Nov 27, 2021 Last Updated 3:48 PM, Nov 26, 2021

Escribe Martín Angel, referente de Ambiente en Lucha y de Izquierda Socialista de La Rioja.

(Nota publicada en El Socialista 490, 26 de enero 2021)
 
Desde 1993, con Menem, se vienen explotando todos los recursos naturales al servicio de las ganancias de grandes multinacionales que, a cambio, dejan territorios saqueados y contaminados. Se llevan todo, pagan retenciones mínimas, no están obligadas a resolver el pasivo ambiental y generan menos de 1% de trabajo genuino en el país. La promesa de salvar la crisis con la megaminería es otro verso.

Por eso desde 2012 el pueblo de La Rioja le dice “No a la Megaminería”. Con imponentes movilizaciones se echó a la Barrick Gold y a Osisko Mining Corporation. Les dijimos que “acá no pasarán”.
No nos olvidamos de que estando Néstor Kirchner en el gobierno, en 2006, se trazó el Plan Estratégico Territorial, y durante el gobierno de Cristina, con Milani, se votó la Ley Antiterrorista que puso en marcha el Proyecto X. Hoy vuelven a insistir. Proyectan una inversión millonaria para el corredor bioceánico y la línea eléctrica minera mientras nuestros sueldos están entre los más bajos del país.

Desde Izquierda Socialista y Ambiente en Lucha repudiamos la nueva intentona de este gobierno peronista de Alberto Fernández que, junto al gobernador Ricardo Quintela, pretenden reactivar el doble discurso de que “con el oro de Famatina salimos de la crisis”.
Fernández dijo en una visita a nuestra provincia, ante el silencio cómplice del gobernador Quintela, sus ministros y laderos: “En Chilecito se fundó la primera sucursal del Banco Nación porque el Famatina traía la plata que hacía rica a la Argentina, y esa riqueza está acá, en el norte argentino”.
Una vez más decimos que no habrá megaminería en La Rioja y apoyamos y nos solidarizamos con todas las provincias precordilleranas, San Juan, Catamarca, Mendoza, Neuquén, Chubut y Santa Cruz, que vienen luchando y resistiendo contra la instalación de las megamineras del gobierno y las multinacionales. Llamamos a unirnos contra la política de explotación, saqueo y contaminación de los gobiernos patronales.

Escribe Gabriel Massa

Desde sus orígenes mismos hace más de 500 años el capitalismo ha sido responsable de horribles genocidios y otras formas igualmente espantosas de someter a los pueblos. Para imponer esos genocidios y para someter a los pueblos el capital utilizó y utiliza armas y métodos de producción cada vez más sofisticados. La ciencia bajo el capitalismo siempre ha estado subordinada al objetivo central de los empresarios: aumentar incesantemente la explotación de la naturaleza y de las y los trabajadores. Expresiones extremas de esa realidad son los horribles experimentos de los nazis con los prisioneros y el desarrollo de la bomba atómica que Estados Unidos terminó lanzando sobre Hiroshima y Nagasaki, con lo que el imperialismo inició e impuso la carrera armamentista que continúa al día de hoy.

Frente al poder y la explotación capitalista siempre ha habido una ciencia rebelde dedicada, no a sostener y facilitar la explotación y opresión de los pueblos, sino a construir las bases científicas para superar el capitalismo y construir una sociedad superior, el socialismo. El marxismo es la máxima expresión de esa ciencia rebelde al servicio de la revolución y la construcción del socialismo.

Los trabajos del epidemiólogo evolucionista marxista estadounidense Rob Wallace se inscriben en esa tradición de la ciencia rebelde. Su libro “Big farms make big flues” (“Grandes Granjas traen Grandes Gripes”) explicó como la agro-industria, con su concentración de millones de animales de cría en establecimientos agropecuarios atendidos por miles de trabajadoras/es, crea las condiciones para el salto de virus de animales a humanos, generando nuevas enfermedades bacteriales y virósicas.
Su nuevo libro, de reciente aparición, Dead Epidemiologists, (Epidemiólogos Muertos) actualiza esa visión a partir de las enseñanzas de la pandemia de covid-19. Pero al hacerlo aporta a nuestra comprensión de la realidad del capitalismo hoy y en ese camino nos informa de grandes avances de la ciencia de la evolución de las especies. Intentamos sintetizar algunas de esas enseñanzas.

