Escribe Martín Fú
Los estudiantes nicaragüenses radicados en nuestro país, Gabriel Agüero y Tito Castillo, estuvieron presentes en nuestro V Congreso. Brindaron un saludo y compartieron la actualidad de Nicaragua. El compañero Tito comenzó con un breve informe de la situación que se está desarrollando en Nicaragua a partir de las reformas al sistema de seguridad social impulsado por Daniel Ortega que afecta a los trabajadores nicaragüenses.
Reformas que fueron repudiadas por gran parte de la población, a lo que Ortega respondió reprimiendo duramente, asesinando a un estudiante en abril en la Universidad Politécnica, lo que provocó una furia colectiva que hasta hoy no termina. Los trabajadores se solidarizaron con los estudiantes, generando una situación de insurrección generalizada a lo largo del país.
A su turno, el compañero Gabriel informó al congreso de que son más de cuatrocientos muertos al día de hoy y que el gobierno ha lanzado una ley contra el terrorismo, habilitando detenciones masivas e indiscriminadas contra los que luchan, como la de los dirigentes campesinos Medardo Mairena y Pedro Mena. Denunció que la mesa de diálogo convocada por el gobierno, integrada por los partidos políticos, empresarios y la Iglesia, solo sirve para dilatar la situación. “Queremos que Ortega se vaya” sentenció el compañero. “Por eso llamamos y convocamos a participar en la Caravana de Solidaridad Internacional con Nicaragua, para que todos conozcan de primera mano lo que sucede en nuestro país”, señalaron ambos.
El Congreso saludó efusivamente a los compañeros y resolvió seguir adelante con la campaña solidaria en apoyo a la lucha del pueblo nicaragüense y a la caravana que ya arribó a nuestro país (ver página 11).
Escribe Martín Fú
Participaron de nuestro congreso distintos dirigentes de partidos hermanos con los cuales compartimos la misma organización internacional, la UIT-CI (Unidad Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional).
Dio un saludo en nombre de la sección brasileña, la CST (Corriente Socialista de los Trabajadores) en el PSOL, Rosi Messias, quien estuvo presente junto a Silvia Santos y Adolfo Santos. Por la sección hermana de Bolivia, ARPT-FUERZA, habló el compañero Gonzalo Sanjines; por el MST chileno, lo hizo el compañero Abel Pardal quien participó junto a Rainier Ríos y en nombre del Socialist Core de Estados Unidos, se hizo presente un compañero. Con diversas intervenciones a lo largo de las jornadas, reflejaron y compartieron las distintas experiencias de lucha que llevan adelante nuestros partidos y grupos hermanos contra el capitalismo y el imperialismo.
Enviaron un saludo el PSL (Partido Socialismo y Libertad) de Venezuela y el MAS (Movimiento al Socialismo) de México, entre otros.
Daniel Ortega fue uno de los dirigentes principales que en 1979 encabezó la insurrección armada del pueblo nicaragüense, con el FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) contra la dictadura de Somoza.
Hoy masacra a los hijos y nietos de aquel pueblo insurrecto de 1979. Ello es consecuencia de las políticas de alianza con los capitalistas que el sandinismo instrumentó desde su conquista del poder, y que impidieron que en Nicaragua se avanzara hacia el socialismo.
La insurrección popular de 1979 destruyó al ejército burgués somocista y produjo un desbande de los sectores empresariales asociados a la dictadura de Somoza. Se abrió entonces la posibilidad cierta de avanzar en la construcción de un gobierno de los trabajadores y el pueblo, y que se tomara el camino hacia una Nicaragua socialista. Sin embargo, el sandinismo siguió los consejos de Fidel Castro, que dijo “no hagan una nueva Cuba” (discurso del 26 de julio de 1979) y estableció un gobierno de unidad nacional con sectores de la burguesía tradicional. Fue así como la burguesía, que había perdido su ejército por la insurrección, fue recomponiendo su poder aliándose a los comandantes sandinistas. Se formó un nuevo ejército burgués y el FSLN respetó la propiedad burguesa. Siguió la sumisión al FMI y los bancos extranjeros aceptando el compromiso de pagar la deuda fraudulenta de la dictadura.
