Aug 26, 2026 Last Updated 7:25 PM, Aug 26, 2026

3 de septiembre de 1938 / Fundación de la Cuarta Internacional

Federico Novo Foti
 
El triunfo de la burocracia encabezada por José Stalin en la Unión Soviética en la década del veinte fue un inmenso retroceso para las y los trabajadores soviéticos y de todo el mundo. Para combatirlo, hace 88 años Trotsky impulsó la fundación de la Cuarta Internacional. La tarea de construirla sigue pendiente.

El 3 de septiembre de 1938, en una reunión que apenas duró un día, con 26 delegados que representaban a 11 secciones nacionales, se fundó la Cuarta Internacional.1 La reunión se realizó en la más absoluta clandestinidad a las afueras de París. La conferencia votó el “Programa de Transición”2, entre otros documentos.

Pese a no haber podido participar de aquella reunión, el principal inspirador de la fundación de la Cuarta Internacional fue el líder revolucionario ruso León Trotsky, quien por entonces se encontraba exiliado en México. El objetivo que había impulsado a Trotsky a fundar la nueva organización internacional era unir férreamente a los marxistas alrededor de un programa revolucionario. (ver recuadro)

El Programa de Transición, escrito por Trotsky, señala aspectos centrales de la lucha de los revolucionarios por tomar el poder e impulsar una revolución socialista mundial para liberar a la humanidad de la barbarie capitalista. Pero uno de sus logros más importante es definir lo ocurrido a mediados de los años veinte en la Unión Soviética, donde una burocracia contrarrevolucionaria encabezada por José Stalin se había apoderado del gobierno del primer estado obrero para imponer una dictadura sangrienta y políticas totalmente equivocadas en los Partidos Comunistas de la Tercera Internacional, que llevaron a las y los trabajadores de derrota en derrota. Esto es lo que resume su célebre frase: “la crisis de la humanidad es la crisis de su dirección revolucionaria”.3
 
La bancarrota de la Tercera Internacional

En marzo de 1919 se había fundado la Tercera Internacional (Comunista) en Moscú, capital de la primera revolución obrera y socialista triunfante, que se encontraba en guerra civil. Allí gobernaban los soviets democráticos de obreros y campesinos, con la conducción del Partido Bolchevique, encabezado por Vladimir Lenin y Trotsky. Ambos impulsaron la reorganización de los revolucionarios desde 1914, cuando se había producido la traición de los dirigentes de la Segunda Internacional (Socialdemócrata) en la Primera Guerra Mundial.

A comienzos de la década del veinte una oleada de revoluciones sacudió Europa, pero estas no triunfaron, dejando aislada y debilitada a la república de los soviets que había sobrevivido a la guerra civil. En esta nueva situación, a partir de 1924, comenzó un importante viraje político que evidenció el avance de la burocracia encabezada por Stalin. La nueva orientación adoptada por la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética promovió la concepción del “socialismo en un sólo país”: la conciliación con la burguesía y el imperialismo, la ruptura con el internacionalismo y el abandono de la lucha por la revolución socialista mundial.

 Los continuos virajes políticos del estalinismo llevaron a duros fracasos. La política de capitular a la “burguesía nacional” de la Tercera Internacional provocó la derrota histórica de la revolución china de 1925-1927. En 1933, el triunfo del nazismo fue abonado por la nefasta política divisionista del Partido Comunista alemán, que rechazó el frente único con los socialdemócratas ante el ascenso de Adolf Hitler. En 1935, el séptimo congreso de la Tercera Internacional aprobó la política equivocada de unidad permanente con la burguesía y de renuncia a la lucha por la toma del poder de los “frentes populares”.

 La fundación de la Cuarta Internacional en 1938 sería, en definitiva, el resultado de una fuerte y prolongada discusión entre quienes se oponían al estalinismo. En 1933, luego del triunfo del nazismo, Trotsky había concluido que la Tercera Internacional estaba muerta y que era necesario fundar otra organización mundial, la Cuarta. En agosto de ese mismo año se publicó la “Declaración de los Cuatro”, un llamado de la Oposición de Izquierda Internacional (los trotskistas) y otras tres organizaciones a forma una nueva internacional.5

Entre tanto la dictadura estalinista acompañó su política contrarrevolucionaria con la más implacable persecución a cualquier tipo de oposición. Trotsky, principal dirigente de la oposición al estalinismo, fue expulsado de la Unión Soviética en 1929. Los “Juicios de Moscú”, iniciados en 1936, fueron la farsa jurídica con la que el estalinismo comenzó a exterminar a la oposición dentro de la URSS. Mientras que los agentes de la policía secreta soviética (GPU) perseguían y asesinaban a los opositores en el extranjero.

 En las difíciles condiciones impuestas por la persecución estalinista, Trotsky continuó las tareas de organización clandestina dentro y fuera de la Unión Soviética. En enero de 1937 se instaló en México. Ese mismo año, en agosto, fue asesinado Erwin Wolf, secretario de Trotsky durante su exilio en Noruega. En febrero de 1938 fue asesinado León Sedov, hijo y principal colaborador de Trotsky. A dos meses de la conferencia fundacional de la Cuarta corrió la misma suerte Rudolf Klement, responsable de su preparación.     
 
Construir la dirección revolucionaria

 Bajo circunstancias tan adversas los trotskistas fundaron la Cuarta Internacional y mantuvieron consecuentemente la pelea por acabar con el capitalismo y contra la burocracia, combatiendo la política reformista y sin salida del “socialismo en un sólo país”, denunciando el totalitarismo del partido único y defendiendo la democracia obrera. Pero en agosto de 1940 Trotsky sería asesinado en México por un agente estalinista, lo que representó un duro golpe sobre la dirección revolucionaria.

 La Cuarta Internacional se fue reorganizando al concluir la Segunda Guerra Mundial. Pero a comienzos de los años cincuenta entró en una crisis y dispersión que no logró superar. Gran parte de sus dirigentes fueron cediendo a las presiones de las direcciones mayoritarias del movimiento obrero y de masas, como los mismos partidos comunistas burocráticos o los movimientos nacionalistas burgueses, como el peronismo o el frente de liberación argelino. En Latinoamérica, la corriente que fue construyendo Nahuel Moreno dio una lucha sistemática y consecuente contra las capitulaciones de los dirigentes revisionistas oportunistas, de los cuales el más conocido fue el belga Ernest Mandel.

 En 1989, la movilización revolucionaria de las masas produjo la caída de los regímenes dictatoriales de la URSS y Europa central. Pero estos triunfos no alcanzaron para retomar el camino revolucionario e internacionalista abandonado más de 60 años atrás. Hoy se continúa sufriendo el dominio capitalista en el mundo, con el avance del hambre y la pobreza de la mayoría de la población, mientras los multimillonarios se enriquecen cada vez más.  La necesidad imprescindible de una dirección revolucionaria que permita el triunfo de la revolución socialista mundial sigue pendiente. Las movilizaciones de las y los trabajadores y los pueblos oprimidos abonan el camino para lograr la dirección internacional y consecuente que encabece el triunfo de la revolución socialista. La UIT-CI suma su aporte a la gran tarea de construir la Cuarta Internacional.
 
1. Mercedes Petit. Apuntes para una historia del trotskismo (1938-1964). Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2005
2. León Trotsky. Programa de Transición. Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2007.
3. Ídem.
4. Ver El Socialista Nº 577, 21/02/2024. Disponible en www.izquierdasocialista.org.ar
5. Ver Bauer, Schwab, Schmidt y Sneevliet. “Declaración de lo cuatro” en The Militant, 23/09/1933. Disponible en www.marxists.org  

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