May 08, 2021 Last Updated 8:24 PM, May 8, 2021

Los pobres cada vez más pobres, los ricos cada vez más ricos

Escribe Diego Martínez

Se dio a conocer el ranking 2021 de la revista Forbes que registra las fortunas superiores a 1.000 millones de dólares. Tal como dijo el editor de la revista Randall Lane, “los muy muy ricos se volvieron mucho, mucho más ricos”. Mientras cientos de millones entran en la pobreza y en el mundo crecen la desocupación y la indigencia, 2.775 millonarios superan la barrera de los 1.000 millones, el mayor número de megamillonarios de la historia. Hay 660 supermillonarios más que en 2020, cada diecisiete horas hay en el mundo uno nuevo.

Los supermillonarios acumulan una fortuna de 13,1 billones de dólares, 5 billones más que los 8 billones que acumulaban en 2020. Mientras la gran mayoría de la población mundial se empobrece, 86% de los supermillonarios mejoró su estatus financiero en medio de la crisis del coronavirus.

El ranking lo lidera el estadounidense Jeff Bezos, accionista principal de Amazon, con una fortuna personal que alcanza los 177.000 millones de dólares, una cifra que supera más de cuatro veces a las reservas del Banco Central argentino. Bezos incrementó su fortuna en 45.000 millones de dólares en los últimos doce meses.

Si analizamos el ranking por países, lo sigue liderando Estados Unidos, con 724 supermillonarios, ahora seguido de cerca por China, que cuenta con 698, de los cuales 210 se incorporaron el último año contra los 98 nuevos megamillonarios yanquis.

El capitalismo es pobreza, desigualdad y destrucción de la naturaleza

Mientras en el polo más rico los supermillonarios aumentan sus fortunas de forma obscena, en el otro polo hay cada vez más pobres. Ya en 2020 la ONG Oxfam dio a conocer datos que demostraban que la fortuna de ocho multimillonarios equivalía a la misma riqueza que tenían 3.700 millones de personas. En 2021 la ONU anticipa que entre 240 y 490 millones caerán en la pobreza, 150 millones de ellos en la pobreza extrema, sin siquiera satisfacer sus necesidades más básicas.

A esta tremenda desigualdad y a esta miseria nos somete a miles de millones de trabajadores el capitalismo en todo el mundo. Los ideólogos del sistema dicen que las gigantescas fortunas de los empresarios se deben al esfuerzo o la iniciativa e inteligencia de los grandes empresarios. Ahora se habla de los grandes “emprendedores” como Galperín, o los zares de la informática y las redes sociales yanquis, pero lo que no se dice es que la riqueza de todos ellos sale del trabajo de miles de millones de trabajadores en todo el mundo, desde los repartidores callejeros de Amazon o Mercado Libre, los de las informáticas o los obreros del cuero que hacen las carteras Louis Vuitton con las que el francés Bernard Arnault, el tercer millonario del mundo, amasó su gran fortuna. 

Todos los capitalistas ganan sus fortunas vendiendo el producto del trabajo de miles de millones de trabajadores, en muchos casos precarizados y sin derechos. Los capitalistas solo le pagan una pequeña fracción del valor de ese producto a los trabajadores, el resto se lo apropian. A esto Carlos Marx ya en el siglo XIX lo denominó plusvalía, la base sobre la que funciona el capitalismo. Un robo a los trabajadores.

Los capitalistas no solo amasan su enorme riqueza en detrimento del esfuerzo y la vida de miles de millones de trabajadores sino que  también saquean y destruyen la naturaleza para obtener sus beneficios. Destruyen bosques para la agroindustria, contaminan poblaciones y ecosistemas enteros con la minería a cielo abierto y no cambian sus formas de obtención de energía para evitar el calentamiento global porque no resulta “rentable”.

El capitalismo favorece a un ínfimo puñado de millonarios y lleva a la ruina a la inmensa mayoría de la humanidad. Para dar vuelta la tortilla es necesario pelear por un gobierno de los trabajadores que remueva a los capitalistas del poder e imponga medidas que beneficien a la inmensa mayoría de la población, trabajadores y trabajadoras del campo y la ciudad, cuentapropistas, pequeños comerciantes y estudiantes.

Hay que expropiar las fortunas de los multimillonarios, sus trasnacionales y bancos, y planificar la economía para que que la enorme cantidad de riquezas que se producen en el mundo estén al servicio de las mayorías populares de manera tal que nadie tenga sus necesidades básicas insatisfechas y se protejan la salud y el ecosistema. Esto solo se puede imponer con un gobierno de los trabajadores y el socialismo, la única salida que puede impedir una catástrofe humana y natural.

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