Jul 29, 2026 Last Updated 9:08 PM, Jul 29, 2026

Malvinas: Una causa antiimperialista y popular

Publicado en El Socialista N° 632


Escribe José Castillo

Las Malvinas son argentinas. En 1833, el imperialismo británico invadió las islas, expulsó a la población local y, mediante el traslado de población importada (“los kelpers”), convirtió a Malvinas en un enclave colonial.

En 1982, el dictador Leopoldo Galtieri, buscando recuperar apoyo ante el creciente repudio obrero y popular, se lanzó a la aventura de recuperar las Malvinas. Creía que contaría con el respaldo del imperialismo yanqui, que obviamente apoyó a los británicos. Lo que sí se produjo fue una gigantesca movilización antiimperialista. Toda Latinoamérica apoyó a Argentina. Los generales genocidas no querían pelear, pero se vieron arrastrados por la marea.

Mientras la asesina Margaret Thatcher hundía ilegalmente y fuera de la “zona de exclusión” el crucero General Belgrano, durante un mes y medio los “chicos de la guerra”, colimbas de 18 a 20 años, junto con un puñado de jóvenes suboficiales y oficiales de baja graduación y un grupo de pilotos de combate, pelearon palmo a palmo, desigualmente armados, contra los invasores. Años más tarde, generales británicos afirmaron que hubo un momento en que la Argentina estuvo a punto de obligar a la flota de los piratas a retirarse. 649 argentinos murieron en la guerra (326 en las islas más los 323 del hundimiento del ARA General Belgrano). A esto hay que sumar 1.657 heridos.

Pero la alta jerarquía militar nunca quiso ganar. No tocó los intereses británicos en el país e incluso garantizó que se siguiera pagando la deuda externa a los acreedores ingleses. Tampoco aceptó la ayuda militar ofrecida por otros países.
Cuando el presidente genocida Leopoldo Galtieri anunció la rendición, una multitud lo repudió en Plaza de Mayo. “Los pibes murieron, los jefes los vendieron”, se escuchó junto al atronador “se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar”.

El fracaso de la “desmalvinización”

Los gobiernos posteriores se dieron una tarea, “desmalvinizar”, hacer olvidar la gesta antiimperialista.

La dictadura escondió el regreso de los soldados y los presionó para que no dieran testimonios, además de negarles asistencia médica, económica o social para su reinserción. Sin embargo, cuando el 19 de junio de 1982 el crucero británico Canberra arribó a Puerto Madryn con 4.136 soldados argentinos, que fueron trasladados en camiones cerrados a una barraca, el pueblo rompió el cerco militar para llevarles comida.

Los excombatientes se organizaron. Ya el 2 de abril de 1983, en el primer aniversario de la gesta, miles marcharon por las calles reivindicando Malvinas y, a la vez, repudiando a la dictadura. Hoy existen más de 400 organizaciones de excombatientes a lo largo y ancho del país.
Pasaron los años. Los excombatientes crecieron y muchos nunca pudieron recuperarse de la marginación a la que los sometieron los sucesivos gobiernos. Más de 350 se quitaron la vida. En 2005, Gastón Pauls reflejó ese drama en una extraordinaria película que reivindica la gesta malvinera, Iluminados por el fuego.

De los Acuerdos de Madrid a la entrega de Milei

Mientras tanto, los distintos gobiernos que se sucedieron continuaron con la “desmalvinización” y avanzaron en la entrega.

Durante la presidencia de Carlos Menem se firmaron los Acuerdos de Madrid I (1989) y Madrid II (1990), que restablecieron las relaciones diplomáticas y fijaron lo que se llamó un “paraguas de soberanía”, que podría resumirse en la frase “de eso no se habla”. Todo esto formaba parte de la llamada política de seducción a los isleños por parte del peronismo menemista. Esta llegó a ribetes ridículos, como cuando el canciller Guido Di Tella envió ositos de peluche Winnie the Pooh a las familias kelpers. Se firmaron 17 acuerdos con Gran Bretaña, la mayoría relacionados con la conservación de recursos pesqueros, que Gran Bretaña incumplió sistemáticamente, profundizando su accionar pirata sobre el área.

Durante los 12 años del peronismo kirchnerista se dio mayor espacio simbólico a la causa Malvinas. Pero no se dio ningún paso efectivo para hacer lo que hubiera modificado la relación de fuerzas. Ningún interés británico en la Argentina fue tocado. Más aún, se abrieron nuevos, como los avances de British Petroleum y Río Tinto en la megaminería, o la ampliación de las tierras adquiridas por personajes como Joe Lewis en la Patagonia.

En 2016, el gobierno de Mauricio Macri firmó el comunicado conjunto Foradori-Duncan (13/9/2016), que incluía una increíble cláusula en la que nuestro país se comprometió a “remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas/Falklands, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos”.

El gobierno ultraderechista de Javier Milei es, sin duda, el más entreguista y probritánico de toda la lista. Afirma públicamente que es un admirador de Margaret Thatcher. Algunos de sus diputados, como Sabrina Ajmechet, dicen que las Malvinas son inglesas. Su primera canciller afirmó que lo definitorio serían los “deseos” de los kelpers, desconociendo su carácter de población implantada. Milei se prepara para coronar su entrega con un Argentine Fest en Londres, un evento para invitar a los capitales británicos a avanzar en el saqueo, ya no solo de Malvinas, sino también de nuestro propio territorio continental.

Las Malvinas son argentinas

La causa Malvinas es antiimperialista, obrera y popular, y crece entre las nuevas generaciones. Nada podemos esperar de estos políticos patronales entreguistas. Solo un gobierno de la izquierda y la clase trabajadora, que ataque de verdad los intereses de las multinacionales imperialistas, rompa con el FMI, deje de pagar la deuda externa y apele a los pueblos de Latinoamérica y a otros pueblos sometidos del mundo, podrá hacer realidad el sueño de la recuperación de las Malvinas Argentinas.

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