Otros sectores burgueses y ex militares somocistas iniciaron una feroz rebelión armada, apoyados y financiados por el imperialismo yanqui, que fue derrotada en un enorme esfuerzo de movilización del pueblo nicaragüense. Pero aun así el gobierno del FSLN no tomó medidas contra la burguesía.
Todo esto posibilitó que la burguesía estuviera en capacidad de derrotar al FSLN en las elecciones de 1990 y retomar el control del Estado durante quince años, hasta las elecciones de noviembre de 2006 cuando el FSLN, con Daniel Ortega nuevamente a la cabeza, volvió al poder.
Escribe Miguel Lamas
La corriente trotskista encabezada por Nahuel Moreno participó en la lucha militar contra la dictadura con una brigada internacionalista, la Simón Bolívar. Fue impulsada desde Bogotá, adonde estaba exiliado Nahuel Moreno, con el PST (Partido Socialista de los Trabajadores) de Colombia, que encabezaba una campaña sistemática de apoyo a la lucha contra la dictadura de Somoza y de solidaridad con el FSLN para que triunfase y encabezara un gobierno propio, sin burgueses.
En junio de 1979 comenzó el reclutamiento y entrenamiento en Bogotá. Más de mil voluntarios se anotaron en pocos días. Se financió con colectas de sindicatos, otras organizaciones y mucha gente que contribuía en las alcancías.
Fue integrada por brigadistas colombianos, panameños, costarricenses, exiliados nicaragüenses, argentinos (Nora Ciapponi y Miguel Sorans, entonces dirigentes del PST antecesor de Izquierda Socialista) y de otras nacionalidades.
Muchos fueron incorporados individualmente a las filas del ejército sandinista en el Frente Sur y participaron en los sangrientos enfrentamientos que se dieron contra los últimos focos de resistencia de la Guardia Nacional somocista. Hubo numerosos heridos y tres cayeron en combate. Sobre la costa atlántica, en la ciudad de Bluefields, la derrota de los somocistas y la toma de la ciudad estuvo directamente en manos de una columna independiente de combatientes de la Simón Bolívar.
Derrocada la dictadura, la brigada se dedicó a apoyar la formación de nuevos sindicatos, 110 organizaciones en Managua y Bluefields, junto al apoyo a las milicias barriales armadas.
La política de la dirección de la brigada era impulsar la movilización y el poder obrero y campesino independiente vía esos sindicatos y esas milicias. Proponía un gobierno sandinista sin capitalistas, para avanzar en la expropiación de los terratenientes y la burguesía y apoyar el proceso revolucionario de El Salvador. La política de Ortega y la dirección del FSLN era la opuesta.
Por eso finalmente el FSLN expulsó a la brigada. Los brigadistas fueron detenidos y enviados a Panamá y ahí encarcelados. Los comandantes sandinistas habían reivindicado públicamente a la Simón Bolívar. Pero, después del triunfo y de su participación en la lucha por derrotar a Somoza, el FSLN quería acabar con las milicias populares, controlar burocráticamente la naciente organización sindical, gobernar con y para la burguesía y no extender la lucha a El Salvador. Pasados 39 años los resultados de la política del FSLN están la vista.
Escribe Miguel Lamas
En Nicaragua estalló una rebelión popular encabezada por la juventud, contra el gobierno “sandinista” de Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta, Rosario Murillo. La ola de protestas fue consecuencia de la aprobación de una reforma previsional aconsejada por el FMI. Fueron tan masivos la movilización y el repudio popular que el represor gobierno de Ortega tuvo que dar marcha atrás y anunciar su derogación. Reproducimos extractos de la nota escrita por Miguel Ángel Hernández, dirigente del Partido Socialismo y Libertad de Venezuela, sección de la UIT-CI. (*)
[...] La reforma en el Instituto Nicaragüense de Seguro Social (INSS) aumentaba los aportes de los trabajadores y del sector privado y establecía una reducción de 5% de las pensiones para los jubilados. Un ataque brutal contra los trabajadores y jubilados en el segundo país más pobre de América latina.