En primer lugar, Wallace en conjunción con un equipo de especialistas, demuestra categóricamente que la agroindustria es hoy un factor central del modo de producción capitalista.

En segundo lugar la agroindustria, tal como existe desde sus inicios, tanto en la producción animal como en la de cultivos, constituye una invasión destructiva del ecosistema. Es decir, no puede haber agroindustria capitalista sin contaminación de la tierra, del agua, del subsuelo y sin cambio climático. Por lo tanto la única manera de terminar con la destrucción del ecosistema es terminar con el capitalismo.

En tercer lugar la agroindustria es una forma de sometimiento de las poblaciones rurales a la proletarización, es decir a la transformación de lxs campesinxs independientes en trabajadorxs asalariadxs de las empresas capitalistas. O, alternativamente, mantiene a lxs productorxs independientxs subordinadxs a las necesidades de las empresas, imponiéndoles los procesos de producción menos rentables y más contaminantes.

Un aspecto fundamental de esto es lo que sucede con la agricultura. Los cultivos genéticamente modificados producidos por las grandes multinacionales han dado lugar al desarrollo de nuevas malezas resistentes al avance de esos cultivos y también a los agrotóxicos que se utilizan para combatirlas. Los pequeños y medianos productores se ven obligados a utilizar las semillas de las multinacionales y sus agrotóxicos. Poblaciones humanas enteras se ven contaminadas por el uso de esos agrotóxicos. La única manera de terminar con este mecanismo es expropiar a las multinacionales e imponer formas de producción de alimentos adecuados al medio ambiente.

En cuarto lugar, la producción agroindustrial de animales genera la condición para la incesante aparición de nuevos virus con la capacidad de saltar entre especies, incluyendo de animales a seres humanos. La teoría evolucionista tradicional reconocía la transmisión de los genes de los animales que mejor lograban adaptarse a condiciones cambiantes de la naturaleza a su descendencia, salto descendente, como única vía de evolución de las especies. Rob Wallace y su equipo demuestran categóricamente que, como se da en el caso del covid-19, transmitido de un animal (posiblemente un murciélago) a los seres humanos, el salto lateral de los virus y microbios entre distintas especies es otra vía fundamental de la evolución.


Lo dicho hasta aquí no agota ni mucho menos la riqueza del nuevo libro de Rob Wallace y su equipo. Al servicio de difundir sus enseñanzas, ofrecemos a continuación una traducción al español de uno de los capítulos de este texto, “El origen de patógenos agroindustriales”.

https://drive.google.com/file/d/1Xh7TcsadWvLUa3h7CLcnhymQcxWKVdd2/view?usp=sharing

 

Escribe José Castillo

En medio de la pandemia del coronavirus el capitalismo imperialista ha mostrado, una vez más, su verdadera cara: la búsqueda insaciable de ganancias a costa, en este caso, de la vida de millones de personas en el planeta. Los que más lo sufren una vez más, son los trabajadores y los pueblos sometidos del planeta.

Las principales empresas transnacionales farmacéuticas del mundo, las mismas que son responsables de innumerables casos de depredación ambiental, monopolizan las patentes de las vacunas contra el coronavirus. Esos pulpos internacionales, compitiendo entre ellos, han generado un verdadero colapso: el acceso a la vacunación, vital en estos momentos, es un problema en prácticamente todos los países de todos los continentes. Se han firmado contratos por miles de millones de dólares, con cláusulas leoninas a favor de las farmacéuticas (como la que se acaba de conocer entre Pfizer y el gobierno de Brasil) y aún así estas multinacionales, abusando de su poder monopólico, no entregan las dosis en tiempo y forma, generando colapsos sanitarios en muchísimos países.

Muchos países, a partir de su tecnología propia, hoy están en condiciones de producir sus propias vacunas. Pero no pueden hacerlo, ya que las multinacionales farmacéuticas tienen la “propiedad privada” sobre las patentes y no lo permiten. La Organización Mundial de la Salud, países como Sudáfrica e India e innumerables personalidades se han pronunciado por la suspensión de las patentes sobre vacunas y otros medicamentos vitales para el tratamiento del Covid 19. Incluso se ha llevado el caso ante la Organización Mundial de Comercio. Por supuesto, el imperialismo yanqui, junto con los propios pulpos transnacionales, son los primeros en oponerse.

