Feb 26, 2020 Last Updated 3:00 PM, Feb 25, 2020

El 25 de enero de 1987 falleció Nahuel Moreno. Fue uno de los fundadores del troskismo en Argentina y en Latinoamérica, y el gran constructor de nuestra corriente política, que hoy tiene continuidad en Izquierda Socialista.

Escriben Francisco Moreira y Diego Martínez

Nahuel Moreno se inició en el troskismo, a principios de la década de los 40 en circunstancias muy difíciles. En 1940, León Trotsky, quien junto con Lenin había encabezado la revolución rusa, había sido asesinado por un agente estalinista. Trotsky era por lejos el dirigente más probado y capaz de la IV Internacional y su muerte dejó un gran vacío. Como si esto fuera poco una gran parte del os principales cuadros y dirigentes que habían trabajado codo a codo con Trotsky fueron asesinados a manos del stalinismo y el fascismo. Frente a esta situación la IV Internacional había quedado disgregada y su dirección fuertemente debilitada. Moreno solía decir que el suyo fue un troskismo “bárbaro”. Se formó políticamente sin la guía de una dirección sólida.

Moreno se desarrolló como dirigente en el período posterior a la segunda guerra mundial. Fue una etapa signada por grandes revoluciones, como la China y la cubana, que contradictoriamente fueron dirigidas por aparatos contrarrevolucionarios que se fortalecieron al calor de esos grandes triunfos de la lucha de clases. Una parte importante de los dirigentes de la IV Internacional sucumbieron ante estas direcciones, adaptándose a ellas de forma oportunista. Otro sector se aisló sectariamente de estos procesos planteando que no hubo revoluciones. Moreno tuvo el mérito de participar e impulsar activamente los procesos de la lucha de clases de esta etapa sin capitular ante sus direcciones. Por eso creemos que es el dirigente troskista de la posguerra que mejor pasó la prueba.

Los inicios en el movimiento obrero

En 1944, Moreno fundó el Grupo Obrero Marxista (GOM), sacando al movimiento trotskista argentino de los debates de café y llevándolo al movimiento obrero. Un pequeño grupo de jóvenes del barrio porteño de Villa Crespo, aconsejados por Mateo Fossa, un gran dirigente obrero de la época, se ligaron a las huelgas de uno de las principales zonas industriales de la época, Avellaneda, en la zona sur del gran Buenos Aires, con el simple precepto de ponerse a disposición de lo que necesiten los trabajadores sin “bajar línea”. Así fue que se fueron ganando la confianza de los principales activistas, el grupo se fue a vivir al barrio de Villa Pobladora y se dieron los primeros pasos de la construcción del partido en el seno del movimiento obrero. Desde entonces Moreno y nuestra corriente fueron fanáticos de acercarse a las “pobladoras” de cada lugar donde el partido tuviese la oportunidad de construirse pegado al movimiento obrero.

Sin embargo no eran épocas sencillas para construir el troskismo en la clase obrera. Una gran mayoría de la clase trabajadora argentina estaba siendo ganado por el peronismo, que había otorgado importantes concesiones a los sectores obreros y populares. Nuestra corriente señaló, sin embargo que el peronismo era un movimiento burgués, que no había que depositar ninguna confianza en él y que por su carácter conciliador esas conquistas se podían perder. Esta definición no nos impidió luchar codo a codo junto a los activistas obreros que se identificaban como peronistas cuando vino el golpe gorila de 1955, orquestado por el imperialismo yanqui, contra la actitud del propio Perón quien se entregó pacíficamente y no movilizó a la clase trabajadora para dar la pelea.

Debates en la IV Internacional

En 1948 ocurrió un hecho muy importante en la historia de nuestra corriente que fue la participación en el II congreso de la IV Internacional, el primero que se realizaba después de la muerte de Trotsky. Para Moreno y para nuestro partido fue una gran experiencia y de allí sacamos como conclusión la importancia de ser parte de una organización internacional por más pequeña que esta sea. Desde entonces nuestra corriente tiene la obsesión por construir partidos en todas partes del mundo y por estar abiertos a la fusión con otras corrientes revolucionarias, así provengan de trayectorias diferentes a la nuestra.

