Jun 21, 2024 Last Updated 12:09 PM, Jun 20, 2024

Acto por la Masacre de Pacheco

  • Jun 21, 2024
  • Publicado en La Web

Organizado por el Suteba Tigre y la Comisión Ana María Martínez, este 29 de mayo, se realizó en la Plaza de El Talar de Pacheco un acto en homenaje al 50 aniversario de la Masacre de Pacheco. Fueron recordados Oscar Dalmacio “Hijitus” Meza, Mario “el Tano” Zidda y Antonio “Tony” Moses, militantes del Partido Socialista de los Trabajadores, (PST), secuestrados y asesinados por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) banda fascista que funcionaba con el beneplácito del gobierno peronista, que invadió a tiros el local partidario de esa localidad.

En el acto participaron, además de los organizadores, Izquierda Socialista, PTS, MST, PSTU, Opinión Socialista y varios compañeros que fueron militantes del PST en aquellos años. Estuvo presente Gabriela, sobrina de Hijitus Meza, profesores y referentes de derechos humanos, se recibieron adhesiones y cerró la actividad un dúo de música folclórica.

Como parte de la conmemoración, antes del comienzo del acto, marchamos tres cuadras hasta el local del PST que fuera atacado en 1974, en la esquina de Brasil y Belgrano, donde aún quedan las marcas de los balazos. Allí rendimos homenajes a los compañeros asesinados.



De vuelta en la Plaza fueron leídas las notas recibidas de organizaciones que adhirieron al homenaje que al igual que los diferentes oradores se refirieron a la Masacre de Pacheco de una forma muy emotiva, manteniendo viva la memoria de los compañeros.

Por Izquierda Socialista, además de compañeros de zona norte, estuvieron los dirigentes y militantes del PST en 1974, Laura Marrone y Reynaldo Saccone, junto a Priscilla Vasquez, dirigente de Propuesta Socialista de Panamá. Y habló Adolfo Barbieri, uno de los responsables políticos del PST de zona norte cuando ocurrió la Masacre de Pacheco.

Adolfo rememoró la situación política en esos años, el importante trabajo político del PST y los delegados en las fábricas del cordón industrial de zona norte, el ataque de la Triple A vinculado a la nefasta burocracia sindical contra el PST, recordando a los diferentes compañeros secuestrados y asesinados. Recordó a Nahuel Moreno en su discurso durante el sepelio colectivo de despedida a Hijitus, Tony y el Tano, llamando a la más amplia unidad de acción a las corrientes presentes para organizar grupos de autodefensa y enfrentar a las bandas fascistas.

A 50 años de aquellos trágicos hechos, desde Izquierda Socialista, llamamos a la más amplia unidad en la acción para luchar para derrotar el plan de ajuste, entrega y represión del ultraderechista Milei y el FMI.

Reafirmado nuestro compromiso por mantener viva la memoria de los compañeros asesinados del PST, seguir reclamando por el castigo a todos los responsables de la Masacre y luchando por una Argentina y un mundo socialista.

Corresponsal

 

 

 

Escribe Federico Novo Foti

Entre el 28 de mayo y el 2 de junio de 1964 se creó la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Desde 1969 unió al pueblo palestino tras el reclamo “por una palestina democrática, laica y no racista”. Pero su dirección, encabezada por Yasser Arafat, fue abandonando el reclamo y terminó pactando la fracasada política de “los dos estados”. Sin embargo, el pueblo palestino continúa resistiendo la ocupación sionista y pelea por su liberación.
 
El 14 de mayo de 1948 se proclamó el Estado de Israel. Comenzaba a realizarse el sueño del sionismo, el movimiento de la burguesía imperialista y destacados multimillonarios judíos occidentales que, desde finales del siglo XIX, venían alentando la creación de un estado teocrático (basado en la religión) como solución a los ataques y persecuciones (pogroms) sufridas por las masas judías, especialmente de Europa central y oriental, apartándolas de la lucha de clases y de los partidos socialistas revolucionarios. La creación de Israel se hizo bajo el lema “una tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra”, desconociendo que desde hacía siglos allí vivía el pueblo palestino, con una mayoría árabe y una minoría judía.

