Aug 05, 2026 Last Updated 6:05 PM, Aug 5, 2026

Escribe José Castillo

Desde hace veinte días la economía argentina está en un tembladeral. Muchos trabajadores, que hace un par de semanas no los conocían ni de nombre, hoy escuchan hablar de millonarios vencimientos de “Lebac”, si se renuevan o no, o qué pasará mañana con el dólar. Sin entender demasiado, todos sabemos, y sentimos en nuestros bolsillos, las consecuencias de todo esto. Lo vamos a resumir en una sola frase: la lechuga ya está a 100 pesos el kilo.

Una crisis provocada por los especuladores internacionales amigos de Macri

La crisis financiera desatada desde el 25 de abril no es más que una profecía autocumplida. El gobierno de Macri se la pasó endeudándose astronómicamente por más de 130.000 millones de dólares. Por supuesto que no era gratis: el año pasado se pagaron 16.000 millones de dólares en concepto de vencimiento de intereses de esa deuda y para este año está presupuestado destinar otros 20.000.

¿Para qué se usó este mayor endeudamiento? Sirvió para aceitar una fenomenal bicicleta financiera, con especuladores que recibían esos dólares, los pasaban a pesos, compraban Lebac (letras del Banco Central que permitían hacer las ganancias más altas del planeta), para finalmente “volver” al dólar y fugarse. Todo financiado con el mayor endeudamiento externo.

Lo que pasó en estos días es que muchos capitales especulativos extranjeros recibieron la “orden” de salir de la Argentina y buscar nuevas ganancias financieras en otros sitios. Los que dieron la señal de partida tienen nombre y apellido: son buitres como el JP Morgan, Morgan Stanley o el Deutsche Bank, justamente las entidades financieras en las que trabajaban como directivos los actuales miembros del equipo económico macrista. Mientras se iban yendo, el gobierno de Cambiemos les garantizaba los dólares para la salida: así ya se llevan regalados casi 13.000 millones de dólares de las reservas. Y, a los especuladores que se quedan, se los “premia” con una tasa de interés gigantesca de 40%.
Al mismo tiempo, para garantizar que se va a seguir teniendo dólares para seguir financiando en los próximos meses nuevas superganancias vía bicicletas financieras y eventuales fugas de capitales, el gobierno de Macri recurre al odiado FMI.

El pueblo trabajador pagará todo este negociado: primero e inmediatamente con una inflación que se desmadra vía la suba de precios de los artículos de primera necesidad. El 15% de inflación anual quedó allá lejos, sólo vigente para las paritarias. Hoy todos los analistas acuerdan que la inflación de 2018 terminará, como mínimo, cerca de 30%. Como ya lo reconoció el propio ministro Dujovne, las consecuencias de todo esto serán “mayor inflación y menor nivel de actividad”, léase menores salarios y jubilaciones y más desempleo.

Y encima de todo, llega el FMI

En medio de este escenario tenebroso, el gobierno decide recurrir al Fondo Monetario Internacional. Lo hace para darle mayor “garantía y seguridad” a los especuladores internacionales. Traducido: más garantías de que se van a pagar todos los vencimientos de deuda en el futuro, cueste lo que cueste y no importa a quién haya que ajustar.

El ministro Dujovne miente alevosamente al afirmar que el FMI “ya no es como era en 2001” o que ahora puede prestar sin exigir condiciones. Sabe que no es así. No es cierto que el Fondo no exigió planes de ajuste en los últimos años. Ahí tenemos Grecia como muestra (ver nota en esta misma página). Economistas de todas las tendencias y los medios especializados locales y extranjeros acuerdan que se le exigirá a la Argentina un plan de ajuste como condición para otorgarle un crédito de aproximadamente 20.000 millones de dólares que el país recibirá en cuotas, tras un estricto monitoreo del cumplimiento de los requisitos. Y que deberá ser devuelto religiosamente en un plazo relativamente corto, de no más de dos o a lo sumo tres años.