En ese congreso de 1948 se eligió a la dirección de la internacional, encabezada por el griego Michel Pablo y el belga Ernest Mandel. Moreno la definió como una dirección inexperta, impresionista, formada en ámbitos intelectuales y no en la lucha de clases y sostuvo duras polémicas con ella.
Pablo y Mandel comenzaron a imponer una línea de permanente capitulación a los partidos comunistas que seguían al aparato de la URSS encabezado por Stalin y a los nacionalismos burgueses en Latinoamérica, Asia y África, como así también posteriormente al castrismo. Moreno alertó que esa orientación oportunista llevaba a renunciar a la construcción de partidos revolucionarios y al hundimiento de la Internacional e hizo especial hincapié en los setenta en la polémica con la política de elevar la táctica de la guerrilla, que se había mostrado como correcta para la revolución cubana, al plano estratégico, planteando que había impulsar la guerrilla en todos los países de Latinoamérica. Moreno sostuvo que este planteo llevaría al desastre a generaciones enteras de luchadores y sería contraproducente para el desarrollo de la revolución latinoamérica. Seguía los consejos de Lenin, quien había planteado que había que ser firmes en los principios y en el programa revolucionario y flexible en la tácticas, acoplándose a las formas de lucha que de la clase obrera y los sectores populares en cada parte del mundo.

La necesidad de partidos revolucionarios y la Cuarta

Pasaron más de treinta años del fallecimiento de Moreno y el capitalismo sigue aún sumido en una crisis crónica. Ante sus nefastas consecuencias millones en el mundo se levantan y protagonizan heroicas rebeliones y revoluciones. Las luchas de la clase obrera y los pueblos logran, muchas veces, enormes triunfos. Pero a pesar de ellas, el capitalismo aún no ha caído. Es que al frente de estas luchas surgen direcciones que dicen que existe una salida a la crisis en los marcos del capitalismo, como las experiencias ya fracasadas del falso “socialismo del siglo XXI” de Chávez, Evo o Lula. Frente a ellas es necesario recordar las enseñanzas de Moreno, quien afirmaba que no hay salida de fondo si la clase trabajadora no toma el poder, expropia a la burguesía y al imperialismo y comienza a construir el socialismo. Y que esta no es una tarea nacional, sino que forma parte de algo mucho más grande, la revolución socialista internacional.

Por eso sigue vigente el desafío de construir un partido y también una internacional revolucionarios. Esta la inmensa tarea que continuamos impulsando desde Izquierda Socialista y la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores–Cuarta Internacional.


“Ser trotskista hoy” (Nahuel Moreno)

 En agosto de 1985, en un reportaje, Moreno resumió las definiciones centrales del trotskismo, destacándose la necesidad de construir partidos revolucionarios y la Cuarta Internacional. Este es uno de los legados por el que continuamos batallando desde Izquierda Socialista y la UIT-CI.

“[Ser trotskista] significa defender las posiciones de principio del socialismo, del marxismo. […] En el aspecto positivo, ser trotskista es responder a tres análisis y posiciones programáticas claras. La primera, que mientras exista el capitalismo en el mundo o en un país, no hay solución de fondo para absolutamente ningún problema: empezando con la educación, el arte y llegando a los problemas más generales del hambre, de la miseria creciente. Unido a esto, aunque no es exactamente lo mismo, el criterio de que es necesaria una lucha sin piedad contra el capitalismo hasta derrocarlo, para imponer un nuevo orden económico y social en el mundo, que no puede ser otro que el socialismo. Segundo problema, en aquellos lugares en donde se ha expropiado a la burguesía (hablo de la URSS y de todos los países que se reclaman del socialismo), no hay salida si no se impone la democracia obrera. El gran mal, la sífilis del movimiento obrero mundial es la burocracia (…) Y la tercera cuestión, decisiva, es que es el único consecuente con la realidad económica y social mundial actual, cuando un grupo de grandes compañías trasnacionales domina prácticamente toda la economía mundial. A este fenómeno económico social hay que responderle con una organización y una política internacional. […] Para eso, es necesario retomar la tradición socialista de la existencia de una internacional socialista, que encare la estrategia y la táctica para lograr la derrota de las grandes trasnacionales que dominan al mundo entero, para inaugurar el socialismo mundial. […] Por eso, la síntesis, del trotskismo hoy día es que los trotskistas son los únicos en el mundo entero que tienen una organización mundial (pequeña, débil, todo lo que se quiera) pero la única internacional existente, la Cuarta Internacional, que retoma toda la tradición de las internacionales anteriores y la actualiza frente a los nuevos fenómenos, pero con la visión marxista: que es necesaria una lucha internacional.”