El establecimiento de Israel había sido avalado meses antes, el 29 de noviembre de 1947, cuando la ONU resolvió la partición de Palestina en dos estados, uno sionista y otro árabe. Las potencias imperialistas, especialmente Estados Unidos, aprovechando los justos sentimientos de solidaridad frente al genocidio nazi contra los judíos, legalizaron la partición y ocupación del territorio palestino. Su objetivo era tener un “gendarme” contrarrevolucionario en la región, ante el ascenso de las masas árabes y el surgimiento de gobiernos nacionalistas burgueses o pan-árabes, como el de Gamal Abdel Nasser en Egipto, tras la retirada de los imperialismos francés y británico. La URSS de José Stalin vergonzosamente apoyó la iniciativa, otorgando al colonialismo sionista una pátina “progresista” contra el “feudalismo” árabe. Junto al pueblo palestino y los pueblos árabes, sólo los trotskistas se pronunciaron contra la partición de Palestina y su ocupación.1

Desde entonces, Israel se instituyó como un enclave colonial y racista, que se consolidó y desarrolló gracias al apoyo económico y militar de Estados Unidos. Tras su creación, Israel comenzó la expulsión (la “nakba”) de las comunidades y aldeas palestinas, la expropiación de sus tierras y la destrucción de sus olivares. Ejemplo de ello fue la masacre de la aldea de Deir Yassin, en abril de 1948, en la que unidades militares israelíes asesinaron, casa por casa, a más de 250 personas, incluyendo 30 bebés y niños.2

   
Refugiado palestino en el campo sirio de Jaramana en 1948   

 
 Desde 1948 el pueblo palestino lucha contra la ocupación sionista y por su liberación
 
Ascenso y caída de la OLP

Pero el pueblo palestino no asistió pasivamente a la ocupación colonial y la limpieza étnica. Ya bajo el mandato británico había protagonizado la colosal insurrección de 1936-1939, que sólo pudo ser sofocada tras el envío de la mitad del ejército del imperio británico. La resistencia del pueblo palestino continuó más allá de 1948 con acciones individuales o de pequeñas bandas sin mucha organización. Pero desde mediados de la década de 1950, bajo el influjo de la revolución china y la guerra de guerrillas vietnamita, surgieron organizaciones de “fedayines” (guerrilleros). Entre ellas, un grupo de estudiantes exiliados fundó en 1958 el movimiento nacionalista independiente Al Fatah, conducido por Yasser Arafat, que logró insertarse en Cisjordania y Gaza.  

A finales de mayo y comienzos de junio de 1964, en la primera reunión del Consejo Nacional Palestino, se decidió la creación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). La iniciativa, auspiciada por la Liga Árabe, que reunía a los gobiernos de los principales países de la región, entre ellos Egipto y Arabia Saudita, no tenía mayor inserción entre la comunidad palestina en el exilio o en el interior de Israel. Sin embargo, la derrota militar de los gobiernos de Egipto, Siria, Jordania e Irak a manos de Israel en la “Guerra de los Seis Días”, en junio de 1967, marcaría un vuelco en el destino de la OLP.

La derrota militar expondría los límites del nacionalismo burgués ante la ofensiva imperialista e israelí y marcaría, en definitiva, el fin del nasserismo. En 1969, en la reunión del Consejo Nacional Palestino realizada en El Cairo (Egipto), las fuerzas guerrilleras tomaron el control de la OLP y Arafat fue elegido presidente de su Comité Ejecutivo. Adoptó la Carta Nacional Palestina que postulaba la liberación por vía revolucionaria del pueblo palestino y el establecimiento de un estado palestino laico, democrático y no racista.3 Quedó así definido el papel progresivo de la OLP y su nueva dirección, asentada en los campamentos de refugiados y las milicias.

