obreras y campesinas (las milicias y la Central Obrera Boliviana).

La capitulación de Pablo y Mandel volvió a repetirse ante la conducción nacionalista pequeñoburguesa castrista, que encabezó la revolución cubana desde finales de la década del ’50. Como reacción, surgió un ala sectaria, encabezada por Gerry Healy y Pierre Lambert, que negaban el carácter obrero del Estado cubano. Oponiéndose a ambos sectores, Moreno fue definiendo el carácter obrero del Estado cubano y ratificó el carácter burocrático y oportunista de la dirección castrista, la necesidad de una revolución política y de construir partidos trotskistas como única alternativa de dirección internacionalista y revolucionaria.   

En los años ’80, el Secretariado Unificado, encabezado por Mandel, apoyó al gobierno de conciliación de clases de Daniel Ortega y Violeta Chamorro, surgido tras la revolución sandinista de 1979. Rompiendo con los principios revolucionarios, avaló la represión a los trotskistas orientados por Moreno, que dirigían la brigada de combatientes Simón Bolívar. El mandelismo abandonó las definiciones centrales del trotskismo de construir partidos revolucionarios, que fue reemplazada por construir “partidos anticapitalistas amplios” y la necesidad del gobierno de trabajadores. En las últimas décadas, sus partidarios apoyaron a los gobiernos burgueses del PT en Brasil, siendo parte de su gabinete de ministros; el de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, y el gobierno de Syriza en Grecia.

Continuamos la lucha revolucionaria de Trotsky

Izquierda Socialista y la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional continuamos la lucha revolucionaria de Trotsky bajo el hilo conductor que nos legó nuestro máximo dirigente y maestro, Nahuel Moreno, en la pelea por mantener los principios y la política trotskistas. Seguimos levantando la independencia de clase, la necesidad del partido revolucionario con centralismo democrático y por construir una organización revolucionaria internacional que pelee por gobiernos de trabajadores en cada país y el socialismo con democracia obrera en todo el mundo.

En el siglo XXI, la clase obrera y las masas no dejaron de protagonizar heroicas luchas, rebeliones y revoluciones. Ejemplo de ello son la rebelión antirracista en los Estados Unidos contra Trump, la rebelión popular en Líbano, o las movilizaciones multitudinarias en Bielorrusia. Pero al igual que en tiempos de Trotsky y Moreno, sigue planteada la necesidad de superar la crisis de dirección revolucionaria que seguimos dando, combatiendo la autoproclamación y el sectarismo, que fueron la respuesta equivocada al oportunismo, y llamando a “unir a los revolucionarios” en la tarea de reconstruir la Cuarta Internacional. 

 

 

 

 

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