 

Escribe Adolfo Santos

El próximo 9 de noviembre se cumplen 30 años de uno de los acontecimientos políticos más importantes del último siglo: la caída del Muro de Berlín. Para algunos, los acontecimientos de 1989, significaron el triunfo del capitalismo sobre el socialismo. Llegaron a afirmar que era el “fin de la historia” y sectores de la izquierda lo vieron como una derrota de la clase trabajadora mundial. Los socialistas revolucionarios tenemos otra visión.

La caída del Muro de Berlín causó una sorpresa mundial. Los medios de comunicación, asistían y relataban exultantes como aquella infranqueable barrera de hierro y cemento, que durante 45 años había dividido el territorio alemán, separando familias, amigos y generando un trauma social espantoso, se derrumbaba bajo la incontenible fuerza de la movilización popular.

Algunos medios, intentaron explicar el hecho adjudicándolo a una jugada magistral del capitalismo imperialista, encabezado por el entonces presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, junto al Papa Juan Pablo II y con la complicidad de Gorbachov. Hasta el día de hoy, el presidente ruso Vladimir Putin, dice que “Gorbachov se equivocó”, como si ese proceso histórico hubiera sido determinado por el acuerdo entre unas pocas figuras influyentes.

Ninguno de esos personajes, ni mucho menos el viejo dictador de la República Democrática Alemana, Erich Honecker, planificaron ese hecho. Al contrario, a todos les convenía mantener el “status quo” establecido al final de la segunda guerra mundial, cuando mediante los Pactos de Yalta y Potsdam, firmados por Churchill, Roosevelt  y Stalin, se repartieron el mundo con el compromiso de que el Kremlin limitaría su dominio sobre los países del este europeo e iría a colaborar para evitar revoluciones en el resto del mundo.

Por eso es importante resaltar que la caída del Muro de Berlín, no se limitó solamente a la reunificación de las dos Alemanias, lo que por sí solo sería una gran victoria. Ese proceso significó el derrumbe del aparato estalinista mundial que mantenía encorsetado el movimiento de masas y puso fin al acuerdo entre el imperialismo y la burocracia soviética. Un acuerdo contrarrevolucionario que llevó a los PC’s a traicionar revoluciones o cuando no lo conseguían, desviarlas para que no avancen.

Hasta 1989, el imperialismo había apelado al peso del PC, de Moscú y sus agentes locales para  evitar las revoluciones. Así actuaron para impedir nuevas Cubas, abortando procesos como el de Nicaragua o El Salvador. En Europa jugaron un papel similar en el Mayo Francés del ‘68 o en la revolución de Portugal del ’74. El estalinismo ahogó rebeliones apoyando dictaduras en los países africanos o enviando los tanques contra los levantamientos antiburocráticos del este europeo, como ocurrió en Hungría del ’56 y Checoslovaquia del ’68.

Esas traiciones, combinadas con las graves crisis económicas que afectaban los países del llamado “socialismo real”, crearon el caldo de cultivo donde se fue incubando un proceso de levantamientos y rebeliones que tuvieron en la caída del Muro de Berlín el hecho más destacado, acabando también con las dictaduras establecidas en Polonia, Hungría, Rumania y los demás países bajo el control estalinista incluyendo Rusia.

La reunificación alemana, por tanto, fue el resultado de un proceso de movilizaciones de las masas del Este europeo exigiendo democracia y bienestar, frente al deterioro de sus condiciones de vida impuestas por una economía dependiente del imperialismo, producto del estancamiento de la revolución mundial por la política estalinista. Sin embargo, debido a las ilusiones generadas en relación a las bondades del capitalismo y a la falta de una dirección revolucionaria, estas movilizaciones, no fueron capaces de evitar la restauración capitalista.

Pero a pesar de las fuertes contradicciones que generaron en la conciencia de los trabajadores, los socialistas revolucionarios consideramos que la caída del Muro de Berlín fue un hecho positivo, ya que el imperialismo perdió su principal aliado para frenar al movimiento de masas y hoy tiene mayores dificultades para controlar las rebeliones y movimientos revolucionarios que genera la profunda crisis del sistema capitalista, como lo demuestran los procesos en curso en Ecuador, Chile, Líbano, Irak y otros países.