Nahuel Moreno, dirigente trotskista y fundador de nuestra corriente, definió entonces que “la OLP representa la nacionalidad palestina como organización estatal sui generis laica, democrática y no racista, en guerra. Es casi un estado: es un frente único que abarca a todo el movimiento palestino en lucha por conquistar su patria”.4 Evidenciando su carácter estatal, la OLP no sólo empezó a coordinar la resistencia palestina, sino que comenzó a organizar los campos de refugiados, su economía y organización política (salud y educación). De allí Moreno concluía que la construcción de partidos trotskistas en Palestina y Medio Oriente debía tomar como punto de partida programático el triunfo militar de la OLP contra el sionismo, apoyado en la movilización de las masas árabes, para destruir el estado colonial y construir una Palestina laica, democrática y no racista. También, hacía el llamado a la OLP a romper con la burguesía para luchar por el socialismo.  

Pero la OLP y su dirección tenían un carácter contradictorio. Se apoyaban, asimismo, en un sector de la burguesía árabe que buscaba construir un estado palestino burgués e impedir que la OLP cayera en manos de corrientes socialistas. Su posición nacionalista burguesa los llevaba a acordar con los gobiernos árabes, pero los ataques sionistas a los campamentos de refugiados en Jordania y Líbano los obligaban constituirse en un poder político y militar autónomo, aliado a la juventud, la izquierda y los movimientos que enfrentaban a esos gobiernos. Tras abortar las revoluciones en Jordania y Libano, desde 1974, la OLP y Arafat comenzaron a claudicar, abandonando la consigna por una Palestina laica, democrática y no racista.5 Con los acuerdos de Madrid en 1991, Oslo en 1993 y Camp David en 2000, consumaron la traición asumiendo la política de “los dos estados”, reconociendo al Estado de Israel y abandonado la pelea por el retorno, a cambio de la creación de la precaria Autoridad Nacional Palestina (ANP), sobre los territorios de Cisjordania y Gaza, que hoy ha fracasado ante la continua expansión sionista.
 
La lucha del pueblo palestino continúa

Pese a la defección de la dirección de la OLP y Arafat, el pueblo palestino continuó luchando por su liberación. En diciembre de 1987 protagonizó la “primera intifada”, el levantamiento que se enfrentó con palos y piedras al ocupante israelí, obligándolo a iniciar negociaciones con Arafat y la OLP. En septiembre de 2000, tras la firma del acuerdo de Camp David, comenzó la “segunda intifada”. En 2006, la pérdida de apoyo del movimiento Al Fatah se evidenció en el triunfó en las elecciones de Hamas (Movimiento de Resistencia Islámica), que había nacido en 1987 al calor de la primera intifada y ganó autoridad por su oposición a la política de “los dos estados”, pese a que plantea equivocadamente como salida la construcción de un estado palestino islámico.

Desde octubre del año pasado, el pueblo palestino viene sufriendo un nuevo y brutal ataque por parte del Israel, que ha asesinado a más de 40.000 personas en Gaza y provocado cientos de miles de nuevos desplazados. En su resistencia, el pueblo palestino viene forjando nuevas direcciones que buscan terminar con el nuevo asedio sionista y con la ocupación histórica de Palestina. Cuentan con una creciente solidaridad internacional, con movilizaciones en los países árabes y el mundo, y las recientes ocupaciones de universidades en Estados Unidos y Europa. Desde Izquierda Socialista y la UIT-CI seguimos apoyando la heroica resistencia del pueblo palestino y sostenemos que la única posibilidad de alcanzar la paz en la región será reclamando un alto al fuego inmediato, el retiro de todas las tropas sionistas de Gaza, el fin del régimen racista, logrando una Palestina libre en todo el territorio histórico desde el río al mar y el retorno de todos los refugiados a su territorio. Seguimos diciendo: ¡Fuera Israel de Palestina! ¡Por una Palestina laica, democrática y no racista!