Estas medidas están a tono con los planteamientos que hace el FMI para ajustar las economías, haciéndole pagar a los trabajadores y los pueblos las consecuencias de la crisis creadas por los gobiernos, empresarios y corruptos.
Como socialistas internacionalistas repudiamos enérgicamente la brutal represión llevada a cabo por las fuerzas de seguridad del gobierno junto a bandas paramilitares “sandinistas”. Respaldamos la movilización de los jóvenes y el conjunto del pueblo nicaragüense que salió a las calles de las principales ciudades del país.
Lo que está sucediendo en Nicaragua es una nueva evidencia de la debacle de los supuestos gobiernos progresistas o de “centroizquierda”. Gobiernos de medias tintas y patas cortas que no tienen nada que ver con el socialismo ni la izquierda. Gobiernos que siguen siendo capitalistas, pero con un doble discurso pseudopopular o de izquierda, mediante el cual pretenden engañar y presentarse como antiimperialistas, con el objetivo de intentar embaucar a sectores importantes de la juventud y de los pueblos. Ejemplos de ello son el gobierno de Maduro en Venezuela; el del peronismo kirchnerista en Argentina; los de Lula, Dilma y el PT en Brasil, o Syriza en Grecia. Pero que en la práctica aplican medidas de ajuste contra los pueblos y reprimen cualquier disenso o protesta. Como ocurrió el pasado año en la rebelión popular que se desató en Venezuela contra Maduro, y hoy contra Ortega.
El de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, es un gobierno burgués que aplica las recetas del FMI contra su pueblo que utiliza las banderas y símbolos del sandinismo y la revolución de 1979, como un recurso propagandístico para mantenerse en el poder mediante la represión, el control arbitrario de todas las instituciones del régimen y la realización de elecciones fraudulentas.[...] El FSLN se alió con los sectores más derechistas en el Congreso para aprobar una ley que penalizaba el aborto terapéutico que ni el mismo Somoza se había atrevido a derogar. Esto fue parte de los acuerdos con la iglesia católica y el reaccionario cardenal Obando y Bravo, amigo personal de la esposa de Ortega, quien es una fanática católica, conocida como “La Bruja” por sus prácticas religiosas y esotéricas.
El gobierno de Ortega, que ya lleva en esta semana 30 personas asesinadas, más de 60 heridos y 43 desaparecidos y decenas de detenidos, es un régimen dictatorial.
Es un gobierno que apela al discurso hueco del antiimperialismo pero que en realidad mantiene tratados de libre comercio con Estados Unidos, los países de Centroamérica, Unión Europea, Taiwán, Venezuela, República Dominicana y Chile.
Más allá del discurso pseudoantiimperialista, es el mayor socio comercial de Estados Unidos, a donde se dirigen dos tercios de sus exportaciones y de donde proviene al menos un cuarto de las importaciones. Pero su alianza fundamental es con el capitalismo chino, con quien proyecta construir un canal interoceánico, en cuya construcción participarán varias transnacionales chinas.
Las protestas que se desarrollaron en Nicaragua contra la reforma previsional son expresión del odio generalizado de la juventud y del pueblo nicaragüense contra el gobierno de doble discurso de los Ortega-Murillo, por todo lo que pone en evidencia la experiencia frustrada de la revolución nicaragüense.
La única salida hoy en Nicaragua es continuar la movilización popular y apostar a la construcción de una alternativa socialista revolucionaria en la lucha. La derogación de la reforma ha sido una gran victoria de la movilización y fortalece las luchas por venir de la juventud y el pueblo nicaragüense. La pelea no termina aquí sino que recién comienza. Nuevas movilizaciones abrirán el camino para sacar al gobierno represor y antipopular de Daniel Ortega e imponer un gobierno de los trabajadores y el pueblo que rompa sus lazos con el FMI y el imperialismo e instrumente un plan económico de emergencia obrero y popular al servicio de la juventud, los trabajadores y sectores populares.
(*) Ver versión completa en www.uit-ci.org