Las contradicciones del triunfo

Decir que fue un hecho positivo no significa desconocer las contradicciones que generó la caída del Muro. Uno de los mayores problemas, fue que ese proceso de revolución política no consiguió parar el curso restauracionista que había iniciado la burocracia estalinista mucho antes de 1989.
En todos los países donde dominaba la política estalinista, se pudo avanzar en la restauración del capitalismo por la alianza de la burocracia con el imperialismo y las multinacionales y porque en ese proceso no surgió una dirección revolucionaria capaz de evitarla. La falta de una alternativa anti restauracionista, generó una inmensa confusión en la cabeza de millones de trabajadores que creyeron que con el capitalismo podrían tener, además de libertades, conquistas sociales cualitativas.

Los casi setenta años de opresión estalinista, fueron el motor capaz de mover las masas contra esas dictaduras. Eso fue aprovechado por la propaganda imperialista para martillar sobre el fracaso del socialismo. A esto se sumó la izquierda reformista, ex estalinistas, los castro-chavistas que comenzaron a hacer ideología de que el fracaso del “socialismo real” era por “exceso de estatismo” y del régimen de partido con centralismo democrático creado por Lenin. De ahí inventaron nuevas fórmulas, como las del “socialismo del siglo XXI” entrelazados con las multinacionales y los empresarios. Y a partir de la teoría de que el leninismo fue lo que originó la burocracia estalinista, algunos de estos sectores proponen partidos horizontalistas, sin centralismo democrático, o que se niegan a disputar el poder.

Sin embargo los hechos de la realidad colocan en jaque estas nuevas teorías. Con la crisis económica de 2007/2008, se ha desarrollado un proceso de luchas a nivel mundial que cuestionan el propio sistema capitalista provocando avances importantes en la conciencia del movimiento de masas. Es lo que vemos en los procesos en curso, donde reivindicaciones mínimas como el aumento de pasajes o la aplicación de un impuesto, se convierten en rebeliones que cuestionan seriamente el sistema capitalista y sus organismos que los representan, como el FMI. Esto nos abre posibilidades inmensas para pelear por el programa, las consignas y una organización con centralismo democrático, independiente, de los trabajadores y el pueblo, que nos conduzca a la revolución socialista.


Hay otros muros para derribarHay otros muros para derribar

“El Muro de Berlín era la noticia de cada día. De la mañana a la noche leíamos, veíamos, escuchábamos: el Muro de la Vergüenza, el Muro de la Infamia, la Cortina de Hierro... Por fin, ese muro, que merecía caer, cayó. Pero otros muros han brotado, siguen brotando, en el mundo, y aunque son mucho más grandes que el de Berlín, de ellos se habla poco o nada. Poco se habla del muro que Estados Unidos está alzando en la frontera mexicana […] Casi nada se habla del Muro de Cisjordania, que perpetúa la ocupación israelí de tierras palestinas y de aquí a poco será 15 veces más largo que el Muro de Berlín. Y nada, nada de nada, se habla del Muro de Marruecos, que desde hace 20 años perpetúa la ocupación marroquí del Sáhara occidental [...]” Extracto del texto “Muros”, del escritor y periodista Eduardo Galeano, denunciando la hipocresía de los medios de comunicación mundial. (Página12 23/04/2006).

 

En 1949 la revolución china sacudió al mundo. En el país más poblado de la tierra caía la dictadura de Chiang Kai Shek. Una revolución socialista encabezada por Mao Tse Tung expulsó al imperialismo y expropió a los terratenientes y burgueses chinos.

China tenía una población en su abrumadora mayoría de campesinos muy pobres. La tradición eran las periódicas hambrunas. Gracias a la expropiación de la burguesía y la planificación, a pesar de la burocracia del Partido Comunista de China (PCCH) y la falta de libertades, cambió por completo la vida del pueblo chino.

Desde el inicio de la revolución socialista en 1949, en China se fue saliendo de su milenario atraso. Lo más importante fueron los logros sociales. En la década del sesenta, era común escuchar que “casi mil millones de chinos habían logrado comer un tazón de arroz, tener un reloj y una bicicleta”. A fines de los setenta el consumo medio de alimentos (en calorías) estaba un poco por encima de la media mundial y por encima de 14 países americanos. El 96 por ciento de los niños estaban escolarizados.

70 años después gran parte de esas conquistas sociales se perdieron fruto de la restauración del capitalismo. Desde 1978 la propia conducción del PCCH inició un proceso de vuelta al capitalismo. La entrada de las leyes capitalistas y de más de 70 mil multinacionales, significó millones de obreros y campesinos bajo trabajo semiesclavo, con salarios de miseria, caída del sistema de salud y educación estatal y gratuita y mayor deterioro del ambiente.