Desarrollemos un gran movimiento contra el ajuste de Macri y el FMI

Macri viene ajustando desde el comienzo de su mandato. Lo pagamos con los miles de despidos tanto en el sector público como en el privado, con la pérdida del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones frente a la inflación y con los tarifazos. La crisis del dólar de estos días ya está significando un nuevo mazazo contra los trabajadores.

Sobre todo esto pegará el mayor ajuste que nos exigirá el FMI. Ya podemos adelantar algunas de las demandas que se nos harán (ver “Las exigencias del plan de ajuste del FMI” en esta misma página). Todo al servicio de que se siga pagando la factura cada vez mayor de la deuda externa.

Es ellos o nosotros. Tenemos que salir ya mismo a repudiar cualquier acuerdo con el FMI. Peleando para derrotar el ajuste de Macri, ahora “reforzado” por el acuerdo con el Fondo. Nos negamos a que seamos los trabajadores los que paguemos el estropicio. ¡Que la crisis la paguen quienes la provocaron, los especuladores financieros que hicieron millonadas con la bicicleta financiera y ahora fugan los dólares, los buitres de la deuda, los monopolios exportadores que no liquidan las divisas y las grandes empresas que ahora aprovechan para remarcar los precios!

Movilicémonos con la más amplia unidad contra el pacto de Macri y el FMI hasta derrotar su ajuste, oponiéndole un plan económico alternativo que comience por no pagar la deuda externa y poner todos esos recursos al servicio de resolver las más urgentes necesidades populares.

Escribe Claudio Funes

En el programa del periodista Mauro Viale que se emite por la señal América 24, la dirigente del Nuevo MAS Manuela Castañeira dio su opinión sobre la actual crisis y el acuerdo Macri - FMI. Planteó que el gobierno está fracasando de manera estrepitosa y que el acuerdo con dicho organismo hipotecará las futuras generaciones. Sin embargo, insólitamente, en vez de sacar la conclusión de que lo que hay que hacer es salir ya mismo a enfrentarlo, exigiendo el paro general y un plan de lucha contra el ajuste, como propone el FIT, sostiene que la tarea central para los trabajadores es pedir que se adelanten las elecciones. Con esa propuesta electoralista no se van a arreglar la crisis y el ajuste que está reventando salarios y jubilaciones, así como tampoco rechazar el acuerdo con el FMI.

Escribe Claudio Funes

El miércoles pasado se votó en la Cámara de Diputados la ley fomentada por el peronismo que limita el tarifazo. Pero en lo esencial los tarifazos se mantienen. El peronismo se viste de “progresista” con vistas a las elecciones de 2019. Macri ya anunció el veto. La salida pasa por anular todos los tarifazos y la reestatización de las privatizadas.

La ley votada a propuesta de Massa-Solá-Camaño y consensuada con el resto de los bloques peronistas (Frente para la Victoria, Bossio, etcétera), plantea retrotraer las tarifas a noviembre de 2017 y que los incrementos futuros estén atados a la evolución de los salarios. La quieren hacer pasar como un “logro”. Pero lo que se terminó votando fue una tímida ley que en definitiva sostiene a los tarifazos. Porque previo a los aumentos de noviembre de 2017, el incremento global de la luz, el gas y el agua fueron de 512%, 313% y 392% respectivamente. Y mantiene a las saqueadoras empresas privatizadas que vienen desde el menemismo de los años `90.

Es más, el proyecto original fue modificado para “suavizarlo”. Por pedido de los gobernadores ni siquiera se mantuvo la reducción del IVA de las boletas como estaba previsto originariamente. Los gobernadores no quisieron ver reducidos los fondos que la Nación remite a sus provincias, es decir, son cómplices del tarifazo.

Lo que también encubre el peronismo es que en esa misma sesión aprobó una nueva ley de mercado de capitales que relaja los controles para dar más facilidades a los negocios de los especuladores financieros a pedido de Macri y el FMI.