1. Ver Roberto Fanjul y Gabriel Zadunaisky. “Palestina. Historia de una colonización”. Buenos Aires, Ediciones El Socialista, 2008. Disponible en www.nahuelmoreno.org
2. Ver Mercedes Petit. (7/4/2010) “La Masacre de Deir Yassin” en “El Socialista” Nº 163.
3. Disponible en www.marxists.org
4. Ver en Roberto Fanjul y Gabriel Zadunaisky. Op. Cit. Disponible en www.nahuelmoreno.org
5. Ver Gabriel Massa y Jan Poliansky. “Un mundo en llamas” (1986) en “Correo Internacional” Nº 19.

El 29 de mayo de 1969 cambió la historia del país. En medio de una huelga general, obreros y estudiantes se movilizaron y derrotaron a la policía tomando el control del centro de la ciudad de Córdoba. La dictadura de Onganía quedó herida de muerte.

(Basado en artículo escrito por Diego Martínez para El Socialista N° 425)

En el marco de un contexto mundial signado por las movilizaciones contra la intervención militar estadounidense en Vietnam y las grandes luchas obreras y estudiantiles ocurridas en países como Italia, Japón y México, tras el Mayo francés que puso en jaque al gobierno de De Gaulle en Francia, hacia 1968 comenzaba a producirse un cambio en la situación política argentina.

El contexto nacional

Desde 1966 gobernaba el dictador Onganía. La represión y la miseria comenzaron a generar un creciente malestar en los sectores obreros y populares. El estudiantado del interior empezó a luchar y fue duramente reprimido. El movimiento obrero comenzaba a recuperarse después de años de estancamiento. Durante 1968 se dieron tres luchas obreras importantes: la de los petroleros de YPF en Ensenada, la de los gráficos de Fabril Financiera en Barracas y la de Citroën, también en la ciudad de Buenos Aires. Fueron tres luchas largas y con mucha fuerza en la base. Fueron derrotadas, pero el ascenso no se interrumpió y se trasladó a las provincias.

En marzo de 1969 hubo conflictos estudiantiles en Tucumán y Rosario. Las luchas obreras las encabezaron los metalúrgicos, Luz y Fuerza,Smata, estatales y docentes.

A mediados de mayo se movilizaron los estudiantes correntinos en contra de la privatización del comedor universitario y fueron duramente reprimidos. Juan José Cabral, de 22 años, que cursaba Medicina, fue asesinado por la policía. Esto generó una inmediata movilización en Rosario que dio origen al Rosariazo. El 16 de mayo los estudiantes comenzaron a movilizarse y enfrentar en las calles a la policía hasta derrotarla. El 21 de mayo se sumaron sectores del movimiento obrero día en que fue asesinado el joven metalúrgico Luis Blanco.

El Cordobazo

En este contexto de ebullición, la CGT se vio obligada a convocar un paro de 24 horas para el 30 de mayo. En Córdoba la CGT regional decidió adelantar el paro para el 29, transformando la acción en una huelga de 36 horas. Tal era la bronca que había entre los trabajadores que la medida tuvo una adhesión del 98% y para el mediodía se movilizaron al centro de la ciudad junto con los estudiantes. En un área de aproximadamente 150 manzanas se enfrentaron con la policía. Se levantaron barricadas, los vecinos colaboraron con los manifestantes reprimidos se fueron sumando a la protesta. La policía mató al obrero del Smata Máximo Mena y el estudiante Daniel Castellanos. Pese a esto los manifestantes pasaron a controlar cada vez más esquinas de la ciudad de Córdoba y la policía se tuvo que retirar. Hasta las 17 los puntos neurálgicos estuvieron controlados por obreros y estudiantes, quienes protagonizaron una insurrección espontánea detonada por el odio a la dictadura militar. Después ingresó el ejército en el centro de la ciudad pero el movimiento ya se había replegado hacia los barrios. El gobierno de Onganía nunca se pudo recuperar de aquel golpe.