El caso argentino: las vacunas están en Garín

En nuestro país, el empresario Hugo Sigman, amigo del presidente Alberto Fernández, con su empresa mAbxience, está produciendo vacunas en la ciudad de Garín. Ya se han producido millones de dosis, lo que demuestra que nuestro país forma parte de aquellos que tiene el conocimiento y la tecnología para hacerlo. Pero las vacunas son “propiedad” de la multinacional AstraZeneca, y enviadas a los Estados Unidos. Con la excusa de que el proceso final, que incluye el envasado en vidrio, se hace en ese país. ¡Cómo si nuestro país no contara con varias empresas y laboratorios que pueden realizar y supervisar ese paso!

No hay excusas: el único motivo por el que las vacunas no quedan en el país, donde podrían haber solucionado ya la crisis vacunatoria, es la defensa de la “propiedad privada” de la patente de AstraZeneca.
¡No a las patentes! ¡Que las vacunas queden en el país!

Desde Ambiente en Lucha nos sumamos a la campaña internacional por la suspensión de las patentes que viene llevando adelante la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores - Cuarta Internacional (UIT-CI). Y también a la exigencia que,lanzada desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad, plantea la incautación de las vacunas producidas en Garín y la intervención de la empresa para que sean utilizadas en inmunizar ya mismo a toda la población de riesgo de nuestro país. Por eso el 14 de abril, día en que la Organización Mundial de Comercio se reúne para debatir el tema, nos sumamos a la Jornada Internacional por No a las patentes y vacunas para todas y todos.

La lucha contra las patentes y las transnacionales involucradas (y sus socios locales) es estratégica en pelea por la defensa del ambiente. Son los mismos que, con sus fórmulas secretas, envenenan poblaciones, cursos de agua, liquidan biodiversidad, contribuyen al calentamiento global, todo bajo el altar de la sacrosanta propiedad privada capitalista y sus ganancias. Desde Ambiente en Lucha sostenemos que la defensa del ambiente, de nuestra casa común, está estrecha e íntimamente asociada a la pelea contra el capitalismo imperialista, por otro sistema, sin explotación ni opresión y que plantee una relación armónica entre los seres humanos y la naturaleza: el socialismo.

Escribe José Castillo

Desde 1993, se celebra cada 22 de marzo el Día Mundial del Agua. Sin embargo, pese a que hace ya casi treinta años que existe ese día “de concientización”, 2.200 millones de personas, casi un tercio de la población mundial, no tienen acceso a este recurso vital y otras 4.200 millones viven sin servicios sanitarios adecuados.

El agua se va transformando, cada día más, en una mercancía que hay que comprar en el mercado. Llegó al extremo de que, el año pasado, empezó a cotizar en las Bolsas de valores mundiales, como el oro, la soja o el trigo. Una expresión de a dónde nos está llevando el capitalismo imperialista en su crisis y su sed de superganancias.

Nuestro país no es ajeno a esta apropiación del agua por parte de las transnacionales y también de los empresarios locales. Todo con la vista gorda y en muchos casos la anuencia y complicidad de los gobiernos nacional, provinciales y municipales de cualquier signo político. Poblaciones enteras ven la contaminación de sus ríos, lagos y lagunas, producto del uso que hacen la megaminería y el fracking. Rios fundamentales como el Paraná son de hecho privatizados y saqueados como es el caso de la hidrovía del Paraná. Una enorme cantidad de humedales están en riesgo, con la consiguiente pérdida de la biodiversidad que contienen. Y el pueblo trabajador ve cómo se privatiza y cierra incluso el mínimo acceso al río para esparcimiento, como sucede en la ciudad de Buenos Aires con el proyecto de Costa Salguero, o las poblaciones de Santa Fé con los puertos privados al servicio de las exportaciones de las pulpos transnacionales.

El año pasado, ya en plena pandemia del Covid 19, se llegó al extremo de contagiados en las villas de la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires por el no acceso a la red de agua, lo que hizo difícil incluso el elemental cuidado de lavarse constantemente las manos.
Concientizar y salir a pelear por el acceso al agua potable para todas y todos, por el derecho al disfrute de nuestros ríos, lagos y lagunas, por el cuidado de nuestros humedales es estratégico en un país como el nuestro, asentado en medio del Acuífero Guaraní, una de las reservas de agua dulce más grandes del mundo.  