El peronismo quiere la continuidad del tarifazo

Las distintas variantes del peronismo aprovechan para mostrarse como “alternativa” al ajuste. Pero su objetivo es limar algunas aristas del tarifazo para hacerlo “más potable”, no para anularlo. Lo mismo quieren hacer con la reforma laboral, corregir “las cosas malas” y apoyar las buenas. ¡Pero toda la reforma laboral es una exigencia del FMI y las patronales! El peronismo también critica al FMI pero el gobierno anterior le pagó de contado a ese organismo chupasangre, y destinó otros 200.000 millones de dólares para pagar la deuda que venía de la dictadura.

El peronismo está en el jueguito de “no hacer olas” y reciclarse como recambio en 2019. Esto es lo que lo obliga a tomar distancia de algunas políticas de Macri. Pero nada más. El peronismo sólo hace oposición parlamentaria y de palabra, pero mantiene las privatizaciones, dejando la luz, el gas, y el petróleo en manos de las multinacionales. Por eso el peronismo kirchnerista en sus 12 años de gobierno dejó que Repsol (multinacional a la que luego indemnizó millonariamente) se llevara todo el petróleo y el gas y subsidió a los empresarios del tren como TBA-Cirigliano, responsables de la masacre de Once.

¡Nulidad del tarifazo y reestatización!

La ley pasó al Senado donde ya hay negociaciones para “digerirla”, caso contrario Macri anunció el veto. Pero el debate no pasa por hacer más potable el tarifazo, sino por anularlo como lo planteamos desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda. Y señalamos que la luz, el gas y el petróleo son un derecho humano esencial del pueblo trabajador que no puede quedar en manos privadas. Las tarifas no deben dar ganancias sino que deben ser accesibles para millones. Lo mismo que un hospital o una escuela pública. Por eso planteamos la reestatización de todas las privatizadas del sector y que se pongan a funcionar bajo control y gestión de trabajadores y organizaciones de usuarios, con una fuerte inversión sobre la base del no pago de la deuda externa e impuestos a los bancos y multinacionales.

Nos preparamos para seguir apoyando todas las acciones contra el tarifazo y reclamando un paro general. Llamamos a repudiar desde ahora el posible veto del gobierno y a seguir luchando por una salida de fondo como es la reestatización.

La crisis sigue a todo galope. Los programas de televisión y los diarios sólo hablan de a cuánto cerró el dólar. Son pocos los trabajadores a los que les sobra algo como para estar pensando en comprar el billete verde (o mucho menos Lebac). Pero todos ven las consecuencias: más inflación y más recesión. Remarcaciones por todos lados. Ya se conoció la inflación de abril: 2,7%. La de mayo, con toda la escalada del dólar, vendrá peor. El 15% que se firmó en la gran mayoría de las paritarias ya se alcanzará antes de mitad de año. Por eso suenan casi como provocación las recientes declaraciones de Macri: “Sé que hay miedo a una crisis mayor, pero estamos lejos de eso”. Nadie le cree. Lo único concreto es que ya hace veinte días que el gobierno viene regalando dólares (ya rifó 13.000 millones) a los especuladores internacionales. Y ahora, como si todo esto fuera poco, se recurre al FMI para pedirle un préstamo que garantice que se va a poder seguir cumpliendo con los futuros vencimientos de deuda externa. A cambio, por supuesto, de un feroz plan de ajuste, mayor que el actual.

El pueblo argentino tiene memoria: sabe lo que significa ir al FMI. Será más ajuste, miseria, inflación, salarios de hambre, desempleo y mayor destrucción de la salud y la educación públicas. Por eso las encuestas muestran que el 80% está en contra. En los lugares de trabajo y estudio crece la bronca contra el gobierno. Pero a la vez aparece la preocupación de qué hacer. ¿Cómo paramos este acuerdo de Macri con el Fondo y el mayor ajuste que se va a venir? ¿Cómo lo enfrentamos?

La oposición patronal, encabezada por las distintas variantes del peronismo, sólo hace declaraciones y discursos grandilocuentes, pero no propone ninguna salida concreta, más allá de “esperar al 2019”. ¡Pero el acuerdo con el Fondo y el ajustazo se vienen ya! Los gobernadores se reúnen con Macri para garantizarle la “gobernabilidad”. El kirchnerismo hace discursos en el Congreso, pero Cristina hasta ahora no escribió ni un tuit contra el FMI.