Las lecciones que nos dejó

El Cordobazo marcó un antes y un después en la lucha de clases que produjo un sostenido ascenso que fortaleció a los sectores antiburocráticos y clasistas del movimiento obrero. Esto se prolongó hasta 1976, cuando el golpe genocida de Videla vino a derrotar a los trabajadores. Después de que fracasara el Gran Acuerdo Nacional (GAN) pergeñado entre radicales y peronistas y comandado por Perón en su retorno al poder en 1973, con el objetivo de contener las luchas obreras.

Más allá de la narración de los hechos históricos, lo importante es reflexionar acerca de las lecciones políticas que nos dejó el Cordobazo. El “mayo cordobés” nos demostró que cuando la clase obrera se organiza masivamente y se moviliza con decisión puede torcer el rumbo de la historia, pese a los intentos de frenar las luchas de las patronales, los partidos burgueses y la burocracia sindical.
Si el ascenso iniciado en el Cordobazo pudo ser frenado y no siguió avanzando hacia una revolución socialista fue porque la conducción de los trabajadores era mayoritariamente peronista, un movimiento político que vino a garantizar la “estabilidad” del país para los empresarios. De allí que la otra gran lección de este proceso sea la necesidad de progresar en la construcción de una dirección revolucionaria, política y sindical que encauce las luchas hacia un gobierno de los trabajadores.

 


 

Qué decía Nahuel Moreno

“ […] Lo que ha ocurrido en Rosario, y principalmente en Córdoba, tiene un nombre muy claro, ha sido una semiinsurrección […]Tanto en Rosario como en Córdoba hemos presenciado el encuentro de los obreros y estudiantes con las fuerzas represivas, como la derrota de estas. Uno de los principales brazos armados del régimen, la policía, fue puesta en retirada por las fuerzas populares.

[…] En Córdoba el ejército intervino violentamente, originando una situación semiinsurreccional, de lucha civil, aunque por falta de dirección no fue respondida en la misma forma por el movimiento obrero y estudiantil. Hubiera sido suficiente que los trabajadores se hubieran armado para responder al fuego del ejército para que la guerra civil y la insurrección hubieran sido un hecho […] Lo que faltó tanto en Córdoba como en Rosario fue un partido revolucionario que supiera organizar a las masas para la insurrección. Si ese partido hubiera existido, hubiéramos logrado armas para los obreros y estudiantes, así como hubiera sabido elaborar un plan insurreccional para golpear a las fuerzas de la reacción en sus puntos neurálgicos […]

Moreno,Nahuel, Después del Cordobazo, Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2013

Escribe Federico Novo Foti

El 29 de mayo se cumple el cincuenta aniversario de uno de los crímenes políticos más importantes perpetrados bajo el último gobierno de Perón. Un ataque fascista contra el local del PST y el asesinato de tres de sus militantes, organizado por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), integrada por miembros de las fuerzas de seguridad y la burocracia sindical peronista, quienes buscaban realizar un nuevo ataque artero contra el ascenso del movimiento obrero.

En la noche del miércoles 29 de mayo de 1974, cerca de quince matones armados tirotearon el frente del local del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) -partido antecesor de Izquierda Socialista- ubicado en la localidad de General Pacheco, en el norte del Gran Buenos Aires. Entre golpes, gritos e insultos, tres compañeras y tres compañeros que se encontraban reunidos en el local fueron lanzados al suelo y pateados. Luego de robar, romper e incendiar lo que encontraron, los obligaron a salir y subir a los autos que tenían afuera. Las tres compañeras, después de seguir recibiendo golpes y amenazas, fueron dejadas en la vereda a varias cuadras. Los compañeros fueron metidos en los baúles de los coches y en la mañana del 30 de mayo sus cuerpos acribillados aparecieron en Pilar.

