Jun 22, 2021 Last Updated 11:11 PM, Jun 21, 2021

El sistema electoral norteamericano

Escribe Adolfo Santos

Los sistemas electorales en los regímenes patronales contienen todo tipo de trampas para garantizarse el control sobre las masas para tratar de mantenerse en el poder. La elección indirecta en los Estados Unidos es uno de ellos. En la Argentina conocemos otros basados en leyes que permiten instituciones antidemocráticas como, por ejemplo, el Senado, o que impiden el acceso al Parlamento a partidos minoritarios, sobre todo de izquierda, imponiendo un alto piso electoral.

A muchos compañeros les llamó la atención que Biden, con millones de votos al frente de Trump, demorara tanto para tener certeza del triunfo. Esto es así porque la elección presidencial no se decide por el voto directo del elector. El voto de cada persona elige una lista de delegados designados por cada partido, en cada estado, que conforman un colegio electoral nacional de 538 representantes. Estos serán los que luego votarán al candidato por el cual se postularon. O sea, es una elección indirecta.

Pero las dificultades para entender este mecanismo no acaban ahí. Además se aplica lo que se denomina winner-take-all (el ganador se lleva todo), así, el candidato presidencial más votado en cada estado se lleva todos los delegados aunque haya ganado por un voto, es decir, no se considera el criterio de proporcionalidad, con lo que se ignora el sufragio de los perdedores. Por eso suele suceder que un candidato con más votos populares a nivel nacional acaba no teniendo mayoría en el colegio electoral. Por lo tanto, el colegio electoral no siempre representa la voluntad mayoritaria de los electores, algo que ya aconteció cinco veces en la historia de ese país.

O sea, no se considera el voto directo obtenido por cada candidato a nivel nacional, sino los representantes elegidos en cada uno de los cincuenta estados, que varían según su población. Por eso puede resultar más útil ganar en muchos estados, aunque sea por un voto de ventaja, que ganar en unos pocos estados por una abrumadora diferencia de millones de votos.

En 2016 Hillary Clinton consiguió casi tres millones más de votos que su rival, pero esos triunfos los obtuvo en apenas veinte estados y sumó 227 electores para el colegio electoral. Mientras que Donald Trump triunfó en treinta estados y sumó 304 votos del colegio electoral, quedándose con la presidencia aunque recibió menos votos. Otro caso reciente ocurrió en las elecciones de 2000, cuando el demócrata Al Gore, con 500.000 votos más que su adversario, perdió la presidencia frente a George W. Bush (hijo).

Esta vez el voto popular coincide con el resultado final que, se espera, determinará el colegio electoral. Biden obtuvo 76.402.525 votos, 50,8%, y Trump 71.492.918, 47,5 por ciento. Para el colegio electoral, 290 electores para Biden y 214 para su rival. La elección final y definitiva ocurrirá el 14 de diciembre y los miembros de ese cuerpo se reunirán en sus respectivos estados para emitir dos votos separados, uno para presidente y otro para vice. Significa que, además de todos los vericuetos antidemocráticos, aunque es difícil por la fidelidad de los electores, puede surgir un presidente de un partido y un vice de otro.

Una encuesta realizada por Gallup reflejó que el 61% de los norteamericanos está a favor de la abolición del colegio electoral y la instauración del voto directo. Este debate cobró intensidad después de la elección de 2016, sin embargo hay serias dificultades para que avance un cambio en ese sentido. Existe una gran resistencia de parte de los republicanos, que se benefician con la influencia electoral con que cuentan en estados rurales menos poblados. Por eso, sólo una gran movilización podría forzar una reforma del antidemocrático sistema electoral norteamericano.

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