La CGT se limita a hacer “marchitas” de aparato, con unos pocos centenares más “un grupo de teatro”. Es la clásica salida de “que parezca que hacemos algo para no hacer nada”. El resto de la burocracia sindical, en sus diversas variantes, tampoco está planteando nada. Ni siquiera hacen algo para apoyar las luchas en curso, como la de los docentes de Neuquén o la de los trabajadores del subte.

Pero esto no se arregla con pequeños actos testimoniales. La única salida es que salgamos todos a la calle. Hay que derrotar el acuerdo Macri-FMI. Hay que echar al FMI y al nuevo ajuste. Los trabajadores tenemos experiencia histórica. Con grandes paros nacionales y movilizaciones se enfrentaron los ajustes de Alfonsín, Menem y De la Rúa. Tenemos que retomar las grandes rebeliones que cruzaron diciembre del año pasado, cuando centenas de miles salimos contra la reforma jubilatoria. Es la hora de movilizarse. Y ganas y bronca sobran. Las trabas son las direcciones sindicales y políticas que mencionamos.

No podemos quedarnos de brazos cruzados. Izquierda Socialista propone que el Frente de Izquierda, junto con el resto de la izquierda, movimientos sociales y el sindicalismo combativo realicen una gran marcha a Plaza de Mayo y a todas las plazas del país, convocando ampliamente a todos con las consignas ¡No al pacto Macri-FMI! y ¡No al ajuste!, reclamando a las centrales obreras un paro activo nacional y un plan de lucha hasta lograrlo, en la perspectiva de llamar a construir un gran movimiento nacional obrero y popular contra el “acuerdo stand by”, los tarifazos, el techo salarial, los despidos y la reforma laboral, exigiendo que se vaya el FMI.

Los colectiveros de la zona oeste del Gran Buenos Aires pararon en repudio del asesinato del chofer Leandro Alcaraz y se movilizaron reclamando seguridad. La movilización contó con gran adhesión de los vecinos. El gobierno de Vidal y Macri, la intendenta peronista K Verónica Magario y la burocracia de la UTA miran para otro lado. Los choferes reclamaron paro general.

Escribe Diego Martínez

El domingo pasado fue asesinado Leandro Miguel Alcaraz, chofer de la línea 620 de tan solo 26 años de edad. Fue a trabajar ese día cambiando el franco para poder estar en el cumpleaños de su hija. Su asesinato generó una gran conmoción en todo el país.

Un pasajero discutió con Leandro porque no tenía la Sube, a pesar de esto él le permitió viajar. El jóven se comunicó con un amigo y le dijo: “Preparame el fierro [...]” Al llegar a destino, Leandro recibió dos balazos que terminaron con su vida. Una verdadera locura que refleja la decadencia, la miseria y la crisis social del país en el que vivimos.

Por un lado un chofer que tiene que pelearse con los pasajeros que no tienen la Sube, porque las empresas de transporte tienen la política de que si un inspector encuentra a alguien sin pagar su viaje, el responsable es el chofer al que se le descuenta del sueldo. Por otro, la realidad de muchas personas que no tienen ni para pagarse un viaje en colectivo. Todo mezclado con la violencia extrema, la marginación y la vida que no vale nada.

Auténtica rebelión en La Matanza

Ante el hecho, la respuesta de los choferes no se hizo esperar. De inmediato los trabajadores de todas las líneas propiedad de Nueva Ideal S.A. (a la que pertenece la 620) iniciaron un paro, que con el correr de las horas se fue ampliando, primero a todo el oeste y luego a algunas líneas de la Capital y el Gran Buenos Aires. El paro tuvo un acatamiento absoluto y se extendió al martes 17 pese a la traición del burócrata Fernández de la UTA.

