
José Castillo
Otra vez una protesta multitudinaria, como el 6 de agosto y la Marcha de la Bronca. La Quinta Marcha en Defensa de la Universidad Pública sumó reclamos contra el DNU 70/23, por discapacidad y por los endeudados.
El jueves pasado, la Ciudad de Buenos Aires volvió a ser escenario de una nueva jornada histórica de lucha popular. Bajo una lluvia persistente y amenazante, miles y miles de trabajadoras y trabajadores, docentes, estudiantes, jubilados y organizaciones en defensa del medio ambiente ganaron las calles y volvieron a llenar la Plaza de los Dos Congresos. El Frente de Izquierda Unidad, como siempre, también estuvo presente con sus columnas, así como otras fuerzas políticas opositoras.
El gobierno apostó al desánimo y, digámoslo, tuvo la “colaboración” de diputados supuestamente opositores, varios de ellos del peronismo, que se prestaron al juego de no dar quórum. Eso no impidió que decenas de miles se movilizaran, del mismo modo que tampoco lo hizo la lluvia que, junto con un frío inusual para esta época del año, parecía jugar en contra.
Una plaza llena desafiando el amedrentamiento y la represión
A pesar de que desde temprano la sesión en la Cámara de Diputados se había caído por falta de quórum, la multitud siguió llegando. Tampoco amedrentó el despliegue del protocolo antipiquete. Muy por el contrario, la respuesta fue contundente.
La columna universitaria, con docentes, nodocentes y estudiantes, entró con fuerza a la plaza, con las banderas de sus centros y federaciones estudiantiles, así como las de los gremios docentes y nodocentes. “La educación del pueblo no se vende, se defiende” y “universidad de los trabajadores” sonaron con mucha fuerza.
Pero la enorme columna que se movilizaba con el eje puesto en el cumplimiento de la Ley de Emergencia Universitaria confluyó con las otras luchas. La de quienes exigían la emergencia en discapacidad, las y los endeudados, trabajadoras y trabajadores de diferentes gremios y, como siempre, las y los jubilados en lucha. También estaban quienes reclaman contra el saqueo y la venta de nuestras tierras y riquezas. Todo fue, en suma, un nuevo catalizador de la bronca contra los salarios y jubilaciones de hambre, los despidos y la motosierra de Milei y el FMI.
Sin duda, la marcha podría haber sido más grande si se hubiera permitido llegar a los miles que se preparaban para concurrir al salir de sus trabajos. Una vez más, como ya nos tiene acostumbrados este gobierno ultraderechista, una feroz represión lo impidió.
Continuidad de un ciclo de resistencia
Lo ocurrido este jueves no fue un hecho fortuito. Es la continuidad de una serie de acciones que vienen marcando el ritmo de la resistencia. Hay un hilo que la une con la marcha del pasado 6 de agosto, que obligó al Parlamento a dar marcha atrás con la derogación de la ley de tierras. También fue un eco de la Marcha de la Bronca de septiembre y de las multitudinarias marchas que recorrieron Córdoba durante el Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias.
Lo masivo de la movilización mostró que, aunque el gobierno logró alguna victoria táctica en el Parlamento gracias a los legisladores opositores colaboracionistas, aunque la CGT siga con su escandaloso pacto y a pesar del intento de amedrentamiento mediante la represión, la bronca creciente quiere y puede manifestarse en las calles.
Hay que seguirla, apoyando cada lucha parcial, apostando a nuevas acciones conjuntas masivas y exigiendo a la CGT que rompa el pacto y llame a un paro general y a un plan de lucha. Y también postulando una alternativa política para las y los trabajadores, como lo venimos construyendo desde el Frente de Izquierda Unidad.










