
Escribe José Castillo
Como no podía ser de otra manera, va camino a terminar en un escándalo la privatización más importante de la era de Javier Milei: la de la Hidrovía del Paraná. La preadjudicación fue otorgada a la transnacional belga Jan de Nul, la misma que viene operando la hidrovía desde su privatización en 1995. Lo hizo después de una feroz disputa con otra multinacional belga, DEME. Ambas apelaron a ganarse el favor de Estados Unidos y, a la vez, se acusaron mutuamente de favorecer supuestos intereses chinos en la región.
¿Por qué ganó Jan de Nul? Tal vez la respuesta esté en que, luego de más de 30 años de operaciones y negocios sobre la hidrovía y los puertos de la región, tenía más aceitada la relación con sus “clientes”: los grandes pulpos exportadores del complejo sojero, en particular las yanquis ADM, Bunge y Cargill. Pero hay otro motivo: aparece como socio menor de Jan de Nul uno de los empresarios “estrella” de Milei, el Grupo Neuss.
Todo el proceso licitatorio estuvo escandalosamente intervenido por Estados Unidos. Las dos transnacionales que competían recurrieron al lobby yanqui, desnudando que era ahí donde se decidía todo, con el gobierno argentino como mero ejecutor de las órdenes del amo del norte. Así, DEME, que resultó finalmente perdedora, llegó a denunciar supuestas relaciones con China de la otra empresa, la también belga Jan de Nul.
Para despejar esos ataques, un par de días antes de la preadjudicación, los directivos de la dragadora belga Jan de Nul fueron recibidos por el embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, para explicar sus planes para la concesión y recibir la bendición.
Jan de Nul ofertó la misma tarifa que su competidora, también belga, DEME. Pero ganó en el llamado “tramo técnico”. Jan de Nul le aseguró a Lamelas que toda la tecnología y los insumos provendrán de “Occidente”, en particular de proveedores de Estados Unidos. Contraatacó diciendo que era DEME la que utilizaría tecnología china: 104 cámaras multiespectrales Raythink PM7S4, de la empresa Raythink-Tech, con sede en Shandong, China.
Una vez preadjudicada la concesión a Jan de Nul, DEME destapó otra olla: envió una carta al ministro Luis Caputo en la que cuestionó las condiciones del pliego, asegurando que puede operar la hidrovía con una tarifa 17,4% menor a la fijada como piso por el gobierno nacional, 4,77 dólares frente al piso de 5,78 establecido por el gobierno. También señaló que no pudo presentar esa propuesta porque el propio gobierno había fijado una tarifa mínima superior. Un auténtico escándalo de un gobierno que cuida hasta ese extremo las ganancias de los ganadores de una privatización.
La importancia de la hidrovía y del puerto de Rosario
Según un informe reciente de la Bolsa de Comercio de Rosario, el nodo de los puertos privados de esa ciudad pasó a ser el más importante del mundo. Por allí sale el 75% de todas las exportaciones argentinas. También por su privatización y casi nulo control estatal, Rosario se ha transformado en el eje exportador de los grupos narcos que operan en nuestro país.
La Hidrovía del Paraná y los puertos del Gran Rosario son estratégicos. Se impone la necesidad de recuperar la hidrovía, anulando esta licitación escandalosa, y reestatizar el control del río, en forma conjunta por el Estado nacional y las provincias, bajo gestión de los propios trabajadores.
Al mismo tiempo, también se deben reestatizar los puertos y articular todo con la nacionalización del comercio exterior, para que esta inmensa riqueza que circula por nuestra principal vía navegable se destine a resolver las necesidades del pueblo trabajador argentino.