Cientos de choferes se movilizaron a la municipalidad exigiendo respuestas a la intendenta Magario y alrededor de mil de ellos se concentraron en la comisaría del kilómetro 35 de la ruta 3 en Virrey del Pino. Pero los choferes no estuvieron solos. Por la noche se concentraron miles de vecinos que apoyaban el reclamo y pedían justicia y más seguridad. Los vecinos del barrio San Pedro, de Virrey del Pino, lugar donde ocurrió el asesinato, se hicieron presentes con una bandera que decía: “Barrio San Pedro, zona liberada”.

Allí estuvieron presentes para llevar su solidaridad el Pollo Sobrero (ver nota) y Mónica Schlotthauer, diputada provincial de Izquierda Socialista, con una delegación de ferroviarios del Sarmiento; Graciela Calderón (secretaria adjunta de Suteba La Matanza) junto a otros docentes y los colectiveros de la línea 60 y Expreso Lomas, entre otros.

En otros puntos de La Matanza, como Isidro Casanova, San Justo y González Catán, hubo distintos cortes, cacerolazos y bocinazos en apoyo a la lucha de los choferes que reclaman iluminación en las esquinas y cabinas aislantes entre otras medidas de seguridad, para poder trabajar dignamente. Muchas escuelas de La Matanza cerraron tanto el lunes 16 como el martes 17 en solidaridad con el chofer asesinado.

¿Quién es el responsable?

Tanto el gobierno nacional y provincial de Macri y Vidal, como el peronismo kirchnerista (a quien pertenece la intendenta de La Matanza Verónica Magario) salieron a tirarse la responsabilidad uno a otro. El macrismo le echó la culpa a Magario diciendo que “no colabora con las políticas de seguridad del gobierno provincial”. Magario, por su parte, denunció que “vuelva la gendarmería, los policías que nos han sacado y que traigan más patrulleros”.

El ministro de Seguridad provincial Christian Ritondo aprovechó para “ensuciar” a los trabajadores al afirmar que “no descartamos nada, la Justicia debe verificar si se mencionó algo sobre una interna gremial”. Se buscaba así sembrar confusión y desconfianza entre los propios trabajadores. Una verdadera canallada de la que tuvo que desdecirse más tarde al conocerse que se había detenido a dos jóvenes de barrios populares de 17 y 18 años sospechosos de ser los asesinos.

En medio de este “pasarse la pelota” de uno a otro, están los choferes y los barrios donde crecen la marginación, la pobreza y la inseguridad. Donde cada vez más los propios choferes se niegan a entrar después de cierta hora, lo que aun así no evita que sucedan tragedias como la del asesinato de Leandro.

Las responsabilidades son claras: el gobierno nacional de Macri, el provincial de Vidal y el municipal de Magario. Más la propia empresa Nueva Ideal S.A., que ya ante hechos previos de inseguridad se había comprometido a dar seguridad en todos los colectivos. Sin embargo, era lo que faltaba en la unidad 103 en la que fue asesinado Alcaraz.

También es responsable la burocracia de la UTA, que dejó a los trabajadores a su suerte y hasta se negó a declarar un paro nacional del gremio en solidaridad con el trabajador asesinado.

En la enorme movilización se escuchó el reclamo de justicia y mayor seguridad. Entendemos que se pida mayor presencia policial en la zona, pero tenemos que advertir que difícilmente eso solucione el problema, ya que parte de la realidad del conurbano es el entramado entre políticos corruptos, redes de narcotráfico, trata y delito con las propias comisarías de la zona, mientras se hostiga con razzias permanentes a los jóvenes y trabajadores de los barrios populares que nada tienen que ver con los delincuentes.

La salida pasa justamente por la movilización conjunta entre trabajadores y vecinos por una salida de fondo que termine con la miseria y la marginación. Y exigiendo medidas tales como iluminación, escuelas, centros de salud, asfalto y transporte en todos los barrios de La Matanza. Reclamando también a las empresas de colectivos que pongan en marcha las distintas medidas de seguridad que exigen los colectiveros. Para lograr todo esto es fundamental continuar con la movilización y la autoorganización de trabajadores y vecinos.

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