Por eso, el pasado 22, miles participamos en distintos actos y movilizaciones en nuestro país. Desde la Coordinadora Plurinacional Basta de Falsas Soluciones se organizaron acciones en la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Río Negro, La Rioja y Neuquén. En la convocatoria se planteaba: “Las mega corporaciones, el Estado y los gobiernos son responsables, y el reclamo hacia estos actores es cada vez más fuerte, inocultable por los medios hegemónicos. Repudiamos la represión a los pueblos, a les activistas y el racismo que acompaña su accionar persecutorio. La megaminería, el fracking, el agronegocio, la industrializacion animal,  la exploración sísmica, el embalse de ríos y tantas otras actividades, las que desprecian la naturaleza utilizando el agua como un material de descarte, son las diferentes caras del extractivismo que destruyen los ecosistemas y la biodiversidad, poniendo en riesgo nuestra propia supervivencia. En Argentina, 6.000.000 de personas carecen de acceso al agua potable ¡Reclamamos agua de red para todes! ¡Basta de quemas! Desde la Coordinadora Basta De Falsas Soluciones, todo el apoyo al pueblo de Chubut que lucha contra los intereses corporativos y gubernamentales que prenden fuego los bosques provocando incendios. El colapso por la crisis climática y ecológica es inminente si no cambiamos de rumbo. [...] Por la naturaleza, por cada ser vivo que habita el planeta, este lunes 22 de marzo decimos ¡El agua vale más que todo! y ¡basta de extractivismo! El agua no se negocia. ¡Ley de humedales ya! ¡No al fracking en Vaca Muerta! Nahueve sin represas y ríos libres. No a la mina, No Es No. No al acuerdo porcino con China.”

En la ciudad de Buenos Aires se realizó una importante manifestación unitaria a la Plaza de Mayo de la que participamos con la coordinadora BFS y con Ambiente en Lucha, y en la que también logramos que se hagan presentes organizaciones que, por su cercanía con el gobierno nacional, usualmente no se movilizan, como Jóvenes por el Clima y Ecohouse, parte de la Alianza con el Clima.

El día 21 también hubo una importante movilización en Paraná, Entre Ríos. César Baudino, del Colectivo de Trabajadores por la Ventana y de la multisectorial por los Humedales escribió al respecto: “Porque el tiempo de marchar es ahora. ¿Desde cuando marchamos? Desde siempre, desde la historia misma de la la humanidad, desde que existen los explotados y los oprimidos por expoliación. Quizás marchar por el agua sea más reciente pero aquí me detengo a reivindicar a los pueblos ancestrales, al No es No a la mina de Esquel, a las asambleas antimineras de Andalgalá y Jachal, la lucha de los pescadores y las puebladas de Cerri e Ingeniero White, enfrentado a las empresas del Polo Petroquímico y en defensa del estuario, al no a las papeleras de Gualeguaychú, a las asambleas por los humedales y un gran etcétera”.
La lucha por el agua continúa, porque se trata de un derecho humano, no de una mercancía.

Escribe César Baudino, Paraná, Entre Ríos.

En el marco de la pandemia de Covid-19 el Gobierno de Alberto Fernández ha acelerado su proyecto dependiente neocolonial con varias medidas que acentúan el perfil primario extractivista. Tras llegar a acuerdos con los bonistas para el pago de la fraudulenta ilegal y usurera deuda externa ya tiene definido de dónde sacar los dólares al precio de la catástrofe ambiental vía agricultura transgénica, ganado vacuno, porcino, megaminería, fracking y la ampliación de las plantas químicas y petroquímicas. La producción no está pensada para el desarrollo del país sino para satisfacer las demandas del mercado mundial especialmente Chino (una entrega total de la seguridad ambiental y sanitaria del país, ya en serio riesgo de daño grave e irreparable por el modelo agroindustrial).

Las exportaciones agropecuarias -manejadas y sin control por multinacionales- crecieron un 9% en el primer cuatrimestre frente al desplome industrial. El campo considerado servicio esencial es el único superviviente al derrumbe económico de Argentina, agravado ahora por la pandemia de covid-19.

