Sep 12, 2026 Last Updated 1:04 PM, Sep 12, 2026

A 42 años del Madrynazo, fuera yankees de América Latina Destacado

Francisco Ayala

El 10 de septiembre de 1984, cuando todavía estaba fresca la herida de Malvinas, miles de trabajadoras, trabajadores, vecinas y vecinos de Puerto Madryn se movilizaron hasta el muelle Almirante Storni para impedir que la flota norteamericana se abasteciera en territorio argentino. Eran los mismos muelles que, apenas dos años antes, habían recibido a nuestros soldados cuando regresaban de la guerra.

El gobierno de Raúl Alfonsín había autorizado el ingreso de los buques estadounidenses que participaban del operativo Unitas para abastecerse en Puerto Madryn. Pero la respuesta popular fue contundente. Los trabajadores portuarios se negaron a colaborar y miles de personas marcharon hacia el puerto para enfrentar la presencia de la flota estadounidense.

Hubo gritos, banderas y pintadas. Los marinos estadounidenses llegaron incluso a lanzar agua con mangueras contra las y los manifestantes que se encontraban en el muelle. La movilización consiguió finalmente que los barcos abandonaran el puerto.

El Madrynazo fue una demostración concreta de la fuerza del sentimiento antiimperialista entre las y los trabajadores argentinos. Apenas dos años después de la guerra de Malvinas, el pueblo de Puerto Madryn no había olvidado qué papel había jugado Estados Unidos al respaldar a Gran Bretaña durante el conflicto.

En 1982, Puerto Madryn ya había sido protagonista cuando llegaron los soldados argentinos que regresaban de Malvinas. La dictadura intentaba ocultarlos, mantenerlos aislados y evitar el contacto con la población. Sin embargo, vecinas y vecinos rompieron ese cerco, se acercaron para recibirlos y desbordaron las restricciones impuestas por el régimen.

Cuarenta y dos años después, esa bandera volvió a aparecer en tierras imperialistas. El mensaje “Las Malvinas son argentinas” desafió una prohibición que contó con el respaldo del gobierno de Javier Milei y volvió a demostrar que, pese a los intentos por silenciarla, la causa Malvinas continúa profundamente arraigada.

Eso volvió a expresarse el pasado 6 de agosto, cuando miles salieron a las calles frente al intento de habilitar la venta de tierras a extranjeros.

Ahora Milei pretende disfrazarse de malvinero para tratar de conseguir la reelección. Pero es el mismo que insultó a quienes levantamos históricamente la causa Malvinas y que se declaró admirador de Margaret Thatcher, la criminal de guerra que dejó cientos de argentinos muertos.

Es también el gobierno que se arrodilla frente a Donald Trump, profundiza el sometimiento al FMI y entrega nuestros recursos. Milei ahora grita “Viva la patria”, pero su política sigue al servicio de los intereses imperialistas.

El Madrynazo sigue vivo porque mostró hasta dónde puede llegar la fuerza de un pueblo movilizado. Cuarenta y dos años después, aquella rebeldía conserva toda su vigencia. Porque la memoria de Malvinas sigue presente y porque, cuando el pueblo trabajador se organiza y sale a las calles, hasta los que nos quieren convencer que son poderosos tienen que retroceder.

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