A raíz de este aniversario la editorial Cehus (Centro de Estudios Humanos y Sociales), reedita los escritos de Nahuel Moreno que en los años sesenta fue dando sus posiciones políticas ante estos cambios colosales. En los ochenta tempranamente alertaba sobre la capitulación de la burocracia del PCCH al imperialismo y las concesiones al capitalismo. Textos de otros autores documentan el avance de la restauración de la mano de la burocracia del Partido Comunista, y la nueva ubicación de China del siglo XXI como una potencia capitalista.

El pasado 28 de agosto se realizó la señalización de la entrada de la empresa Siderar (ex Propulsora) del Grupo Techint en Ensenada. Esta fábrica proveía de láminas de acero a otras ramas de la industria. Pero su importancia estuvo en la tradición de lucha de sus obreros. Por haber protagonizado grandes peleas, sus trabajadores fueron castigados por la represión de Isabel Perón y la dictadura.

En el acto donde se homenajeó a los trabajadores asesinados y desaparecidos estuvo presente la Comisión por la Masacre de La Plata, exigiendo justicia por los compañeros del PST, en particular, por Carlos Scafide, obrero de la fábrica y militante del PST asesinado en enero de 1976. Tras el homenaje, Jorge Ávila y José Rusconi, quienes fueron delegados combativos en la fábrica en dos periodos, comentaron:

- Jorge: Entré en la fábrica en 1969. Fui elegido varias veces como delegado de administración por la lista Blanca, opuesta a la Azul de la burocracia de la UOM. En esos años ingresé al PST. En 1974, pese al Pacto Social, los trabajadores de Propulsora fuimos a la huelga. Primero, con varios días de toma de fábrica hasta que fuimos desalojados. Luego seguimos con movilizaciones. En definitiva, tras una larga lucha le arrancamos a la empresa un 40% de aumento. ¡Algo inédito! Pero vinieron las represalias. Sufrimos el secuestro de Carlitos, un compañero del PST que, junto a otro activista, fueron asesinados y sus cuerpos dinamitados. Pero recién con el golpe se produjo el desbande del activismo. Días antes, sectores de la empresa avisaron a varios trabajadores que venía el golpe. Esto demuestra la complicidad de la patronal (la familia Rocca) con los militares. Por eso hoy soy testigo de una causa que investiga esa complicidad.

- Pepe: Yo entré a la planta en 1979, bajo la dictadura, y ya era militante del PST. Con Jorge y Carlitos había compartido actividades siendo parte de la JS. Con la apertura democrática en 1983 fui parte de una camada de activistas que desplazamos nuevamente a los delegados impuestos por la burocracia, que volvimos a practicar la democracia sindical. Fui despedido en 1987. Pero esa fue nuestra escuela de militancia trotskista morenista, que sigo reivindicando hoy en día.

Los días 4 y 5 de septiembre de 1975 ocho compañeros del PST de La Plata, partido antecesor de Izquierda Socialista, fueron secuestrados y asesinados por bandas fascistas que actuaban al amparo del gobierno peronista de Isabel Perón. Fue la antesala del golpe de marzo de 1976. José Rusconi, quien por entonces era un joven militante del PST, recuerda así los hechos.

Escribe José “Pepe” Rusconi

El 5 de septiembre era un día más en La Plata. Al mediodía, con Patricia Claverie volvíamos de realizar una actividad militante. Éramos dos estudiantes veinteañeros entusiasmados con nuestra militancia. Ella había llegado a estudiar desde Bahía Blanca y yo desde Lobos. Ambos pertenecíamos a la Juventud Socialista del Partido Socialista de los Trabajadores (PST). Me despedí de Patricia en las puertas del Banco Nación, donde yo había comenzado a trabajar. Ella siguió camino hacia nuestro local de la calle 54 entre 8 y 9. Esa sería nuestra despedida definitiva y aquel día dejaría de ser uno más.

Esa misma tarde me llegó la noticia de que cinco compañeros no aparecían desde la noche anterior. Ellos eran: Roberto “Laucha” Loscertales, que había sido dirigente estudiantil en la Facultad de Ingeniería (UNLP) y trabajaba en Propulsora Siderúrgica (hoy Siderar); Adriana Zaldúa, estudiante de Arquitectura y trabajadora del Ministerio de Obras Públicas; Hugo Frigerio, trabajador y delegado gremial del mismo ministerio; Ana María Guzner Lorenzo, trabajadora no docente de la UNLP y Lidia Agostini, joven odontóloga recién recibida. La noche anterior, los cinco se habían dirigido a la fábrica Petroquímica Sudamericana de Olmos (hoy Mafissa) para llevar dinero que se había recolectado para aportar al fondo de huelga de los trabajadores.

