Escribe Diego Martínez
El 5 de junio murió el Indio Solari, voz de Los Redonditos de Ricota y figura central de la cultura popular. Su despedida movilizó a millones y también expresó la bronca social acumulada contra este gobierno y los anteriores.
Desde el momento en que se supo la lamentable noticia, miles de ricoteros se movilizaron. Primero lo hicieron hacia la casa de Solari, después hacia la Plaza de Mayo y a todas las plazas del país. Finalmente, más de 1 millón de personas se dieron cita en el velorio.
El gobierno de Javier Milei no se pronunció sobre el hecho y se negó a que el velorio se haga en la Casa Rosada o en el Congreso. Una muestra más del desprecio que este gobierno ultraderechista tiene hacia el sentir popular. El peronismo, por su parte, quiso capitalizar un fenómeno, pero no lo logró.
El dolor de millones de trabajadoras, trabajadores y sectores populares expresa lo que significó para generaciones enteras de jóvenes rockeros el fenómeno de Los Redondos y el Indio.
El surgimiento del fenómeno ricotero
El desarrollo de Los Redondos fue paralelo a la decadencia económica, social y cultural de la Argentina, algo que quedó reflejado en la obra de la banda, al igual que su permanente denuncia de la represión estatal.
El grupo se formó hacia mediados de los setenta en La Plata, en los albores de la última dictadura militar, actuando inicialmente de forma esporádica y semiclandestina. Sus primeros seguidores, ligados a la bohemia y a la intelectualidad platense, disfrutaban de los conciertos, que inicialmente consistían en una suerte de varieté cultural, sorteando las razzias policiales.
En la década del ‘80, con el retorno del régimen democrático y las mayores libertades conseguidas gracias a la movilización popular, el grupo pasó a tocar más seguido, particularmente en Buenos Aires. La segunda vez que tocaron en la Capital Federal lo hicieron donde hoy funciona un local de nuestro partido, Izquierda Socialista, por entonces la sala Montserrat.
En esa época editaron su primer disco, Gulp!, y su obra más icónica, Oktubre (ver recuadro). Fue la época de la denominada “primavera democrática”, en la que florecían grupos de rock y crecía la escena cultural porteña.
Mientras la mayor parte de esa escena reflejaba un clima festivo, pero abandonaba el aspecto más contestatario y contracultural que había tenido el rock nacional en los ‘70, Los Redondos, sin abandonar la alegría, denunciaron los límites de la democracia burguesa. En una de sus canciones de la época expresaban que ahora estábamos “Atrapados y en libertad” (Preso en mi ciudad, Oktubre, 1986).
Hacia finales de la década del ‘80, cuando el Plan Primavera de Raúl Alfonsín comenzaba a crujir y los saqueos del ‘89 ponían en evidencia que con la democracia no se comía, ni se curaba ni se educaba, empezó a gestarse el fenómeno social ricotero.
La clase media intelectual comenzó a mezclarse con pibas y pibes que venían de las barriadas populares del Gran Buenos Aires. El movimiento ricotero terminó de explotar y adquirió un carácter masivo en los ‘90, cuando la política de entrega y desindustrialización del peronismo menemista provocó un crecimiento exponencial de la desocupación y la precarización laboral, especialmente entre la juventud.
Las letras del Indio resonaban entonces en millones de cabezas de “desangelados”, como los llamaba él, con frases como Violencia es mentir, Todo preso es político, El lujo es vulgaridad y Nuestro amo juega al esclavo. Esas letras confluían con el sentimiento de bronca y desconfianza contra los partidos patronales, retrataban la desigualdad social y la miseria, y denunciaban la represión y criminalización de la juventud, presente en cada show de Los Redondos.
Ante el rechazo al peronismo, entonces encabezado por Menem y Duhalde, y la creciente crisis de todos los partidos patronales, Los Redondos se transformaron en un verdadero movimiento social, con miles de pibas y pibes que juntaban moneda por moneda para peregrinar por todo el país siguiendo a su banda favorita.
Las despedidas son esos dolores dulces
Mientras se producía el Argentinazo de 2001, como consecuencia de las políticas de ajuste de la década del peronismo menemista, con el apoyo inicial de todo el peronismo y continuadas por el radical Fernando de la Rúa, Los Redondos se separaron.
Sus dos principales integrantes, el Indio Solari y Skay Beilinson, iniciaron carreras solistas. En el caso del Indio, con el acompañamiento de su banda, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Los conciertos del Indio en estos años fueron aún más masivos que en la época de Los Redondos y se siguió respirando el mismo aire de comunión y solidaridad entre un público compuesto mayormente por sectores de la clase trabajadora y populares.
En los últimos años, el Indio creyó, al igual que otros artistas cuya obra y discurso público fueron mayormente contestatarios, que el peronismo kirchnerista llevaba adelante algunas de las banderas que se levantaron en los ‘80 y ‘90. No coincidimos con esta opinión.
No obstante, su arte seguirá expresando la rebeldía de millones de jóvenes, trabajadoras y trabajadores contra las consecuencias de la explotación y la opresión propias de este sistema capitalista en el que vivimos. Eso se refleja en cada remera de Los Redondos presente en cuanta movilización popular se convoque y en miles de paredes de barrios a lo largo y ancho del país.
Como dice el Indio en una de sus últimas canciones: “En la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida”. También dijo: “Cuando el fuego crezca quiero estar allí”. Así será.










