Aug 26, 2026 Last Updated 7:25 PM, Aug 26, 2026

Elecciones en Brasil / Ni Lula-Alckmin, ni Bolsonaro son solución para el pueblo trabajador

Adolfo Santos

El 4 de octubre se realizarán elecciones en Brasil. Se elegirán presidente y vice, gobernadores, senadores y diputados nacionales. 

La disputa se concentra en las dos principales fuerzas políticas, la alianza de Luiz Inácio Lula da Silva con el empresario Geraldo Alckmin y el bolsonarismo, apoyado por Donald Trump. La mayoría de las encuestas los colocan en una disputa muy ajustada, aunque con una leve ventaja para Lula.

Con la segunda población más grande de América y el segundo PBI del continente, Brasil tiene una importancia estratégica. Por eso, esta elección despierta un gran interés. Como en otros países de la región, el hartazgo con la falta de soluciones y el doble discurso de los gobiernos de la izquierda reformista, que no avanzan en medidas de fondo a favor de las masas populares, ayudaron a fortalecer salidas mesiánicas de ultraderecha. Es lo que vimos con el chavismo en Venezuela, con Evo Morales en Bolivia, con Gabriel Boric en Chile, con Gustavo Petro en Colombia e incluso con el peronismo kirchnerista en nuestro país. Los fracasos de estos gobiernos capitalistas de conciliación de clases colocaron en escena a la ultraderecha en Latinoamérica.

En Brasil no fue diferente. Para ganar elecciones y mantenerse en el poder, Lula y el PT abandonaron su programa original de gobierno de las y los trabajadores y se aliaron con sectores de la burguesía brasileña. No por casualidad, en sus primeros mandatos el vice de Lula fue José Alencar, un gran industrial textil de Minas Gerais que en aquella época pertenecía al PL, partido que hoy cobija a los Bolsonaro. También colocó como presidente del Banco Central a Henrique Meirelles, CEO mundial del BankBoston. Actualmente, su compañero de fórmula es Geraldo Alckmin, un conservador vinculado históricamente al Opus Dei, exgobernador de São Paulo por el PSDB, donde aplicó represión y duros ajustes contra la educación y la salud.

Ese abandono del PT de su programa originario provocó la ruptura de un importante sector de dirigentes y activistas que en 2004 fundaron el PSOL. La nueva organización levantó un programa clasista, antiimperialista e internacionalista. Lamentablemente, por el oportunismo electoralista de su dirección mayoritaria, terminó aliándose nuevamente al PT, sumándose a cargos políticos y ministeriales y abortando un proyecto importante para la clase trabajadora. Ese giro oportunista determinó en 2023 la salida de la Corriente Socialista de las y los Trabajadores (CST), sección de la UIT-CI. Sin embargo, corrientes que se reivindican del trotskismo, como el MES que encabeza Luciana Genro y otras, continúan siendo parte de este frente de colaboración de clases que llevará a una nueva frustración a la clase trabajadora.

Las alianzas del PT sólo le permiten repartir las migas del banquete

Después de cuatro mandatos, interrumpidos por uno de Jair Bolsonaro, Lula y el PT no revirtieron los graves problemas de las y los trabajadores, no enfrentaron al sistema financiero internacional ni provocaron un cambio estructural con la ruptura con la economía capitalista. La Corriente Socialista de las y los Trabajadores (CST), denuncia esta situación. “En medio de un escenario de gran injerencia de los Estados Unidos, Lula no responde correctamente. Hace discursos y adopta medidas mínimas, pero no enfrenta a la Casa Blanca, Trump, las Big Techs y los nazisionistas de Israel […] Mientras tanto, mantiene una política económica al servicio de las multinacionales y los empresarios, ataca el salario y disminuye la inversión pública” (Combate Socialista Nº 218).

Las alianzas electorales y los compromisos económicos con sectores de la burguesía le impiden aplicar políticas de impacto popular y lo limitan a repartir las migas del banquete. Lula y el PT hacen concesiones al agronegocio y al sistema financiero y entregan las tierras raras a empresas ligadas al gobierno de Trump. Han implementado profundos ajustes a la educación y la salud. Como en Argentina, el problema del endeudamiento popular es gravísimo y afecta a más de 80 millones de personas adultas. Avanzaron con las privatizaciones y amenazan con una nueva reforma jubilatoria en su próximo mandato. Todo al servicio de mantener un “superávit saludable”, como exige el sistema financiero.

Tierra fértil para la ultraderecha

Esto explica el crecimiento de la ultraderecha. El bolsonarismo, agente directo de Donald Trump y Benjamin Netanyahu, defensor de la dictadura, misógino y que amenaza los derechos de las y los trabajadores, disputa de igual a igual con el frente encabezado por el PT por responsabilidad del gobierno de Lula. En 40 años de democracia burguesa, ningún partido patronal o de izquierda reformista consiguió resolver los graves problemas de exclusión social. A pesar de tener el mayor PBI de América Latina, Brasil ocupa apenas el 8º lugar en distribución de renta per cápita. Una tendencia que se sigue agravando a pesar de los 15 años de gobiernos petistas.

Es cierto que Lula y Bolsonaro no son lo mismo. Uno surgió como dirigente de las huelgas del movimiento obrero contra la dictadura y el otro de las entrañas de esa misma dictadura. Sin embargo, ninguno de los dos proyectos se propone revertir la desigualdad social, ya que para eso tendrían que enfrentar los grandes intereses económicos, algo que no han hecho en sus años de gobierno. Los Bolsonaro son agentes directos del trumpismo. Aplauden cuando el gobierno yanqui aplica sanciones económicas a Brasil. Están hermanados con Javier Milei en ese cipayismo y negaron los efectos de la pandemia de Covid-19, que causó oficialmente 716 mil muertes en Brasil, el segundo país con mayor número total de fallecimientos. Por eso, como popularizó la lucha de las mujeres en 2018, decimos categóricamente #EleNão (Él no).

Las diferencias de discurso entre los principales candidatos, Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, no pueden ocultar que ambos sectores gobernaron y gobiernan para los grandes grupos económicos y no para resolver los problemas de las masas populares. La única salida será construir una alternativa con independencia de clase, con un programa al servicio de la clase trabajadora y los sectores populares, que luche por un gobierno de las y los trabajadores.

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