Cuando salí del trabajo, me dirigí rápidamente al local. Al ingresar, detrás de mí, cerraron las puertas. ¿La razón? Un ratito antes, cuatro compañeros habían salido con destino al Ministerio de Obras Públicas con volantes que denunciaban el hecho. Pero justo a la vuelta del local, sobre la calle 8, una de las compañeras, que se había agachado para atarse los cordones, vio cómo los otros tres compañeros eran obligados a ingresar a dos autos por personas armadas con fusiles. Los compañeros secuestrados eran Oscar Lucatti, trabajador del Ministerio de Obras Públicas; Carlos “Diki” Povedano, trabajador de una repartición pública de la época llamada Previsión Social; y la misma Patricia Claverie, con la que habíamos compartido la actividad unas horas antes.

Bandas fascistas amparadas por Isabel Perón

Nos quedamos en el local toda la noche. Nadie salía porque no sabíamos qué nos podía pasar. En la madrugada comenzaron a llegar noticias. Supimos que los compañeros habían sido “levantados” por un grupo fascista que actuaba en la ciudad. Era la época de las bandas de extrema derecha como la Triple A, la CNU (Concentración Nacionalista Universitaria) y CDO (Comando de Organización), que habían comenzado a actuar al amparo del gobierno de Perón, organizadas por su ministro López Rega.

Perón había regresado al país en 1973 con el objetivo de derrotar el ascenso obrero y popular inaugurado por el “Cordobazo” de 1969. Con su “Pacto Social” había intentado contener la lucha de los trabajadores, congelando los salarios y suspendiendo las negociaciones colectivas de trabajo. Pero los trabajadores salieron a reclamar contra la creciente inflación. Por eso Perón y, tras su muerte su vicepresidenta Isabel, respondieron con una brutal represión. Las bandas fascistas contaron con zonas liberadas para actuar. En junio de 1975, la movilización obrera conocida como “Rodrigazo” se llevó puesto al ministro de Economía, Celestino Rodrigo, a López Rega y dio por tierra con el plan de ajuste. La burguesía comenzaría entonces a preparar el golpe.

Su ejemplo y su lucha por el socialismo continúan

Los cuerpos de los primeros compañeros fueron hallados sin vida en La Balandra (Berisso), donde habían sido acribillados a balazos. Posteriormente se encontraron el resto de los cuerpos. El partido organizó el velorio a cajón cerrado debido al estado en que la tortura y el fusilamiento los había dejado. Al velatorio se acercaron delegaciones de obreros de diferentes fábricas y comisiones internas de la región, muchas de las cuales habían recibido la solidaridad de nuestros compañeros y el partido en sus luchas.

Aquel no fue el primer golpe que sufrió el PST, ni sería el último. Ya habíamos sufrido la masacre de Pacheco, tras lo cual habíamos promovido la unidad de acción antifascista, organizar la autodefensa obrera y nos había obligado a tomar medidas de semiclandestinidad. Nuestro partido, que se había instalado con mucha fuerza en la realidad de la lucha del movimiento obrero y era una referencia dentro de la izquierda y los luchadores, pagó con algunos de sus mejores militantes enfrentar al gobierno capitalista y el golpe. Para nuestra regional de La Plata fue un hecho terrible. La Masacre de La Plata quedará grabada en nuestra memoria.

Pero no fue en vano. Nuestra lucha y la de nuestros compañeros y compañeras del PST no son sólo un simple recuerdo para homenajear en estas fechas, sino un ejemplo de lucha coherente por el socialismo, sin claudicar a los cantos de sirenas de quienes dicen ser salida para los trabajadores y terminan siendo la tabla de salvación del sistema explotador y opresor capitalista. Nuestro partido, Izquierda Socialista, que continúa exigiendo justicia por nuestros compañeros y compañeras del PST, es orgulloso continuador de su política obrera y socialista. Por eso seguimos levantando como el primer día nuestros puños bien en alto y decimos: ¡compañeros y compañeras asesinados y detenidos-desaparecidos del PST! ¡Hasta el socialismo, siempre!

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