
José Castillo
Se confirmó “oficialmente”: la economía argentina entró estadísticamente en recesión, a partir de los números del segundo y el tercer trimestre de 2026. El gobierno de Javier Milei, los economistas del establishment y el propio FMI pronosticaba a principios de año que la economía iba a crecer cerca de un 4%. Tuvieron que guardarse esos números, “corregir” y ahora reconocer que, con suerte, el número oficial de este año apenas alcanzaría el 1%.
Todo esto surge de los números oficiales. El pueblo trabajador hace tiempo que sabe que todo va para atrás. Para ser más exactos, que hay un puñado de grandes empresarios que tienen superganancias, como las multinacionales del gas y el petróleo y las de los proyectos megamineros, los monopolios del complejo agroexportador y, por supuesto, los banqueros y pulpos financieros acreedores de nuestra deuda. Mientras tanto, sube la desocupación, siguen hundiéndose los salarios y las jubilaciones, millones de endeudados no encuentran solución a sus dramas y aumenta a niveles astronómicos la superexplotación de quienes buscan desesperadamente “hacer un peso más” trabajando para aplicaciones como Uber, PedidosYa o Rappi.
En medio de todo esto, el FMI “aprobó” los resultados de la motosierra que está llevando adelante el gobierno argentino. Lo hizo no sin advertir que “tienen que ajustar más”.
Increíblemente, el ministro de Economía, Luis Caputo, salió a festejar diciendo que se le habían otorgado a la Argentina unos nuevos 800 millones de dólares. ¡Mentira! Se trata de la cuota del préstamo anterior, que el Fondo ya debía haber entregado hace meses y que viene bicicleteando. Lo que sí es una verdad indiscutible es que, al revés de lo que dice Caputo, fue la Argentina la que tuvo que pagar esta semana 800 millones de dólares en efectivo en concepto de intereses al Fondo. Los 800 que “van a venir”, por su parte, ya tienen destino. Ser parte de lo que se está juntando para, sumado a lo obtenido por la privatizaciones pagar los 1.400 millones que vencen en enero próximo con los acreedores privados.
Milei reconoce que “no se está creciendo a la velocidad que esperaba”. ¡Por supuesto! Si todo se reduce a una bola de nieve infernal. Se ajusta al pueblo trabajador para pagar y seguir pagando indefinidamente una deuda que continúa creciendo, mientras se les garantizan los negocios a los grandes capitalistas y amigos del gobierno.
Lo dijimos una y mil veces. Así no hay salida. La única solución es la puesta en marcha de un programa económico alternativo, obrero y popular, que, financiado con la suspensión de los pagos de la deuda externa, la ruptura con el FMI e impuestos a los grandes empresarios capitalistas, destine todo ese dinero a reactivar la economía, priorizando salarios, jubilaciones, planes de vivienda para crear trabajo genuino, salud y educación.