Los compañeros asesinados eran Oscar Dalmacio “Hijitus” Meza, quien venía encabezando la lucha en la metalúrgica Astarsa y en otras fábricas de la zona Norte, y había impulsado la lista de oposición a la burocracia de la UOM de Vicente López; Mario “el Tano” Zidda, quien había sido en 1972 uno de los dirigentes de la lucha de los colegios industriales, cuando estudiaba en la Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 1 de Tigre; y Antonio “Tony” Moses, quien había ingresando a la metalúrgica Wobron. (ver recuadro) La “Masacre de Pacheco”, el asesinato de los tres militantes del PST, representó un salto en los ataques hasta entonces perpetrados por bandas fascistas bajo el gobierno de Juan Domingo Perón y tuvo una enorme repercusión nacional. Fue el primer ataque a un partido político reconocido legalmente. La Triple A fue una respuesta desesperada ante el ascenso obrero y popular que acorralaba al “pacto social” de Perón, las patronales y la burocracia sindical, con el apoyo del imperialismo. El PST llamó a la unidad de acción anti fascista para enfrentar los ataques.
 
La responsabilidad del gobierno peronista

El 12 de octubre de 1973 Perón había asumido por tercera vez la presidencia. El “golpe” contra su predecesor, Héctor J. Cámpora, y su asunción buscaron terminar con el ascenso obrero y popular revolucionario iniciado en 1969 con el “Cordobazo”. Con el acuerdo de los militares, representados por el general Alejandro Lanusse, el radicalismo, encabezado por Ricardo Balbín, y el imperialismo, Perón se propuso desmontar el ascenso y seguir aplicando el “pacto social” de ajuste contra los trabajadores. Pero las luchas no cesaron.

En los primeros meses de 1974, las bandas fascistas comenzaron a actuar con creciente violencia contra activistas sindicales, estudiantiles y populares. Fueron blanco de sus ataques los locales y militantes de la Juventud Peronista (JP), ligada a los Montoneros, y la izquierda. Las bandas fascistas se nutrían de las patotas de la burocracia sindical y del aparato represivo, sectores de la policía y las fuerzas armadas, en actividad o dados de baja por delincuentes o corruptos.

En la madrugada del 7 de mayo fue acribillado Inocencio “Indio” Fernández, delegado de la fundición Cormasa y primer militante del PST asesinado por las bandas fascistas. El 11 de mayo fue asesinado el padre Carlos Mugica. A pocos días, el 13 de mayo, en una reunión con importantes miembros de la burocracia sindical, Perón declaró: “Dentro de las organizaciones, como caballos de Troya de dichas organizaciones han surgido ahora las que se llaman ‘de base’, como si la organización sindical no fuera la organización de base más grande que existe. […] Son intentos de disociación y anarquía. Ceder es muy peligroso… cada dirigente debe esforzarse en mantener la homogeneidad de su organización, despachando por las colaterales o por las fuerzas centrípetas a todos esos que intentan, al servicio de cualquier causa […] destruir la organización”.1 Así Perón dio “vía libre” a la actuación de patotas armadas contra el activismo gremial. Por entonces, en panfletos y pintadas donde se adjudicaban los atentados perpetrados contra locales sindicales y partidarios comenzó a aparecer la leyenda Triple A, banda fascista organizada desde el Ministerio de Bienestar Social por el siniestro ministro José López Rega.
 
La repercusión nacional

La Masacre de Pacheco provocó un inmediato rechazo en amplios sectores del movimiento obrero y gran parte del arco político. La repercusión fue tal que la prensa nacional también se hizo eco del asesinato de los tres militantes del PST, apareciendo en las tapas de Clarín, Crónica y Noticias. El PST calificó el triple asesinato como el crimen político más importante hasta entonces perpetrado bajo el gobierno peronista, junto con la masacre de Ezeiza. Denunció que las bandas fascistas operaban selectivamente en sus objetivos y que eran toleradas y alimentadas por el propio gobierno.2