Días pasados los representantes del Agronegocio enrolados en el Consejo Agroindustrial Argentino entregaron al presidente un documento elaborado por el sector que plantea la posibilidad aumentar las exportaciones totales argentinas a 100.000 millones de dólares en 2030, junto con la creación de 700.000 nuevos puestos de trabajo. Dijo Alberto Fernández  que “en toda la agroindustria hay una gran posibilidad de exportaciones y necesitamos que produzcan ya”.

El Documento Programático habla de las comunicaciones como el ferrocarril y el transporte fluvial-marítimo que evitaría en gran parte la mayor causa  de muertes en Argentina por accidentes viales. Y se nos viene a la mente el modelo agro-exportador de la oligarquía de 1880 con los ferrocarriles y puertos vinculados al mercado mundial capitalista, especialmente Inglaterra, que si bien tenía por objeto la salida de los productos –especialmente carnes y cereales-  por el puerto de Buenos Aires, sirvió como colonizador, fundador de pueblos e integración social.
 El proyecto macro actual de las burguesías sudamericanas, en especial la paulista, es el IIRSA (Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica), que tiene por fin las comunicaciones entre Brasil y el Pacífico (Chile) y desde el Pantanal hasta Nueva Palmira (Uruguay).
“El IIRSA tiene como objetivo promover el desarrollo de la infraestructura de transporte, energía y telecomunicaciones bajo una visión regional”, se dice. Un ejemplo concreto a lo que nosotros respecta es el Puente Rosario-Victoria. Entonces la pregunta es: ¿Las conexiones son para la integración de los pueblos o para los negocios capitalistas?

La Hidrovía Paraná-Paraguay

Ante un nuevo proceso de licitación y propuesta de obras de la Hidrovía Paraná-Paraguay para principios de 2021, se involucrará en el nuevo contrato a las provincias litoraleñas. Por qué el gobernador Bordet festeja esta iniciativa, tendrá algo que ver la quema de los humedales, el acuerdo con China por los cerdos, o qué negocios estará pergeñando. Su inacción respecto a las quemas en las islas habla por sí solo

¿Cómo se interviene el Río?
Señalización, ensanchamiento, balizado, profundización y rectificaciones con el fin de dotar una mayor profundidad el río para que puedan transitar barcos de mayor calado es decir mayor carga que favorezca los el negocio fluvial.

¿Cuál es la empresa que tiene la concesión?
El día 20 de febrero de 1995, el Gobierno Nacional suscribió con la empresa oligopólica belga Jan de Nul N.V. y la argentina Emepa S.A., entre otros actores menores, el contrato de adjudicación de las obras por concesión (aprobado al día siguiente por Decreto Nacional Nº 253/95). Con ello, se otorgaba la concesión del tramo argentino de la Hidrovía Paraná-Paraguay  a las empresas mencionadas, actualmente comprometidas en una “unión empresarial” llamada Hidrovía S.A., por un período de 10 años. Y con ello el manejo del transporte fluvio-marítimo del país.

¿Qué objetivos persigue?
El transporte fluvial de mercancía es el más barato existente visto desde la lógica comercial. Sin embargo, en ese cálculo no son tenidos en cuenta los daños que se le provocan al río, sus ecosistemas y comunidades que de él dependen, al intervenirlo y modificarlo en pos de las demandas mercantiles de la región.

La Hidrovía Paraná-Paraguay uno de los mayores sistemas navegables, éste se ha constituido en el mayor factor de cohesión histórica, humana y económica de los países sudamericanos que la conforman Brasil, Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay.
Es importante señalar que la Hodrovía Paraná-Paraguay tiene una influencia particular en la expansión de la frontera agrícola y en lo que de ella deriva: deforestación y deterioro de los suelos en contrapartida de mayores superficies sembradas con monocultivos.
El principal objetivo es el de aumentar especialmente los volúmenes de granos transportados para poder competir en el mercado internacional. Según cifras del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, durante el primer semestre del año 2019 las manufacturas de origen agropecuario (MOA) representaron el 37,1% de las exportaciones argentinas, conformadas en un 62% por los granos y sus derivados.

