Escribe Jorgelina Bueno, bióloga y becaria doctoral del Conicet
El gobierno de Javier Milei profundiza el ataque a la ciencia y la tecnología con miles de despidos en el Conicet, menos becas, ingresos congelados y salarios que perdieron un 40% de poder adquisitivo desde diciembre de 2023. El ajuste y el desfinanciamiento provocan la peor fuga de cerebros desde la dictadura y golpean la soberanía científica y tecnológica del país.
Estamos ante el inminente despido de 380 investigadores, que a partir de agosto se quedarán en la calle. Se realizaron concentraciones en la explanada del Polo Científico para exigir la prórroga de las becas de estos investigadores y reclamar por la baja de las obras sociales. También hubo asambleas y cortes en Santa Fe y Godoy Cruz, donde la policía de Jorge Macri reprimió salvajemente a científiques y estudiantes que se manifestaban pacíficamente.
Tanto el Directorio del Conicet, presidido por Daniel Salamone, íntimo amigo de Milei, como el ahora exsecretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Darío Genua, alegan que no hay plata para estos reclamos. Mientras tanto, el presupuesto del Conicet no solo se redujo un 47%, sino que, desde 2024, también se subejecutó.
El ataque al Conicet no es aislado. También alcanza al INTI, el INTA, la CNEA y otros organismos. El INTI viene de pelear contra el lockout, que implicó la dispensa obligatoria de todos los trabajadores y trabajadoras del organismo en todas las sedes del país y el cierre de su sede central, después de una campaña de retiros voluntarios y un recorte presupuestario del 55%.
La CNEA está luchando contra el despido de 70 trabajadores y la entrega de sus principales proyectos de investigación en materia nuclear, como el reactor Carem-25 y el RA-10. Este último es fundamental para la investigación de radioisótopos aplicados a la medicina nuclear. Además, la CNEA sufrió una reducción del 58% de su presupuesto desde 2023.
A esto hay que sumarle el ataque y el desfinanciamiento de las universidades, donde cada vez son más los laboratorios que se ven obligados a brindar servicios a empresas por monedas.
Este desguace es global y responde a una política del gobierno de Milei y el FMI. Se busca deliberadamente vaciar el sector, desmantelarlo por completo y permitir el extractivismo de los recursos tecnológicos en beneficio de las corporaciones. Por ejemplo, el Carem-25 fue entregado a la empresa Meitner Energy, mientras que las prioridades actuales de investigación en el Conicet se concentran en minería, energía y economía del conocimiento.
Este ajuste, además de ser un golpe de lleno contra la soberanía científica y tecnológica de un país semicolonial como el nuestro, profundiza una orientación de mercantilización de la ciencia para someter toda investigación y desarrollo técnico a los intereses de las grandes empresas.
Defendemos al Conicet y a los organismos de ciencia y técnica como organismos estatales. Luchamos por la reincorporación de las y los despedidos, el aumento salarial y el presupuesto necesario. También exigimos que las y los propios trabajadores y científicos determinemos qué proyectos necesita investigar nuestro país.
Necesitamos un Conicet de les trabajadores y poner en pie la coordinación de todos los sectores de ciencia y técnica, en conjunto con las universidades, para pelear en unidad contra este brutal ataque.










