
Escribe José Castillo
Paolo Rocca, dueño de Techint, es el segundo empresario más rico de la Argentina, con una fortuna estimada en 5.700 millones de dólares, apenas detrás de Marcos Galperín (datos de la revista Forbes).
Líder histórico en la fabricación de tubos con y sin costura, Techint pasó en la última década a encabezar también la producción de gas y petróleo no convencional a través de Tecpetrol. Con gobiernos civiles y militares, el grupo creció ganando licitaciones estratégicas, pero tuvo dos momentos de grandes saltos: el primero con la dictadura militar, dónde se consolidó como uno de los líderes de la obra pública, y el segundo con las privatizaciones menemistas.
Siempre existieron (y existen) los que buscan embellecer a Techint y a Paolo Rocca (la “T” como se la conoce en los ámbitos empresarios) como los grandes ejemplos de “burguesía nacional”. Pero, en realidad, se trata de un holding internacional de empresas cuya sede central está en Milán y su residencia jurídica en Luxemburgo.
Para contar su historia hay que retroceder a su fundador, el capitán de artillería Agostino Rocca, nacido en 1895, y figura central de la siderurgia del Estado fascista italiano. Bajo Benito Mussolini dirigió Dálmine, industria estratégica del esfuerzo bélico del Eje, con 60.000 empleados. Tras la caída del Duce y el fin de la guerra, fue sometido a juicio y absuelto en 1946, en el marco de los grandes acuerdos de “unidad nacional” que buscaban “limpiar” del cargo de colaboración con el fascismo a los grandes empresarios de entonces. Agostino Rocca, en ese momento, reunió capitales italianos y alemanes no alcanzados por las requisas aliadas y se trasladó a la Argentina.
En 1948, instaló en Campana la Sociedad Argentina para la Fabricación de Tubos de Acero (Dálmine Safta), origen de un polo industrial que incluyó Siderca y Cometarsa. Desde allí se construyó el gasoducto Comodoro Rivadavia–Buenos Aires.
Roberto Rocca sucedió a su padre en 1978 y reconoció que la mayor parte del capital del grupo provenía de inversores extranjeros radicados en paraísos fiscales. Dividió el holding entre sus hijos varones: Agostino, a cargo de los aceros planos, y Paolo, responsable de los tubos sin costura. Tras la muerte de Agostino en 2001, Paolo quedó al frente de todo el grupo.
En ese momento Paolo Rocca constituyó Tenaris y Ternium, con sede en Luxemburgo, estructura que permite evitar impuestos sobre dividendos. Desde allí controla cerca de cien empresas, operando en 40 países, con un total de 40.000 empleos directos. De esa totalidad, solo cuatro empresas relevantes están radicadas en la Argentina, representando un tercio del total de los puestos de trabajo del holding. Más del 80% del valor agregado y más del 90% de las utilidades de las distintas empresas (que suman en total entre 30 y 35.000 millones de dólares) corresponden a firmas con participación extranjera.
La estructura financiera del grupo se apoya en sociedades radicadas en paraísos fiscales, como Curaçao y las Islas Vírgenes Británicas, desde donde se controlan Tenaris, Ternium, Tecpetrol y otras empresas. No es una novedad de la gestión de Paolo Rocca. Ya en los años ochenta, todavía bajo la conducción de Roberto Rocca, Techint participó en consorcios que realizaron pagos ilegales para habilitar grandes obras energéticas.
Con las privatizaciones de los años noventa, Techint adquirió SOMISA y Propulsora Siderúrgica a precios muy inferiores a los de mercado y se convirtió en líder absoluto en la fabricación de tubos con y sin costura, a la vez que expandió su presencia en petróleo y gas. En este siglo, Tecpetrol se convirtió en el principal productor de Vaca Muerta, reduciendo la dependencia del grupo de la exclusividad del negocio del acero. Así, hoy Techint combina ganancias industriales por el acero y renta energética por el gas y petróleo.
Esta es la verdadera historia de la “T” y su familia propietaria, que siempre vivieron de la connivencia con los negocios de los distintos gobiernos, adaptándose y apareciendo como “oficialistas” de todos, sea Perón, Videla, Alfonsín, Menem, los Kirchner, Macri o incluso Milei, al que le ha prestado una larga lista de funcionarios. Que sobreexplota a sus trabajadores y que no tiene empacho en fugar sus ganancias a los paraísos fiscales donde residen legalmente sus distintas empresas.