¿Cuál es la zona estratégica de este proyecto?
Existe una zona muy particular, de tan sólo 70 kilómetros de extensión, ubicada entre Timbúes-Santa Fe (a 7 kilómetros de Puerto General San Martín) y Villa Constitución-Santa Fe (a 17 kilómetros de San Nicolás – Buenos Aires), donde se encuentran instaladas 29 terminales portuarias privadas. Del total, diecinueve se dedican al procesamiento de granos y derivados, y doce de ellas tienen fábricas aceiteras propias. Es decir, en este pequeño tramo de costa se halla instalado el mayor conglomerado agroexportador del país y de la región, representando el 80% de la capacidad nacional de molienda de granos.

En el Gran Rosario, en los últimos 20 años (2000-2019) han ingresado anualmente un promedio de 2.093 buques provenientes de ultramar; siendo récord el año 2019 con 2.632 buques, y un promedio de ingreso de 7 buques por día. En la campaña 2018/2019, la argentina produjo 142 millones de toneladas de granos y sub-productos, y de tal producción el 75% se comercializó a partir de estos puertos mediante la navegabilidad facilitada por la hidrovía.

¿Quién lo administra?
El Comité Intergubernamental de la Hidrovía Paraguay-Paraná (CIH). 27 años después de la promulgación de este Decreto Nacional, y con una empresa al mando de la concesión por 25 años consecutivos, siendo de público conocimiento la investigación penal por presunta corrupción que aconteció en la última renovación de plazo -sobornos por 600.000 dólares al gobierno nacional, develados en la causa de los cuadernos-, todavía el gobierno no ha creado órgano de control alguno que ejerza la función de vigilancia del comportamiento de dicha empresa y vele por los intereses de la región.

Las críticas se centran, por un lado, en el elevado costo del peaje en relación a los servicios prestados; y, por otro, en que los estudios de impacto ambiental y social son llevados a cabo por la misma empresa, lo que implica que son sesgados, no reflejan el daño que se causa al río, a la flora y la fauna, y no abordan las consecuencias desde una mirada integral.

¿Qué consecuencias?
Intensificación de la explotación de los suelos y corrimiento de la frontera agrícola, principalmente dirigida hacia el monocultivo de la soja, trayendo aparejada su degradación y la eliminación de bosques nativos, de ecosistemas acuáticos, humedales y biodiversidad.
Comunidades aledañas a la hidrovía han ido perdiendo sus tierras, por el avance de la explotación agraria, la instalación de industrias dedicadas al procesamiento de granos y la instalación de terminales portuarias. Esto, implica para los habitantes, contaminación por el uso de agrotóxicos y en el aire por el gran movimiento vehicular en las cercanías de los puertos.

Los trabajos de dragado han influido notoriamente en el proceso de erosión costera y junto al gran tráfico fluvial, han afectado negativamente el desarrollo de la fauna ictícola del río y la flora que acompaña estos ecosistemas. Los hábitats acuáticos donde subsisten y se reproducen, han sido modificados, causando el desplazamiento de especies.

La economía informal, generada y conformada por las comunidades pesqueras, se ha deteriorado, perdiendo sus integrantes el único medio que tienen para subsistir.
A lo largo de la vida del proyecto de la Hidrovía Paraná-Paraguay la información pública ambiental fue y continúa siendo negada e incompleta.

¿Cuáles son las conclusiones políticas que debemos sacar?
*Rechazar el proyecto neocolonial extractivista del Gobierno.
*Necesidad de la creación de la Junta Nacional de Granos para que lleve el control de lo que se produce,  cómo y para quién, la diversificación productiva y los precios máximos y mínimos. Además tiene como principal tarea la soberanía alimentaria es decir erradicar el hambre del país con alimentos orgánicos sanos, sin venenos.
*Nacionalizar el comercio exterior para que evite las fugas de divisas, las facturaciones apócrifas y el contrabando.
*Las vías de comunicación tienen que ser accesibles, para acercar, integrar y estar al servicio de los pueblos y no de los negocios. No tienen que afectar la biodiversidad y el hábitat porque los humanos somos parte de la naturaleza y no ajenos a ella. Tenemos que ir a otra forma de vivir más planificada desde el interés comunitario en convivencia con los otros seres vivos en complementariedad y reciprocidad.

Ya salió la Correspondencia Internacional N48: Afganistán una nueva derrota del imperialismo
La escasez de vacunas y el negocio capitalista / Correspondencia Internacional Nº 46 - La Revista de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores (Cuarta Internacional)
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