En los lugares de trabajo y actividad gremial y política de los tres compañeros asesinados, la reacción no se hizo esperar. En Astarsa se paralizó la fábrica el día del entierro de Hijitus. La patronal tuvo que hacer llegar su adhesión y hasta Gregorio Minguito, el burócrata de la UOM de Vicente López, rodeado de guardaespaldas, debió pasar por allí. En Wobron se paralizó la fábrica, a medida que las secciones fueron recibiendo la noticia del asesinato de Tony, contra la indicación de los delegados de la burocracia. En colegios y facultades hubo todo tipo de actividades de repudio y solidaridad. El ENET Nº 1 de Tigre paró el jueves y el viernes por el “Tano”. La noche del jueves 30, cuando se realizaba un acto en la Facultad de Derecho, se sumaron los obreros gráficos que realizaban otro acto por la libertad de prensa con el dirigente de Luz y Fuerza de Córdoba, Agustín Tosco. Con estudiantes de otras Facultades se reunieron más de 3.000 personas. Entre otros, hablaron Miguel Sorans por la Juventud Socialista de Avanzada (JSA) del PST, la dirigente peronista Alicia Eguren de Cooke, pareja del fallecido John William Cooke, y cerró el acto Tosco.

El velatorio, realizado en el local central del PST, ubicado en la calle 24 de Noviembre, en el barrio de Once, se convirtió en un gran acto político en defensa de los derechos de los trabajadores y las libertades democráticas, contra las bandas fascistas. Bajo un pasacalles colocado frente al local que decía “Aquí velamos a los compañeros socialistas”, desfilaron dirigentes gremiales políticos y sociales, con sus delegaciones. Sindicatos, como Smata-Córdoba, la Fotia, la lista Marrón de los metalúrgicos de Villa Constitución, Raimundo Ongaro de la Federación Gráfica, Di Pascuale del Sindicato de Farmacia, comisiones internas y cuerpos de delegados de todos los rincones del país hicieron llegar su repudio. En medio de un desfile permanente de gente en el velorio, se presentó Juan Carlos Dante Gullo, junto a otros dirigentes de la JP regionales (quienes aclararon que no concurrirán al acto del día siguiente por las diferencias políticas que manteníamos). Se pronunciaron la Unión Cívica Radical, el Partido Intransigente, el Partido Comunista, PCR, Política Obrera, entre otros.
 
Al fascismo no se lo discute, se lo destruye

El sábado se realizó un acto unitario y el entierro de los compañeros con cerca de cinco mil personas. Hubo más de veinte oradores. Entre los centrales estuvieron Juan Carlos Coral y Nahuel Moreno, por la dirección del PST, y el diputado nacional Rodolfo Ortega Peña, por el Bloque del Peronismo de Base. También hablaron Marcelo Stubrin, por la Juventud Radical, Julio Magri, por Política Obrera, así como Miguel Sorans, de la Juventud Socialista de Avanzada (JSA), Arturo Apaza, dirigente de Del Carlo y de la combativa lista Gris de la UOM de zona Norte (desaparecido en 1976) y Jorge Ávila, de la Comisión interna de Propulsora, los tres del PST.

En el acto, Nahuel Moreno, en nombre de la dirección del PST, llamó a la unidad de acción antifascista. (ver recuadro) “Hoy estamos acá gritando por la unidad de acción. [...] No queremos la unidad de acción para acompañar a nuestro cortejo. ¡La queremos para aplastar al fascismo y hacer el desfile de la victoria! [...] Al fascismo tampoco se lo discute. No es una tendencia política o intelectual. ¡Al fascismo, compañeros, se lo destruye en la calle, con los mismos métodos que ellos utilizan!”.3

Lamentablemente, aquel llamado a coordinar la acción antifacsista no fue atendido por las organizaciones presentes, salvo honrosas excepciones, como la de Ortega Peña y el Peronismo de Base. Pese a la continuidad de los ataques fascistas, aquel acto terminó siendo el último de su tipo hasta el golpe de 1976.

Hoy, a 50 años de la Masacre de Pacheco, recordamos a nuestros compañeros asesinados con las palabras que pronunció Moreno en aquel acto: “¡Eran grandes porque era grande la lucha de ellos, eran grandes porque es grande nuestro partido; eran grandes porque era grande su ideología! Murieron por lo que eran: socialistas, revolucionarios, internacionalistas legítimos y por todo ello queremos reivindicarlos.”4 Izquierda Socialista y la UIT-CI nos declaramos orgullosos continuadores de su lucha socialista y revolucionaria. Por eso decimos: ¡Tony, Tano e Hijitus! ¡Hasta el Socialismo, siempre!

1.  Ver en Ricardo de Titto. “Historia del PST”. Tomo 2. Ediciones CEHuS, Buenos Aires, 2018
2.  Ver “Avanzada Socialista” Nº 106, 4/6/1974. Disponible en www.nahuelmoreno.org  
3. Nahuel Moreno. “Discurso por la Masacre de Pacheco” (1974) Ediciones CEHuS, Buenos Aires, 2018. Disponible en www.nahuelmoreno.org  
4. Idem


Oscar Dalmacio Meza

En el partido lo conocíamos como Hijitus. Había venido de Corrientes en 1970 e inmediatamente ingresó en los astilleros Astarsa, en Tigre. En poco tiempo conquistó el reconocimiento de sus compañeros y fue elegido delegado de la sección Calderería. Lo habían reelegido poco antes de su asesinato por su actuación durante la toma del astillero el año anterior. Las deficientes condiciones de trabajo habían provocado la muerte de un compañero y Meza organizó la lucha contra la voluntad de la burocracia de la UOM que se oponía a la ocupación. Se impuso la toma y se logró un gran triunfo con la formación de una Comisión de Seguridad con participación obrera y la reincorporación de activistas despedidos anteriormente. En ese año de 1974, integró la lista de oposición en la seccional Vicente López de la UOM. Su actividad sindical estaba impregnada de un profundo sentido político y en poco tiempo, con 27 años, se había convertido en un jóven cuadro del Partido Socialista de los Trabajadores.


Mario Zidda

Había nacido en Italia y a los cuatro años llegó a nuestro país. Por eso le decíamos el Tano. Tenía apenas 22 años. Se incorporó a la lucha en 1972 en las movilizaciones de los colegios industriales siendo alumno de la Escuela Nacional de Educación Técnica Nº 1, de Tigre. Se incorporó a la Juventud Socialista de Avanzada, a la que le dedicó sus mejores energías. Era un cuadro de la juventud y un militante del Partido. Los compañeros que compartieron sus años de militancia recuerdan su gran abnegación. El Tano defendía sus ideas y el Partido con ímpetu. Justamente, intentaba defender el amenazado local partidario de Pacheco cuando cayó asesinado por las balas fascistas.


Antonio Moses

Todo en Tony transcurrió con gran intensidad. Recién salido de la colimba, donde sirvió en la escuela de paracaidismo, ingresó a la Universidad. Inmediatamente se convirtió en activista y dirigente de la lucha contra el ingreso de la Facultad de Ciencias Exactas. Allí conoce al Partido. Se destaca por dos razones, una humana, Tony se hacía querer fácilmente, era el animador de cada lugar en que participaba. Otra política, por la responsabilidad con que asumía las tareas partidarias que se le adjudicaban. Militó en años en que nuestro partido, el PST, comenzaba a utilizar los resquicios legales después de la dictadura de Lanusse. Esas actividades imponían defender los nuevos locales abiertos y defender nuestros compañeros en las manifestaciones, Tony fue uno de los compañeros que asumió esa tarea. Pero él quería más e ingresó en la metalúrgica Wobrón en el momento en que las bandas fascistas comenzaron a atacar nuestros locales y asesinaron al Indio Fernández. Combinaba su jornada en la fábrica con la tarea de proteger el local de Pacheco, de donde fue secuestrado y posteriormente asesinado. Toda la fábrica paró pasando por encima de la burocracia. El partido perdía un jóven cuadro que en sus pocos años de militancia se había mostrado inquebrantable.

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